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Cuando Jungkook nació, sus padres se sorprendieron al encontrar las pequeñas alas con plumas negro azabache en su espalda. Ambos tenían alas grandes y coloridas, ¿Por qué Jungkook no? El doctor dijo que era una rara combinación de genes recesivos o algo por el estilo; Jungkook nunca se molestó en escuchar el resto de la explicación cuando creció.
Cuando Jungkook comenzó la primaria, los otros niños empezaron a molestarlo y a sus “feas alas negras”. En el receso lo empujaban por la espalda, haciendo que cayera de bruces contra la tierra del patio de recreo. Apenas si tuvo amigos durante esos años, y terminó con Jungkook prometiéndose a sí mismo que ya había tenido suficiente.
Cuando Jungkook entró a la secundaria, comenzó a esconder sus alas. Para el primer día en su nueva escuela, sus alas estaban atadas y pegadas a su espalda con una faja, escondidas debajo de su uniforme. No era poco común el que la gente ocultara sus alas. Jungkook conocía a algunas personas en su escuela que también las escondían —generalmente por motivos religiosos o por privacidad… o por cualquier otra razón—. El punto es que nadie más necesitaba ver las alas de Jungkook y caso cerrado.
Cuando Jungkook tenía 15 años, se unió a Bangtan.
Ah, los Chicos a Prueba de Balas. Bien conocidos por sus miembros bien parecidos y sus grandes, hermosas y coloridas alas. Él pensó que estaría bien, que encajaría perfectamente con los otros 6 chicos. ¡Y lo hizo! De verdad lo hizo…
…de cierto modo.
Jungkook se despertó con el Sol acariciando suavemente sus mejillas.
Y con el sonido de fuertes manotazos en su puerta.
El chico soltó un quejido y se giró hacia uno de sus lados. Cuando el golpeteo continuó, él resopló y se bajó de su cama, estirando todo su cuerpo. Pero los golpes no paraban.
“¡Está bien! ¡Está bien, hyung! ¡Estoy despierto!” Estaban golpeando la puerta tan fuerte, que no habría sido extraño si se hubiera salido de sus bisagras. Lo cual no sería tan imposible considerando que quien estaba golpeando era Namjoon.
“Te tomó bastante tiempo”, dijo la voz amortiguada del rapero. “¿Ya puedo entrar? Dejé ahí adentro mi cargador y mi celular amenaza con morirse, sólo tengo 4% de batería.”
Jungkook puso los ojos en blanco y procedió a hacerse las ataduras. Por mucho que amara a los demás, estaba eternamente agradecido de que les hubiesen asignado habitaciones individuales en el dormitorio. Así él podía atarse y desatarse las alas de manera segura, siempre y cuando pusiera seguro a la puerta. Aunque eso en realidad no evitaba que los miembros invadieran los cuartos de los demás para hacerse cariñitos (por ejemplo, Taehyung) o sólo para pasar juntos el rato.
“Estaré fuera en un minuto, hyung.”
“Sólo apresúrate. Seokjin-hyung está haciendo el desayuno.”
Las manos de Jungkook se movieron con agilidad alrededor de su pecho. Después de años de hacerse las ataduras y colocarse la faja en sus alas, podría hacerlo incluso con los ojos vendados. Ni un minuto después, desbloqueó su puerta. Afuera se encontró con su líder y su celular, sus alas situadas de manera elegante a sus costados.
Las alas de Namjoon son como las de un águila: cafés, poderosas y con un poco de blanco en las puntas. Y son ridículamente fuertes —Jungkook jura que podría levantar una pesa con esas cosas—. Se extienden grandes y anchas con orgullo, y cada vez que Namjoon infla el pecho, sus alas crecen de manera amenazante a lo largo junto con él; lo suficientemente grandes como para aterrorizar a cualquiera que se atreviera a molestar a sus amigos. Aunque son tan torpes como él. Las alas de Namjoon tienen el récord por haber tirado más objetos de manera accidental y por haber golpeado más veces a los demás miembros en la cara durante las prácticas de baile. Pero Jungkook lo ama a pesar de todo. Nada lo hace sentirse más a salvo que el estar detrás de esas poderosas alas de águila, protegido por su líder.
“Tu cargador está en mi escritorio,” dijo Jungkook, alejándose de su habitación y yendo hacia las escaleras.
“Bien, gracias.”
A la mitad de las escaleras, el sabroso aroma de huevos batidos alcanzó su nariz, haciendo que Jungkook se pasara la lengua por los labios. Entró a la cocina y se encontró con Seokjin frente al sartén, que chisporroteaba de manera tentadora.
“Buen día, hyung.”
Seokjin giró hacia él y le sonrió. “Buen día, Kookie. Así que, ¿Cuánto tiempo tuvo Namjoon que golpear tu puerta para que te despertaras?”
Jungkook puso los ojos en blanco, otra vez. “Algún día va a hacer que mi puerta se salga de las bisagras.”
“Puede que sí. Duermes como una roca, Kookie.”
El maknae se mofó.
A lado de Jin había un plato lleno de tiras de tocino todavía calientes. Jungkook se acercó para agarrar una tira, sólo para ser golpeado atrás de la cabeza con el mango de la espátula de Jin.
“¡No quiero ladrones!”
“Pero hyung…” Jin alborotó su cabello. “Tae está en la sala, el desayuno estará en un segundo.”
Sus alas —ya arregladas y cepilladas con esmero— se balancearon un poco mientras hablaba. De todos ellos, Seokjin tiene las alas más grandes. Las suyas eran como las de un albatros errante y eran inmensas, con grandes plumas blancas y con negro azabache en las esquinas. Para ser honestos, las alas de Jin son más para abrazar que para volar. Jungkook atesora los momentos en que Jin y él se abrazan, en que realmente se abrazan. Porque las alas de Seokjin se envuelven alrededor de él de manera firme como si fuera un burrito, y se siente tan cálido y suave, como si pudiera quedarse abrazado a Jin por siempre. De hecho, las alas de Seokjin son la cobija no-oficial para acurrucarse del grupo. En noches particularmente largas o después de itinerarios extenuantes, todos se amontonan con su hyung mayor y él los cubre con sus alas. Son lo suficientemente grandes como para cubrirlos a todos si se pegan los unos a los otros. Y a Jungkook le encanta. Aunque él sólo duerme en las esquinas, incluso si le tocan las últimas pulgadas de las alas de Jin. No quiere que nadie sienta las alas atadas en su espalda.
“Bueno.” Jungkook le respondió, dirigiéndose hacia la sala.
Taehyung ya estaba echado en el sofá, viendo la TV. Jungkook se echó a lado de él, haciendo que los resortes del sofá rechinaran. Sin embargo, bajó un poco la velocidad de sus movimientos justo antes de que su espalda golpeara los cojines, y cayó suavemente. Taehyung pretendió no darse cuenta.
“¿Qué ves?” Preguntó el maknae.
“Repeticiones de Hwarang.”
“¿…En serio?”
Taehyung se encogió de hombros. “Es un buen programa. La trama es buena y los personajes son geniales,” dijo al mismo tiempo en que Jungkook decía “¿Sólo porque sale tu cara?”
Las alas de Tae se desplegaron y sus plumas comenzaron un ataque de cosquillas contra el cuello de Jungkook, haciendo que el menor riera y pidiera piedad.
Taehyung es una mezcla. Sus alas son un fogoso degradado de rojo, naranja y amarillo. Se ven como una radiante puesta de Sol. Además, Tae es quien mejor vuela en el grupo. Es rápido, ágil y se eleva en el cielo como una estrella fugaz. Una vez, voló por el escenario y sobre la audiencia en un concierto, y después hizo algunas acrobacias en pleno vuelo. Ese video tiene casi 7 millones de visitas en YouTube.
“¡Bien! ¡Está bien! ¡Me rindo! ¡Me rindo!” Jungkook jadeó en medio de carcajadas y Taehyung bajó sus alas.
“Claro que es porque mi cara sale ahí”, dijo con una risa burlona.
En ese momento Yoongi entró a la habitación, deambulando como un zombie y con los ojos todavía cerrados.
“Buen día, hyung.” Saludaron juntos Taehyung y Jungkook, enredados en el sofá.
“Brmndmg.”
“¡Jin-hyung!” Gritó Taehyung hacia la cocina. “¡Ahí va Yoongi-hyung!”
“Brmndmg. Café.”
Y con eso Suga desapareció en la cocina, guiándose sólo por el deseo de su cafeína matutina. Unos segundos después se escuchó la voz preocupada de Jin. “Aish, Yoongi. ¡Tus plumas están hechas un desastre! ¿Pasaste toda la noche en vela, otra vez?”
“Mmhm.”
Las alas de Yoongi son algo que se ve sólo una vez en la vida. La característica extraordinaria es que el ala izquierda es diferente a la derecha. El ala izquierda de Yoongi es de un plateado brillante, resplandeciente como lentejuelas a donde sea que vaya. La derecha es de un dorado reluciente, tan brillante que los demás a veces la ocupan como espejo. Las alas de diferentes colores son el equivalente a la heterocromía en los ojos de las personas; algo extraño y hermoso. Y cuando los reflectores chocan con sus alas de la manera correcta, resplandecen tanto que iluminan el concierto entero. Tienen un segmento en una coreografía específicamente para que eso suceda y la audiencia siempre queda maravillada. Yoongi se había sentido algo acomplejado cuando se unió a Bangtan, pero con el tiempo se dio cuenta de que sus alas no eran un error. Que en realidad, son deslumbrantes, relucientes y extraordinarias.
El rapero reapareció con una taza en sus manos, luciendo mucho más despierto y con los ojos, ahora sí, abiertos. “Buenas.”
“¡El desayuno está listo!” Gritó Jin justo cuando Namjoon entraba a la cocina. “Joonie, ¿Puedes preparar un poco más de café para mí? Probablemente Yoongi necesite una o dos tazas más.”
Jungkook se rió. “Cuidado, hyung. Puede que Namjoon-hyung vuelva a quemarse las plumas por accidente intentando hacer el café.”
“¡Pasó UNA sola vez!” Protestó Namjoon a la vez que todos entraban a la cocina para sentarse alrededor de la mesa. Seokjin repartió los huevos y el tocino, y Taehyung comenzó a devorar su parte tan pronto le sirvieron.
“¿Dónde están Hoseok-hyung y Jimin?” Preguntó Jungkook, picoteando su desayuno.
“En el estudio de baile, están preparando una nueva coreografía,” respondió Jin. “Vamos a verlos en una hora”.
Una hora después, los cinco entraron a la sala de prácticas. Hoseok estaba ahí, sentado contra el espejo y empapado de sudor. Les sonrió con su característica sonrisa deslumbrante cuando entraron.
“¿Qué tal, chicos?” Seokjin le sonrió y le pasó un traste de Tupperware.
“Tu desayuno.”
“Gracias, hyung.”
“¿Dónde está Jimin?”
“Fue por una bebida a la máquina expendedora,” dijo Hoseok, sus alas revolotearon cuando vio los huevos y el tocino que Jin le había traído.
La única manera de describir las alas de Hoseok es “impresionantes” y “para caerse muerto”. Son como las de una guacamaya macao, con una gran variedad de colores: de rojo a verde y de azul a amarillo. Colores brillantes, justo como su personalidad. También son muy receptivas, cuando Hobi ríe con alegría se sacuden de arriba abajo, y decaen cuando se enfada. Pero son un nivel totalmente diferente de asombroso cuando Hoseok baila. Sus alas se mueven de manera fluida junto con él, siguen sus movimientos, y se extienden y se contraen con cada emoción. Es como si hubieran sido hechas para bailar. Los ojos de todos siempre recaen en las alas de Hoseok cuando entra a la habitación.
Se escucha que abren la puerta del estudio.
“Oh, Kookie~”
Y ese era Jimin. Jungkook resopló cuando le dio un abrazo por la espalda.
“¡Ew, Jimin! ¡Estás sudoroso!”
“Cállate, amas mis abrazos”, dijo mientras envolvía sus alas alrededor del más joven y de sí mismo y comenzaba a mecerse con suavidad. Jungkook le hizo una mueca de disgusto. Pero lo que dijo Jimin no era totalmente mentira.
Jungkook está 99% seguro de que las alas de Jimin son lo más suave y esponjoso conocido por el ser humano. Son como las de un cisne, con un blanco impoluto que lo hace lucir como un ángel… lo cual Jimin es. También son las más adaptables —sus noonas estilistas siempre se divertían arreglando y estilizando las alas de Jimin y siempre terminan luciendo tan bonitas. Las plumas son tan suaves y esponjosas que Jungkook quisiera enterrar su cara en ellas y respirar la fragancia a vainilla que desprenden (lo cual hace, a veces). De hecho, las alas de Jimin son las almohadas favoritas de Jungkook, y duerme en ellas siempre que tiene la oportunidad a pesar de que Jimin se queje de que le produce calambres en las mañanas.
Finalmente, Jungkook se sacó a Jimin de encima. Llevaba ya mucho tiempo abrazándolo por la espalda y Jungkook se siente incómodo cada vez que algo así pasa. Jimin hizo un mohín, pero no intentó nada más y Jin le dio su desayuno.
“Bien,” señaló Hoseok a los demás. “Jimin y yo terminamos la nueva coreografía. Es bastante sencilla. Si logramos acabarla correctamente esta semana, creo que podremos añadirla al repertorio del concierto del próximo Martes.”
Todos asintieron y se pusieron en sus posiciones.
Como Hoseok afirmó, la coreografía era sencilla. Sólo muchos giros y saltos. Pero de todas formas, sus alas seguían cada uno de sus movimientos de manera bella y fluida, y Jungkook no pudo evitar notarlo. Las luces del estudio hicieron a las plumas destellantes y relucientes cuando dieron otra vuelta. Las alas de Hoseok hicieron un aleteo suave cuando llegó su verso y Yoongi estaba detrás de él, sus alas extendidas.
Y luego estaba Jungkook.
Patéticas es probablemente la única manera de describirlas. O feas. O de plano, repugnantes. Lo que sea que se le ocurra primero a Jungkook cuando se ve al espejo en la mañana. Un desagradable tono de negro grasiento. Y tan miserablemente pequeñas, que no podría volar incluso si su vida dependiera de ellas. Tenían más lugares calvos de los que podía contar, causados por las ataduras y la total falta de atención que les da. Cualquiera que las viera, sacudiría su cabeza en negación o chaquearía la lengua, porque las alas de Jungkook son simplemente lamentables.
Ha visto los fanarts. ARMY por lo general crea predicciones sobre cómo son sus alas. La mayoría de esos dibujos retratan que son grandes y doradas, ya saben, por todo eso del “Golden Maknae”. También hay otros, pero todos con la misma idea: alas grandes, capaces de volar y, en realidad, decentes.
También existen teorías. Teorías de cómo podrían ser sus alas. Algunas dicen que son las más hermosas en todo el mundo y Jungkook solamente no quiere alardear sobre ellas. Algunas otras que él no tiene alas, que es una de las pocas personas que nacieron sin alas o que se las cortaron. Hay muchas otras teorías, que van desde lo gracioso hasta ensayos de más de 5 páginas. Pero hasta ahora, Jungkook no ha visto nada sobre alas negras. Se considera afortunado, se tomó una cantidad considerable de tiempo para asegurarse de que no hubiera ninguna fotografía de él antes de la secundaria en los medios.
Y Bangtan siempre se esfuerza por frenar esas teorías. Diciéndoles a través de Twitter y V Live que las alas de Jungkook son su asunto y nadie debería entrometerse. Y eso conmueve mucho a Jungkook. Ellos ni siquiera saben cómo lucen sus alas y aun así estaban listos para defenderlo de cualquier par de ojos acusadores.
Pero lo lastima tanto como lo conmueve. Le duele pensar en cómo sus hyungs creen que son sus alas. Sabe que tienen curiosidad por saberlo, sólo intentan no mostrarlo. No se pierde esas ocasionales miradas breves a su espalda cuando usa camisetas más delgadas, o a través del espejo cuando entrenan. ¿Esperan alas extravagantes? ¿Creen que sus alas son mejores que las de ellos y por eso las oculta? ¿Qué tan altas son sus expectativas?
Jungkook no puede culpar a sus hyungs, él también estaría curioso si estuviera en sus lugares. Y aun así, su corazón todavía se estremece cada vez que nota a alguno de ellos viendo su espalda.
Sus hyungs están dispuestos a llegar a tanto con tal de defenderlo a él y a las alas que sólo él conoce. Pero, ¿Cómo reaccionarían si supieran que las alas que han estado defendiendo no son nada más que plumas negras y rotas?
Las alas negras son extrañas. Tan extrañas que probablemente nadie ha pensado demasiado en ellas. Y mucho menos las han imaginado en la espalda de Jungkook. Todo se remonta al pasado; en la Edad Media, la gente con alas negras era acusada de brujería porque sus plumas se asemejaban a las de los cuervos. Eran quemados en las hogueras, repudiados. En algunos lugares del mundo, las plumas obscuras siguen siendo consideradas de mal agüero y se les discrimina. Y en la actualidad, las alas negras están prácticamente extintas.
Además, ha oído rumores. Rumores de aprendices que no fueron reclutados por empresas porque sus alas no eran lo suficientemente atractivas. Y, aunque ninguno de esos rumores ha sido confirmado, es algo creíble en su totalidad. Jungkook fue muy afortunado de que BigHit lo haya aceptado en el grupo, ya fuera porque su talento compensaba su falta de alas o porque la compañía estaba desesperada, él se alegraba por su suerte.
Pero ahora se siente agotado.
Agotado de tener que esconder su espalda de sus (muy atentos) hyungs. Y el mayor problema es que han llegado demasiado lejos juntos como para que Jungkook se eche para atrás. Una vez, cuando apenas iban a debutar, planeó revelarles sus alas; pero estaba tan distraído contemplando sus hermosas alas, que decidió postergarlo un poco más de tiempo. Y un poco más. Y sólo un poco más.
Y ahora Jungkook siente que revelárselas sería una traición absoluta.
“¿…Kookie?” Jungkook parpadeó y después agitó un poco su cabeza.
“Dime, Namjoon-hyung.”
“Te desconectaste por un momento, ¿Estás bien?”
“Sí… Sí, estoy bien.”
Los labios de Namjoon se presionaron hasta volverse una línea, pero lo dejó pasar. El líder regresó su atención al grupo. “Bien. ¡Desde el principio!”
Jungkook suspiró. Quería mantener ese secreto por siempre, incluso si eso era casi imposible. Aunque todavía se aferra a la pequeña esperanza de que tal vez las cosas salgan bien y no tenga que decirles. No era necesaria ninguna revelación y mucho menos algún corazón roto.
Hasta que un día, las cosas comenzaron a derrumbarse. Todo en el concierto para el que se preparaban.
“¡Todos, a sus lugares!” Gritó su mánager. Cada quien fue a sus respectivos lugares en la plataforma que los elevaría mientras los cantos del público se hacían más y más fuertes. Las estilistas estaban arreglando algunos detalles de último minuto en la decoración de las alas de Jimin y en el cabello de Taehyung (rojo y naranja, como sus alas). Jungkook se apartó el flequillo de los ojos y Hoseok lo palmeó en los hombros en su camino hacia su lugar.
“Todavía no puedo creer que nos hayan puesto unos malditos arneses fetichistas,” Jungkook escuchó que Yoongi decía detrás de él.
“¿En serio?” Respondió Namjoon, estirando los tirantes de cuero en su pecho. “¿Eso es lo que son?”
Yoongi puso los ojos en blanco, “Oh, no pretendas que no sabes lo que son, Joon.”
Jungkook se rascó un poco los costados, debajo de la correa del arnés. Vestía una delgada camisa blanca y el cuero estaba rozando su piel de manera molesta. Pero lo que realmente lo estaba molestando era su espalda. Los arneses fueron diseñados para personas con alas, con dos anillos de metal que deberían ir alrededor del nacimiento de las alas. En cambio, Jungkook tenía las pronunciadas piezas de metal presionadas contra su espalda desnuda, cortando la circulación de sus alas.
Lo cual no era un problema, claro que no, se dijo Jungkook a sí mismo. Lo peor que podría llegar a pasarle eran unos cuantos moretones. No era gran cosa.
El mánager volvió a gritar. “¡Bien! Iniciamos en 3, 2, 1… ¡Elévenlos!”
La plataforma ascendió y los siete fueron recibidos por las aclamaciones familiares del público, por las ARMY Bombs parpadeando y los gritos de las fans. La música sonó y el show comenzó.
Todo salió bien en su mayoría. Cantaron y rapearon y las coreografías salieron bien, con ningún contratiempo. Como siempre, dieron lo mejor de sí mismos, y Jungkook cantó con todo su corazón, a pesar de la molesta picazón del arnés. Se sintió como si perteneciera ahí, al escenario.
Y entonces llegó la última canción.
Era un extra, una simple coreografía que los mismos BTS crearon y que practicaron unos cuantos días para mostrársela a sus fans.
Una canción extra. Eso era.
Excepto que tenía muchos saltos y giros.
Jungkook hizo una mueca de dolor cuando giraron por primera vez, sintió que el arnés rozaba un poco más de lo que le hubiera gustado. Después saltaron y Jungkook apretó los dientes porque ow. Ese salto había hecho que un puñado de sus plumas se doblaran en el sentido contrario debajo de su ropa y Jungkook comenzó a sentir dolor.
La canción continuó.
Saltaron, giraron y volvieron a saltar.
Ow.
Salto, giro, salto, salto, vuelta.
Ow. Ow. Ouch.
Y giraron por última vez.
Hubo un sonido de desgarre y Jungkook casi gritó. Sintió un dolor electrificante dispararse por su espalda. Su espalda se arqueó un poco como reflejo. El metal debía haber atravesado la ropa rasgada y apuñalado sus alas.
Okay. Puede que eso fuera un poco serio.
Pero era el final del concierto y el grupo ya se estaba alineando para su despedida. Jungkook sólo esperaba que fuera capaz de aguantar. Tal vez no era tan malo, probablemente un pequeño corte. El dolor era abrasador, pero Jungkook decidió que lo aguantaría hasta que estuvieran tras bastidores.
Apenas si pudo llegar.
Su ritmo cardiaco aumentó mientras buscaba a tientas el arnés, sus dedos intentando desabrochar el cinturón de manera desesperada porque necesita quitárselo ya, ¡duele!
“Kookie, ¿Necesitas ayuda?” Preguntó Jimin, acercándosele desde atrás. Rápidamente desabrochó el cinturón y le quitó el arnés antes de que Jungkook pudiera decir algo.
“Jimin-“
Pero el aludido jadeó. “¡Jungkook, estás sangrando!”
La cabeza de Jungkook giró hasta donde pudo hacia su espalda y vio indicios de ropa desgarrada y de plumas negras.
“Deberíamos llama- ¡Jungkook, espera!”
Pero el maknae ya estaba corriendo a toda velocidad, el pánico nublando su mente. Ignoró al staff y probablemente a otros miembros cuando los rebasó, dirigiéndose al camerino del grupo. Jungkook se tocó la espalda y, cuando regresó los dedos al frente, estaban teñidos con sangre escarlata. Empezó a hiperventilar y a buscar frenéticamente en la habitación vendas, ropa, lo que fuera para cubrir su espalda sangrante. Estaba cavando entre las cosas de su mochila cuando una mano se posó en su hombro, seguido de la voz de Yoongi diciendo “¡Jungkook!”
Alejó la mano con un manotazo y, para su horror, encontró a todos los miembros en la habitación. Había olvidado poner seguro a la puerta. Lentamente se alejó, como un animal arrinconado.
“Jungkook, tus alas…” Dijo Seokjin, y su voz estaba tan llena de inquietud, preocupación y amor que Jungkook no pudo soportarlo. No había manera de que no hubieran visto al menos un puñado de plumas negras, y eso por sí mismo era demasiado malo. Van a ver —oh, por dios—, van a ver sus alas. Verían sus feas, feas alas y las odiarían. Y lo odiarían a él por haber escondido un secreto tan estúpido y por tener un par de alas tan patético y dejarían —no— dejarían de darle amor y de apoyarlo y volvería a ser un marginado y — ¡No!
No no no no no no ¡NO! ¡NO!
“¡ALÉJENSE DE MÍ!” Gritó, estampando su espalda contra la pared e intentando ignorar el dolor lacerante de sus alas rotas golpeando el duro concreto. Escondió sus ojos detrás de su flequillo y cruzó sus brazos firmemente en su pecho. Sus uñas se clavaron en sus antebrazos, tan fuerte que estaba seguro de que dejarían marcas en forma de media luna.
Los miembros lo miraron conmocionados y con una inquietud abrumadora —casi asustados—. Su maknae estaba entrando en pánico y estaba tan, tan aterrado y ellos no tenían ni idea de qué debían hacer. Yoongi dio un paso adelante. “¡Jungkook!” Su voz sonó severa mientras agarró los hombros de Jungkook, y el menor comenzó a forcejear para empujar a Yoongi.
“¡ALÉJATE!” “¡Jungkook, detente!” El chico de alguna manera se había empujado más contra la pared y tomó casi toda la fuerza de Yoongi para alejarlo de ahí. Los demás inmediatamente se acercaron a ayudarlo.
Con Yoongi empuñando sus antebrazos y Hoseok abrazando su cintura, lograron jalar a su destrozado maknae al medio del camerino. Para ese entonces, Jungkook había gastado toda su energía y dejado de forcejear, en su lugar, se tiró de rodillas y comenzó a sollozar.
Yoongi seguía frente a él, abrazándolo y dejando que Jungkook llorara en su camisa mientras pasaba sus dedos suavemente por la cabellera del menor.
Namjoon empezó a hablar. “Necesitamos llamar al…”
“¡NO!” El grito de Jungkook les heló la sangre y se quedaron callados. Él sollozó. “Por favor, no…”
Por un momento, su líder guardó silencio, considerando sus opciones.
Los demás esperaron. Finalmente, los miró. “Taehyung, intenta encontrar tijeras o cualquier cosa con la que puedas cortar. Jimin, debe haber algún botiquín de primeros auxilios por aquí, búscalo. Hoseok, encuentra ropa limpia y algo de agua; si se puede, en un cuenco. Jin, vigila la puerta y asegúrate de que nadie más entre.” Los cuatro asintieron y se fueron a hacer lo que se les pidió. Namjoon se agachó a la altura de Jungkook.
“Kook, necesitamos quitarte esa camisa, ¿Sí? Intenta quedarte quieto.” El chico sólo gimoteó. Yoongi comenzó a desabotonar.
Jimin regresó corriendo con botiquín en sus manos. Taehyung llegó con unas tijeras, seguido de Hoseok con algunas toallas y una botella de agua. Namjoon y Yoongi le arrancaron la destrozada camisa.
“N-No…” Jungkook protestó débilmente una última vez. Hoseok tomó su mano con cuidado y acunó su mejilla. “Jungkook, está bien.”
“¿Qué caraj- una faja?” Murmuró Seokjin.
“Necesitamos cortar esto,” dijo Namjoon con gravedad. “Si lo jalamos, podríamos agravar la herida.” Taehyung le tendió las tijeras a Seokjin y el mayor gentil pero rápidamente logró abrir el material con una cortada limpia y recta. En realidad no sabía qué esperaba encontrarse cuando estaba a punto de ver la espalda desnuda de Jungkook —ninguno sabía—. Lo único que le importaba en el momento era que su maknae estaba herido de gravedad y necesitaba que lo trataran lo antes posible.
Las alas debajo los sorprendieron a todos y Seokjin hizo una mueca de dolor. Estaban en serias condiciones: plumas desgarradas y ensangrentadas, torcidas en algunas partes y necesitadas de cuidados médicos.
“Okay, necesitamos estirarlas. Hoseok.” El bailarín ya estaba a lado de Namjoon antes de que diera la orden. Con mucho cuidado, ambos jalaron las alas de Jungkook hacia afuera, para alejarlas de la sangre apelmazada.
“Taehyung, Jin-hyung, ustedes limpien la sangre. Jimin, vendas.” Los cinco chicos comenzaron a trabajar en las alas de Jungkook, quien seguía escondido en el pecho de Yoongi. El rapero no había dejado de consolarlo.
Como todos estaban trabajando juntos, limpiando, vendando y en general, remendando las alas de Jungkook, terminaron rápido. Al menos la tensión se había apaciguado. Lo último que quedaba era su maknae llorando en los brazos de Yoongi.
“N-No… no las miren,” consiguió gimotear.
“¿Por qué, Kookie?” Preguntó Yoongi con suavidad.
“Porque… p-porque están rotas. Las odio. Ustedes también las odiarían.”
Jin se inclinó hacia él, envolviendo sus brazos a su alrededor. “¿Por eso las has escondido todo este tiempo?” Preguntó, su voz apenas era un susurro. “¿Porque estás asustado de que te odiemos?”
Jungkook asintió.
“Ven aquí,” murmuró su hyung, jalando a Jungkook para un buen abrazo, sus alas cubriéndolo como una cobija. El maknae sollozó aún más. Taehyung comenzó a masajear su espalda, en las articulaciones en la parte inferior de sus alas. Dolía, pero después se sentía tan bien. Jungkook nunca se había dado cuenta de lo adolorido que estaba en esas partes.
Las suaves y pequeñas manos de Jimin y sus dedos aún más cuidadosos comenzaron a pasarse por sus plumas. “Jungkook, todas tus plumas están enredadas,” dijo. Pero para sorpresa de Jungkook, no había rencor en su voz. Más bien, estaba llena de inquietud. “¿Qué tan seguido te acicalas?”
“Yo… n-no lo hago.”
“Oh, Kookie.” Hoseok se arrodilló a su lado, haciendo su flequillo a un lado y limpiando las lágrimas en sus mejillas. “Sabes que nunca podríamos odiarte. Yo creo que tus alas son hermosas.”
“Son negras y pequeñas y parecen aceite grasoso.” “Aw, no digas eso,” Taehyung hizo un mohín mientras ayudaba a Jimin a alizar sus plumas y a asegurarse de que ninguna se enredara de manera incómoda en su vendaje. “Creo que son lindas. Nunca he visto alas negras. Son poco comúnes.”
“Parecen piedras de ónix,” agregó Namjoon. “U obsidiana.”
“Entonces…” Jungkook sorbió por su nariz. “¿No están enojados?”
“¿Por qué lo estaríamos?”
“Porque todos ustedes tienen alas coloridas con las que sí se puede volar y yo sólo tengo…” Por primera vez, sus alas se movieron un poco. Bueno, tuvieron un leve espasmo. Estaban rígidas y el movimiento era extraño. “Lo siento.”
“No lo hagas,” dijo Jin, sonriéndole con calidez. “Te amamos a ti y a tus alas, no importa lo que pase, Kookie.”
“Algún día deberíamos ir a alguno de esos spas elegantes y salones para plumas,” sugirió Namjoon.
Los ojos de Jungkook se ampliaron. “¡P-pero los paparazzis! ¿Qué pasa si las ven? ¡Arruinaré sus reputaciones!”
“Al carajo con la reputación,” escupió Yoongi. “Te llevaremos ahí nosotros mismos o —al diablo— haremos nuestro propio spa casero en el dormitorio. Lo que sea que quieras.” Y añadió en un tono más suave, “¿Está bien?”
Jungkook inhaló profundamente y vio a sus seis hyungs, uno por uno, todos acurrucados alrededor de él en una gran pila de abrazos. Se limpió las lágrimas.
“Sí. Sí, está bien.”
Después, cerró los ojos. “Gracias, hyungs.”
Los siguientes días fueron… interesantes.
Sus hyungs habían insistido en que dejara sus alas fuera en el dormitorio, lo cual Jungkook aceptó con vacilación. Todavía se sentía inseguro, inconscientemente encogía sus alas cada vez que estaba en la misma habitación con los demás miembros. Pero conforme el tiempo fue pasando, mejoró.
Después de que Hoseok y Jimin buscaran un montón de videos en YouTube y varios artículos sobre ejercicios y estiramientos adecuados para las alas, y para adquirir fuerza y flexibilidad en los apéndices, comenzaron con una hora especial de yoga para Jungkook. Porque incluso ellos podían admitir que las alas de Jungkook estaban en terribles condiciones después de haber sido atadas por años. Como resultado, cada mañana los tres se reunían en un tapete de yoga para hacer los ejercicios. Después de un tiempo, las alas negras de Jungkook ya no estaban inertes a sus costados —empezaron a desplegarse con fuerza. Jimin y Hoseok lo miraban con orgullo.
Una semana después de eso, Jungkook aceptó ir a un spa con ellos. Escogieron un spa pequeño y a una hora de camino de Seúl, lejos de cualquier paparazzi entrometido. Le pidieron al personal que mantuviera su visita en secreto, lo cual el personal prometió con cortesía. Mientras les daban un masaje a sus alas, Jungkook pensó en que nunca se había tan relajado y en lo bien que se sentían. Después del tratamiento, terminaron luciendo brillantes.
Namjoon tenía razón: se veían como ónix y obsidiana.
Cuando regresaron al dormitorio, Taehyung tomó algunos stickers que tenía de estrellas y planetas, y comenzó a pegarlos en las plumas de Jungkook. Los stickers eran morados y azul obscuro, y contrastaban muy bien con el negro azabache.
“¡Se ven como el Universo!” Dijo Jimin, maravillado. Jungkook aleteó con delicadeza. Los stickers brillantes centellearon como estrellas resplandecientes en medio del vacío. “Wow, Kook. ¡Es como si tuvieras un Universo entero en tus alas!” Lo elogió Taehyung. Jungkook se rió.
Resultó que tener alas pequeñas tenía unas cuantas ventajas —Jungkook siguió descubriendo varias peculiaridades conforme más las dejó a la interperie—. Un día particularmente caluroso, Jungkook descubrió que sus alas son como un aire acondicionado personal. Su tamaño es perfecto para abanicar y las plumas negras ayudan a absorber el calor. Los demás chicos pronto comenzaron a envidiarlo porque sus alas eran demasiado grandes como para crear una brisa constante (en especial Seokjin, un sólo aleteo podría hacer que sacara volando un montón entero de hojas). Taehyung se tiró a lado de Jungkook y lloriqueó. “Kooooookieeeee, abanícame. Me estoy derritiendooo.”
Jungkook puso los ojos en blanco pero sacó sus alas y comenzó a aletear con suavidad, Taehyung soltó un suspiro de alivio y los dos se refrescaron. Un par de minutos después, los demás hyungs llegaron, atraídos por lo fresca que estaba esa habitación a comparación del resto del dormitorio. Rápidamente, todos se sentaron alrededor del maknae para disfrutar la brisa, Jungkook disfrutó su compañía.
Tiempo después descubrieron que Jungkook puede planear un poco. No puede volar, pero sus alas son lo suficientemente grandes como para descender desde cualquier altura y aterrizar sin salir lastimado. Seokjin y Taehyung le dieron lecciones sobre cómo volar en lo alto de una colina en un claro cuando el grupo hizo un picnic, y Jungkook lo aprendió con rapidez (porque es el Golden Maknae y todo eso). La ventaja de tener alas pequeñas es que le otorgan a Jungkook mejor movilidad y puede hacer giros más precisos incluso más rápido que Taehyung. Y aterriza más fácil que los demás, ya que su tamaño pequeño produce menos impulso. Jimin dice que Jungkook puede ganar con facilidad en cualquier curso de habilidad en vuelo si empezara desde un punto con suficiente altura. Jungkook le agradeció. ¿Escuchan eso? Jungkook en verdad le agradeció a Jimin. Los demás estaban impactados.
Meses después, Jungkook decidió revelar su secreto al público. Conforme pasaron las semanas y la condición de sus alas mejoró, con lo que él se sentía mucho más cómodo, las ataduras comenzaron a sentirse más como una prisión que como una protección. Cuando les dijo su idea de mostrar sus alas en V Live, sus hyungs le dieron todo su apoyo. Grabaron el show en vivo juntos, y Jungkook sostuvo la mano de Yoongi todo el tiempo mientras Hoseok hacía círculos reconfortantes en su espalda. Seokjin le dio un apretón cariñoso en el hombro cuando el maknae estaba a punto de quitarse la cobija que lo cubría, para revelar sus alas de manera permanente. Jungkook inhaló profundamente y se la quitó. La transmisión duró más de 40 minutos y Jungkook explicó su secreto y por qué había decidido mantenerlo en privado. Sus hyungs se sentaron a su alrededor en un círculo protector. Al final de la transmisión, Yoongi amenazó sin rodeos que decapitaría a cualquiera que se atreviera a discriminar a su maknae, a lo que Namjoon rápidamente intervino y pidió de manera más cortés que respetaran a Jungkook (aunque el menor no se perdió el tono pasivo-agresivo escondido en la voz de su líder).
La noticia se propagó como el fuego y hubo una tormenta en las redes sociales, como habían esperado. Las conversaciones entre ARMY y la comunidad entera del K-pop se concentraban en las alas de Jeon Jungkook —desde publicaciones del fandom en Amino hasta artículos detallados de famosas compañías de noticias. Los chicos de BTS se habían preparado, escogieron el momento del año en que su comeback todavía estaba a meses de distancia y pidieron un semi-hiatus, así evitarían tanto contacto con las redes sociales como les fuera posible hasta que las aguas se apaciguaran.
Pero durante todo ese tiempo, #alasjungkook se hizo tendencia. Todos lo supervisaron, leían las publicaciones, las reacciones y los debates —Jungkook fue quien más lo hizo—. Sus hyungs le habían asegurado que, no importaba lo que la gente pensara, ellos siempre lo protegerían y lo apoyarían. Y para su maravillosa sorpresa, la mayoría de la gente le habían enviado sólo amor y aceptación. Puede que hubiera algunos cuantos comentarios por aquí y por allá de odio, pero estaban sepultados bajo montones y montones de mensajes de apoyo y positividad.
E incluso puede que Jungkook haya llorado un poco cuando vio la publicación de una chica que hablaba sobre sus problemas de autoestima debido a sus alas negras y cómo cierto idol del K-pop le había ayudado a superarlo.
Jungkook comenzó a salir en público con sus alas a la intemperie. Todavía escucha algunos susurros a sus espaldas y puede sentir las miradas fijas en él, pero sus hyungs siempre estuvieron ahí para él. Una vez fueron a una cafetería y un chico estaba criticando en voz muy alta las alas negras, claramente dirigido a Jungkook. Yoongi estaba a punto de ir a insultar al sujeto cuando Namjoon se levantó en todo su 1.81m de altura y 6m de envergadura en sus alas de águila y le preguntó “¿Hay algún problema, caballero?” El sujeto inmediatamente se calló.
La vida continuó. Jungkook creció y también sus alas. Habían vuelto a salir plumas en los lugares que antes estaban calvos. Los músculos y las articulaciones se fortalecieron. Y su color negro era resplandeciente e hipnótico, como un despejado cielo nocturno.
Una mañana, Jungkook se despertó con el Sol acariciando suavemente sus mejillas. Mientras se sentaba en la esquina de su cama, sus ojos giraron hacia la esquina de su habitación, donde estaba su faja. No la había ocupado en meses, sólo estaba ahí, acumulando polvo y telarañas. Ya no la necesitaba.
Jungkook se levantó y caminó hacia su espejo. Admiró sus alas. El lindo y pequeño tamaño, las tibias y suaves plumas, la manera en que reflejan matices plateados cuando el Sol las ilumina en el ángulo correcto. Eran fuertes y saludables, y él era feliz.
Plumas negras. Pero no quebradas, ya no.
