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Miles Stilinski parpadea varias veces para intentar darle sentido a la imagen frente a él.
Pero no, Derek Hale, el hermanito de Laura, realmente está parado en la entrada de su casa, sujetando una docena de bonitos tulipanes de varios colores, una botella Johnnie Walker Blue Label y una caja de Raffaellos importados, los favoritos de Miles.
Miles asoma sólo la cabeza, buscando si alguno de los otros Hale, tal vez Laura, se encuentran en alguna parte de la calle. Pero no, sólo está Derek, quien desprende un aire de nerviosismo bastante intenso. El chico parece a punto de desmayarse.
—¿Hola? —suelta Miles, confundido y frunciendo ligeramente el ceño.
—Buenas tardes —Derek traga con fuerza después de decir esto. Miles no puede evitar el levantar la comisura de los labios con diversión al ver al hermanito menor de Laura tan asustado.
—¿Necesitas algo, Derek?
—Sí —Derek asiente—. Vine a invitar a salir a Stiles y a pedir permiso para que sea oficialmente mi novio —el niño Hale abandona cualquier asomo de miedo, su postura se endereza y hay incluso un cierto aire de peligro alrededor de él. La sonrisa de Miles desaparece.
—¿Disculpa? —Miles abre por completo la puerta, sale de la casa y se planta frente a Derek.
A pesar de ser cinco años más grande que Derek, Miles sólo le lleva una ventaja de altura de unos 10 centímetros. Pero él definitivamente tiene más musculatura que un chico de 17 años, así que se cruza de brazos para verse más grande de lo que en realidad es, sintiendo cómo las costuras de su playera se estiran alrededor de sus bíceps y tríceps.
Parece funcionar, pues la postura del adolescente se desinfla muy ligeramente.
—El sheriff Stilinski está de acuerdo. Fui a hablar con él esta mañana y dijo que podía salir con Stiles —el chico desvía la mirada, pero sin bajar la cabeza, sólo moviendo los ojos hacia su izquierda.
—Ajá… ¿Entonces? —el hombre le entrecierra los ojos al adolescente.
—Vine a pedirte permiso a ti también para salir con Stiles —masculla Derek, casi entre dientes.
—No, Derek… —Miles se aprieta el puente de la nariz, aún sin descruzar los brazos—. No te doy permiso de salir con mi hermano, a mí no me importa que nuestro padre te haya dado su bendición. Stiles apenas tiene 15, tú tienes 17.
—Seguimos siendo ambos menores de edad —Derek contesta, levantando un poquito la voz—. No es ilegal si ambos somos menores. Tengo 17 años con cuatro meses, Stiles tiene 15 y un mes, es perfectamente legal y lo sabes, abogado Stilinski. Alguien de 17 recién cumplidos puede salir con una persona de 14.5 años.
Miles abre la boca con sorpresa. Maldita sea, Derek Hale va en serio.
—Hiciste tu tarea, Hale —Miles suspira. Se descruza de brazos y se pasa la mano por la cara. Dios, los líos en los que Stiles se mete son interminables—. Si ya tienes el permiso de mi padre, ¿por qué necesitas el mío?
Derek bufa y gira los ojos, luego fija su mirada en Miles.
—Eres el hermano mayor de Stiles… yo podré ser su Batman, pero tú eres su Superman. ¿Sabes lo mucho que Stiles te idolatra? Obviamente tenía que pedirte permiso para salir con él, eres su mejor amigo, ni siquiera con Jackson o con Scott tiene la misma clase de amistad que tiene contigo.
Miles siente algo apretarle el pecho al escuchar a Derek. Él adora a su hermanito, lo ama con cada parte de su ser. Él había llorado a sus padres cada navidad para que le dieran un hermano, hasta que un día, en su cumpleaños número siete, le habían dicho que por fin tendría uno.
Con un suspiro resignado, Miles decide aceptar su derrota. Derek Hale sabe jugar sus cartas.
—Espero que hayas establecido tus horarios de visita con mi padre, niño —Miles gira, indicándole con la mano al chico que le siga adentro de la casa—. ¡Stiles!
En el segundo nivel de la casa, se escucha un golpe sordo. Miles pone los ojos en blanco al escuchar la risita llena de deleite y afecto de Derek. Stiles baja las escaleras corriendo, casi tropezando en el penúltimo escalón.
—Vinieron a verte —le dice, arqueando la ceja y cruzando los brazos por segunda vez. Es absolutamente hilarante ver a Stiles tragar con fuerza de la preocupación que siente por su nuevo novio.
—¿Okay? —murmura el muchacho más joven, jugando con los dedos de sus manos y prácticamente vibrando en su lugar.
—Joder, Stiles, ve a cambiarte, Derek va a llevarte a una cita.
Sin tener que decirle dos veces, Stiles sale disparado a su habitación para vestirse. El castaño más grande se gira hacia Derek.
—Si lastimas a mi hermano, voy a meterte una bala de acónito por donde no te entra el sol.
El chico Hale jadea con sorpresa y horror. Miles le sonríe con superioridad.
—Soy uno de los amigos más cercanos de Laura, por supuesto que lo sé —le guiña un ojo. Derek asiente con vehemencia.
—¿Y si es él quien me lastima?
—Supongo que Laura tendrá alguna idea o dos para ello —le responde—. Pero aquí entre nos… dudo que lo haga, lleva enamorado de ti desde la primaria.
—¿En serio? —la sonrisa boba de Derek provoca que Miles suspire con cansancio.
—Son las cinco, lo quiero en casa a las diez como máximo, te doy quince minutos de tolerancia, no más.
—¿Cómo te fue? —Stiles acepta con gusto su ramo de tulipanes de diversos colores, dándole a Derek un beso en la mejilla en señal de agradecimiento.
—Tu hermano sabe sobre nosotros… —le dice Derek a su novio, tomando su mano y dándole un beso en el dorso.
—¿El qué? ¿Que estamos saliendo?
—No, no, me refiero a que sabe sobre el mundo sobrenatural —eso detiene a Stiles en su sitio.
—¡¿Qué?!
Derek se encoge de hombros, caminando más rápido para abrirle la puerta del camaro a Stiles.
—Tiene sentido. Si lo piensas bien, es bastante lógico porque es amigo de Laura desde que son niños. Raro hubiera sido que no sepa nada.
—Mmmmm —musita Stiles—. Tienes razón. Te conozco desde la primaria y me contaste apenas entré a la secundaria, supongo que Laura hizo lo mismo —Stiles olisquea sus flores mientras se pone el cinturón de seguridad—. ¿Y a dónde vamos?
—¿Recuerdas ese parque al que fuimos en la excursión de hace un año?
—¿El que tiene su estanque? —el castaño sonríe al ver que Derek tiene su goma de mascar favorita en el portavasos del camaro. Derek odia la goma de mascar, pero ahí está él, comprando chicle sabor algodón de azúcar para cuando Stiles tenga antojo.
—Ese mismo —dice, mirando si viene algún auto en el retrovisor.
—¿Te he dicho alguna vez lo guapo que te ves manejando?
Derek le sonríe, sus mejillas tienen un ligero sonrojo.
—¿Te he dicho hoy lo mucho que me gustas? —le responde socráticamente. Stiles lucha en vano por esconder su sonrisa con el dorso de su mano derecha, mientras que con la otra le da a Derek un leve golpe en el brazo.
El parque de su excursión es en realidad una especie de reserva; es relativamente pequeño, tiene juegos para los niños, algunos columpios para adultos, pequeños kioscos, tiendas de baratijas y letreros con información acerca de los animalitos que habitan el lugar. El nombre de los Hale aparece en la placa de los donadores a la preservación del parque.
Stiles le compra a Derek su Mountain Dew, unos cheetos naranjas y una paleta de corazón; Derek le regala a Stiles un cupcake de red velvet y una botella de agua.
—Ven —Derek le hace sentarse junto a él, colocando su comida en la mesa del kiosco—. Tengo algo que decirte…
El adolescente más grande se pasa una mano por el cabello en un intento de controlar su nerviosismo.
—Stiles… —Derek le toma las manos, acariciando los dorsos con sus pulgares—. Fui a pedirle a Miles que me dé permiso para ser tu novio. Oficialmente. Así que… ¿puedo ser tu novio?
—Der… —el castaño le da un suave beso en la mejilla a Derek—. Der, te enfrentaste al abogado Stilinski para pedirle ser novio de su hermanito menor de edad… nadie se enfrentaría a Miles Stilinski sólo por eso. Claro que quiero ser tu novio.
—Perfecto —murmura, soltando sus manos y acunando las mejillas de Stiles.
El beso que se dan es imperfecto. Sus dientes chocan al principio, y el ángulo es incómodo. Pero después de varios segundos, Stiles consigue reunir la confianza suficiente para acercarse a Derek aún más y ahondar el beso.
Las manos del castaño en el cuello de Derek, le provocan al lobo un delicioso cosquilleo que viaja por todo su cuerpo. El calor de sus manos incita a Derek a acariciar la cintura de su novio. Stiles sonríe lánguidamente, para después separarse y decirle a Derek:
—No olvides que Miles dijo a las 10, señor Hale…
Los besos que le siguieron al primero fueron los verdaderamente perfectos, y Stiles llegó un minuto tarde a casa con los labios hinchados.
