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El elixir

Summary:

La salud de la princesa cada vez está peor, y él bebe que lleva en su vientre no ayuna en nada a la situación. Ya sin tiempo, el rey debe pedirle ayuda al joven alquimista recluso en el calabozo del castillo.
Sin embargo aquella ayuda no será gratis, y quien pagara el precio será Cassandra.

(Un Cassarian mas, sin embargo en este fic solo toman la temporada 1 de la serie, todo lo demás fueron invento mío, para que lo tomen en cuenta, así que ustedes solo déjense llevar un poco para disfrutar esta historia)

Chapter Text

Varian se encontraba relajado en su celda comiendo una manzana junto a su fiel amigo Ruddiger, sabía que era cuestión de tiempo hasta que ellos llegaran con él. Era divertido, pero en la cárcel se conocían los chismes bastante rápido, después de todo, las damas de la servidumbre siempre hablaban con los guardias, contándoles todos los pormenores del castillo y después estos, aburridos en el calabazo los comentaban entre ellos sin preocuparse de que los reclusos escuchen. Y el chisme de que la princesa Rapunzel estaba gravemente enferma y con un bebe en su vientre se esparció mucho más rápido que cualquier otro. También había oído como el rey Frederic había mandado a traer a los mejores médicos de los 7 reinos e incluso de más allá, también llamo a botánicos, científicos y hasta hechiceros, sin embargo, la historia se repetía al igual que hacía más de 2 décadas atrás como le paso su esposa y ahora ya no tenían a aquella flor milagrosa…

- Pero que irónico. – Dijo entre risas.

- Prisionero, de pie. – Le ordeno un guardia de pie frente a su celda. – Viene el rey Frederic.

Varian volteo a verlo y de mala ganas se levantó, sería mejor portarse bien al menos por ahora. Después podría hacer enfadar al monarca a sus anchas.

- Vaya, haberlo avisado antes, me hubiera vestido para la ocasión. – Musito divertido. Había crecido bastante desde que fue encarcelado y obviamente no le entregaban la mejor ropa, con suerte eran de su talla y que hablar de todos los agujeros y remaches que tenían.

- Varian de Corona Antigua. – Lo saludo el rey ya frente a él.

Atrás del monarca pudo ver a Eugene, tenía grandes ojeras y su cabello había perdido el brillo, sí que amaba a aquella princesa rubia. Además de otro par de guardias, pero que tontería, como si les pudiera hacer algo allí encerrado sin alquimia.

- Mi rey. – Le devolvió el saludo con una sonrisa cínica y se inclinó levemente. - ¿A qué se debe esta ilustre visita? ¿Gusta un té de hongos? También tengo galletas rancias, aunque creo que una rata mordisqueo una, lo malo es que no recuerdo cual fue…

- No estoy aquí para juegos, niño. – Dijo molesto. Cada segundo era preciado, cada segundo sentía que su hija estaba más cerca de la muerte. – Vengo aquí por mi hija.

- Sí, creo que escuche algo sobre que iba a morir y que de paso estaba embarazada. Felicidades, por cierto, príncipe Eugene. – Respondió el alquimista con calma quitándose la suciedad de las uñas divertido por la cara de aflicción del castaño.  – Pero ¿eso en que me afecta?

- Sé que tú puedes descifrar el pergamino que habla de la flor, encontramos las partes faltantes y necesitamos que lo traduzcas y crees un remedio para ella, que pueda sobrevivir al parto y tenga una larga vida. – Explico muy serio. – A cambio te daré tu libertad.

- No gracias. – Respondió sin inmutarse el joven mientras se volvía a recostar y el mapache se recostaba en su pecho.

- ¿Que? – Preguntó desconcertado el rey.

- Que si quieren mi ayuda deben ofrece algo mejor. Después de todo ya cumplí poco más de la mitad de mis 10 años de condena, además gracias a la princesa ahora los reclusos tienen acceso a cualquier libro de la biblioteca y aun me queda mucho por leer. – Explico mientras sacaba un libro de debajo de su almohada y se disponía a seguir leyendo.

- ¿Qué quieres entonces? – Pregunto el monarca molesto, pero sobre todo desesperado.

- ¿Lo que yo quiera? – Necesitaba saber si habían limites, porque pensaba romperlos. Tenía que aprovechar ese momento donde él estaba sobre todos, incluso sobre su rey.

- Si. Lo que sea lo conseguiré. – Respondió con seguridad. Incluso si quería su propia cabeza era capaz de dársela por su hija y su futuro nieto.

Varian cerró su libro y se incorporó con una sonrisa muy amplia. Una parte de él sabía que tarde o temprano necesitaría su ayuda y había fantaseado con todo lo que le pediría al rey. Riquezas, títulos, tierras y demás. Su imaginación era el límite.

- Primero que nada, mi liberación. – Dijo a lo que el rey asintió, aquello era obvio. Iba a seguir con tierras bellas, fértiles y amplias, pero un brillo avellanada grisácea, vestido de armadura dorada de guardia lo distrajo y con ello llego una epifanía.

- Que más muchacho, no tengo todo el día. – Dijo impaciente el monarca.

- Gracias a usted y a su amada hija que me negaron su ayuda cuando más los necesitaba, yo lo perdí todo. Mi casa y a mi padre; con ellos a mi hogar y a mi familia dejándome completamente solo en este mundo de no ser por Ruddiger, claro; y quiero eso de vuelta.

- Tu padre sigue atrapado en el ámbar, no hay forma de devolvértelo. Además, tu casa quedo casi inhabitable, aunque se podría arreglar si así lo deseas– Explico sin entender a donde quería llegar el muchacho, dudaba que solo quisiera una casa vieja y a medio destruir.

- Lo sé, Stan y Pedro me contaron de eso hace años. – Respondió molesto, el rey no paraba de interrumpirlo. – Lo que yo quiero es una esposa con al cual forma una familia y un hogar.

Aquello desconcertó a todos los presentes. Era la petición más rara que había tenido, lo más cercano fue cuando un prisionero sentenciado a muerte pidió unas prostitutas, pero jamás nadie había pedido una esposa. Sería difícil conseguir a una mujer que se quisiera desposar con él, pero no imposible.

- ¿Una mujer? – Hablo por primera vez Eugene dando un paso hacia delante y poniendo sus manos en los barrotes de la celda. - ¿Qué clase de mujer? – No importa que tan especifico fuera, el buscaría a la mujer que él quisiera.

- No que clase. Yo ya sé a quién quiero y no aceptare a nadie más. – Respondió Varian con una sonrisa torcida mientras la miraba directamente a los ojos no quería perderse su reacción. – Quiero la mano de lady Cassandra, a cambio su princesa vivirá y dará a luz al bello heredero de Corona. Es una promesa y yo si las cumplo. -  A pesar de la penumbra típica del lugar pudo ver como el rostro de por si pálido de Cassandra palideció aún más. - Qué dices, Cassie ¿Te sacrificarías por tu mejor amiga y princesa? Prometo ser buen esposo, cuidarte y respetarte hasta la muerte. – Después de todo que eran unas bellas tierras contra tener a Cassandra entre sus sabanas cada noche por el resto de sus días.

- Yo… - Comenzó la mujer, pero no sabía cómo seguir, un sin número de emociones y problemas llegaron a ella en un segundo.

- Tranquila, no me moveré de aquí puedo esperar por tu respuesta. – Dijo divertido acariciando a su mapache. – Pero no te demores mucho, Rapunzel no tiene mucho tiempo.

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- No. – Fue todo lo que salió de la boca del capitán.

- John, sé que es mucho pedir… - Comenzó Frederic.

- ¿Mucho? Me estas pidiendo que le entregue mi hija, mi única hija a ese… Ese monstruo. – Siguió el capitán, tenía que calmarse, estaba hablando con su rey. – Con todo respeto mi rey, eso es más que mucho.

- Sé que es difícil, por eso lo quería hablar contigo primero. – Siguió el monarca.

- No, no lo haremos. Buscaremos otra forma, ese maldito no puede ser la única opción, algo que pasamos de alto antes... – Insistió mientras comenzaba a revisar sus pergaminos y mapas.

- Papá, no hay tiempo. Rapunzel cada día está peor. Si seguimos buscando en vano ella podría morir cualquier día. – Lo detuvo Cassandra. – Fuimos con él porque era la última opción. Porque sabíamos que pagaríamos un costo mucho mayor.

- Pero… - Dejo escapar un suspiro, derrotado, su hija tenía razón, ya no quedaban opciones. – Entonces, Cassandra ¿Tú estás de acuerdo con esto? ¿Aceptas casarte con Varian?

- Soy miembro de la guardia, jure dar mi vida por Corona, esto no es diferente.

- Esto es muy diferente. – Opino Eugene. Amaba a Rapunzel, pero Cassandra era su amiga, casi una hermana y no la quería obligar a aquello. – Morir es fácil, todo se apaga y ya no queda nada… ¿Pero vivir? Serás su esposa, Cass, no solo deberás dormir con él cada noche, tendrás deberes como su mujer: cuidarlo, limpiar la casa que compartan y remendar su ropa, darle de comer, incluso puede exigirte que dejes la guardia y…

- Y darle hijos. Se lo que significa ser una esposa, Fitzherbert. – Lo interrumpió. Aquello estaba lejos de ayudarla – Rapunzel no es solo mi princesa, es mi mejor amiga y desde que cayó enferma le prometí que haría cualquier cosa por salvarla y no pienso romper esa promesa. – Sentencio llena de convicción, aunque sentía como su interior se movía incomodo con aquella idea. – Sin embargo, quiero saber si el chico de verdad sabe qué hacer, ni siquiera ha visto el pergamino, puede que solo este mintiendo para que lo liberemos.

- Entonces lo mejor será que hables con él y que empiece a trabajar cuanto antes. – Dijo el rey complacido.

- Pero antes pondremos unas condiciones. – Interrumpió seriamente el capitán.

Cuando Cassandra volvió a los calabazos lo encontró en su cama muy despreocupado leyendo un libro, mientras Ruddiger dormía.

- ¿Ya pensaste en mi propuesta, Cassie? – Pregunto divertido mientras se ponía de pie y buscaba algo en su bolsillo. – Lo siento, había olvidado darte un anillo, es que el verte así de cerca después de tantos años me pego fuerte. – Se disculpó mientras extendía su mano por fuera de los barrotes y le acercaba un anillo hecho con maleza que crecía en algunos rincones húmedos de las celdas. – Me hubiera gustado darte uno de Cassandrium, pero me tendrás que disculpar, como puedes ver aquí no hay mucho con que trabajar.

- Muy lindo, pero guárdatelo. – Respondió mientras le cerraba la mano. – Te liberaremos para que puedas trabajar en un elixir, remedio o lo que sea para salvar a Rapunzel, pero no puedes salir del castillo sin un guardia hasta que tu trabajo esté completo. Lo mismo sobre casarnos, no lo hare hasta que Rapunzel esté bien.

- No. Soy la única oportunidad para que Rapunzel viva y se les ocurre poner condiciones estúpidas. – Se negó muy molesto. – Acepto lo de quedarme castillo, tampoco tengo un lugar donde ir gracias a esas malditas rocas. Pero te casaras conmigo antes. – No sabía el estado de la princesa ni como reaccionara, además estaba el tema de su embarazo, podían demorar incluso más de un año para que estuviera de verdad bien. – O no hay trato.

Cassandra apretó los puños, el rey le permitió negociar, solo mientras Varian aceptara.

- Cuando Rapunzel sea capaz de volver a ponerse de pie me casare contigo. – Cedió. – Necesito asegurarme que de verdad sabes lo que haces.

- Esta bien. Eso nos dará tiempo para conocernos un poco mejor. – Acepto con una sonrisa.

No sabía exactamente como está la princesa, pero confiaba plenamente en sus habilidades, había leído cientos de libros de medicina y de la historia de Corona, sabía perfectamente que el autor del pergamino era Lord Demanitus, pero sobre todo ya tenía una pequeña idea de lo que estaba matando a la princesa y tenía en su mente un elixir que podría devolverle la salud. Tal vez demoraría un mes o máximo 2 en ponerla de pie otra vez.

- Perfecto, en breve vendrán por ti, te darán nueva ropa y un sitio donde trabajar.  – Informo para después dar una media vuelta dispuesta a irse de una vez de aquel lugar.

- Esto es tuyo entonces, Cassie. – La detuvo volviéndole a ofrecer el anillo.

Cassandra lo miro por unos segundos, insegura, pero finalmente estiro su mano y lo tomo, sus dedos rosaron la palma del hombre generando una pequeña descarga que llego a su estómago. Intento poner su mejor cara de póker y guardo el anillo en su bolsillo para irse de una vez.

Aun podía sentir la mirada penetrante de los ojos azules de Varian. Era increíble como aquel niño nerd y torpe se había vuelto aquel hombre frio y codicioso. Pero debía ser fuerte, tenía que salvar a Rapunzel... Aunque eso significara unir su vida a él. Al menos había conseguido tiempo para hacerse a la idea.

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- Este será tu laboratorio. – Le informo un guardia mientras lo hacía entrar casi a empujones. – Por aquella puerta puedes llegar a tu habitación. – Señalo una pequeña puerta de madera a un costado.

Varian sintió, al parecer no querían que se paseara mucho por el castillo, aunque igual aquello era bueno, así podría trabajar más horas y poner a esa condenada princesa de pie lo más rápido posibles.

- ¿Dónde está el baño? Muero por un poco de agua cálida que me saque esta sangre. – Pregunto antes de que el guardia se fuera.

- Justo fuera. – Respondió y sin más se fue.

Mientras lo sacaban de la celda uno de los reclusos le pidió que se follara a la hija del capitán tan fuerte para que sus gemidos se escucharan hasta el calabozo, Varian aprovecho la ausencia de las esposas para tomar al imbécil del cuello de su camisa y estamparle la cabeza contra los barrotes, fue un golpe contundente que le dejo un buen agujero en la frente, aunque no mortal, la sangre salpico por todos lados. Había sentido como su estómago daba un vuelco desagradable con aquel liquido caliente y por un momento temió desmayarse, pero algo que le había enseñado sus años de encierro era a disimular sus debilidades y sentimientos.

Aquel baño fue revitalizar, por decirlo menos, hacía años que no se bañaba con agua caliente y no recordaba lo bien que se sentía, como cada musculo de su cuerpo se relajaba, aprovecho también de darle un pequeño baño a Ruddiger, aunque sabía que los odiaba e intento escaparse en más de una ocasión. Tomo una toalla secando primero a su amigo, después procedió consigo, se miró al espejo por unos segundos, no recordaba la última vez que miro su reflejo tan claro. Su cabello estaba muy largo, su cara tenia sombras de una barba insípida y dispareja, era alto, aunque no tanto como su padre, su complexión seguía siendo delgada por culpa de la pésima alimentación para un chico recluso en etapa de pubertad.

Tomo la navaja y la presionó contra su mejilla, lo dudo un segundo, jamás se había afeitado, Stan y Pedro lo hicieron un par de veces, el chico les daba un poco de lastima y no le podían pasar nada que fuera un arma, así que lo ayudaron. Intento recordar como lo hacían y con cuidado comenzó a deshacerse del bello facial. Tuvo unos pequeños cortes y su piel estaba un poco irritada, pero ahora ya no parecía un prisionero lastimero. Comenzó a vestirse, por primera vez tenia ropa de su talla, unas botas negras, un pantalón marrón, una camisa azul y un chaleco de cuero rojo fueron su elección, además de unos guantes de trabajo. Sonrió ante su reflejo, ahora si parecía un hombre de 19 años libre.

Cuando volvió a su laboratorio había dos guardias esperándolo con el pergamino de Lord Demanitus. Aquellos hombres tenían una triple función, cuidar el pergamino, que él no hiciera nada raro para la princesa y llevarle cada ingrediente que necesitara. Uno de los hombres era grande y con una gran cantidad de bello, así que lo apodo mentalmente como Oso ye l otro era más pequeño con un cabello rizado, así que Rizos estaría bien.

Varian ni siquiera los saludo y comenzó a traducir mientras Ruddiger buscaba un lugar cómodo para descansar. Aquel pergamino hablaba sobre la gota de sol en forma de flor y la gota de luna en forma de ópalo, había una conexión entre ellas y como Rapunzel era aún la gota de sol se conectó con aquellas rocas negras con solo tocarlas, volvió a crecer su cabello y de paso tomo sus propiedades dándole su cabello irrompible y la posibilidad de controlar las rocas bajo cierto nivel de estrés, que uso por años salvando a Corona de la destrucción de estas. Pero todo tenía un precio, y si la gota de sol era vida, la de la luna era muerte, y el hecho de que usara las habilidades de controlar las rocas había logrado que su deterioro fuera cada vez más y más rápido. El problema que sacar aquella magia era todo menos fácil, lo principal sería un eclipse que debilitaría su poder como sol y la haría capaz de tomar el ópalo lunar, después debía hacer que ambas joyas se tocaran para destruirlas de una vez y con ello devolver toda aquella magia de dónde provino. Pero para hacer todo eso necesitaba tiempo, tiempo para encontrar aquella gota de luna y para que exista un eclipse en las tierras de Corona, así que el principal tema ahora era volverle la vitalidad necesaria para que dé a luz, después se podían preocupar de encontrar el ópalo y todo lo demás.

- Necesito los siguientes ingredientes. – Dijo Varian mientras le pasaba una lista a uno de los guardias. – Lo más rápido posible, el elixir tardara una noche entera en estar listo y solo puedo hacer como máximo 2 dosis a la vez.

- ¿Cicuta? ¿Acónito? ¿Belladona? ¿Qué clase de broma es esta, niño? – Preguntó molesto Oso. Su voz no era tan grave como se la imagino.

- No es ninguna broma, estaba pensando en hacerles un pastel especial a ustedes 2 para después largarme de aquí. – Explico con una sonrisa, pero ambos llevaron sus manos a sus espadas como advertencia. – Sé que son venenosas, pero ya saben lo que dicen: “Todas las cosas son veneno y nada es veneno; Sólo la dosis hace que una cosa no sea un veneno” – Los guardias los seguían viendo como un loco peligroso sin mover sus manos de sus armas. – Es uno de los principios básicos de la toxicología. – Explico, pero nada cambio. – Creo que el derecho a la biblioteca se debería extender también a los guardias. – Dijo exhausto. – Solo traigan lo que les pedí y si la princesa muere será mi culpa y podrán poner mi cabeza en una pica.

Los hombres se miraron entre sí por un segundo y después Rizos salió del lugar.

La cicuta serviría para el dolor que debía sentir con solo respirar. La belladona seria para las molestias que debería ya tener la princesa en sus articulaciones. Mientras que el Acónito no era para nada, solo quería despistar a los guardias y así nadie supiera efectivamente cual era la receta y deshacerse de él tan fácilmente. Tenía que ser indispensable el mayor tiempo posible.

Mientras esperaba los ingredientes se puso a ordenar e identificar que químicos le habían pasado, rápidamente comenzó a quitar las etiquetas de cada uno de ellos y ponerles otras con un código que solo él conocía. Oso lo miraba muy atentamente, pero no intervino, el capitán y el rey habían sido muy claros en no intervenir con el trabajo del chico a menos que fuera totalmente necesario.

- Con permiso. – Llego una muchacha de la servidumbre con una bandeja de comida. – Su almuerzo. – Dijo mientras la dejaba rápidamente en la mesa más cercana a la puerta.

- Tráemela aquí. – Le ordeno Varian. 

La chica vacilo unos momentos. Miro al guardia, trago grueso y camino lentamente hacia el hombre.

- ¿Tu nombre? – Pregunto el alquimista mientras se volvía hacia ella.

- Odetta. – Respondió con un hilo de voz. La mirada de ese hombre daba mucho miedo.

 - Odetta, ¿de casualidad sabes si Cassandra visita a Rapunzel?

- ¿La hija del capitán? – Varian asintió. – Siempre va en las mañanas, desayunan juntas por lo que se… Algunas veces la visita también en las noches y en sus días libres.

- Eso es todo. Gracias Odetta. – La despidió.

Varian miro su comida, un estofado de cordero humante, una manzana perfecta para Ruddiger y unas galletas. Rápidamente comienzo a comer, sintió perfectamente como su estómago bailaba de felicidad, el primer día en casi 6 años que comía algo caliente y de buen sabor. Prácticamente se devoró la comida, las galletas las guardaría para después, viejos hábitos de prisión.

Los ingredientes que solicito llegaron una hora después, así que se puso a trabajar al fin. Todo tenía que estar listo para mañana en la mañana, quería demostrarle a Cassandra que el sí que sabía lo que hacía y que se fuera preparando para cumplir su parte del trato. Apenas noto cuando Odetta volvía a dejarle su cena.

Los guardias dormían cuando el ultimo ingrediente fue puesto, revolvió un poco más, ahora solo tenía que esperar unas 6 horas y todo estaría listo.

- Ya terminé por hoy. – Anuncio sobresaltando a los guardias. – Mañana a las 8 de la mañana iré en persona a darle la primera dosis de medicina a la princesa.

- El rey no quiere que nadie se acerque a la princesa. – Intervino Rizos. – Menos tú.

- Necesito asegurarme que la dosis que hice es la correcta. – Y que nadie altere o tome una muestra de ella, agrego mentalmente.

- Un doctor puede decirte cómo reacciona. – Insistió el guardia.

- El ni siquiera sabe que hice, ¿cómo podría diferenciar un efecto normal de uno dañino? – El guardia guardo silencio. – Necesito ver cómo avanza, su estado de salud es muy delicado y un mal cálculo podría arruinarlo todo. – Insistió. – Y si eso ocurre le diré al rey que ustedes me prohibieron ver a mi paciente. Dudo que este muy feliz.

- Te escoltaremos todo el camino y dentro de la habitación. – Cedió Oso malhumorado.

Ambos guardias salieron del lugar sin más.

Sonrió triunfante, la verdad no era necesario, ni deseaba ver a la princesa, pero a quien si quería ver era a Cassandra. Así que despertaría temprano para tener todo listo y toparse sin querer con ella cuando fuera a ver a Rapunzel.

Se recostó en la cama, era muy mullida, casi incómoda para alguien que había estado tantos años en aquellos camastros de piedra, le costó un poco encontrar una posición cómoda, Ruddiger por su parte se acomodó sin problemas en la almohada del lado.

- Me podría acostumbrar a esto. – Dijo mientras acariciaba la cabeza de Ruddiger. – Aunque será mejor con Cassandra aquí. – Sonrió con picardía. – Espero que no te pongas muy celoso, amigo, pero habrá noches en que solo seré ella y yo en la cama. – El mapache bostezo y asintió, tal parece que el animal solo quería dormir.

Mientras cerraba los ojos no pudo evitar soñar despierto con tener a Cassandra ya al lado de la cama, sentir el peso del cuerpo, el sonido de su respiración calmada y sobre todo su calor, el abrazarla y sentirla de él, solo de él… Su mente comenzó a fantasear con la idea de hacerla suya, tomarla, besarla y sentir el calor de sus labios, tocar cada centímetro de su cuerpo, hacerla temblar de placer, que gimiera su nombre pidiéndole que siguiera, que no se detuviera… Penetrarla y fundirse en ella…

- Joder. – Musito sintiendo lo empalmado que estaba. – Oro, cloro, azufre, plata, cobre, sodio… - Comenzó a enumerar todos los elementos que conocía, no quería hacerlo esa noche, quería que la próxima vez que se corriera fuera mientras estaba dentro de ella, no solo pensando en ella.

Por suerte para el enumerar elementos era su forma de contar ovejas y rápidamente logro conciliar el sueño, ansioso por como cambiará su vida.

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- Debes irte a dormir. – La interrumpió Eugene mientras terminaba de masacrar a un grupo de muñecos de práctica.

 - Estoy bien. – Respondió Cassandra volviendo a tomar la posición de lucha.

- Pasa de las 2 de la madrugada y mañana Rapunzel preguntara porque estas tan cansada.

- Que estoy bien, Fitzherbert. – Insistió mientras le daba un golpe contundente al muñeco clavando fuertemente su espada en la madera, atravesándolo.

- Cass, me acaba de matar. – Observo al ver que el muñeco tenia pintada su cara.

Cassandra solo gruño mientras intentaba recuperar su arma en vano. Eugene se acercó y la ayudo a sacarla.

- Gracias. – Musito en voz baja el castaño. – No sé cómo agradecerte lo que estás haciendo por Rapunzel y por mi…

- Eso no importa. – Respondió sin mirarlo. – Ya no importa.

- Cass, si hay algo que pudiera hacer por ti solo dímelo…

- ¿No entiendes que ya es tarde para eso? – Estaba furiosa. - He estado todo el día evitándote, evitando ver la cara lastimera de mi padre y de casi la mitad del castillo que ya sabe que me casare con él. – Lanzo la espada lo más lejos posible en un arrebato. – Solo tenías que aguantarte, Fitzherbert. Guardar tu maldita verga, pero no pudiste y la embarazaste. Cada maldito día estaba más débil y no pudiste esperar a encontrar un médico, hechicero o algo y la dejaste en cinta.

- Es mi esposa, Cassandra.

- ¡Claro! Y como una está para complacerlos a ustedes, al diablo nuestra salud, al diablo nuestras carreras, mientras ustedes tengan donde descargarse, todo bien ¿No? – El castaño miro hacia otro lado apretando la mandíbula. Lo último que quería era discutir. – Solo espero que valiera la maldita pena, porque gracias a tus necesidades me tocara complacer y atender todas las necesidades de Varian. – Cerro los puños con rabia, quería golpearlo, castrarlo y torturarlo, pero eso ya no haría ningún cambio.

- Cass…

- 4 Años llevo como miembro de la guardia, después de 17 años de entrenamiento, 5 años de ruegos a mi padre, solo pude ejercer la profesión que amo por 4 años. ¿Sabes por qué? Porque ahora me debo casar y si mi esposo me dice que debo dejar el uniforme debo acatar, quedarme en casa, cuidarlo y darle hijos. Todo gracias a tu maldita calentura, Fitzherbert. Si te hubieras esperado tendríamos más tiempo, pero no.

- Teníamos que tener un hijo, Corona necesitaba un heredero.

- ¿Y era el momento perfecto verdad? – Pregunto roja de ira. – Cuando estaba más enferma y débil, el momento perfecto para dejarla en cinta.

- No es un crimen querer tener hijos con tu esposa.

- No. Pero es sentido común hacerlo cuando ella está sana.

Cassandra le dio un leve empujón mientras se iba. Si aquella conversación seguía no dudaba que de verdad lo atacaría.

Eugene se quedó solo mirando el muñeco con su cara. Jamás fue su idea dejarla en cinta, no la había tocado en meses desde que su enfermedad la estaba carcomiendo, fue idea de Rapunzel quedar embarazada, se negaba a dejarlo solo, quería darle un hijo al menos y el jamás pudo decirle que no…

- Es mejor así. – Se dijo a sí mismo. – Prefiero ser yo el villano que todos sepan que Rapunzel está dispuesta a morir.