Chapter Text
"We have not touched the stars,
nor are we forgiven,
which brings us back to the hero's shoulders and the gentleness that comes,
not from the absence of violence, but despite the abundance of it."
Richard Silken, Crush.
PREFACIO
-No lo hagas, por favor -sollozó Kate entre lágrimas. -Yelena, mírame, ¡mírame!
-Kate, vete de aquí -susurró Clint al límite de sus fuerzas. El ex Vengador se sostenía como podía contra la pared. Tenía la cara prácticamente desfigurada a golpes, la ropa completamente rasgada y de su vientre salía un reguero continuo de sangre de lo que parecía el roce de una puñalada.
-Eso es, Katherine, márchate. No tienes nada que hacer aquí. Esto es entre Barton y yo.
Yelena no la miraba; lo miraba a él fijamente. Estaba situada frente a Clint con la daga plateada manchada de sangre apoyada justo encima de la carótida, dispuesta a hundirla de una vez por todas. El filo rozaba la piel sucia, dejando una fina marca rojiza a su paso pues no paraba de mover la mano de forma errática de un lado a otro dibujando una línea de apenas unos centímetros. La visión era espeluznante: era como ver a un depredador jugar con su presa.
-Yelena, joder, ¡mírame! -volvió a rogarle. Su voz retumbó en el eco de la abandonada nave donde se encontraban. Sonó como un lamento fantasmal, perdiéndose poco a poco su frecuencia.
-Kate, escúchame -Clint tragó saliva, pero no apartó la mirada de Yelena - quiero que le digas a mis hijos lo mucho que los quiero. A Laura dile que lo siento. Que debería haberle escuchado-por sus mejillas corrían las lágrimas.
-Clint, te voy a sacar de aquí, ¿me oyes?
-Kate, no hay vuelta atrás. Necesito que me hagas un último favor. Debes ir a la tumba de Natasha y buscar lo de Budapest allí sabrás a qué- una mano rápida le cruzó la cara impidiéndole terminar de manifestar su deseo. Al hacerlo la daga se hundió un poco más en su cuello debido al movimiento brusco. Clint siseó de dolor; Yelena seguía inmóvil.
-No digas su nombre -ordenó su verdugo.
Kate se sentía terriblemente impotente. ¿Qué se supone que debía de hacer? No podía salir de allí dejando a Clint a merced de una Yelena dispuesta a matarlo. Tampoco podía enfrentarse a ella directamente, la había visto en acción y no tenía ninguna posibilidad en el cuerpo a cuerpo. Solo le quedaba una opción, la más radical de todas, pero se veía incapaz de echar mano al carcaj y hacerle daño. No podría.
Por otra parte, ¿qué otra opción tenía si no? No parecía que quisiese hablar ni tampoco rectificar su propósito en lo más mínimo y Clint parecía haber aceptado su final con un aplomo que provocaba escalofríos. Kate sabía que se culpaba por la muerte de Natasha cada día de su vida, habían hablado de ella en múltiples ocasiones. ¿Sería esta la manera de saldar su peculiar deuda con quien fue su compañera ?
-Yelena, por favor -volvió a intentarlo. -Déjalo ir. ¿Qué ganas matándole? ¿Crees que así harás que ella vuelva? ¿Crees que tu hermana hizo el sacrificio que hizo para que tú mates a Clint a sangre fría? -consiguió formular dos frases juntas más allá de las lágrimas. -Hazlo por mí- suplicó.
La ex viuda negra agachó la cabeza durante un instante, sacudiéndola, pero no se movió. Kate, desesperada por no saber qué más hacer, desenfundó por fin el arco que llevaba pendiendo de su espalda y del carcaj sacó una de las flechas extensibles que justamente Yelena le había ayudado a fabricar. La movió entre sus dedos mientras vacilaba en su decisión, extendiéndola al fin y colocándola en posición. Esperaba que su contrincante hiciera algo, que reaccionase de alguna manera, que le pidiera que bajase el arco como aquella vez en la galería de arte...
Nada, ninguna reacción.
-No me hagas hacer esto -se le quebró la voz. Con un suspiro cargó el arma y apuntó exactamente a la altura de la espalda que haría que soltase la daga de una vez por todas.
-No vas a hacerme daño, Katherine -sentenció. -Sé de lo que eres capaz y tú, a diferencia de mí, no eres una asesina -se volteó para mirarla, aunque retiró la vista enseguida.
Eso había sonado realmente a Yelena, su Yelena ¿Sería ahora su oportunidad? Kate cerró los ojos y pensó bien en qué decirle, pero no llegó a pronunciar palabra porque una ondulación en el aire la distrajo. A su alrededor el aire formó un remolino y durante una fracción de segundo la luz pareció concentrarse en un mismo punto del suelo reflectando colores a todas partes. La forma de un círculo se dibujó entonces y de ahí salió, levitando, la silueta de una muchacha de unos veintipocos años de tez morena, melena rizada y chaqueta vaquera.
America Chavez.
Su figura se materializó como si siempre hubiera estado ahí. Tardó apenas unas décimas de segundo en pisar tierra firme y sus ojos, que brillaban con la fuerza de diez mil estrellas, se dirigieron al suelo para evitar deslumbrar a la arquera.
-Kate, baja el arco -siseó mientras se habituaba a la nueva localización. Normalmente America no usaba su habilidad para la teletransportación para desplazarse de un sitio a otro por el coste de energía que le suponía y por el riesgo en el que se ponía a sí misma al hacerlo, así que debía de ser importante. Obedeció.
-America... ¿qué...-? -acertó a decir.
-No es Yelena -sus ojos aun tenían el iris plateado, pero poco a poco parecía volver a la normalidad. -Es decir, sí que lo es, pero la están controlando.
- ¿Cómo?
-Alguien está manipulando sus acciones. Ha estado ocurriendo con varias viudas en todo el mundo. Los objetivos han sido antiguos Vengadores.
- ¿Pueden hacer eso?
-Quien sea sabe cómo activar los supresores de voluntad. Incluso si han sido expuestas al inhibidor son incapaces de negarse a la orden que le hayan hecho llegar.
- ¡Ya basta! -gritó Yelena. -Ojo de Halcón debe morir por lo que hizo.
-Si tanto es así, ¿cómo es que aún no lo has hecho? Vamos, no te temblaría el pulso -gritó a su vez America. -Debe estar resistiéndose, por eso aún no se ha movido, pero no sé cuánto más le queda – susurró en voz muy baja a su amiga e hizo un gesto con la cabeza. Era verdad. En todo ese tiempo había estado inmóvil frente a Clint, con la daga en la misma posición y sin tan siquiera voltear del todo la cabeza.
- ¿Y cómo puedo hacer para que vuelva en sí? -quiso saber Kate.
-Sinceramente, no lo sé. Con las otras viudas no ha habido mucha suerte -America la miró a los ojos con la pena inscrita en los suyos y esta supo a qué se refería.
La nueva Ojo de Halcón sintió cómo su corazón daba un vuelco y caía en picado hasta el suelo. Por eso estaba America ahí, podría haberla avisado mediante una llamada, una proyección astral o incluso haber enviado a Tommy, pero no, se había personado porque sabía cuál era la solución.
-No puedo, Ams, no...ella no -ni tan siquiera pudo completar la frase.
-No tienes por qué hacerlo. Deja que cumpla su misión -jadeó Clint. Kate giró la cabeza hacia él, entendiendo al instante que él sí sabía qué le pasaba a Yelena y por eso le había pedido que se marchara. Había peleado con Natasha en la misma situación hacía veinte años atrás.
Quiso gritar de rabia, de desesperación, tensó el arco una vez más. No podía permitirse ver morir a Clint, menos aun cuando tenía la posibilidad de salvarle acabando con la amenaza. Por su cabeza pasaron entonces en ráfagas decenas de momentos vividos con él que se solapaban con los vividos con ella. Era como una lucha librada en su corazón entre el amor fraternal que sentía por él y...lo que sea que había descubierto que sentía por ella. No se había parado a pensar realmente en lo que había estado ocurriendo desde hacía un tiempo, pero ahora tenía la certeza de que era algo y que por eso mismo aún no había soltado los dedos de la cuerda. Por eso aún también imploraba que reaccionase, porque esperaba que Yelena sintiera lo mismo y eso fuera suficiente. Como si estuviera dentro de La Bella Durmiente.
Pero la realidad era mucho más jodida. Tanto que se le ocurrió una idea suicida que quizá funcionase.
- ¿Has dicho que las viudas están cazando Vengadores? -preguntó a America.
-Así es. Barnes se ha enfrentado a tres y Wilson consiguió eludir a otra. Las otras tres lo han intentado contra Pantera, pero las Dora Milaje no han permitido que se acerquen. ¿Por? -America enarcó una ceja.
La idea era una locura, pero ¿y si funcionaba? Sin dar margen de reacción a su amiga, Kate soltó el arco y corrió en dirección de Yelena y Clint. Se tiró al suelo, resbalando por el pavimento duro de hormigón y se colocó al lado de la ex asesina. Esta miraba a los ojos de Clint sin hacer apenas ningún movimiento que no fuese respirar.
-Yelena, mírame -consiguió que la mirase de soslayo. -Sé que estás ahí y vas a poder con quien sea que te está manipulando, ¿entendido? -con dificultad se puso por delante de Clint quien debido a sus heridas yacía prácticamente sentado contra la pared sin poder moverse con una de sus manos en el vientre.
- ¿Qué estás haciendo, Katherine? -Yelena hizo un gesto extraño con los labios, como si fuera una marioneta. Por fin pudo Kate ver sus ojos, los cuales estaban lagrimosos y exentos de cualquier emoción al mismo tiempo. Era como si la muchacha estuviera atrapada dentro de su mismo cuerpo.
- ¿No quieres un Vengador? -cogió la mano que sostenía la daga, la cual estaba tiesa pero temblorosa. Intentó bajarla, pero fue incapaz.
-Sabes que no eres el Ojo de Halcón que quiero. Mi objetivo siempre fue Barton. Me acerqué a ti solo para acercarme a él, tú has sido un mero peón. Una niña consentida que ha metido sus narices donde no le llaman y juega a ser una heroína -ahora que la tenía cerca, Kate podía oír cómo hablaba entre dientes, como si de veras no quisiera hablar.
-Soy una aspirante a heroína, sí -asintió. Intentó que no se le quebrara ni el gesto; posiblemente detrás de todo ese discurso hubiera verdad y sabiendo que Yelena era una espía experta, que ella solo fuese un peón era lo más probable. También estaba segura de que de alguna manera le importaba lo suficiente como para no haber ejecutado su plan y marcharse, sino que estaba ahí, frente a ella, quieta como una estatua luchando contra algo superior a sí misma con tal de evitar hacerle daño. -Pero también soy Ojo de Halcón y soy una Vengadora. Si Clint está en lo cierto y esto solo se acaba cuando cumples la misión, entonces acabemos de una vez. Dile hola a mi Yelena de mi parte.
Con un movimiento certero, Kate se dejó caer contra la daga y se apuñaló a sí misma en el cuello justo donde había estado amenazando a su predecesor. Una puñalada mortal. Antes de caer rendida en el suelo pudo oír el grito desgarrado de America, quien no había sido capaz de predecir su movimiento, y a su misma vez vio cómo se desencajaba el rostro de Yelena al volver en sí en el instante en que lo hizo por fin se movió, tirando el arma y atrapándola al vuelo antes de que cayera al suelo.
-Kate, ¡KATE! -chilló a viva voz. -KATE, ¡KATE! -America se puso a su lado gritando también su nombre. No permitió que la tocara, sino que se aferró más a ella intentando con sus manos cubrir la herida. -No, tú no, no te vayas, no -solo podía repetir el no una y otra vez mientras sus manos se empapaban.
-Yelena, déjame trasladarla -pidió la chica capaz de traspasar dimensiones y teletransportarse a través del tiempo y el espacio.
-¡NO! -era una respuesta irracional, pero no podía pensar con claridad. Llevaba horas luchando contra sí misma y ahora que tenía el control de su cuerpo lo único que quería era darle calor al de Kate para que esta no se quedase fría jamás. -Bishop, ¿por qué has hecho esto? ¿POR QUÉ LO HAS PERMITIDO? -le gritó a Clint, quien dolorido y prácticamente desangrado se arrastraba llorando para colocarse junto a ellas.
-Barton, agárrate a mí. Nos vamos -America sabía que trasladar a tres personas era una auténtica locura y que necesitaría mucho tiempo para recuperarse, pero no le importó porque si ese era el precio a pagar por poder salvarle la vida a su mejor amiga, entonces valdría la pena.
-Yels -musitó entonces la chica con apenas un hilo de voz.
- ¡Kate! -Yelena sujetó su rostro con las manos.
-No dejes que Clint muera.
-No permitiré que tú lo hagas -la apretó contra sí posando un beso sobre su frente. Lo último que pensó antes de que la realidad se deformase fue que, si Kate se iba, lo que quedaba de su humanidad se iría con ella.
