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Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2021-12-23
Completed:
2021-12-23
Words:
2,357
Chapters:
2/2
Kudos:
12
Hits:
105

Brillo de Luna (Wolfstar) (OS)

Summary:

El lobo se preguntaba donde estaba, y al final siempre acababa enontrándolo en la luna, hermosa y plateada, que siempre le recordó a sus ojos. Y otra vez, como hizo durante los doce largos años que él estuvo en Azkaban, le auyó a la luna rogando por él, por su Sirius, por que pudiese estar allí con él, porque lo amaba. Siempre lo había amado.

Chapter 1: Brillo de Luna

Chapter Text

Si había algo que pudiese hacer aún peores las noches de luna llena para Remus, eso era matener la consciencia. Hubo un tiempo, cuando eran felices corriendo por los terrenos del colegio, cuando todo estaba bien, en que siempre se esforzaba para lograrlo, ser humano tras la piel de la bestia, pero ahora lo único que anhelaba era el olvido, ser el lobo para el que todo era tan fácil como dejarse dominar por sus instintos. Pero sabía que esa vez no sería así.

Había podido comprobar, con el paso de los años, que cuando más miserable era su vida, cuando casi ansiaba que llegase la siempre dolorosa y temida transformación para poder evadirse de la realidad, le era imposible perderse. Seguía transformándose, seguía estando regido por su naturaleza animal, pero recordaba su sufrimiento humano, lo recordaba a él.

El lobo se preguntaba donde estaba, lo buscaba con todo lo que tenía, y al final siempre acababa enontrándolo en el cielo, en esa estrella, la brillante Sirio, y en la luna, hermosa y plateada, que siempre le recordó a sus ojos, resplandeciendo con esa chispa de luz propia que los encendía cada vez que hacía alguna travesura. Y otra vez, como hizo durante los doce largos años que él estuvo en Azkaban, le auyó a la luna rogando por él, por su Sirius, por que pudiese estar allí con él, porque lo amaba. Siempre lo había amado, y aunque jamás se atrevió a preguntarle si sus sentimientos eran correspondidos, eso ya no importaba. Sirius estaba muerto.

Muerto. Muerto. Muerto. Se suele decir que cuando repites mucho una palabra acaba perdiendo su significado, pero esta no era así, él no iba a volver, había pasado el velo, la puerta al reino de los difuntos, y la luna y las estrellas eran lo único que le quedaba.

Esa vez la transformación le estaba jugando una mala pasada, casi creyó que lo que veía era real, Canuto estaba allí, en su forma de perro, apareció desde algún lugar del bosque y lo acompañaba, jugaba con él como siempre hizo Sirius, y él le daba lametones diciéndole que era suyo y que lo había extrañado, pidiéndole que nunca se fuera. Pero se iría, no podía ser real, al despertar él ya no estaría allí.

Despertó cuando el sol brillaba con intensidad, sentía algo sobre su pecho, algo pesado y cálido. Abrió los ojos de golpe.

Era el perro, no había sido una alucinación, estaba allí, dormido con la cabeza sobre su pecho y Remus debía admitir que era increíblemente parecido a Canuto, a su forma animaga. Le acarició suavemente, comprobando que no iba a desvanecerse en el aire.

El perro abrió los ojos y lo miró. Remus casi se sintió desmayar. Esos ojos, brillantes y plateados como la luna llena, eran sus ojos, jamás podría confundirlos.

Sintió una lágrima deslizarse por su mejilla, y luego otra y otra más, ¿qué cruel broma le estaba gastando la vida? No era posible que un perro se pareciese tanto a Sirius por casualidad.

El perro se levantó y remus se incorporó rápidamente hasta quedar sentado para ver a dónde iba, no quería que se fuese, pero el animal se sentó a su lado y él se permitió cerrar los ojos y abandonarse al llanto, la noche pasada había sido la primera luna llena desde aquella fatídica batalla, y verle ahora en ese perro resultaba casi insoportable.

Repentinamente, sintió unos brazos envolverse a su alrededor, abrazándolo. Era él.

-- Shh, estoy aquí --susurró Sirius con su inconfundible voz--, no estás soñando, realmente estoy aquí contigo.

Remus lo miró como si hubiese visto un fantasma, aunque tenía la vista nublada por las lágrimas. Tenía que ser un mortífago, ¿no? Pero no se podía usar multijugos con alguien que estaba muerto, y se había transformado en Canuto, era él, y su voz, ese modo suave de arrullarlo que Sirius solo usaba con él, no pudo sino confirmárselo.

Se lanzó a besarlo con desesperación, y Sirius, bastante sorprendido, le devolvió el beso. Cuando tuvieron que separarse, el aristócrata estaba sonriendo.

-- Vaya --comentó en tono ligero--, esto es inesperado.

-- ¿Cómo es posible, Sirius? --preguntó el licántropo, desesperado-- ¿Cómo es posible que estés aquí? Yo te vi morir.

El otro sonrió tranquilizador, pero con ese brillo bromista de siempre en la mirada.

-- No viste que me lanzasen un Avada Kedavra al pecho, ni que me disparasen a la cabeza, ni nada aún más siniestro y elegante al puro estilo de la Revolución Francesa, simplemente cruzé esa cortina putrefacta. Que es la prueba irrefutable de que en el Ministerio son imbéciles. Al principio yo pensaba que estaba muerto, se supone que eso es lo que hace el velo, todo estaba oscuro e increíblemente quieto, y de repente caí de bruces en un desierto. Ese jodido trapo de cocina mohoso no es más que un portal, como esos que aparecen en las películas muggles de ciencia ficción, no te mata a menos que seas tan idiota como para quedarte parado en medio de la arena y morir de causas naturales, yo no lo fuí.

Remus lo miraba expectante, era como si todos sus sueños se hubieran hecho realidad en tan solo unos instantes. Sirius estaba vivo y lo quería.

-- No había nada a mi alrededor --continuó el pelinegro con su relato--, así que cambié a mi forma animaga y corrí hacia el notre casi sin pausa hasta que encontré una civilización. No pude simplemente aparecerme en Inglaterra porque mi varita se me cayó en el Departamento de Misterios.

-- Sirius, por favor, dime que no estoy soñando --rogó el ex-profesor--, prométeme que estás vivo y que no volverás a irte.

El animago le acarició suavemente la mejilla.

-- Soy real --aseguró--, tardé tanto porque ese jodido portal me dejó tirado en medio del Sahara, y me fue difícil encontrar un barco a Gran Bretaña en el que poder colarme cuando llegué a la costa. ¿Cómo puedo demostrarte que no me desvaneceré?

Su expresión seria y pensativa cambió a una traviesa y decidida, sonriente, por lo que Remus casi lo esperaba cuando Sirius se acercó y lo besó.

Este beso los pilló a ambos mucho menos desprevenidos que el primero, esta vez fue suave y cariñoso, moviendo sus labios al compás. Cuando se separaron, juntaron sus frentes con los ojos cerrados. No necesitaban declararse, se comunicaban sin necesidad de palabras, como si ya supiesen lo que iba a decir el otro, pero Sirius conocía a su Lunático, su Moony, y sabía que le entrarían las inseguridades en un momento u otro, y él no quería eso. Aclararía todo en ese momento para que su lobito no sufriese.

-- Te quiero, Remus, te he querido desde que éramos niños. Por favor, ahórrame el tener que rebatir todas las supuestas razones por las que eso no puede ser o no está bien, no me vas a hacer cambiar de opinión y eso sería una pérdida de tiempo. Me da igual tu licantropía, me da igual la guerra, me importa una verdaderísima mierda lo que piense o diga la gente, simplemente te amo y me gustaría que fueses mi pareja.

Remus se quedó perplejo, tendría que volver a habituarse a los ataques de impulsiva sinceridad de Sirius, y sonrió, porque no le importaba hacerlo, es más le hacía inmensamente feliz saber que a partir de ese momento pasaría con él tiempo más que suficiente para poder hacerlo.

-- Sí --susurró.

-- ¿Qué? --el animago no tenía idea de a qué parte de su discurso estaba respondiendo.

El licántropo rió, más felíz de lo que había estado en muchos años.

-- Sí quiero ser tu pareja.