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Language:
Español
Stats:
Published:
2022-02-28
Words:
1,267
Chapters:
1/1
Comments:
4
Kudos:
128
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5
Hits:
890

Esto no es lo que esperaba

Summary:

Una poción equivocada provoca una respuesta inesperada.

Notes:

Nada me pertenece.

Work Text:

NO ES LO QUE ESPERABA

“ CON SU FORMA DE MEZCLAR INGREDIENTES LE RUEGO ENCARECIDAMENTE QUE NO SE DEDIQUE A LA COCINA”

“SU POCIÓN PARA DORMIR PROVOCARÍA LA MUERTE INSTANTÁNEA DE LOS FANTASMAS”

“DESPUÉS DE OÍR SU CONFERENCIA, SÓLO PUEDO DECIR QUE NUNCA HABÍA OÍDO A NADIE USAR TANTAS PALABRAS PARA NO DECIR ABSOLUTAMENTE NADA”

Severus sonrió, sin dejar de escribir frenéticamente. Había terminado de corregir las tareas y ahora estaba enviando sus amables criticas a los autores de los últimos libros que había leído, Maestros en Pociones que harían bien, en su humilde opinión, en dedicarse a jugar a Gobstones.
Las primeras semanas de clase tras la guerra habían sido extenuantes, y la decisión del director de volver a contratar a Lupin para dar las clases de Defensa Contra las Artes Oscuras no había ayudado a su tranquilidad. Y por si fuera poco, el viejo loco había decidido que el infame Sirius Black se quedaría también en Hogwarts, sustituyendo a Lupin cuando no pudiese dar sus clases y ofreciendo clases de refuerzo en Transfiguraciones. Sólo las súplicas de Dumbledore de ayudarlos al menos durante ese curso le impidieron presentar su renuncia, pero estaba de un humor aún peor del habitual, y prácticamente se había recluido en las mazmorras para evitar encontrarse con el maldito Black y su estúpida sonrisa arrogante, seguramente dispuesto a humillarlo frente a sus alumnos como había hecho cuando eran estudiantes.
Su estado de agitación constante debía haberse notado, pues Poppy había enviado a Weasley con una Poción Calmante para él.
Obviamente, su primer pensamiento había sido lanzarle la poción a la cabeza. Era un Maestro en Pociones perfectamente competente, y tenía capacidad más que suficiente para preparar sus propios brebajes, gracias. Sin embargo, estaba realmente cansado y, tras cerrar la puerta al pelirrojo de un portazo, había cedido y se la había tomado de un trago, desesperado por algo que lo ayudara a calmar su ansiedad.
Bueno, evidentemente la poción no había funcionado del todo. Ahora mismo debería estar aletargado y soñoliento, sin embargo, tampoco iba a quejarse: nunca se había sentido tan despierto y lleno de energía, tan capaz de casi cualquier cosa.
+++

Sirius Black caminaba rápidamente por el pasillo que conducía a las mazmorras.
Cuando aceptó la oferta de Dumbledore de enseñar en Hogwarts, pensó que sería divertido, casi como revivir sus años escolares.
Sin embargo, se había dado cuenta de que estar rodeado de niños traumatizados aún por la guerra y de adolescentes hormonales no era exactamente lo mismo que ser uno de ellos. El trabajo de profesor no terminaba cuando acababa la lección, había peleas que detener, castigos que supervisar, rumores que acallar e interminables reuniones de personal. Era agotador. Y luego, estaba Snape.
No era que el bastardo murciélago les hubiera hecho algo. En realidad, apenas se habían cruzado en ese tiempo. Y eso, más que el trabajo en sí, era lo que tenía sus nervios destrozados, esperando que el Slythering saltase sobre él en cualquier momento, que lo insultase frente a los alumnos, que lo dejase en evidencia contándoles a los chicos que sus profesores favoritos habían sido unos matones que se dedicaron a acosarlo o el tiempo que pasó ocultándose en casa de su madre durante la guerra, o que envenase su café.
Remus había tratado de decirle que estaba paranoico, que el profesor de Pociones no sólo no tramaba nada sino que los estaba evitando activamente, justo antes de darle una Poción Calmante que Harry había llevado para él. La verdad es que había funcionado. Sus nervios habían desaparecido, y se sentía revitalizado y preparado para enfrentar lo que fuese.
Y sí, lo que fuese incluía a Snape. ¿Quién demonios se creía que era para evitarlo como si tuviese una enfermedad contagiosa?
Estaba debatiendo si llamar violentamente o simplemente usar un hechizo para entrar cuando la puerta se abrió de golpe, y una figura vestida de negro chocó contra él, dejando caer una veintena de pergaminos. Sin duda, Snape debía dirigirse a la lechucería.
- ¿¡QUÉ DEMONIOS CREES QUÉ HACES, BLACK!?
- ¿DISCULPA? ¡ TU ERES EL QUE HA CHOCADO CONMIGO! ¿NO ERES CAPAZ SIQUIERA DE MIRAR POR DÓNDE VAS?
Con una mirada furiosa, Snape lo empujó.
-¡Esta es la puerta de mi oficina, imbécil!. ¡No tienes por qué estar parado frente a ella!
Sin dejarse intimidar, el animago lo empujó de vuelta, haciéndolo retroceder.
- ¡Eso es un pasillo, y yo puedo estar parado dónde me de la gana, bastardo!
El Slythering sacó su varita, consciente de que, físicamente, el Griffyndor era más fuerte que él.
- ¿Qué demonios quieres, Black? ¿Lupin está demasiado ocupado para prestarte atención siendo un adulto?
- ¿Celoso, Snape?
- ¡Oh, no, Black, tuve suficiente de tu atención para toda la eternidad!
- ¡Al menos yo no soy un idiota arrogante demasiado ocupado para prestar atención a alguien a parte de mi mismo como tu!
- ¿Es eso lo que quieres, Black? ¿Mi atención? Bien, ahora la tendrás.
El primer hechizo fue esquivado, golpeando contra una estantería. Aprovechando la momentánea distracción, Sirius se abalanzó sobre Snape, haciendo que cayeran hacía atrás, derribando el sofá y la mesita de centro en el proceso. Después todo se disolvió en una confusa mezcla de insultos, gruñidos, tirones de pelo y rasguños.
+++

- Remus, ¿has visto a Sirius?
El licantropo levantó la vista de la taza de té que estaba compartiendo con Poppy en la oficina de la enfermería.
- No, Harry, debería estar en su habitación, durmiendo.
- No está...
- ¿Le has dado la poción?- Preguntó la enfermera.
- Sí, claro. Se la bebió frente a mi. Ron le llevó la suya Snape. Espero que la haya tomado. Estos dos necesitan relajarse. Por cierto, ¿ es una nueva versión? Nunca había visto una poción calmante color azul claro.
La enfermera palideció, negando con la cabeza mientras musitaba, levantándose rápidamente de la mesa hacía el armario de las pociones.
- Ay, Dios...
- ¿Qué pasa, Poppy?
- Ese zoquete de Weasley... Oh, no...
- ¿Poppy?
- ¡ No les ha dado la poción calmante! ¡Es una poción Deshinibidora!
- ¿Qué?
- Es una Poción que utilizo para los casos de depresión... Sabes que hay muchos estudiantes y profesores afectados por la guerra. La doy en pequeñas dosis, para que ganen seguridad en si mismos, pero...
- ¿Pero?
- Pero beberse toda la poción... ¡Sus inhibiciones habrán desaparecido! Habrán perdido por completo la vergüenza o el miedo, actuarán movidos solo por sus deseos o sentimientos...
Los tres se miraron por un momento, perplejos, pensando en cual podría ser el deseo de los dos hombres...
- ¡Dios, van a matarse!
Sin más, los tres echaron a correr, rumbo a las mazmorras, ajenos a las miradas de asombro y los gritos indignados de quienes se cruzaban en su camino. Compartieron una mirada aterrorizada antes de entrar en la, ahora, destrozada oficina de Severus, dónde los muebles parecían haber sido arrojados con violencia al suelo. Sin apenas respirar, cruzaron el umbral que daba a las habitaciones privadas del Pocionista, que tampoco se había salvado del destrozo. En el suelo, Remus distinguió los jirones de lo que sin duda había sido la camisa azul marino favorita de su amigo. Los siguió hasta lo que sólo podía ser el dormitorio del Slythering, preparándose mentalmente para encontrar...
Bueno, cualquier cosa menos eso. Los tres se detuvieron en la puerta, boquiabiertos.
En la cama, apenas cubiertos por el edredón, Severus snape y Sirius Black dormían acurrucados.
- Bueno,- musitó la enfermera- esto no es lo que esperaba...
Al menos, están bastante tranquilos- añadió licantropo, tratando de hacer sentir mejor a la enfermera.
- ¿Van a matarnos, verdad?- La voz de Harry, el niño que venció dos veces al mago tenebroso más poderoso de todos los tiempos, tembló ligeramente.