Chapter 1: El rescate
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—Lo encontré. Encontré a Harry Potter —declaró Lucius cuando entró en el despacho del Señor Tenebroso, muy feliz de haberlo encontrado.
Aunque no sabía qué hacer con la información adicional que había descubierto. Le tomó casi un año encontrar la dirección, pero al fin lo hizo.
El Señor Tenebroso y Severus lo miraron con sorpresa.
—¿Dónde está?
Por fin el Señor Tenebroso acabaría con la estúpida profecía y tomaría el control sin problemas del vejete.
—En la casa de sus tíos muggles. Sin embargo, no es bueno. En serio no lo es.
Lucius le entregó los pergaminos en su mano a su lord. Los vio leerlos y enojarse.
—¿Estás seguro?
La magia del Señor Tenebroso estaba saliendo debido a su ira. No había perdido el control así en un buen tiempo.
—Sí. Los observé por unos días. También investigué sus registros de salud y reportes. Los policías y otras autoridades tienen encantamientos de memorias. Es por eso por lo que sigue ahí.
Lucius no pensaba decirle esto, pero tuvo que hacerlo. Nadie merecía ese tipo de tratamiento.
Ante esas palabras Severus se levantó y fue por los pergaminos. Empezó a leerlos.
—Voy a matar a ese vejete.
Ante las palabras de Severus, el Señor Tenebroso y Lucius lo miraron en busca de una explicación.
—¿Recuerdan que les dije que el vejete me hizo hacer un juramento?
Severus los vio asentir.
—Era para Harry. Dumbledore me hizo prometer protegerlo cuando fuera a Hogwarts. Ahora sé por qué. Quiere que sea abusado. Creo que Dumbledore cree que Harry es el niño de la profecía. ¿Por qué más me haría hacer ese juramento? ¿Y por qué solo para cuando Harry vaya a Hogwarts? Puso al niño ahí para que abusaran de él. Dumbledore sería su primer contacto o alguien que lo adora. Le dirán al niño lo maravillosos que son los Potter —escupió el nombre—. Lo maravilloso que es Dumbledore. Quiere que vea a Harry como su salvador. Después de todo, ¿no hicimos también lo mismo cuando nos “rescató”?
—Y así el chico lo vería como el siguiente Merlín y haría cualquier cosa para poder quedarse en el mundo mágico como nosotros quisimos —terminó el Señor Tenebroso por él.
Severus asintió en acuerdo.
—¿Y si vamos y lo rescatamos?
Severus y el Señor Tenebroso miraron a Lucius y lo vieron sonreír.
—Podríamos sacarlo de una mala situación antes de que empeore. Es tan joven.
—Tenemos que salvarlo, ningún niño merece ser criado así —añadió serio el Señor Tenebroso.
Severus asintió en acuerdo. Después se preocuparía con lo que harían con el niño.
[***]
Severus leyó el papelito que salió de su varita.
—¿Por qué no hay barreras de protección? Me dijeron que había protecciones sanguíneas.
—Hay barreras de odio, obediencia y de sumisión.
A Lucius no le gustaba lo que leía.
—Sí, a mí también me salió eso. ¿En qué piensa ese vejete?
El Señor Tenebroso le entregó los papeles a Lucius.
—Necesitamos sacarlo de ahí.
—Y son nuevas. No había ninguna hace un año. Él ha estado viviendo aquí por casi dos años. ¿Por qué las puso hace un año?
Severus iba a dosificar con pociones los caramelos de limón de Dumbledore.
—¿Quizás porque era muy joven? Dumbledore podría haberse preocupado. No tenía ni tres años cuando se establecieron.
Lucius sabía que Dumbledore ya estaba formando los puntos de vista de Harry sobre el futuro.
—Por los reportes, el abuso comenzó apenas llegó. Supongo que la magia del niño comenzó a defenderlo y por eso puso las barreras.
Los tres caminaron hasta la entrada y Severus levantó la vista cuando escuchó gritos.
—Fenómeno, trae tu trasero para acá. Quiero que limpies esto correctamente o no comerás de nuevo.
Ante esas palabras, los tres palidecieron. Severus tocó la puerta con algo de fuerza. Tenía muchas ganas de hacerla volar de sus bisagras.
La puerta se abrió y una voz asquerosamente dulce y falsa los recibió.
—Hola, ¿puedo ayudarlos? Le dije a ese viejo fenómeno que no quería a los de tu clase aquí —su voz se llenó de malicia—. De hecho, me lo prometieron después de que aceptamos acoger a ese pequeño monstruo el año pasado.
—Estamos aquí para llevarnos a Harry —dijo Lucius mucho más calmado frente a cómo se sentía.
En verdad quería maldecir a la mujer.
—No pueden llevárselo. El viejo fenómeno nos prometió que podíamos usarlo hasta que fuera el momento, y no vamos a dejar que se vaya.
Petunia no iba a dejar que su futuro esclavo se fuera. No quería volver a tener que cuidar de la casa. Ya había empezado a enseñarle a cocinar y limpiar.
—¿Qué te hace pensar que tienes algo que decir, Tuney? —dijo Severus con desprecio, haciéndole saber de su presencia.
—¡Tú! Eres ese fenómeno mentiroso que arruinó mi vida. Me dijeron que nunca tendría que volver a verte. Lily vendrá por el monstruo cuando sea hora de que vaya a esa aberrante escuela tuya.
El Señor Tenebroso tuvo suficiente y la empujó para entrar en la casa. Vio a un niño enorme y gordo con cabello rubio y a un pequeño y flaco niño con cabello oscuro. Caminó hacia Harry que empezó a alejarse.
—Tranquilo, Harry, hemos venido a sacarte de aquí.
Las manos del niño comenzaron a moverse y hacer movimientos extraños con los dedos, la duda lo recorría. El Señor Tenebroso se acercó más a Harry que dejó de alejarse.
—El retardado no puede oír —señaló con soberbia el niño gordo.
El Señor Tenebroso fulminó con la mirada a los muggles, preguntándose qué hicieron para dejar sordo al niño.
—¿Saben lo que está diciendo, Severus, Lucius? —preguntó el Señor Tenebroso, mirándolos por encima de su hombro.
Severus se acercó a él y se arrodilló enfrente de Harry, comenzando a responderle con señas mientras lo repetía en voz alta.
—Harry, venimos por ti. No te vamos a lastimar. Queremos llevarte a un lugar seguro.
Harry hizo unas señas y señaló al Señor Tenebroso.
—Quiere saber por qué —tradujo Severus—. Te recuerda a ti, una luz verde y algo sobre hacer cenizas para ti.
El Señor Tenebroso se rio.
—Sí, me proporcionó la excusa perfecta para mi desaparición.
Severus se lo tradujo a Harry.
—Me impacté cuando la maldición fue devuelta. Casi ni la esquivé. Cuando me recuperé, presencié como Harry movía su mano y aparecía una pila de cenizas donde estuve parado, luego me sonreía.
— No quería que lo lastimaran —dijo Harry entre señas—. James y Lily me hacían mucho daño. El pelirrojo era malo conmigo.
Severus palideció mientras repetía esas palabras.
—¿A qué te refieres?
Lucius había atado a los muggles.
— Me detestaban. El hombre de cabello blanco dijo que el pelirrojo haría algo. Me trataron de forma diferente. El hombre de cabello oscuro —señaló al Señor Tenebroso— llegó. Parecía divertido y su color era diferente.
—¿Color? —preguntó Lucius con curiosidad.
El Señor Tenebroso miró a Harry de cerca.
—Puede ver auras, sentir y leer la magia.
—¿Por qué dejaron a Harry aquí y dijeron a los Potter que Charlie era el salvador? —preguntó Lucius, pensando en lo que habían hecho creer.
Los tres miraron al niño.
—Dumbledore quiere que el niño lo obedezca para poder utilizarlo como herramienta para controlar el mundo mágico —respondió el Señor Tenebroso a la pregunta de Lucius—. Los separó a propósito.
— Harry, ¿quieres venir con nosotros?
Severus observó como Harry los miraba a los tres y por un momento sintió la magia del niño sobre él. Por lo que acababa de experimentar, el niño era poderoso y sólo tenía 4 años. No puede esperar a ver cómo será cuando alcance la mayoría de edad.
— ¿No volveré aquí? —preguntó Harry, esperanzado.
Severus le dio una sonrisa tranquilizadora.
— No .
El niño era muy maduro para su edad. Se preguntó por un momento cómo y por qué podía comunicarse tan bien.
— Por los libros en el ático —respondió Harry ante la cara de desconcierto de Severus.
Una vez más los tres se sorprendieron.
—Creo que es hora de que nos vayamos —dijo el Señor Tenebroso con urgencia—. Severus, encárgate de sus memorias. No queremos que sepan que estuvimos aquí ni que nos llevamos a Harry.
—¿Fingimos su muerte? —preguntó Lucius.
—Sí, eso funcionará.
El Señor Tenebroso agarró una lámpara.
—Podemos transfigurar esto para que se vea como Harry y que estos viles muggles al fin sean castigados.
Comenzaron a trabajar con la ayuda de Harry que les dijo dónde poner el cuerpo. Les enseñó la alacena debajo de las escaleras y señaló su cama. La sangre derramada de sus heridas debido a las golpizas era visible.
Harry comenzó a mover las manos de nuevo. Severus parecía desconcertado sobre lo que decía.
—Harry dice que hay unas cosas plateadas atadas a él.
El Señor Tenebroso se giró hacia los muggles, se acercó a Petunia, entró a su mente y —después de unos minutos— obtuvo la respuesta.
—Son artefactos del vejete que monitorean la vida de Harry y si deja las barreras por mucho tiempo.
—¿Podemos eliminar las ataduras? —preguntó Lucius.
—Sí, sólo denme unos minutos. Nos iremos tan pronto como haya acabado. Severus, hazte cargo de las memorias. Lucius, tú te llevarás a Harry. Saldremos por la puerta trasera y tenemos que estar lo suficientemente lejos de aquí para poder aparecernos. No queremos dejar nuestras firmas mágicas después de que lance el hechizo que las eliminará.
Severus y el Señor Tenebroso empezaron a trabajar mientras que Harry se acomodó en los brazos de Lucius y comenzó a jugar con su cabello, casi quedándose dormido. Lucius sonrió cuando Harry cayó dormido unos minutos después..
—Cissy te va a amar.
Estaban a casi una cuadra de distancia de la casa cuando oyeron como más de un mago aparecía en Privet Drive, y sonrieron.
Más tarde esa noche
Severus entró en el despacho del Señor Tenebroso después de la reunión con Dumbledore.
—Está furioso.
—¿Qué sucedió?
El Señor Tenebroso atrajo a Severus a sus brazos y le dio un beso.
Flashback
Severus fue convocado a Hogwarts. Apenas se había sentado cuando Dumbledore llamó por la red flu a la mansión Malfoy para pedirle que volviera al colegio. Severus suspiró y aceptó. Tan pronto como Dumbledore desapareció de las llamas, su rostro no ocultó el disgusto que sentía por él.
—Va a ser una muy larga y aburrida reunión.
—Me pregunto qué va a hacer ahora —comentó Lucius frustrado.
—Ni idea. Su arma ha muerto. Supongo que ahora en verdad va a tener que entrenar al mocoso. Sé que apenas posee magia. Es por eso por lo que quería matar a Harry primero. Él es el más poderoso. El bribón se rio cuando le lancé el Avada Kedavra.
El Señor Tenebroso aún no podía superar eso. Un bebé de 18 meses lo venció. Aunque estaba feliz de que sucediera ya que por eso se dio cuenta de cuán loco se había vuelto. Trabajó mucho para recuperar su cordura. En verdad fue la llamada de atención que necesitaba y la que le proporcionó una forma para que la oscuridad trabajara en secreto.
—Sí, bueno, me tengo que ir —avisó Severus, mirándolos—. Las cosas que tengo que hacer.
—Podría ser peor —comentó Lucius, riéndose de la ironía—. Imagínate trabajar con los Potter.
—Que Dios no te oiga.
Severus aborrecía a la familia Potter. Lily perdió todo su respeto cuando comenzó a salir con Potter. Ella sabía que el hombre era un acosador. Incluso le había advertido a Severus a veces sobre sus complots.
Severus llegó a su despacho por el flu, luego se dirigió hacia la oficina del director y dejó escapar un quejido cuando vio a los idiotas. Se inclinó sobre la pared en su rincón habitual donde podía ver a todos y esperó a que Dumbledore comenzara.
—Tengo muy malas y tristes noticias.
Severus observó a los Potter. Sus ojos no mostraban ni un ápice de emoción. Se preguntó cuándo aprendieron a fingir tan bien. Notó que sus caras trataban de reflejar el dolor y la pena que debían mostrar. Quería lanzarles unas buenas maldiciones.
—Harry Potter fue asesinado por sus tíos esta tarde. Ellos ya han sido arrestados por homicidio.
Los jadeos que se escucharon por la habitación fueron de sorpresa. Severus esperó para ver si los Weasley estaban conmocionados u horrorizados. Se dio cuenta de que ni Black ni Lupin parecían sorprendidos. El resto de la habitación mostró la usual sorpresa y conmoción que esperaba ver. Se preguntó por qué los Weasley, Lupin y Black actuaron diferente, así que decidió echarle un vistazo a la mente de Black. El chucho era un libro abierto ya que no tenía las barreras que se esperarían de un Black. Lo que vio lo sorprendió. Lo sabían. Ellos sabían que Harry era el verdadero niño de la profecía. La parte de que planeaban hacer que Harry se casara con la niña Weasley si seguía vivo después de matar al Señor Tenebroso fue interesante. Esperen, él es el primogénito. Podían usar eso para destruir a los Potter. Severus se asegurará de llevar a Harry esta noche a Gringotts antes de que Dumbledore y los otros puedan hacer algo.
El resto de la reunión se enfocó en el entrenamiento del gemelo inútil —como Severus decidió llamarlo—. Por las preguntas que la mayoría hacía al no recibir las respuestas que merecían, Severus también pudo sentir la ira de los Potter, Lupin, Black, Weasley y Dumbledore. Cuando la reunión acabó, estaba a punto de irse cuando escuchó que lo llamaban.
—Severus, por favor, quédate.
Severus volvió a su lugar habitual en la misma posición mientras que los demás salían. El grupo de idiotas se quedó atrás.
—Severus, necesitamos tu ayuda.
—¿Para qué?
—Necesitamos que ayudes a entrenar a Charlie.
—No.
—Severus, es importante. Ahora que Harry se ha ido necesitamos asegurarnos de que Charlie esté listo para cuando el Señor Tenebroso vuelva.
—Deberías haber empezado a entrenarlo desde hace mucho tiempo. Dudo que lo que sea que le pueda enseñar a ese mocoso sirva de algo.
—Concuerdo. Quejicus es un inútil —dijeron Potter y Black al unísono.
—Me alegra que estemos de acuerdo. Buenas noches.
Severus comenzó a irse, dejando a todos atónitos. Nadie esperaba que hiciera eso.
—Severus, quédate —repitió Dumbledore, ocultando su desesperación—. Si no les importa, necesito hablar con él en privado.
Sus mansas ovejas se levantaron y se fueron, dejándolos al fin solos.
—Severus, ¿tengo que recordarte tu juramento?
—El juramento era para Harry cuando comenzara Hogwarts. Ahora es inválido.
—Sí, soy consciente de eso. Esta vez necesito que hagas uno para Charlie. Serás tú quien comience su entrenamiento. El niño necesita tu magia y habilidades.
—¿A qué te refieres con que necesita mi magia?
—Quiero que jures que te vincularás con Charlie cuando sea mayor de edad. Le darás acceso a tu magia para que pueda derrotar al Señor Tenebroso.
—No, ni en tus más oscuros sueños voy a hacer eso. Voy a jurarlo ahora mismo si es necesario.
—Es la única manera, Severus.
—No. Black o alguien más puede tener ese “honor”. No quiero tener nada que ver con los Potter en ninguna manera, aspecto o forma. ¿No nos acabas de decir que los Potter abandonaron a uno de sus hijos? Ahora está muerto por culpa de la hermana de Lily y su esposo. ¿Por qué ayudaría a alguien que permitiría eso? No apreciaron a su hijo y aun así quieres que ayude al niño con el que decidieron quedarse. El que se supone que será nuestro salvador mientras que al otro se le permitió morir.
—No se le permitió morir. Fue un accidente.
—¿Un accidente? El abuso no es un accidente.
—No fue abuso.
—Ningún niño de 4 años muere asesinado en una casa si no es por abuso. Llámalo como quieras, pero fue un abuso. Sé lo que en verdad quisiste decir. También vi sus caras. Sabían que estaba siendo abusado. Así que olvídate de que yo los ayude en lo más mínimo.
Dumbledore se dio cuenta de que no ganaría esta vez. Severus tenía razón. Ningún niño muere así a menos que haya sido abusado. Se sentía culpable de ello. No quería que Harry sufriera tanto, solo que experimentara un poco de dolor y dificultades ya que lo habrían hecho más fuerte, pero no que fuera abusado de ese modo. Se estremeció ante su propia culpa. ¿Las barreras que puso lo permitieron? Aún recuerda cuando lo hizo. La magia del niño se estaba volviendo loca por lo que sucedía en esa casa y él no quería que el niño matara a sus parientes. De repente se dio cuenta de lo que había hecho. Él fue el responsable de su muerte. Miró a Severus y notó que sabía lo que acababa de pasar.
—No fue así, Severus.
—No me mientas. Puedes mentirles a ellos y a quien quieras, pero yo sé la verdad. Tú lo permitiste. Tú permitiste que se deshicieran de su hijo. Apuesto a que incluso les sugeriste ponerlo ahí y ellos obedecieron.
Por la cara de Dumbledore, Severus se dio cuenta de que tenía razón y se sintió enfermo. Inhaló varias veces para controlar su ira.
—Te metiste tú solo en este lío, así que arréglalo tú solo. Yo no los voy a ayudar. Voy a ayudar a la Orden, pero me rehúso a ayudar a los Potter. Tu decisión causó la muerte de un niño inocente.
Dumbledore asintió con la cabeza y Severus se fue. Dumbledore no notó la sonrisa en su rostro mientras se iba. Después de destruir algunas cosas en sus aposentos, Severus volvió por la red flu a la mansión Malfoy.
Fin del Flashback
—Necesitamos ir a Gringotts. Déjame despertar a Harry y nos vamos.
El Señor Tenebroso había pasado la mayoría de la noche estudiando diferentes libros de lengua de señas y quería poner a prueba sus habilidades. Tocó a Harry, quien saltó sorprendido por el contacto. Que se pusiera alerta después de ser tocado no sorprendió al Señor Tenebroso.
— Lo siento —se disculpó en señas.
Harry asintió y luego abrió los ojos como platos al darse cuenta de que el Señor Tenebroso le hizo señas. Sonrió un poco.
— Tenemos que llevarte al banco. Es para tu protección.
Harry asintió y se levantó mientras el Señor Tenebroso sacaba algunas prendas del armario y ajustaba su tamaño para que le quedaran bien. Una vez vestido, el Señor Tenebroso lo cargó y lo llevó a su despacho.
Los tres fueron al banco después de aplicarse potentes glamours. No querían ser vistos por Dumbledore o alguno de sus asociados. Se sorprendieron cuando Harry usó su magia para igualar su apariencia con la del Señor Tenebroso y Severus. Los tres rubios cenizos entraron al banco. Cualquiera que los viera asumiría que eran familia.
—Necesito hablar con mi administrador de cuentas Gandsop —le informó el Señor Tenebroso al cajero.
El cajero levantó la mirada.
—Me disculpo por la hora. Sé que este tipo de asuntos se hacen durante el día, pero es importante.
El cajero asintió, dejó su puesto y les indicó que lo siguieran.
Mientras esperaban a Gandsop, Severus miró al Señor Tenebroso.
—Tom, deberíamos de decirle.
El Señor Tenebroso miró al niño que dormitaba y tocó suavemente su brazo. Cuando Harry volteó a verlo, el Señor Tenebroso señaló a Severus. Harry dirigió su mirada hacia él, pero mantuvo su cabeza y cuerpo apoyados en el Señor Tenebroso.
— Tom y yo estamos casados, Harry. Así que lo que vamos a hacer es para tu protección. ¿Tenemos tu autorización para ello?
— ¿Qué van a hacer? —preguntó Harry, confundido.
Nadie nunca había hecho nada para su protección hasta que estos hombres llegaron a su vida.
—Te queremos adoptar. Los duendes te harán una prueba de herencia. Después de eso, haremos lo que sea necesario para proteger todo lo que tengas.
Los ojos de Harry se agrandaron sorprendidos ante la palabra “adoptar”.
— ¿Me quieren?
— Sí, te queremos —confirmó el Señor Tenebroso, apretando su agarre—. Por eso te salvamos de tus parientes. Esta es solo una formalidad. ¿Te parece bien ser nuestro hijo?
Severus observó como Harry inclinaba la cabeza como si buscara algo. Después de unos minutos de silencio, asintió en acuerdo y cerró los ojos de nuevo.
—Fue más fácil de lo que pensé.
—No me sorprende. Es un niño. Y todos los niños quieren ser amados y queridos. Supongo que también fue por lo que leyó sobre nosotros hace rato. El lado luminoso no estará feliz de que tengamos un hijo. Lo que no saben no les hará daño. Creo que es momento de que me cree otra identidad.
—¿Tienes una en mente?
Severus se preguntó cuál había elegido. No se casó con el Señor Tenebroso por su título, sino porque lo amaba.
—Sí. Ya que estamos casados, ¿por qué no usamos el apellido Prince?
El Señor Tenebroso le sonrió levemente y vio una pequeña sonrisa aparecer en el rostro de Severus cuando entendió lo que significaba. Por lo general, no lo expresaba con palabras. Sin embargo, sabía que cuando actuaba de esa manera, Severus lo tomaba como una muestra de su amor. En verdad lo amaba. Severus tampoco era el tipo de persona que expresaba sus sentimientos abiertamente.
Gandsop entró a la oficina justo en el momento en el que dejaron de hablar.
—Que fluya su oro y la sangre de sus enemigos —lo saludó el Señor Tenebroso.
—Que su oro crezca y sus enemigos le teman —respondió Gandsop—. Ahora, ¿en qué puedo ayudarlos?
—Necesitamos hacerle una prueba de herencia a Harry. Dependiendo de lo que salga, podríamos necesitar más ayuda. Lo adoptaremos sanguíneamente y le cambiaremos el nombre —dijo el Señor Tenebroso con seriedad.
—¿Pueden despertarlo? Necesitamos un poco de sangre para la prueba de herencia y la adopción —informó Gandsop, sacando los pergaminos necesarios.
Severus tocó el brazo de Harry. Cuando se despertó, le dijo lo que iba a suceder. Harry palideció ante la palabra “sangre” y se rehusó a hacerlo. Severus entendió de inmediato el problema.
— ¿Qué tal si lo hacemos los tres?
Harry pareció escéptico, pero estuvo de acuerdo después de que el Señor Tenebroso aceptara.
El Señor Tenebroso, Severus y Harry proporcionaron sangre para la prueba de herencia. Todos se sorprendieron por los resultados. Severus y el Señor Tenebroso se preguntaron por qué no lo habían hecho antes. El Señor Tenebroso decidió que todos sus mortífagos deberían someterse a una prueba de herencia.
Tom Sorvolo Ryddle
Padre: Thomas Sorvolo Ryddle †
Madre: Methrop Ana Gaunt †
Títulos
Lord:
Slytherin — materno
Ravenclaw — materno
Heredero:
Peverell [Sin reclamar] — materno {Linaje de Antioch}
Severus Tobías Snape
Padre: Tobías Elliot Snape †
Madre: Eileen Bethany Prince †
Títulos
Prince — materno
Thompson — materno
Harrison James Potter
Padre(s): James Charles Potter
Sirius Black
Madre: Lilian Ruth Potter Evans
Hermano(s): Charles Harold Potter
Tío(s): Petunia Dursley Evans
Regulus Black
Primo(s): Dudley Dursley
Narcissa Malfoy Black
Draco Malfoy
Abuelos: Charles Harrison Potter
Dorea Mary Potter
Orión Black
Walburga Black
Harold Andrew Evans
Rose Daisy Evans
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Potter — paterno
Gryffindor — paterno
Peverell [Sin reclamar] — paterno {Linaje de Cadmus}
Slytherin — luego de la batalla con Tom Ryddle
Ravenclaw — luego de la batalla con Tom Ryddle
Hufflepuff — materno
Magrill — materno {Linaje muerto}
Hartnell — materno {Linaje muerto}
Tudor — materno {Linaje muerto}
Black — por adopción sanguínea
—Creo que necesitamos una explicación de los resultados de Harry. ¿A qué se refiere con “Sin reclamar”? —preguntó Severus, recuperándose primero—. Vi que uno de sus títulos lo tiene.
—Significa que nadie lo ha reclamado. Hay múltiples herederos. Al primero en reclamarlo se le otorgará el título de lord y el otro se convertirá en heredero —explicó Gandsop—. El joven Harry es un tipo de mago que no hemos visto en años. Por otro lado, se les llama “Linaje muerto” a los linajes familiares en los que no queda ningún mago vivo, hasta que aparece uno. Por lo general son linajes de squib. Eso significa que el joven Harry es un sangre pura. La mayoría de los nacidos de muggles provienen de los linajes de squib y dependiendo de quién sea su ancestro se determinará cuál linaje obtendrá el título. Algunos son producto del matrimonio de dos squibs —les informó.
El Señor Tenebroso y Severus parecieron conmocionados por unos segundos. Nadie nunca se los había dicho.
—¿Por qué nadie lo sabe? —cuestionó el Señor Tenebroso, sintiendo que Dumbledore tenía algo que ver con esto.
—Se lo informamos a Dumbledore y a algunos cuando hicimos el descubrimiento hace 50 años. Ellos optaron por no creernos y nos dijeron que pondría en peligro a los nacidos de muggles si los sangre pura lo sabían. No tengo idea cómo fue que Dumbledore llegó a esa conclusión. Creímos que devolvería los linajes de squib a sus familias originales. Por eso muchos no se hacen una prueba de herencia.
—A menos que lo hiciera para quedarse con el dinero. Él no proviene de una familia rica, sino de una muy pobre. Y la mayoría de sus posiciones no le darían tanto dinero —comentó el Señor Tenebroso, algo pensativo.
—Quiero comprobar algo. Discúlpenme unos minutos, por favor.
Gandsop salió de la oficina.
—Ya sé lo que vamos a hacer. Reclamaré el señorío Peverell y así podremos asegurar a Harry. Nuestro apellido será ahora Peverell-Snape.
—Peverell-Prince-Snape suena mejor. Voy a reclamar mis señoríos también. Necesitaremos esos asientos y así podremos darle a Harry una mejor protección.
—Sí, suena mejor Peverell-Prince-Snape —concordó el Señor Tenebroso, se inclinó y besó a su esposo en la mejilla—. No soy tan orgulloso como para no tomar tus apellidos.
—¿Cómo crees que deberíamos llamarlo? —preguntó Severus, sonriéndole y apretando su mano.
—He estado pensando en eso. ¿Qué tal suena Steffan Tomas Severus Peverell-Prince-Snape?
—En verdad será nuestro —comentó Severus, mirando a Harry con cariño.
Gandsop al fin volvió a la oficina, con una mueca de desprecio en su rostro.
—Por desgracia, están en lo correcto. Encontramos que, desde que Dumbledore se convirtió en profesor y luego director de Hogwarts, numerosas herencias de linajes de squib, que de repente se volvieron mágicas, se han transferido a él. Ya no podemos hacer nada porque se hizo con sangre. Al parecer hizo que los niños se las cedieran sin que se dieran cuenta.
—¿Podemos usar eso en su contra? —inquirió el Señor Tenebroso, horrorizado con la información.
—No. Podría dañar su nombre, pero eso sería todo ya que lo hizo legalmente.
—Podríamos usarlo después —dijo Severus, frunciendo el ceño—. Una vez que tengamos suficiente evidencia incriminatoria en su contra, cualquier cosa que pueda dañar su nombre será de ayuda.
—Sí, es cierto. Y ya que hemos hallado cosas muy interesantes, también vamos a revisar sus finanzas —se burló Gandsop con desdén—. Asimismo revisé las bóvedas personales de Harry. Tienen protección sanguínea y dado que es considerado muerto, el dinero y artículos serán trasladados a la bóveda principal de los Potter a menos de que tomes el señorío. Cuando lo hagas, las bóvedas Peverell absorberán la bóveda familiar de los Potter.
—Planeo tomar el señorío, pero no sabía que eso les quitaría a los Potter su bóveda familiar.
—La familia Potter desciende del segundo hijo. La única razón por la que tienen dinero es porque el señorío Peverell no ha sido reclamado. El señorío Potter proviene de Antheia Potter de soltera Peverell cuando se casó con un miembro de la familia Potter. Su abuelo le otorgó el título a su esposo luego de la muerte de sus padres. No tenían dinero. Todo provino de las bóvedas Peverell. Ahora, las bóvedas de los fundadores irán a Harry si lo reclamas como tu heredero. La adopción sanguínea demostrará que aún tiene el derecho a ellas. Los Potter no podrán hacer nada. Si solicitan una prueba de herencia, ningún linaje aparecerá en ella.
—¿Qué hay de su hijo y el linaje Black? —preguntó el Señor Tenebroso, mientras procesaba toda la información.
—Es el segundo hijo, así que no tendrá ningún derecho una vez que reclames el señorío antes que ellos. El linaje Black estará en apuros. Si Sirius Black decide adoptar sanguíneamente a Charles Potter, no habrá ninguna diferencia, ya que Harry es el heredero. De hecho, es posible que Lord Black crea que el joven señor Malfoy es el nuevo heredero. Se le informó que el joven señor Malfoy era el heredero de repuesto cuando se hizo la adopción sanguínea en Harry. Está estipulado en la familia Black que el primogénito es el heredero. Esa es una de las razones por las que Lord Black no ha sido renegado, aunque tampoco ha habido razones válidas para ello. Su familia es una de las pocas que requiere razones muy estrictas para la eliminación —dijo Gandsop.
—Así que la adopción sanguínea de Charles no hará ninguna diferencia. Interesante. Los linajes de la madre son de Harry porque es su primogénito, ¿no?
Gandsop asintió.
—Empecemos —dijo el Señor Tenebroso, complacido por cómo estaba resultando todo.
Después de un par de horas extenuantes, Severus, el Señor Tenebroso y el recién nombrado Steffan salieron de la oficina de Gandsop y vieron a los Potter, Lupin, Black y a Dumbledore entrando al banco. Estaban agradecidos por sus glamours.
—Me encantaría escucharlos cuando descubran que lo han perdido todo.
—Creo que será interesante. Ironclaw es su administrador de cuentas —informó Gandsop, sonriendo con malicia—. No les tiene mucho aprecio.
Si bien los duendes afirmaban ser neutrales, ayudaban más al lado tenebroso que al luminoso. El lado luminoso era la razón por la que existían muchas leyes en contra de las criaturas.
El Señor Tenebroso y Severus le sonrieron con diversión al duende.
—Gandsop, vales cada moneda de oro que he gastado aquí.
—Siempre es un placer hacer negocios con usted —afirmó Gandsop, complacido por las palabras del Señor Tenebroso.
[…]
Los Potter, Lupin, Black y Dumbledore estaban sentados atónitos en la oficina de Ironclaw.
—¿Cómo que soy pobre?
James Potter estaba muy confundido, aunque no era algo nuevo para él.
—No puede ser cierto. Sé que los Potter tienen numerosas bóvedas, ya que los he ayudado varias veces con sus finanzas. Sus padres vinieron a mí cuando fue el momento de redactar sus testamentos. También estuve presente cuando James y Lily hicieron sus testamentos hace unos años —contó Dumbledore, negándose a permitir esto ya que necesitaba el dinero de la familia Potter.
—Lord Peverell es ahora el patriarca de su linaje y cuando reclamó el señorío, las bóvedas familiares volvieron a ser de su propiedad. Sus bóvedas originalmente provenían de allí. La familia Potter nunca tuvo un señorío hasta que su bisabuela se unió a la familia. Sin embargo, el título no vino con ninguna bóveda. Las únicas bóvedas que ahora tienen son las de su hijo Charles, que se establecieron el día que nació y que Lord Peverell no vio la necesidad de tomar, ya que son el fideicomiso de su hijo, y las bóvedas personales creadas debido a sus diversos trabajos.
—¿Quién es Lord Peverell?
Dumbledore no podía dejar que se le escapara. Necesitaba el dinero de los Potter. Sí, tiene mucho dinero pero no lo iba a gastar en la futura guerra que sabía que vendría cuando Tom volviera. Comenzó a formar un plan mental para conseguir que Lord Peverell se uniera al lado luminoso.
—¿Qué hay de las bóvedas de Harry y la adopción sanguínea que le hice? —preguntó Sirius inquieto, mirando a Dumbledore.
Ironclaw se había estado preguntando cuándo mencionarían a Harry. Trató de no dejar que la sorpresa y la ira se reflejaran en su rostro porque no fueron los padres quienes lo mencionaron. La opinión de los duendes sobre Dumbledore y los Potter se hundiría aún más una vez que Ironclaw les informara de la poca consideración que le tenían a Harry Potter.
—Sus bóvedas fueron selladas con sangre cuando murió y, por lo tanto, absorbidas por el linaje Peverell. La adopción sanguínea no cambia nada. Él era tu heredero y los fondos que agregaste también fueron dados al linaje Peverell. Aunque adoptes a Charles, él no heredará ningún título ni dinero familiar, como se te informó el día que adoptaste a Harrison.
Ironclaw omitió la información de que el heredero no era el señor Malfoy. Les dejará pensar lo que quisieran. Odiaba tener que lidiar con ellos; decían que querían ayudar, pero solo mira lo que le hicieron a su propio hijo.
—Quiero una prueba de herencia —exigió James Potter—. Y para Lily también.
Ironclaw asintió y sacó lo necesario para la prueba. Iba a disfrutar esto.
James Charles Potter
Padre: Charles Harrison Potter
Madre: Dorea Mary Potter
Hijo(s): Harry James Potter †
Charles Harold Potter
Títulos
Potter — sin asientos ni bóvedas
Lilian Ruth Potter Evans
Padre: Harold Andrew Evans
Madre: Rose Daisy Evans
Hermano(s): Petunia Dursley Evans
Hijo(s): Harry James Potter †
Charles Harold Potter
Sobrino(s): Dudley Dursley
Títulos:
Ninguno
Dumbledore quería gritar de rabia. Todo se había ido por el desagüe debido a una muerte y al nuevo Lord Peverell. Lamentaba no haberles hecho una prueba antes, pero no quería que reclamaran algo para lo que él no estuviera preparado para que tomaran. Había estado haciendo esto por más de cincuenta años y nunca le había fallado. No tenía idea de qué títulos había perdido ni quién los tenía, o incluso si tenían algún otro aparte del Peverell. Por la muerte de Harry, el señorío Black pasaría a manos del joven Malfoy. Perdería el dinero a menos que hiciera que Sirius cambiara su testamento para que se lo diera a él.
—Sirius, ¿puedes cambiar tu testamento para evitar que Draco Malfoy consiga las bóvedas de la familia Black? —pidió Dumbledore, pensando en una forma de evitar que eso sucediera.
—No, está prohibido. Solo puedo hacerlo con mi bóveda personal, pero, lamentablemente, no es mucho. Solo recibo una cantidad limitada, al igual que el resto de la familia. Mi padre cambió su testamento y las estipulaciones familiares. Solo soy el lord temporal debido a mis tendencias “luminosas”. La familia apoyó los cambios, y como yo fui el único en oponerme, no hay nada que pueda hacer al respecto. Por eso, no puedo ofrecer o darle mucho dinero a nadie. Originalmente me iban a desheredar, pero las estipulaciones familiares son muy estrictas en cuanto a eso.
Dumbledore estaba frustrado. Le habían quitado otra fuente de dinero, lo que le obligaba a depender de sus propios recursos en lugar de los de los Potter. Necesitaba a estas personas en su Orden por su dinero, pero ahora que se volvían inútiles, tendría que empezar a pagarles de su propio bolsillo. Muchas familias prominentes estaban pasando por dificultades financieras, y Dumbledore necesitaba encontrar personas adineradas para mantener cerca a sus peones. No quería perder el control sobre Charlie Potter. Recordó la limitada habilidad mágica del niño y se preguntó si había cometido un grave error al declararlo como el niño de la profecía. Harry, en realidad, era el más poderoso. Sin embargo, pensó que si dejaba que todos creyeran que era Charlie, podría mantener a Harry bajo su control, facilitando así la tarea de derrotar a Tom Ryddle. Ahora se encontraba atrapado con un niño con escasa magia y no lograba encontrar a alguien que se vinculara con Charlie para proporcionarle el poder necesario para derrotar a Ryddle.
—¿Por qué crees que sigo viviendo en mi departamento? —señaló Sirius con resentimiento, sacando a Dumbledore de sus pensamientos—. No puedo entrar a las propiedades familiares. ¿Debería adoptar sanguíneamente a Charlie? —sugirió, inseguro de sí eso ayudaría.
Amaba al niño y deseaba poder ser su padrino en lugar del de Harry.
—No serviría de nada —afirmó James, derrotado—. No puedes darle tu magia familiar —pensó por unos minutos—. ¿Hay algo que podamos hacer?
—Me temo que no —contestó Ironclaw, mirándolo—. Harrison era tu hijo mayor. Si todavía estuviera vivo, podría objetar ya que él era el heredero.
—¿Podrías contactar a Lord Peverell por mí? —pidió James, desesperado—. Necesitamos hablar con él sobre esto.
—James, ¿no crees que sería mejor viniendo de nosotros?
Lily no estaba feliz por lo que sucedió. Tenían suficiente dinero en sus cuentas personales como para no preocuparse por mantener a su hijo durante algunos años, y un título honorífico. Ni James ni ella le habían dedicado un pensamiento a Harry. Desde que Dumbledore les dijo que Charlie era especial, lo dejaron a un lado. James estuvo de acuerdo. Todos se fueron de la oficina de Ironclaw, preguntándose qué salió mal.
Ironclaw notó que nadie expresó tristeza ni remordimiento por la muerte del joven Harry. Incluso cuando su nombre fue mencionado, pasó desapercibido. No se arrepentía de no haber ofrecido su ayuda. Cualquiera que hiciera lo que ellos hicieron a su hijo merecía lo que les ocurrió. La idea de que la magia les quitara sus poderes le hizo sonreír. Informará a Lord Peverell sobre la reunión. Los duendes habían decidido proteger al joven heredero, e Ironclaw se asegurará de que cumplan esa promesa; después de todo, su hermano era el rey. Asimismo le informará sobre todo lo ocurrido esta noche. Su hermano estará de acuerdo en ayudar al lado tenebroso mientras ellos mantenían una fachada de neutralidad.
[***]
—Tom, tengo una idea —anunció Severus, entrando al despacho.
Tom lo miró.
—Dumbledore todavía no consigue un profesor de defensa. ¿Por qué no aplicas para el puesto?
—Preferiría no hacerlo —respondió Tom contemplativo, inclinándose en su silla—. Sin embargo, sí me voy a mudar a tus aposentos como acordamos. Quiero empezar a hacer cambios en el ministerio. Si trabajo en Hogwarts, el vejete lo usará para controlarme. Si estamos ahí, podremos vigilarlo, pasar tiempo con Steffan y mandarlo a la escuela en Hogsmeade hasta que reciba su carta.
—¿Lucius ha descubierto algo sobre los asientos?
—Sí. Ya que ninguno estaba siendo utilizado, hice que me los asignaran. Tomaré sus asientos y los nuestros.
Tom sonrió coqueto y puso a Severus sobre su regazo.
—Ahora, ya que nuestro hijo está en la mansión Malfoy, ¿por qué no disfrutamos este tiempo a solas?
—Creo que puedo estar de acuerdo con eso —dijo Severus, sonriendo—. Todavía le tengo que decir a Dumbledore sobre nosotros y Steffan.
—Tengo una idea de cómo hacerlo para que no descubra que Steffan es Harry. Espero que no te importe esperar hasta que comiencen las clases.
Severus lo miró con una expresión dudosa.
—Será sorpresa y creo que te encantará.
—Siempre me gustan tus ideas —confesó Severus, dándole una sonrisa amorosa—. Nadie aparte de nosotros sabe que Harry es sordo. Dumbledore debió haberlo revisado. Por cierto, descubrí que el vejete trató de hacer que le quitaran los cargos a los Dursley. El ministerio intervino y dejó de ceder. Fue todo lo que pudo lograr para que no fueran a Azkaban. En su lugar, cumplirán condena en una prisión muggle. Hice que Lucius difundiera lo que sucedió a diferentes personas en el mundo muggle. No creo que duren mucho en prisión. Su hijo está bajo el cuidado del gobierno. Se rehusaron a dárselo a su tía porque al parecer también era abusiva.
—Gracias por encargarte de todo eso. Estoy feliz de que lo hayamos sacado de ahí. Al parecer los muggles son más listos que Dumbledore cuando se trata sobre el abuso —dijo Tom, satisfecho—. Ahora, ¿por qué no te muestro cuán feliz estoy?
—Me gusta esa idea.
[***]
A finales de septiembre, Severus estaba sentado en la mesa de los profesores, fulminando con la mirada a los Potter, Black y Lupin, que ahora formaban parte del personal de Hogwarts. No estaba nada impresionado con las decisiones del director y lo dejaba muy en claro. La única razón por la que no renunciaba era porque no quería que Steffan asistiera a Hogwarts sin su presencia para protegerlo. Deseaba que Tom hubiera solicitado el puesto de Defensa Contra las Artes Oscuras, que ahora ocupaba Lupin, con Black cubriéndolo durante su problema mensual. Entendía por qué Tom no lo hizo, pero no le impedía estar muy descontento con las elecciones del viejo.
Pensó en las posiciones que Dumbledore le asignó a los Potter. Lily era la nueva profesora de Estudios Muggles, mientras que James se encargaba del entrenamiento de vuelo y supliría a cualquier maestro que no pudiera dar clases. Dumbledore había intentado que James fuera el asistente de Minerva, pero sabía que ella no confiaba en él. Minerva lo conocía muy bien. Le agradaba, pero no creía que James fuera lo suficientemente maduro y responsable para manejar a sus leones o los asuntos escolares. Severus coincidió con ella, y Dumbledore terminó perdiendo en esa cuestión. Personalmente, pensaba que era una forma de Dumbledore de ofrecerles más dinero sin tener que proporcionarlo él mismo.
Severus vio a la lechuza de Tom acercándose. Se preparó para esto y tomó la carta cuando Hades aterrizó enfrente de él. La abrió y la leyó con lentitud. Hizo todo un drama. Se aseguró de que su rostro mostrará las emociones correctas.
—Albus, estaré ausente unos días. Volveré lo más pronto posible —Severus se levantó sin esperar una respuesta y se fue dejando la carta atrás.
Al salir del Gran Comedor, lanzó un rápido hechizo que le permitiría ver y oír lo que sucedía en la mesa de los profesores. Vio a Minerva mirar la carta cuando Sirius la recogió. Como el imbécil que era, Sirius la leyó en voz alta.
Amor,
Tengo muy malas noticias. La niñera de Steffan murió anoche. Los sanadores dijeron que fue por causas naturales. Steffan está devastado. Le he dado una poción calmante junto con una poción de sueño sin sueños hasta que puedas llegar.
Con cariño,
T
—¿Alguien sabía que se había casado y que tenía un hijo? Me preguntó quién es su esposa.
Lily estaba sorprendida. Pensó que conocía a Severus. Sí, sabía que no habían hablado desde su quinto año, pero estaba segura de que él le hubiera contado las buenas noticias.
—No. Me pregunto qué sucedió —dijo James, curioso.
—Ahí dice que murió la niñera —espetó Black, frunciendo el ceño.
—No me refiero a eso. Me pregunto por qué el niño está molesto porque él no está ahí. No lo ve diez meses al año.
—No, te equivocas. Nunca lo cuestioné, pero Severus se va mucho durante la semana y los fines de semanas cuando no está de guardia —reflexionó Minerva—. Solo asumí que salía a buscar ingredientes para pociones.
Severus sonrió dichoso ante la situación. Estaba agradecido de haber desaparecido tantas veces para visitar a su esposo.
—Yo también pensé lo mismo —razonó Dumbledore—. Me pregunto qué deberíamos de hacer. Le ofreceré a Severus unos aposentos más grandes si los necesita. ¿Deberíamos de ayudarlo? Será un momento difícil para su esposa. Me pregunto si contratarán a una nueva niñera.
—Solo si quieres que Severus te mate —les informó Filius y suspiró ante sus miradas confundidas—. Si quisiera nuestra ayuda, nos hubiera dicho hace años que estaba casado y que tenía un hijo. Todos sabemos lo reservado que es Severus. Déjenlo en paz o se enfrentarán a su ira.
—Él tiene razón. No vayas a interferir, Albus —advirtió Minerva con fiereza.
Severus sonrió; de todo el personal, Filius y Minerva eran los que mejor lo conocían. Se dirigió a sus aposentos para volver a su hogar por la red flu.
[***]
—Tenías razón. Albus me va a ofrecer otros aposentos. Filius y Minerva trataron de evitar que interviniera, pero ambos sabemos que eso no va a pasar. Por cierto, ellos asumieron que eras mujer.
Severus pasó sus manos por el cabello de Steffan que chocó con sus piernas y envolvió sus brazos en ellas. Se agachó y lo cargó.
—No puedo esperar a ver su cara cuando descubra con quién te casaste y cuál es tu verdadero nombre.
Tom había cambiado permanentemente sus rasgos faciales. Aún tenía el cabello negro, pero ahora sus ojos eran color chocolate como los de Steffan. Su rostro era una combinación de su antigua cara, su nariz ahora era un poco más recta y no tan larga, sus labios eran más gruesos, y todavía era alto y esbelto.
Steffan era una gran combinación de ellos. Tenía el color y la textura del cabello de Severus, los pómulos altos, las cejas y los nuevos ojos, nariz y labios de Tom. Tenía la misma altura y era igual de delgado que antes, pero sus pequeños músculos iban creciendo cada día que jugaba y aprendía algunas habilidades de combate. Pero Steffan no sabía que eran habilidades de combate y control mágico básico. También era un ratón de biblioteca como ellos. Y descubrieron que tenía memoria eidética. Por eso Steffan recordaba con mucho detalle lo que sucedió la noche del ataque y lo que sus padres biológicos le habían hecho. También sabía que era culpa de Dumbledore que lo colocaran en la casa de sus parientes y lo odiaba. Ni siquiera podían mencionar al hombre sin que Steffan hiciera caras o muecas.
—¿Cuándo quieres mudarte a mis aposentos?
Severus caminó hacia su esposo y le dio un rápido beso en la mejilla. Desde que acogieron a Steffan, se habían vuelto más abiertos a brindarse muestras de afecto cuando solo estaban ellos tres en la mansión.
—Hoy es lunes, ¿qué tal el jueves?
Tom le dijo por señas a Steffan que se mudarán.
— Dumbledore me separará de ustedes.
Steffan enterró su cara en las túnicas de su papá hasta que sintió un gentil toque en su espada. Giró su cabeza para poder ver las manos y la boca de su padre.
— No, recuerda que eres nuestro. Él ni siquiera sabe que eres Harry Potter y nunca lo hará. Nunca podrá separarnos —le aseguró Tom con confianza.
— ¿Lo prometen? —preguntó Steffan, mirando a Severus con ojos acuosos.
— Sí —respondieron los dos.
Steffan asintió aliviado con la cabeza y la apoyó contra el hombro de su papá.
— Steffan, recuerda que cuando vayamos allá no puedes hacerle muecas a Dumbledore donde cualquiera pueda verte —le recordó Tom a su hijo y recibió un asentimiento—. Con palabras, por favor.
Steffan respondió con señas. No le gustaba, pero estuvo de acuerdo y se dio cuenta de que sus padres lo sabían cuando Tom lo atrajo para un abrazo.
— No tiene que gustarte, pero nos alegra que estés de acuerdo. No dejaremos que alguien te haga daño —dijo cariñoso Severus.
Tom estuvo de acuerdo con él.
[***]
El jueves llegó y Severus, Tom y Steffan se dirigían desde Hogsmeade a Hogwarts. Steffan estaba maravillado con el castillo y hacía señas rapidísimo para que vieran lo que él veía y contarles sobre ello. Severus y Tom solo le sonrieron y dejaron que disfrutara de la caminata. Sabían lo que sentía ya que ellos mismos lo experimentaron cuando vieron el castillo por primera vez. Estaban casi en la entrada cuando todas las personas del lado luminoso aparecieron junto a Filius.
—Ah, Severus, mi muchacho, qué bueno verte de nuevo —habló Dumbledore, sonriéndoles.
No sabía quiénes eran el hombre y el niño, pero supuso que el mayor debía ser su esposo. Había estado esperando a una mujer, pero podía arreglársela con ellos. El niño sin duda parecía una perfecta mezcla de ambos.
Severus trató de no estremecerse ante el “mi muchacho”; detestaba cuando Dumbledore hacía esto y el vejete lo sabía.
—Albus, ¿por qué todos están aquí?
—Para darle la bienvenida a tu familia.
Dumbledore les sonrió afable de nuevo y vio a Severus inhalar profundo y exhalar. Sabía que Severus detestaba cuando hacía esto, pero no iba a permitir que eso lo detuviera. Quería establecer desde un principio que este era su castillo y que Severus era su peón.
—Albus, te presento a mi esposo Tomas Steffan Peverell-Prince-Snape, también conocido como Lord Peverell. Él es nuestro hijo Steffan Tomas Severus Peverell-Prince-Snape, heredero de Peverell y Prince.
Severus observó sus expresiones mientras procesaban lo que había dicho. Casi se rio de su conmoción y sorpresa. Notó que Dumbledore se recuperó rápido, pero no lo suficiente como para ocultar su ira. James y Lily trataron de recuperarse, pero aún luchaban por controlar sus emociones mientras que Black no se contuvo y explotó.
—Te casaste con el que robó las bóvedas de los Potter.
Sirius trató de agarrar a Tom que enseguida se hizo a un lado y vio a Black caer de bruces.
—Disculpe, yo no robé nada. Soy descendiente del hijo mayor, lo que me hace el lord legal y legítimo —informó Tom, consternado—. ¡Cómo te atreves a acusarme de robo!
Black iba a decir algo, pero Lupin le tapó la boca con la mano y lo arrastró.
—Si es así como vamos a ser tratados, amor, creo que deberíamos volver a la mansión —sugirió Tom, indignado y añadiendo un ligero acento español a su voz junto con una pequeña alteración del tono.
El encantamiento estaba en el anillo en su mano que podía apagar y encender cuando quisiera.
Dumbledore logró recuperar su expresión afable. No quería que Lord Peverell se fuera, necesitaba clavarle las garras. Tenía demasiados asientos en el Wizengamot y las bóvedas de los Peverell y los fundadores. Se enteró de eso último cuando vio que las llaves no estaban y se le informó que Lord Peverell era el propietario legítimo de esas bóvedas.
No se había dado cuenta de los artículos que desaparecían gradualmente del castillo ya que había estado demasiado ocupado tratando de encubrir la muerte de Harry al público e intentando obtener el control del Wizengamot. Perdió el puesto de Jefe de Magos con la re-asignación de los asientos que perdieron. No estaba seguro de quiénes eran y ahora tiene la respuesta.
—No, no hay necesidad. Son bienvenidos aquí en Hogwarts. Estoy seguro de que Sirius aún sigue afligido por la muerte de su ahijado. Falleció durante el verano.
Steffan comenzó a hacer señas. Severus lo miró.
— Sí, aquí es donde vamos a vivir y en donde trabaja papá.
—¿Es sordo? —comentó James con rudeza—. No podemos tener a los de su clase aquí.
—No, solo hace señas porque le gusta. Por supuesto que es sordo, idiota —espetó Severus, sarcástico—. ¿Y a qué te refieres con “los de su clase”? —frunció el ceño.
Tom arqueó una ceja cuando Steffan hizo señas.
— ¿Qué más puedo hacer para preguntar algo? Escribir toma mucho tiempo. Papá, ¿a qué se refiere?
— Sí, así es, Steffan y él solo está siendo un idiota —dijo Tom en señas, manteniendo un ojo en Dumbledore que los observaba detenidamente.
Se sintió aliviado cuando el anciano miró a James con horror.
James quiso replicar, pero Lily lo pateó. La miró como si dijera “¿Qué?”. Dumbledore también lo miró con desaprobación.
—Estoy seguro de que James solo se equivocó con su elección de palabras. Los tres son bienvenidos aquí.
—Oh, estoy tan contento de ser bienvenido en mi trabajo y mis propios aposentos.
Severus rodó los ojos, ganándose una sonrisa de Steffan y una oculta de Tomas. Cargó a Steffan con suavidad y se dirigió hacia el interior.
—Vamos, cariño, déjame mostrarte dónde estaremos viviendo por el resto del año escolar.
[***]
—Sabes, no creo haber visto al vejete recuperarse tan rápido antes —comentó Tom en la noche cuando ya estaban acostados—. Debe estar planeando cómo controlarme y mantener a sus peones a raya. La cena fue interesante por la forma en la que Potter y Black seguían buscando formas de insultarnos, pero a la vez no ya que Dumbledore se enojaría con ellos.
—Aún no has visto nada. Apuesto a que intentarán sobornar a Steffan para llevarse bien con nosotros.
Severus rodó y se colocó encima de Tom.
—Pueden intentarlo, pero el niño ya ha visto a través de ellos.
—Tienes libre hasta el lunes, ¿no? —preguntó Tom, pasando su mano por la espalda de su esposo.
—Sí. El vejete pensó que necesitaríamos unos días para instalarnos. Creo que planea venir unas cuantas veces a nuestros aposentos como una forma para conocerte mejor. Me pregunto qué hará cuando Draco venga.
Tom soltó una carcajada al imaginárselo.
—Yo digo que disfrutemos los siguientes días y al mismo tiempo hagamos de su vida un infierno.
—Sabes que querrá hablar contigo sobre los asientos y tus señoríos para que te unas al lado “luminoso” —mencionó Severus, acurrucándose entre los brazos de Tom y soltando un bostezo.
—Lo sé, mi amor, lo sé. Ahora, ¿por qué no duermes? Nuestro hijo nos despertará al amanecer.
Tom recibió un ronquido como respuesta y apretó su agarre sobre Severus.
—El vejete no sabrá qué lo golpeó.
7 años después
Steffan entró corriendo al despacho de su padre, agitando su carta de Hogwarts con felicidad.
— ¿Ya llegó? —habló Tom, poniendo a su hijo en su regazo—. ¿Papá te está siguiendo?
— Sí —contestó Steffan, sonriéndole.
— Tendremos que esperar —indicó Tom, sonriéndole de vuelta.
— Steffan, ya te dije que no corrieras en la mansión —lo regañó Severus cuando entró, asegurándose de que su hijo pudiera ver su rostro y manos cuando habló.
Steffan pareció culpable por tres segundos y luego levantó su carta en respuesta.
— Entiendo que estés emocionado y que quieras mostrársela a tu padre, pero la próxima vez no corras.
Severus sabía que estaba siendo suave con su hijo. Tenía que admitir que se había vuelto un Hufflepuff con él.
Tom le sonrió divertido a Severus, sabiendo muy bien lo que estaba pensando.
— Ábrela.
Steffan miró el sobre y lo abrió con lentitud como si temiera que dijera que no había sido aceptado en Hogwarts. Aún no confiaba en Dumbledore.
Los tres leyeron la carta y la sonrisa de Steffan iba creciendo con cada palabra.
— ¿No se permiten serpientes? —preguntó confundido cuando leyó la parte de las mascotas.
Severus miró desconcertado la carta.
—Qué extraño. En la Historia de Hogwarts dice que las serpientes están permitidas. Me pregunto por qué lo cambiaron.
Tom lo miró y Severus soltó un suspiró.
— Dumbledore —le explicó a Steffan.
Steffan puso la misma cara que siempre hacía cada vez que escuchaba el nombre de Dumbledore cuando estaba en la mansión.
— Debe ser porque Potter y Black nos vieron jugando con las serpientes en la tienda de mascotas. No estaba hablando en pársel sino explicándole a Steffan sobre las diversas serpientes.
—Así que prohibió a las serpientes por su culpa —dijo Severus, exasperado—. Firma tu aceptación y haré que Hades la entregue.
Severus vio a Steffan firmando la carta.
— Iremos de compras en unos días —anunció Tom.
Steffan asintió. No estaba preocupado por eso. Ya tenía la mayoría de las cosas que venían en la lista. Solo necesitaría túnicas, algunos libros, tinta y pergamino. Comenzó a tachar unas cosas en su lista con diligencia. Cuando terminó se la dio a Severus.
— Al parecer no necesitas mucho. Vamos a comprar más de tres juegos de túnicas escolares, ingredientes para pociones y al menos tres calderos. Dudo que no destruyan el tuyo por accidente cuando los cabezas huecas exploten algo .
Severus agregó más útiles a la lista. A su hijo le encantaba hacer pociones con él.
Steffan se encogió de hombros. Le encantaba estar en el regazo de su padre.
— ¿Puedo tener un gatito?
— ¿Un gatito? ¿No quieres una lechuza?
Tom estaba un poco confundido. A Steffan nunca le habían interesado los gatos. Sabía que algunos de sus amigos tenían gatos y otros animales como mascota, pero Steffan nunca mostró interés en ellos.
— A Hades no le gustaría eso —dijo Steffan, resignado.
— Sí, es cierto. Pero en serio, ¿un gatito?
Tom en verdad no les veía ningún uso a los gatos.
— Es mejor que una rana, puaj —respondió Steffan con desagrado—. A menos que papá quiera usarla para pociones.
— No, no necesito ranas, pero ¿un gatito?
Severus no le tenía mucho aprecio a esas cosas por la señora Norris y Minerva que se transformaba en gato para espiar a veces a las personas. Se giró hacia Tom y articuló “la señora Norris”. Se dio cuenta de donde Steffan obtuvo la idea de un gato. Sabía que su hijo pasaba mucho tiempo con el viejo celador y su gata.
Steffan los miró y se dio cuenta de que no les gustaban los gatitos.
— Mejor no —se bajó del regazo de su padre y se fue a jugar.
—Sabes que vamos a conseguirle un gato.
Tom sabía que Steffan no estaba molesto. El niño era muy abierto con ellos acerca de sus emociones.
—Sí, lo sé. Detesto esas cosas.
—Concuerdo. Aunque nunca pide mucho. El último año solo pidió unos libros.
Tom se sentía muy orgulloso de su hijo. Steffan sabía que sus padres le darían todo lo que quisiera y nunca sintió la necesidad de adquirir nada más que libros. Los amaba al igual que sus padres.
—Sé que sabe que le daremos todo lo que pida. Es muy diferente a Draco. Ese niño no deja de pedir cosas. Está malcriado. En cambio, Steffan casi no pide nada y rara vez tiene una rabieta —le dijo Severus afectuoso—. Odio negarle algo cuando lo pide, pero ¿un gatito? Al menos con una serpiente podemos decir que es para ingredientes para pociones.
Tom asintió de acuerdo.
—¿Así que vamos a comprarle un gatito? —preguntó Severus con seriedad.
—Si lo pide de nuevo, sí —dijo Tom contemplativo.
—Sabes que no lo hará. ¿Qué tal si lo llevamos a la tienda de mascotas y dejamos que elija? Si es clasificado en Slytherin, podremos colar la serpiente en su dormitorio o mantenerla en nuestros aposentos. Nadie dijo nunca que no podamos tener una serpiente en nuestros aposentos.
A Severus le gustaba más esa idea que la de darle a su hijo un gatito.
—Creo que tienes razón. Entrará a Slytherin.
Severus se rio.
—Oh, sí lo hará. ¿Has visto la forma en la que consigue que sus amigos cumplan sus órdenes? Es astuto.
Mientras que Draco era el mocoso mimado del grupo, Steffan era el líder. Severus estaba orgulloso de los protectores que eran sus amigos.
—Solo no quiero presionarlo.
En la cena de esa noche le dijeron a Steffan lo que habían decidido. El niño casi saltó de emoción en su asiento al oír que le comprarían una serpiente en lugar de un gatito. En verdad amaba a las serpientes y sabía que sus padres también.
[***]
Dumbledore estaba sentado en su oficina con los Potter, la familia Weasley, Black y Lupin.
—Espero que sean de mucha ayuda para Steffan este año ya que es su primer año en Hogwarts y necesitamos a Lord Peverell de nuestro lado. Ron, intentarás ser su amigo. No me importa en qué casa sea clasificado.
—¿Y si va a Slytherin? —cuestionó Ron, horrorizado ante la idea.
Había visto al niño un par de veces y en verdad no quería ser el amigo del fenómeno. Había escuchado a James y Sirius hablar del fenómeno demasiadas veces cuando visitaba a Charlie.
—Entonces tú también irás ahí —respondió Dumbledore, comenzando a arrepentirse de tener al niño en la reunión.
Necesitaba que todos supieran lo que debían de hacer y no iba a dejarlo pasar.
—Albus, si el niño va a Slytherin entonces no hay esperanza para él —juzgó Molly, inconforme con la idea.
—Él no es como sus padres. Es un niño muy dulce.
Lily había caído por el niño tan pronto como lo vio acariciando a la señora Norris y enseñándole a Filch la lengua de señas. El niño era el único que hablaba con el celador. Filch amaba al niño y siempre permitía que lo siguiera. Lily había visto a Steffan tomar el té con él en varias ocasiones.
—¿Qué sabes que nosotros no sepamos? —interrogó Dumbledore, girándose hacia Lily.
Lily les contó sobre la señora Norris y Filch. Todos se sorprendieron ya que tanto Filch como su gata odiaban a todos.
—Ya veo —dijo Dumbledore luego de que el silencio reinó por unos minutos.
—¿Así que no le importan los squib y los nacidos de muggles? —dijo Molly con confusión, pensando que el niño los odiaba dado quienes eran sus padres.
Todos sabían que el lado tenebroso no quería a los squib o nacidos de muggles.
—No, él es amable con todos siempre cuando ellos lo sean con él. Si lo tratas mal, no se te volverá a acercar —incluyó Lily.
Lo que Lily no sabía es que el niño sabía las intenciones de las personas y por eso evitaba a su grupo. Sabía que sólo lo veían como un medio para llegar a sus padres.
—Ni siquiera nos habla —espetó Lupin contrariado.
—¿Y por qué debería hacerlo? Ninguno de nosotros ha aprendido cómo hablar con él. Esperamos que él haga todo, pero hacemos poco para animarle a hablar con nosotros —señaló Lily, sintiéndose culpable porque sabía que ella también lo había hecho—- Tuvimos siete años para aprender la lengua de señas, ¿y cuántos de nosotros lo ha hecho? Sé que Minerva y Filius lo saben, ¿pero el resto? He visto al niño hablar con la mayoría de los estudiantes durante años. No le importa en qué casa estén.
—Bueno, tendremos que aprenderla y rápido. Eso te incluye a ti, Ron. Quiero que te conviertas en su mejor amigo y lo alejes de las malas influencias.
Dumbledore sabía que Severus era amigo de los Malfoy y que su esposo —basándose en su registro de votaciones— tenía suficientes tendencias oscuras como para preocuparse. Aún tenía que lograr que Lord Peverell estuviera de acuerdo con él.
—No quiero ser amigo de alguien malvado —respondió Ron con altivez.
—Harás lo que te diga, Ronald. Te vas a asegurar de hacerte su amigo y tú también Charlie. Quiero que los tres sean amigos.
—Oh, no. Mi pobre Charlie no será amigo de una serpiente. No me importa si el fenómeno es sordo. Mi hijo no se hará amigo de ningún Slytherin —dijo James disgustado.
—Estoy harta de esa actitud, James. Él no es un fenómeno.
Lily volvió a patear a su esposo. En serio se estaba cansado de su actitud. Si el matrimonio no fuera para siempre en este mundo hace mucho tiempo que lo habría dejado. Él era impetuoso, grosero y aún no había madurado.
—Es un fenómeno. ¿Qué clase de mago es sordo? —agregó Black con desagrado, ganándose un golpe en la cabeza de Lupin.
—No puedo creerlo. ¿Siguen con eso después de casi siete años? Es un milagro que con sus actitudes y sus mentalidades obsoletas la gente no haya dejado el lado luminoso. No puedo creer que me haya casado contigo —le Lily dijo a James y se giró hacia Black—. Esperaba más de ti. ¿No es esto lo que te hicieron tus padres? ¿Ridiculizarte por ser diferente a ellos? ¿No fue por eso por lo que te fuiste de casa? —se levantó disgustada y se fue.
—Estoy de acuerdo con ella —declaró Arthur decepcionado—. Deberían estar avergonzados de ustedes. No puedo decir cuán decepcionado estoy de ti, Ronald. Te crié mejor.
Todos los niños Weasley expresaron sus opiniones y Molly les gritó con ira.
La pelea entre todos estaba empezando a molestar a Dumbledore. No era necesario. Solo quería asegurarse de que Steffan se uniera al lado de la luz y, con suerte, pudiera influenciar a sus padres. No necesitaba las quejas de James y Sirius, ni quería escuchar a los Weasley gritándose entre ellos. Empezó a preguntarse cuándo perdió el control de su propia escuela. También esperaba que si Steffan se volvía cercano a Charlie, ambos pudieran unirse y así Charlie tendría acceso a la magia de Steffan. Si podía lograr que Severus y Thomas aceptaran, tendría que ser muy cuidadoso al redactar el contrato. Dumbledore miró a James y Sirius. Sabía que tendría que cambiar sus actitudes si quería que eso sucediera.
Con Lord Peverell tomando control de sus asientos, Dumbledore ya no estaba a cargo de la Confederación Internacional de Magos ni del Wizengamot. Esto permitió que Lucius Malfoy se convirtiera en el líder durante los últimos siete años, rechazando la mayoría de los proyectos de ley propuestos por Dumbledore, incluyendo la anulación del Registro de los Hombres Lobo. Dumbledore miró a Lupin y se sintió satisfecho de haber asegurado la lealtad de su "mascota" al educarlo en Hogwarts, pudiendo mantener en secreto el incidente en el que casi mató a Severus, y por su trabajo.
Necesitaba controlar a James y Sirius, quienes habían estado fuera de control durante los últimos siete años. No eran los mejores profesores y trataban a los Gryffindor como si no pudieran hacer nada malo. Dumbledore sabía que Severus tenía que compensar todos los puntos perdidos de Slytherin por eso. La rivalidad entre las casas había empeorado debido a James y Sirius. No sabía qué podía hacer para cambiar sus actitudes, pero debía encontrar una solución antes de que todo estallara.
Sabía que los problemas que enfrentaba no eran tanto por la muerte de Harry sino por las consecuencias que esta acarreaba. Nadie —excepto él, cada vez que miraba a Charlie y percibía su falta de poder— parecía recordarlo. Esto no impedía que James y Lily aprovecharan al máximo el dinero que obtenían del título de "El Niño que Sobrevivió", a pesar de saber que era una mentira. Ellos sabían que Harry había sido el elegido.
Cuando Dumbledore pensaba en Charlie, todo lo que veía era a un mago codicioso, mimado y mediocre. Steffan se ajustaba más a lo que debía ser un héroe. Era poderoso, no engreído ni mimado, y había hecho amigos en todas las casas.
—Suficiente —habló fuerte y firme, deteniendo las discusiones—. Ron, te harás amigo de Steffan. Todos aprenderán la lengua de señas. Somos sus maestros y debemos darle una educación adecuada. Si los comerciantes locales de Hogsmeade pueden aprenderla, nosotros también podemos. He visto que incluso ellos la conocen. Ninguno de ustedes será duro con ese niño. Si él rompe las reglas, lo cual dudo que haga ya que no lo he visto hacerlo en los últimos siete años, espero que sean justos. Si descubro que no lo fueron, no les gustará. Ron y Charlie seguirán su ejemplo. Steffan es amigo de todas las casas. James, no quiero ver ni a Ron ni a Charlie molestando a los estudiantes. También terminarás con tu tormento a la casa de Slytherin —vio las miradas entre James y Sirius—. Si no cambian sus actitudes, yo lo haré y créanme que no les gustará. No molestarán a Steffan solo porque es hijo de Severus.
—¿Qué va a impedir que Quejicus lo haga con Charlie? —replicó James con altanería.
—Dejarán de llamar a Severus así. En caso de que no lo hayan notado, Severus es estricto con todas las casas excepto Slytherin porque hemos sido muy injustos con ellos. Eso termina ahora. Hablaré con Severus, pero no espero que cambie su modo de enseñanza. Es el único maestro de pociones al que no se le han muerto estudiantes. Al principio, no me gustaba su forma de enseñar, pero luego me di cuenta de que tenía razón: el miedo evita que los estudiantes lancen ingredientes a los calderos de sus compañeros y los mantiene con vida. Así que lo dejarán en paz.
Dumbledore no podía creer que estaba defendiendo a Severus y sus acciones. Necesitaba que Severus se quedara, y Steffan también, ya que sentía que el niño podía ayudar a Charlie a derrotar a Tom. Creyó que sería Harry quien lo haría, pero tal vez se equivocó. Charlie era el único niño que quedaba. Por un momento pensó en Neville Longbottom, pero lo descartó, ya que él había nacido un día antes.
—Eso no es justo —gritó Black molesto.
—No me importa si no es justo para ustedes. Hemos sido injustos por más tiempo del que me gustaría con la casa de Slytherin. No permitiré que desquiten sus viejos rencores en un niño —declaró Dumbledore, sin dejar lugar a más discusiones—. Ahora, mañana tendremos nuestra primera clase de lengua de señas. Váyanse y cambien sus actitudes.
Tom y Severus sonrieron cuando todos salieron de la oficina y eliminaron el encantamiento en el retrato del director Black que los mantenía informados de lo que sucedía en la oficina de Dumbledore.
—No esperaba eso —declaró el director Black, desconcertado.
—Ni yo —dijo Severus atónito.
—Tengo una idea —anunció Tom, mirándolos.
Realmente le gustaba esa idea.
—¿Cuál es tu idea?
Severus en verdad amaba a su esposo y sus ideas.
—Steffan debe saber lo de Ron y Charlie, y deberá evitarlos. Estoy pensando en que podemos usar las reglas contra Black y Potter —explicó Tom, sonriendo astuto—. No pueden ser vistos como injustos. ¿Qué tal si nos aseguramos de que sí lo sean? No van a tratar de aprender la lengua de señas. Sé que serán malos con Steffan, pero no son Slytherin como nosotros. Voy a asegurarme de que sean despedidos antes de que finalice el año.
—No quiero que Steffan sea lastimado —dijo Severus afligido.
—Será mejor que no lo lastimen. Si lo hacen, los asesinaré —manifestó Tom, controlando su ira.
Sabía que eran protectores con Steffan y con razón.
—Amor, estaba pensando en usar a los hijos de nuestros seguidores para hacerles la vida un infierno y que les informen a sus padres lo que ellos hagan. Nada molestará más al Consejo Escolar que demasiadas quejas de los padres sobre los profesores.
—Se han quejado de mí —le recordó Severus las cartas anuales de los padres de los alumnos de primer año quejándose de él— y no ha funcionado.
—Porque tu estilo de enseñanza, como dijo Dumbledore, mantiene a los estudiantes con vida. Nadie se ha unido e ido tras uno por prejuicios e injusticia o incluso acoso escolar. Ya sabemos que son bravucones y que Lupin no hace nada para detenerlos.
—¿Cómo protegeremos a Steffan?
—Con encantamientos, joyas y lo sacaremos de sus clases cuando ellos estén enseñando —dijo con seriedad el director Black—. Está estipulado en las reglas que si un estudiante es objeto de un trato injusto entonces los padres pueden retirarlo de la clase donde eso suceda y hacer que otra persona le enseñe. Ya que Potter enseñará Vuelo, no se preocupen por eso. Steffan es sordo, así que no podrá tomar la clase con los demás. Pueden enseñarle personalmente ya que necesitará que alguien vuele junto a él. En cuanto a Defensa, Black sólo enseñará tres días al mes. Si esos días caen cuando Steffan tenga clase entonces pueden buscar una excusa para sacarlo hasta que podamos probar que él es injusto. Durante esas horas, ustedes pueden enseñarle —pausó—. No puedo creer que esté emparentado conmigo —suspiró con decepción.
—Eso es lo que estaba pensando —comentó Tom, sonriendo con ironía—. Que nuestros seguidores de todas las casas escriban las cartas quejándose para que así no piensen que es sólo Slytherin quejándose sobre la injusticia.
Severus besó a su esposo en la mejilla.
—Estoy de acuerdo con eso. Steffan es lo primero.
—Siempre —respondió Tom con cariño.
—De esta manera también mancharemos el nombre de Dumbledore —declaró el director Black—. Él no ha hecho nada más que arruinar esta escuela. Creo que debemos agregar más clases de nuevo para mantenerlo ocupado mientras esto sucede. No leerá ninguna misiva durante los cambios a menos que sea del Wizengamot o del Consejo Escolar.
—Ya tengo algunas clases que quiero agregar. Haré que Lucius y los otros presenten las ideas —dijo Tom, revelando algunos de sus planes.
—Bien, ahora tengo que irme —avisó el director Black—. Quiero mantener al vejete despierto un rato para molestarlo —desapareció.
—Sabes, deberíamos sacarlo de Hogwarts y terminar con esto de una vez —dijo Severus, sonriéndole a su esposo.
—Dumbledore aún tiene mucho poder. Los duendes están investigando su historial de abuso a los niños y de poder en los últimos cincuenta años. Nos desharemos de él usando sus crímenes cuando comience a hablar sobre la guerra.
—Desearía ya poder terminar con esto. No quiero que Steffan vaya al colegio con él como director. Ya es bastante malo vivir ahí, no quiero ni imaginar cuando Steffan esté estudiando —expresó Severus, haciendo un puchero.
Odiaba ser tan abierto con sus emociones o dejar que estas se reflejaran en su cara, pero ¿con quién podría hacerlo si no era con su esposo?
Tom lo sentó en su regazo, rodeándolo con sus brazos y abrazándolo por unos minutos.
—Lo sé, mi amor, yo también lo deseo. Ya probamos con otras cosas y él pudo bloquearlas. Primero nos desharemos de Potter y Black, y después de Lupin y Lily para poner a nuestra gente en sus puestos. Ya tenemos a algunos en los nuevos roles de enseñanza. Luego debemos trabajar en exponer al director. Si nos deshacemos de él mientras sus peones aún operan en la escuela, todo será en vano porque Minerva tomará su lugar y ella escucha al vejestorio.
—Quiero que paguen por lo que le hicieron a Steffan —confesó Severus, enterrando su rostro en el cuello de Tom—. Me refiero a destruirlos hasta que no les quede nada, ni siquiera sus nombres.
—Por supuesto, mi amor, eso es lo que pienso hacer —dijo Tom, besando a Severus en la cabeza—. Será muy fácil. Una vez que Potter y Black sean despedidos, voy a permitir que los duendes revelen que los Potter abandonaron a Harry Potter y permitieron que sea abusado, lo cual provocó la muerte de su legítimo heredero.
Severus alzó la mirada.
—Debemos proteger a Steffan.
—Ya hablé con Steffan y fue su idea publicar sobre el abuso. Yo no lo iba a hacer, pero él me lo pidió. También quiere que paguen por todo lo que le hicieron. Él sabe que está a salvo con nosotros. Los duendes sólo revelarán sobre la muerte de Harry Potter y no mencionarán a Steffan.
—¿Fue su idea? —preguntó Severus sorprendido—. Se lo dijiste a él antes que a mí.
—La verdad es que no. Él lo descubrió hace unos días y vino a mí. Me leyó los labios cuando estaba hablando con Lucius y le pedí los documentos sobre su abuso.
Severus asintió, entendiendo; habían atrapado a Steffan un par de veces leyéndoles los labios y así fue como se enteró sobre sus regalos de Yule y de cumpleaños.
—No debimos haberle enseñado a leer los labios.
Tom se rio ante la entretenida situación.
—Es muy listo y nos ha proporcionado mucha información porque los miembros de la Orden creen que no los entiende cuando hablan cerca de él.
Severus sonrió al recordarlo. Su hijo era un hábil espía que evitaba ser atrapado por Dumbledore, ya que el anciano sabía que era casi imposible que supiera lo que planeaba algunas veces; recordó la última ocasión en que les había funcionado.
—Todavía me muero de risa cuando me acuerdo de la cara de sorpresa que puso Albus cuando diste a conocer tu forma de vencer su plan de deshacerse de algunas clases de nuevo.
Dumbledore había estado hablando con Potter afuera, sin darse cuenta de que Steffan los observaba. Le dijo que iba a presentar sus “investigaciones” al Wizengamot para prohibir ciertas clases de nuevo, argumentando cuán perjudiciales eran. Tom fue informado a tiempo y pudo contrarrestarlo, proporcionando datos más sólidos que Dumbledore quería ignorar.
—Me preocupa que sea mucha presión para él —afirmó Severus.
—Nunca le pedimos que espiara para nosotros, mi amor. Él solo consigue la información porque está en el lugar correcto en el momento correcto. Sabes que no va a buscarlos ni se escabulle para espiarlos.
—Lo sé, pero solo tiene once —señaló Severus aún preocupado—. Sé que estoy sonando como un Hufflepuff, pero él es nuestro bebé.
—Sí, él es nuestro bebé y está creciendo —dijo Tom, resistiendo el impulso de reírse de Severus—. Él sabe que no esperábamos que espíe o vigile a los miembros de la Orden por nosotros. En fin, debemos de advertirle sobre el niño Weasley y el mocoso Potter.
—Sí. No dejará que lo atrapen. Ni siquiera le agradan los Potter.
—Tienes razón. Aunque Lily por fin lo está defendiendo —afirmó Tom, considerando esa variable—. No me gusta que vayan a ser sus profesores, pero Lily es la menos desagradable y no le dará clases hasta su tercer año si es que Steffan elige su clase.
—Cierto. Voy a amenazar a Lupin para que no se le ocurra hacerle algo a nuestro hijo —añadió Severus inflexible—. No quiero que Steffan se acerque al lobo, pero sé que no podemos evitarlo hasta que lo saquemos del colegio.
Tom pareció perdido en sus pensamientos por unos segundos.
—Si no hiere mucho a los hombres lobos, desearía usar tu sufrimiento para desacreditarlo.
—O podríamos hacer que Fenrir se encargue de él.
—Sí y lo haremos después de que nos deshagamos de Potter y Black. Un alfa puede reclamar a los miembros de su manada que él mismo creó.
—Me alegra haberlo resuelto. Vamos a la cama.
Severus iba a bajarse del regazo de Tom, pero él lo cargó y lo llevó a la cama.
Chapter 2: ¿Qué está tramando Dumbledore ahora?
Summary:
Dumbledore intenta salvar lo poco que le queda.
Chapter Text
A la mañana siguiente Tom y Severus le informaron a Steffan lo que sucedía y él les sonrió.
— Ni siquiera me agradan, son unos bravucones. Ron golpea a cualquiera que crea que es diferente y Charlie solo los amenaza si no hacen lo que él diga.
Severus no estaba sorprendido por eso sino preocupado.
— ¿Te han hecho algo?
— No me pueden atrapar. Solo giro mi cabeza para no ver lo que los idiotas dicen. Sin embargo, Draco y Pansy los confrontan, y a veces Daphne se involucra. Blaise y Theo los ignoran —respondió Steffan, encogiéndose de hombros—. ¿Puedes comprarme un helado cuando salgamos, papá?
— Sí.
Severus miró a Tom para ver cuál era su opinión; todos los niños que su hijo mencionó iban a estar en Slytherin y no estaba sorprendido por lo que acababa de aprender.
Tom tocó a Steffan en el hombro para llamar su atención.
— ¿Han intentado lastimarte, Steffan?
— Suelen llamarme fenómeno y se burlan de mí por tener dos papás.
Tom estaba listo para matar a alguien.
— ¿Por qué no nos dijiste?
Severus puso a su hijo en su regazo; Steffan se movió por unos segundos y se puso cómodo.
— No es gran cosa. Son unos idiotas. ¿Por qué debería preocuparme por lo que me digan?
A Steffan en verdad no le interesaba lo que esos niños le decían.
— A partir de ahora quiero que nos digas cada vez que lo hagan, Steffan.
Tom hizo una pausa.
— ¿Podrías darnos tus memorias?
Steffan se encogió de hombros y asintió con la cabeza, inclinándose hacia Severus; no le importaba que sus padres tomaran sus recuerdos y los usaran contra Black y los Potter. Tom sacó su varita.
— Piensa en todo lo que te han hecho, Steffan.
Tom sacó sus memorias y las puso en unos frascos como evidencia.
— ¿El señor Potter y el señor Black también te han hecho algo?
— También se burlan de mí, me llaman fenómeno y suelen empujarme cuando pasan cerca de mí.
Steffan sintió que Severus se tensaba.
— Puedo manejarlo, papá.
Severus besó a su hijo en la cabeza.
— Y no deberías de tener que hacerlo. Dale a tu padre esos recuerdos también, por favor.
Después de que terminaran, Severus no quería soltar a su hijo.
—Debes soltarlo, Severus.
—No quiero.
Severus se sentía como un fracasado; no había protegido a su hijo.
—No le hemos fallado a nuestro hijo, Sev. Él está bien y se puede encargar de todo por sí mismo sin lastimarse. Ha demostrado que sabe con quién acudir si las cosas se salen de control.
Tom sacó con suavidad a Steffan de su regazo.
Steffan los miró, examinándolos.
— Me has enseñado bien, papá —se inclinó y le dio un beso en la mejilla a Severus.
Mientras Tom se enderezaba, Steffan también le dio un beso en la mejilla.
— ¿Puedo ir a jugar ahora? Quiero ver si puedo vencer a Draco en el ajedrez. Theo y Blaise jugarán contra el ganador.
— ¿A qué hora van a llegar? —preguntó Severus, más tranquilo.
— En unos diez minutos. El tío Lucius y la tía Cissa dijeron que Draco podía quedarse hasta la hora de la cena. Les conté que íbamos a cenar afuera esta noche.
— Puedes ir .
Tom bajó a Steffan después de otro abrazo y ambos lo vieron irse.
—Le encanta abrazar —afirmó Severus con seguridad, sintiendo tanto amor y cariño por su hijo.
—Y nos acaba de dar más evidencia para echar a esos idiotas.
Severus miró los frascos; era un pequeño comienzo. Si otros estudiantes hacían lo mismo, pronto se desharían de Potter y Black.
—No puedo creer que ya vaya a estudiar en Hogwarts.
—Estás sonando como un Hufflepuff, mi amor.
—Como si tú no fueras así cuando se trata de él —replicó Severus, dándole una sonrisa burlona.
Tom se inclinó y lo besó en los labios antes de que Severus pudiera decir otra cosa.
—Claro que lo soy, mi amor, él es nuestro hijo —levantó a Severus y lo cargó—. Vamos a ver qué está haciendo nuestro mocoso.
[***]
Pronto se les dijo a todos los hijos de los mortífagos que vigilaran y escribieran cada vez que el profesor Potter, Black y Lupin eran prejuiciosos o intimidaban a cualquier estudiante, en especial Steffan Prince-Peverell-Snape. Los mortífagos y sus hijos amaban a Steffan y para ellos valía la pena protegerlo.
Steffan demostró a sus seis años que él los protegería cuando Charlie Potter intentó intimidar a Draco en el callejón, se paró enfrente de él y le dio una cachetada a Charlie Potter, y este respondió golpeándolo; esto les ganó a los Potter un muy mal titular en los periódicos y les costó mucho dinero recuperarse de eso. Entre lo que Draco y Steffan le dijeron a la prensa y lo que vio la gente, Charlie recibió muchas miradas de disgusto de las personas. Después de eso, Steffan había hecho quedar mal a Charlie cada vez que se encontraban. A los hijos de los mortífagos les encantó; tenían su propio defensor de su edad y respetaban su poder.
[***]
— ¿Estás seguro de que quieres subirte al tren? —inquirió Tom, vacilante.
— Sí, padre, por favor, será divertido. Sé que papá y tú estarán aquí. Quiero viajar en el tren con mis amigos —les contó Steffan, deseoso—. Ustedes siempre me contaron historias sobre el tren, por lo que quiero experimentarlo por mí mismo.
— Está bien. Tu papá y yo te dejaremos juntos en el andén.
Steffan sonrió, contento de que accedieran a su petición.
— Como si yo quisiera que fuera de otra manera —se fue corriendo para unirse a sus amigos en el gran comedor.
Severus y Tom acordaron dejar que algunos de los amigos de Steffan lo visitaran antes de que acabara el verano y, para gran molestia de Dumbledore porque Weasley y Potter no habían sido invitados, se encontraban comiendo en el Gran Comedor.
—¿Esperabas que renegara porque lo fuéramos a dejar? —preguntó Severus, sonriendo divertido ante la situación.
—Sí, eso creía. Digo, tiene once años. No debería querer pasar tanto tiempo con sus padres.
Severus abrazó a su esposo, enternecido ante su reacción.
—Steffan siempre querrá pasar tiempo con nosotros. Me temo que nunca podremos separarnos de él —sonrió levemente.
Tom sonrió ante el pensamiento y Severus lo llevó al Gran Comedor para una última comida antes de que Steffan comenzara a estudiar oficialmente en Hogwarts mañana.
Ellos vieron a Dumbledore observando fijamente a Steffan y se preguntaron que intentaría el vejete. Severus le mencionó a Tom sobre la piedra y ellos pensaron que era una prueba para Charlie que arrastraría a Ron y Steffan a la aventura. Dumbledore se iba a sorprender cuando se dé cuenta que Steffan no iba a hacerse amigo de esos, acorde con él y Severus pensó que tenía razón, pomposos idiotas.
[***]
Draco, Blaise, Theo, Pansy, Millicent y Steffan estaban sentados en un compartimento, jugando Snap Explosivo cuando la puerta fue abierta de golpe.
Todos levantaron la mirada y vieron a Ron y Charlie en la entrada.
—Debes de venir conmigo, Steffan. No deberías juntarte con esta clase de personas —le informó Charlie a Steffan con tono soberbio.
Steffan esperó hasta que Draco terminó de interpretarle con señas lo que le dijeron, a pesar de que leyó sus labios, para mirarlos y luego a Draco.
— ¿Por qué debo de ir con ustedes? Ellos son mis amigos y estamos cómodos aquí.
Draco pareció presumido; sabía que Ron y Charlie no sabían la lengua de señas.
—¿Por qué no vuelves a tu vagón con Potter y tratas de aprender modales, comadreja? Debes de tocar la puerta antes de entrar y no puedes exigirle a las personas que dejen a sus amigos para que vaya con gente que apenas conoce.
—No sabes nada, Malfoy. El director quiere que Steffan esté con nosotros y que deje de juntarse con los de tu clase. Así que vendrá con nosotros para que aprenda a ser una buena persona y a que nos ayude con nuestro proyecto este año.
Charlie literalmente le acababa de contar a todos sus planes; de todos modos, se había estado jactando durante un tiempo ante todos que iba a ayudar al director. Agarró el brazo de Steffan con fuerza y comenzó a jalarlo.
Blaise tuvo suficiente y salió del compartimento para ir por un prefecto. Por suerte, el prefecto se encontraba en el siguiente compartimento y llegó para ver a Charlie tirando de Steffan que se rehusaba a ir con ellos e intentaba decirle con señas que se fueran, pero le era difícil; Draco se aferraba a Steffan mientras que Pansy trataba de hacer que Charlie lo soltara y Theo y Millie intentaban también alejar a Ron de Steffan.
—Suficiente —indicó el prefecto con firmeza.
Todos se soltaron y lo miraron.
—Siéntense y díganme qué sucede.
Por supuesto que Ron y Charlie trataron de echarle la culpa a Steffan por no ir voluntariamente con ellos. El prefecto sabía que mentían dado que había visto y oído casi todo ya que se encontraba en el siguiente compartimento.
—Verán al profesor Peverell-Prince-Snape y le explicarán cómo lastimaron a su hijo, señores Potter y Weasley. Quince puntos menos de cada uno por intimidación, quince puntos menos por mentir y quince puntos menos por tentativa de secuestro de cualquier casa en la que sean clasificados cuando lleguemos.
—Eso no es justo —espetó Charlie, soltando un resoplido de molestia.
—Es cierto. Quince puntos menos por faltarle el respeto a tus compañeros y cumplirás un mes de detención con Filch. ¿Tiene algo más que decir?
Charlie negó con la cabeza.
—Sugiero que vuelvan a sus asientos antes de que encuentre más razones para quitarles puntos.
Después de que Weasley y Potter se fueron, el prefecto cerró la puerta.
— ¿Estás herido?
— No es nada que mi papá no pueda curar cuando lleguemos a Hogwarts. Estoy más preocupado por lo que mi padre les hará —respondió Steffan, cansado por el forcejeo anterior.
El prefecto y sus amigos estuvieron de acuerdo con él; sabían quién era en realidad Tomas y que detestaba que su hijo fuera lastimado.
[***]
Para el momento en el que Steffan entró al Gran Comedor, todos estaban hablando sobre lo que sucedió en el tren. Steffan miró a su papá y le dijo rápido en señas que estaba bien y que lo visitará después de la cena. Severus asintió; esperaba evitar que Tom matara a las dos cabezas huecas.
Severus miró furioso a los profesores Potter y Black que estaban sentados muy abajo en sus asientos. Dumbledore les estaba dando una mirada muy desaprobadora y nadie estaba contento de que alguna de las cuatro casas comenzara el ciclo escolar con puntos negativos por culpa de Ron Weasley y Charlie Potter; los dos ya se habían ganado una reputación antes de ingresar al colegio como estudiantes.
La clasificación fue como todos pensaron que sería; Weasley y Potter fueron a Gryffindor que al instante perdió sesenta puntos, haciendo que todos los miraran y gimieran. Después de la fiesta, Dumbledore les informó a los profesores Potter, Black y Severus que los quería ver en su oficina. Potter y Black intercambiaron miradas. Severus se desvió un poco del camino para darle una poción para el dolor y pomada para los moretones a Steffan.
Severus se reclinó en la pared al lado del retrato del antiguo director Black en la oficina del director y observó a Potter y Black moverse inquietos en sus asientos mientras que Dumbledore entraba. Nadie dijo nada por un rato.
—¿Entendieron lo que Steffan le dijo a su padre cuando entró al Gran Comedor y después de la clasificación, profesores Potter y Black?
Potter y Black intercambiaron una rápida mirada.
—No, ni siquiera le prestamos atención.
—Eso es extraño porque los vi a los dos mirar al niño que hablaba con su padre. Vi a Steffan decirte que estaba bien y que iría a verte más tarde a tus aposentos, Severus.
—Sí, es cierto. Charlie Potter lo agarró y trató de sacarlo a la fuerza del compartimento, provocándole unos moretones. Le di una pomada para los moretones y una poción leve para el dolor.
—Debido a su hijo y al señor Weasley Gryffindor comenzó el año con sesenta puntos menos, profesor Potter. Les dije a ambos que aprendieran la lengua de señas, que se aseguraran de que Charlie fuera más amable con Steffan y que no intimidara a nadie. En su lugar, su hijo se metió en problemas antes de llegar al colegio, profesor Potter. Serán otros treinta puntos de Gryffindor cada uno por desobedecer una orden del director sobre la intimidación y otros treinta cada uno por lastimar a un compañero.
Dumbledore detestaba quitarle puntos a su antigua casa, pero no podía dejar que Lord Peverell lo acusara de permitir la intimidación en el colegio.
—Ambos le explicarán a Gryffindor porque perdieron tantos puntos, sin culpar a Steffan o a alguien más. Los únicos responsables son los señores Potter y Weasley. Sus castigos, profesores Potter y Black, es que yo los someteré a exámenes aleatorios para probar sus habilidades con la lengua de señas y donarán parte de su tiempo para enseñárselas a los estudiantes. Creo que Charlie y Ron están esperando afuera para que hable con ellos. ¿Tienes algo que decir, Severus?
—Sí, solo una cosa. Si lastiman a mi hijo de cualquier forma, me aseguraré de que eso sea lo último que hagan. No estoy amenazando a su engendro, les estoy prometiendo que ustedes personalmente van a pagar. Él no tiene la culpa de lo que sucedió entre nosotros. ¿Entendieron?
—Muy bien dicho, Severus. El pasado debe de quedarse así y ustedes dos no harán nada al respecto.
Severus se sintió extraño por tener a Dumbledore apoyándolo; sabía que era porque quería que Lord Peverell estuviera de su lado y se preguntó si era porque estaba desesperado. Dumbledore no era tan sutil como solía serlo.
—Pueden irse y díganles a Ron y Charlie que pasen.
—Quiero estar aquí con mi hijo —dijo James, irritado debido al regaño.
—Está bien.
—Y Sirius me acompañará —agregó James con rapidez.
—No, él no es un pariente de tu hijo.
Sirius salió de la oficina a regañadientes y dejó pasar a Charlie y Ron.
—No quisimos lastimarlo, pero se negaba a irse del vagón de los Slytherin —soltó petulante Ron.
Charlie asintió con la cabeza.
—No pueden llevarse a las personas en contra de su voluntad. A eso se le llama secuestro. Entraron a ese compartimento sin ser invitados y ni siquiera tocaron la puerta. Le exigieron al niño que fuera con ustedes, lo agarraron y trataron de sacarlo a la fuerza de ahí, usándome como excusa para salirse con la suya.
Ron no vio a Severus en la esquina.
—Nos dijiste que teníamos que alejarlo de los Slytherin.
Dumbledore quiso hundirse en el suelo cuando abrió la boca.
—¿Disculpa? ¿Qué acabas de decir? —interrogó Severus con el peligro goteando de su voz.
—Que teníamos que alejarlo de los malvados y babosos Slytherin para evitar que se volviera uno —señaló Ron, muy seguro y engreído.
Dumbledore quiso gemir de frustración ante la situación.
—Steffan ni siquiera era un Slytherin cuando eso sucedió, señor Weasley. Además de los sesenta puntos que perdieron en el tren, les quité otros ciento veinte por desobedecer una orden directa sobre la intimidación. Sé que también les dije que aprendieran la lengua de señas. ¿Por qué estás tan callado, Charlie?
—Por nada, señor. Nosotros agarramos a Steffan y fuimos duros con él porque papá dice que es la única manera de que un fenómeno nos escuchara. Debemos obligarlo a moverse y a hacer esas cosas, ya que no puede exactamente oír lo que queremos. Cuando hablamos sobre alejar a Steffan de los Slytherin, papá comentó que debíamos de obligar al fenómeno porque eso es lo único que conoce.
Dumbledore miró a James con inconformidad.
—Eso es todo, los tres están suspendidos. Tienes un mes libre para que aprendas la lengua de señas, cambies tu actitud, le enseñes a tu hijo modales, lo que le sucede a los bravucones y lo que pasará la próxima vez que me entere, James. Solo estás suspendido esta semana, Charlie, ya que sé que estás siguiendo el ejemplo de tu padre cuando deberías ser como tu madre. Tú también estarás suspendido esta semana, Ron, y te irás a casa para que tus padres te eduquen mejor.
Severus estaba perplejo y eso causó que los vellos en su nuca se erizaran un poco y que se preguntara qué tramaba ahora; Dumbledore en verdad debe querer que Steffan sea feliz ahí.
Chapter 3: Nada puede salir bien para Dumbledore
Chapter Text
Severus se fue de la oficina de Dumbledore, infeliz por lo que acababa de aprender; por un lado, estaba contento de que Potter, Black, Weasley y el inútil fueran castigados, pero lo que dijeron lo tenía preocupado. Llegó a sus aposentos y vio a Tom sentado en su lugar habitual con una copa de vino; quería hablar con él, pero no quería que Steffan los escuchara.
—¿Steffan ya se durmió?
—Sí, estaba agotado. Le dije que se quedara aquí esta noche. Draco y Theo le están haciendo compañía.
Severus tomó asiento enfrente de Tom, soltando un suspiro de cansancio.
—No te va a gustar lo que te voy a decir. Las buenas noticias es que Gryffindor perdió otros ciento veinte puntos, Potter fue suspendido por un mes y Weasley y el inútil por una semana, y Dumbledore va a obligar a Potter a aprender y enseñar la lengua de señas —miró a Tom que arqueó una ceja, esperando las malas noticias—. Weasley soltó parte del plan de Dumbledore que ya sabíamos. Sin embargo, lo que me molestó fue que Dumbledore parecía ansioso por impresionarme y quiso demostrarme que estaba de nuestro lado por alguna razón. Creo que tiene que ver con esa piedra.
Tom bajó la mirada pensativo por unos minutos y vio a Severus.
—Me he estado preguntando sobre esa piedra desde que la mencionaste, investigué un poco y acabo de encontrar la respuesta en este libro que trata sobre los doce usos de la sangre de dragón. ¿Sabes cuál es uno de esos?
—Me temo que no.
Severus quiso tomar Alquimia, pero Dumbledore ya la había cancelado, y la sangre de dragón no era algo que se usara con frecuencia en las pociones.
—La piedra filosofal.
—¿Está loco? Esa cosa es peligrosa. Espera, ¿por qué crees que está aquí?
—Creo que Dumbledore espera atraer con ella a Lord Voldemort como una forma de probar al inútil, como tú lo llamas, con la ayuda de Weasley y Steffan, y que esa es la razón por la que está esforzándose tan duro para que sean amigos.
Severus palideció de repente al recordar lo de hace siete años.
—Él quiere hacer con Steffan lo mismo que intentó conmigo.
Tom parecía confundido.
—¿Recuerdas cuando te dije que quería que jurara que me uniría al inútil? Bueno, creo que va a intentar unir a Steffan con él.
Ahora todo tenía sentido. Esa debe de ser la razón por la que trató de impresionarlo y presionaba para que los niños se convirtieran en amigos.
Tom parecía furioso; no había manera de que permitiera que Steffan se uniera a Charlie y sea usado de esa forma.
—Mataré a ese vejete antes de que ponga tinta en el pergamino.
—¿Cómo vamos a evitar que desaparezca la piedra? Dudo mucho que la vaya a devolver.
—La piedra nunca llegó a la escuela. La robé el día que mencionaste que Hagrid la iba a buscar en el banco y la reemplacé con una buena falsificación que conjuré en la bóveda porque él no sabía cómo era la piedra —contó Tom, sonriendo con perspicacia.
Severus se rio divertido.
—Pudiste habérmelo dicho.
—Te lo conté el día que lo hice.
Severus pensó en el día en cuestión y su risa se hizo más fuerte.
—Fue tu retiro no autorizado del banco.
Tom se levantó de su silla, se inclinó y besó a su esposo.
—Amo tanto que siempre recuerdas lo que te digo y logras entenderme más fácil.
Severus le dio una sonrisa coqueta.
—¿Qué tal si me muestras…?
Tom ni siquiera le dejó terminar la oración; cargó a Severus y lo llevó a su dormitorio.
—Pon las protecciones —le recordó Severus cuando lo depositó en la cama.
—Ya lo hice. Incluso puse unas en la habitación de Steffan hace rato para saber cuándo los niños se despierten.
—¿Te he dicho cuánto amo tu forma de pensar?
—Muchas veces. Amo tu voz, es tan suave.
Tom comenzó a mostrarle a Severus qué más amaba de él.
[***]
Era demasiado temprano en la mañana cuando las protecciones se activaron primero en la habitación de Steffan y luego en su puerta.
—Nuestro mocoso viene, Sev.
Tom les conjuró unos pantalones de dormir. Severus se giró justo para ver a Steffan subirse a la cama, acurrucarse a su lado y volverse a dormir al instante.
—No ha hecho eso en mucho tiempo.
—¿Será por lo de ayer?
—Espero que no. Aunque también podría deberse a los nervios provocados por lo que pasó ayer y el primer día de clases. Estaba agotado anoche, pero sé que los niños se quedaron despiertos hablando hasta tarde.
—Podemos preguntarle después. No lo voy a despertar solo para hablar de eso.
Severus acercó a Steffan más hacia él y Tom los envolvió con sus brazos.
—Descansa, mi amor. No dejaré que nada le suceda a él.
Severus giró su cabeza, miró por encima del hombro a Tom y le dio una pequeña sonrisa somnolienta. Tom lo besó.
—Lo sé, nunca lo has permitido ni lo harás. Siempre nos proteges.
Severus le dio a su esposo un beso y se acurrucó contra él mientras que Tom apretó su agarre.
—Prométeme algo.
—Sabes que lo haré si puedo cumplirlo.
—Prométeme que Dumbledore pagará por lo que ha hecho. Sé que lentamente nos estamos encargando de sacar a la luz sus ideas, pero él aún no ha pagado por lo que le hizo a nuestro hijo, a nosotros y a los otros.
—Eso es algo que te voy a prometer y garantizar. Él pronto va a pagar. Esta pruebita que planeó para el inútil va a ser usado en su contra y todo lo que haga será registrado para poder utilizarlo después. Nadie lastima a nuestro hijo y se sale con la suya.
Tom sabía que técnicamente eso sucedió antes de que Steffan fuera su hijo, pero eso no importaba para él.
Steffan se despertó cuando Tom lo movió para que estuviera entre ellos, recargó su cabeza en el pecho de Severus con una sonrisa y se volvió a dormir.
[***]
Dumbledore observaba a Steffan conversando con Draco, Theo y Blaise sobre Encantamientos en la mesa de Slytherin; estaban trabajando en una forma para que Steffan use su varita y pueda comunicarse al mismo tiempo debido a que pensaban que podría confundir a la gente. Dumbledore quería sonreír ante la idea, pero no iba a dejar que los demás supieran que “escuchaba” la conversación de los niños. No sabía por qué se estaba encariñando con el niño; lo había visto crecer los últimos siete años y había algo especial en él, pero no estaba seguro de qué era.
Luego miró a Ron y Charlie comiendo en la mesa de Gryffindor y hablando al mismo tiempo sobre qué equipo de Quidditch era el mejor; eran en verdad un poco decepcionantes y necesitaba que se hicieran amigos de alguien inteligente. Miró a la niña Granger que era muy inteligente y tenía ganas de complacer; sabía que ella era una sabelotodo, pero podría ayudar a Ron y Charlie a conseguir la piedra una vez que él plantara todas las pistas.
Dumbledore quería usar a Steffan, pero Charlie y Ron no estaban ayudando; intimidaban al niño y no se esforzaban en crear una amistad con él. Esperaba que con la señorita Granger en el grupo tal vez conseguiría que Steffan se uniera; sus calificaciones eran mejores que las de ella. Apenas habían pasado seis semanas desde que comenzaron las clases, sin embargo, él no creía que Steffan fuera a reprobar, tomando en cuenta quienes eran sus padres. Él sabía cuán listo era Severus y Tomas estaba demostrando ser igual que él, pero más independiente y él no quería a ese tipo de personas en su Wizengamot.
Dumbledore dejó que su mirada vagara y se posara en James que había vuelto a trabajar hace dos semanas, y se preguntó por qué le había dado el trabajo. James aún no aprendía la lengua de señas, pero eso ya no importaba porque Severus se rehusaba a dejar que su hijo volara en grupo; él no tuvo más remedio que aceptar debido a que el niño era sordo por lo que no podía oír las órdenes del maestro y estaría en peligro si no hubiera alguien ayudándolo. Severus y Tomas le daban clases privadas de Vuelo a Steffan y por lo usual se les unían algunos Slytherin que querían volar.
Dumbledore tuvo una pequeña discusión con James sobre eso debido a que él insistía que ellos usaban ese tiempo para darles entrenamiento extra de Quidditch e incluso trató de involucrar a Minerva para ponerla de su lado. Dumbledore había observado algunas de las clases con James y Minerva desde su oficina, y James ya no pudo reclamar que era injusto; Severus y Tomas nunca se alejaban de Steffan y tampoco les daban instrucciones a los demás sobre el Quidditch.
De repente, se dio cuenta que James y Sirius no habían cambiado en los siete años que llevaban enseñando y que seguían comportándose como niños. Él les había permitido intimidar a los demás y que se salieran con la suya hasta el verano pasado, y se preguntó cómo pudo haber sido tan ciego. Ron y Charlie se estaban convirtiendo en unas miniaturas de James y Sirius, por lo que no era de extrañar que Steffan se negara a ser su amigo; también había notado que los demás tampoco querían ser sus amigos. Aunque James y Sirius habían sido populares en el colegio, Charlie y Ron estaban lejos de ser populares; sus actitudes los estaban alejando del resto de los alumnos.
Dumbledore se dio cuenta de que Minerva parecía estar enojándose demasiado con James y Sirius; debía hablar con ella para encontrar la razón. Recordó que Sirius tampoco había aprendido la lengua de señas, y comenzó a arrepentirse de haberlos contratado; Remus y Lily la aprendieron y estaban dispuestos a enseñárselas a quién quiera aprender. Debía de presionar a James y Sirius para que entiendan cuánto necesitaban a Lord Peverell y Steffan si las cosas con Lord Voldemort van como él planeó. Suspiró y se inclinó hacia Minerva.
—Quisiera hablar contigo cuando tengas tiempo.
Minerva lo miró por un segundo; detestaba la forma en la que las cosas se estaban manejando en Hogwarts.
—Podemos hablar después de la cena.
Dumbledore quiso gemir; sabía qué significaba eso y nunca era algo bueno para él.
[***]
Minerva entró a su oficina y tomó asiento.
—¿Caramelo de limón?
Dumbledore obtuvo la usual expresión desdeñosa.
—Quiero hablar contigo sobre James y Sirius.
—Al igual que yo.
Dumbledore tenía miedo del cortante y frío tono de Minerva, y les sirvió el té.
—Las damas primero.
—Sabes que siempre protegí a James y Sirius cuando eran mis alumnos, y había esperado que ya hubieran crecido, pero me temo que no es así. Ambos le han estado enseñando a mis estudiantes el mismo tipo de bromas para intimidar que ellos hacían en el colegio, y les han estado diciendo que se las hagan a Steffan y a los Slytherin. ¿Sabías que tuve que castigar y quitarle puntos a mi casa seis veces esta semana? Apenas es miércoles. He estado atrapando a mis alumnos intimidando a los más jóvenes y uno incluso empujó a uno de ellos contra una pared para poder reírse, mandándolo con Poppy.
Minerva inhaló y exhaló, tratando de calmarse.
—En las clases de Vuelo, James les da rienda suelta a los Gryffindor y permite que intimiden a los demás en sus escobas. Sirius y James se la pasan quitándoles puntos a las otras casas por razones inválidas. Sé que Severus también lo hace, pero no tan excesivamente como ellos. El otro día le quitaron diez puntos a un prefecto por evitar que le hicieran una broma a un estudiante. No sé si es porque Charlie ahora estudia aquí y pueden entrar a la sala común y los dormitorios, pero cada día empeoran más. Los últimos siete años hemos tenido que lidiar con sus bromas, pero ahora se están volviendo más malos. No sé cuánto más pueda aguantar.
Dumbledore cerró los ojos; no se había dado cuenta de que era tan malo.
—Sirius había sido malo cuando James fue suspendido y Remus intentó controlarlo, pero son peores ahora que volvieron a estar juntos. Remus ya no puede controlarlo, y James y Sirius lo han metido en algunos de sus planes. Dos estudiantes vinieron a pedirme una re-clasificación porque temían estar en los dormitorios por culpa de Ron Weasley, Charlie Potter y las clases impartidas por los profesores Potter y Black. Cuando les pregunté al respecto sobre esas clases, ellos me explicaron que eran cursos de bromas obligatorios y que Ron y Charlie insultaban a todos los que pedían o preguntaban sobre las clases de lengua de señas. Se pondrá peor. En verdad temo que alguien resulte herido de gravedad o incluso muerto.
Dumbledore se veía como si no supiera qué hacer.
—¿Por qué James y Sirius van a los dormitorios y a la sala común?
A excepción del jefe de casa, ningún profesor debería estar allí a menos de que se tratara de una emergencia.
—He intentado mantenerlos alejados, pero no tengo una razón válida para hacerlo dado que Charlie se encuentra ahí. Traté de que detuvieran sus clases de bromas, pero ellos fundamentaron e insistieron que estaban dando los cursos que tú les solicitaste. No importa cuánto lo intente, ellos siempre encuentran una forma de impedirlo y por lo usual usan a Charle para eso.
Dumbledore podía decir que Minerva estaba furiosa y quería desahogarse.
—Se supone que James y Sirius deben estar dando clases de lengua de señas. En verdad no sé qué hacer con ellos, Minerva, y me han estado preocupando por un tiempo. Necesitamos a Charlie para la profecía.
—Despide a James y Sirius antes de que los estudiantes y sus padres se comuniquen con el Consejo Escolar, y envía a Ron y Charlie con un sanador mental. Esos niños deben de aprender a no intimidar a los demás y darse cuenta de que lo que hacen está mal. Sin duda no lo aprenderán de James y Sirius y Lily y Remus solo se sientan a observar y les permiten salirse con la suya. No sé qué le sucede a Lily. Ella solía enfrentarse a ellos y detenerlos.
—No puedo despedir a Sirius. Si lo hago entonces Remus también debe de irse debido a su problema peludo. Está establecido en su contrato que Sirius lo reemplazará durante esos días. En cuanto a Lily y Remus, debo de estar de acuerdo. Me he estado preguntando si ya se cansaron de tratar de controlarlos y por eso han estado empeorando.
—¿Quieres decir que todo esto es tu culpa?
Minerva no podía creer que Dumbledore hubiera hecho eso; él básicamente les dio vía libre para hacer lo que quisieran en el colegio sin el temor a ser despedido. Incluso puede apostar a que James tuvo una suspensión pagada. Sabía que él tenía razón con que Lily y Remus se habían dado por vencidos.
—Sí, pero para proteger a Charlie. Debo de asegurarme de que estén aquí para él. Ya hasta renunciaron a sus trabajos de aurores para poder enseñar a tiempo de completo aquí. Quizás debí haber esperado un año para contratarlos, pero necesitábamos profesores.
Dumbledore sabía que estaba tratando de justificar sus acciones, pero ¿qué más podía hacer?
—Vas a tener muchos problemas con los padres de los estudiantes. Será mejor que te asegures que no le hagan nada a Steffan ni a los Slytherin. Severus y Tomas los matarán si lastiman a su hijo. Son muy protectores con él —advirtió Minerva, su ceño fruncido se hacía más marcado.
—No le ha hecho nada, ¿o sí? —inquirió Dumbledore con la preocupación clara en su voz.
No quería lidiar con Lord Peverell y Severus si su hijo termina lastimado; podrían causar muchos problemas.
—No, se la han pasado aterrorizando a mi casa y a algunos cuervos y tejones.
Minerva pensó por un momento y se paralizó.
—Los cuervos y tejones son nacidos de muggles. Es casi como si James y Sirius los apuntaran porque los padres muggles no pueden hacer lo mismo que los mágicos debido a que desconocen cómo contactar al Consejo Escolar. Dudo mucho que te contacten porque todo está sucediendo aquí.
Dumbledore gimió ante las implicaciones.
—Voy a hablar con ellos. Cambia la contraseña de la torre y prohíbele a los alumnos que se las den. Adviérteles que perderán puntos o que incluso serán suspendidos si lo hacen. Si James o Sirius quieren hablar con Charlie, entonces tendrán que encontrarse en sus aposentos. No los quiero en la torre.
Minerva asintió con la cabeza; esperaba que Dumbledore hallara una forma de despedirlos.
—Solo será una medida temporal. Debes encontrar una solución permanente.
[***]
El director Phineas Black, Tom y Severus se inclinaron después de escuchar todo.
—El señor Malfoy y el Consejo Escolar deben informarles a los muggles cómo contactarlos —señaló Phineas.
—Sí, estoy de acuerdo. Debemos hacer que nuestros aliados ayuden a esos estudiantes y que recolecten sus recuerdos. ¿Quizás deberíamos pedirle a Minerva sus recuerdos? No tenemos que contarle nada.
Tom esperaba que la mujer estuviera de acuerdo.
—Puede que sea una buena idea. No sonaba muy feliz con ellos. Vigilaré de cerca a esos idiotas —afirmó Severus, descontento con lo grave que se estaba volviendo todo.
—¿Podrías hacer que los demás retratos nos ayuden, Phineas? Quiero que se vayan para Yule —pidió Tom, mirando fijamente al retrato.
—Sí. Ninguno de nosotros quiere a los bravucones aquí o ver que el colegio sea arruinado. Es por eso por lo que la mayoría ha estado dispuesto a ayudar e ignoran al director —respondió Phineas.
Steffan entró en la habitación, se subió al regazo de Tom y saludó a Phineas.
— Fui el primero en lograr mis hechizos en todas las clases —le contó en señas.
— Muy bien. ¿Cómo te fue en tu examen y en tu tarea? —le preguntó Phineas en señas.
La mayoría de los retratos habían disfrutado aprender la lengua de señas y pensaban que era un lindo idioma y que podían utilizarlo para comunicarse sin que los demás supieran lo que decían; Phineas creía que todos disfrutaban demasiado de sus secretitos y en verdad él no podía quejarse porque le gustaba. Phineas sabía que los fantasmas estaban intentando aprenderlo.
— Obtuve un Extraordinario en todas mis tareas. El profesor Binns incluso me dijo que fui el único que obtuvo esa calificación en mi ensayo de Historia. Obtuve un Extraordinario y puntos extras en mi examen de Encantamientos porque mis tres trabajos adicionales estuvieron correctos —contestó emocionado Steffan.
— Eso significa que te daremos un chocolate caliente esta noche después de que hagas tu tarea —informó Severus, muy orgulloso de Steffan—. ¿Dónde están los demás?
— Haciendo sus tareas en los dormitorios. A mí solo me falta terminar mi ensayo de Encantamientos. ¿Podrías revisarlo cuando termine? Papi ya checó los otros hace rato —le pidió Steffan a Tom.
— Sí, los puedo revisar. ¿Por qué no vas a acabarlo?
Steffan se bajó de su regazo y se fue a su escritorio.
—Steffan debería de pasar más tiempo en su sala común. Sin embargo, no quiero que se vaya.
Severus sabía que su dormitorio no estaba tan lejos, pero le gustaba tener a su hijo a la vista. Steffan solía venir a pasar unas horas a sus aposentos y algunas veces se le unían Draco, Theo, Blaise e incluso Pansy, Daphne y Millicent.
Tom soltó una leve carcajada.
—Yo tampoco quiero que se vaya.
—Son unos Hufflepuff —comentó Phineas, mirándolos divertido.
—Lo sabemos.
Severus y Tom se rieron aún más.
—Voy a ver qué más puedo descubrir. Despídanse de Steffan por mí.
Phineas se fue murmurando que se estaban convirtiendo en unos Hufflepuff por culpa del niño.
—Quizás podamos deshacernos de ellos antes de lo planeado.
—No nos costará casi nada —afirmó Tom, sonriendo complacido—. De verdad pensé que nos la pondrían más difícil.
—No me sorprende, nunca pensé que tuvieran cerebro —comentó Severus, encogiéndose de hombros.
[***]
Dumbledore se estaba preocupando; era casi Yule y no había señal de Voldemort. Tampoco ocurrió nada en Halloween como él pensó; estaba seguro de que Voldemort intentaría algo ahora que Charlie se encontraba aquí. Se preguntó si él sabía que Charlie no era el niño de la profecía; esperaba que no porque los niños eran casi copias exactas, exceptuando el color de su cabello. De verdad necesitaba que Voldemort hiciera una aparición para poder controlar en qué dirección iría el mundo mágico; la facción tenebrosa estaba creciendo y presentando más proyectos de ley que eran aceptados.
Sabía que nadie más que Charlie, Ron y Hermione trataban de averiguar qué estaba escondido debajo de la trampilla, y solo lo estaban logrando gracias a las pequeñas pistas que él había filtrado. Él sabía que muchos estudiantes habían ido al tercer piso y nunca volvieron después de ver a Fluffy, la mascota de Hagrid. Había dado esa advertencia por una razón y al menos eso parecía estar funcionando; los estudiantes sentían curiosidad por lo que se encontraba allí y solían activar con regularidad su alarma.
Dumbledore deseaba poder utilizar la capa de invisibilidad que James perdió cuando Lord Peverell se apoderó de las bóvedas. Él creyó que James conservaría la capa dado que era descendiente del dueño original, pero los duendes lo desestimaron; intentó hacerlos cambiar de opinión con algunos sobornos, pero fracasó. Lo que él no sabía es que Harry seguía vivo y tenía la capa; los duendes usaron eso como excusa para quitarle todo su patrimonio a James.
A raíz de esto, seguía tratando que el trío se hiciera amigo de Steffan que los evitaba como a una plaga, pero eso aún no le preocupaba mucho; tendría tiempo para enfocarse en los niños. Solo debía de esperar a que finalizara el año y sus problemas con James y Sirius terminarían; esperaba que sin ellos cerca las cosas volvieran a la normalidad. No ha escuchado nada del Consejo Escolar y el cambio de contraseña parecía estar funcionando.
El mayor problema de Dumbledore era tratar de averiguar qué estaba haciendo Voldemort que debía de estar cerca; creía que el hombre no iba a dejar que la piedra se quedara allí sin intentar obtenerla. Miró su tablero de ajedrez y se preguntó por qué muchos de sus peones no estaban haciendo lo que él quería. Soltó un suspiro frustrado. ¿Dónde salió todo mal?
[***]
Una lechuza oficial del ministerio aterrizó enfrente de Dumbledore durante el desayuno a la mañana siguiente. Él agarró la carta y vio el sello del Consejo Escolar; debió haber sabido que esto no iba a tardar en llegar. Nada iba de acuerdo a sus planes ni como él quería que fuera.
—Quisiera verte después del desayuno, Minerva —avisó Dumbledore, mostrándole el sello en la carta.
James y Sirius se rieron antes de que Minerva pudiera responder.
—Será mejor que arreglen esto o no podrán encontrar sus cuerpos para sus funerales, Potter y Black —gruñó Severus, bastante furioso.
Dumbledore lo miró y vio que Severus tenía ahora plumas en su cabello, sus túnicas eran amarillas y su cara se veía como la de una gallina; le lanzó un Finite , pero no funcionó.
—Arréglenlo ahora, James y Sirius.
James y Sirius miraron a Dumbledore; intentaban no reírse, sin darse cuenta de que los estudiantes estaban callados.
—Es solo una broma. Desaparecerá en un par de horas.
—Arréglenlo ahora. Quiero verlos a ambos en mi oficina antes del almuerzo.
James sacó su varita y lanzó el contrahechizo.
—El pobre Quejicus no aguanta una broma.
Severus sacó su varita, murmuró un hechizo y ahora James y Sirius estaban vestidos como payasos con narices rojas; salió del Gran Comedor, recibiendo muchos aplausos de los estudiantes de todas las casas.
Dumbledore se dio cuenta cuán malos eran cuando los alumnos le aplaudieron a Severus que antes era considerado el profesor más mezquino y odiado. Sí, debería arreglar este asunto.
—Quizás sea mejor que también vengas, Minerva.
Dumbledore y Minerva se fueron juntos del Gran Comedor, se dirigieron lo más deprisa y discretamente a su oficina, y se sentaron cuando llegaron.
—Han sellado su destino. Severus no dejará pasar esto.
Dumbledore miró la carta abatido.
—Terminemos con esto —la abrió y la leyó.
Para el director Dumbledore:
Por medio de la presente, se le informa que, a partir de la fecha y siendo efectivo de inmediato, los contratos del profesor James Potter, el profesor Sirius Black y el profesor Remus Lupin (por las acciones del profesor Black) han sido anulados debido a las numerosas quejas contra el profesor Potter y el profesor Black.
La decisión fue tomada basándonos en la evidencia proporcionada por escrito y en memorias sobre la intimidación, la falta de respeto a los estudiantes y a sus derechos, así como de las bromas crueles y mezquinas perpetradas por parte del profesor Black y el profesor Potter.
Tendrá hasta las vacaciones de Yule para encontrar a sus reemplazos. En caso de no hacerlo, el ministerio proporcionará con gusto a los nuevos profesores.
Agradezco su atención y esperamos que este sea el final de la intimidación en Hogwarts.
Saludos cordiales,
Lucius Malfoy
Presidente del Consejo Escolar
—Te lo advertí —afirmó Minerva, sintiendo que la tensión alrededor de sus hombros se iba.
—Lo sé. Por desgracia, ya era muy tarde para hacer algo. Traté de arreglarlo, pero ellos en verdad necesitan crecer. Le costó su trabajo a Remus.
—No creo que esto debe retrasarse hasta la hora del almuerzo. Debes de informárselos ahora y cancelar sus clases. El plazo se cumple en dos días y ellos necesitan tiempo para empacar. Me preguntó cómo sacaremos a James del colegio ya que querrá vivir con Lily. Si nos deshacemos de ellos rápido, Severus no tendrá la oportunidad de vengarse y es muy vicioso en eso.
—Estoy de acuerdo con que Severus les hará pagar caro por la broma y ese comentario. Creo que sería mejor que se fueran hoy. En cuanto a James, esto nos dará la autoridad para vetarlo de la torre y los salones de clase. Tendrá que conseguir otro trabajo.
Minerva le dio una mirada bastante feroz.
—Se lo merecen —se levantó y se fue.
[***]
—¿Cómo que estamos despedidos? No pueden hacerlo. Está en nuestros contratos —señaló James de forma petulante.
—No tengo opción —afirmó Dumbledore, entregándole la carta—. Lo decidió el Consejo Escolar —lo observó mientras la leía.
—¿Cómo se atreven? ¿Quién denunció estas mentiras? —reclamó James enfurecido.
—Quiero nombres —exigió Sirius, echando humo.
—No lo sé. Si fueron alumnos, no les dirán sus nombres. Para ser honesto, estaba esperándolo. Ustedes han estado actuando igual que cuando eran estudiantes. No han dejado de ser unos bravucones. En ese entonces me negué a hacer algo, pero el Consejo Escolar ya lo ha hecho. Debes irte a más tardar mañana, Sirius. Estás vetado de la torre y los salones de clase, James.
—Me aseguraré de que esto no acabe aquí —indicó James, cruzándose de brazos.
Dumbledore suspiró, sentía que estaba hablando con un niño.
—¿Qué crees que puedes hacer?
—Iré con la prensa y meteré a Charlie en otra escuela mágica. Hay demasiadas.
James sabía lo importante que era Charlie y se iba a asegurar de que Dumbledore lo recordara. Nunca creyó que Harry fuera el niño de la profecía. ¿Por qué Dumbledore se desharía del niño correcto? Él pensó que Dumbledore no quería que Charlie fuera egoísta.
—Si vas con la prensa, arruinarás más tu imagen. Y en cuanto a Charlie, ¿en dónde piensas inscribirlo? Ninguna otra escuela está interesada en él. La única razón por la que está aquí es gracias a mí —informó Dumbledore, impasible.
James y Sirius enloquecieron más, gritaron que todo esto era injusto y que molestaban a Charlie porque es el Niño que sobrevivió, y se fueron pisoteando fuerte de la oficina. Dumbledore tomó una poción para el dolor de cabeza y deseó haber ayudado más a Harry; debió haberles dicho a todos la verdad. No supo que Harry fue el niño de la profecía hasta la noche en que Voldemort atacó. Había escogido al niño equivocado cuando escuchó la profecía y, después del ataque, ya era demasiado tarde; James y Lily no quisieron escucharlo y lo presionaron para que se deshiciera de Harry. Él estuvo de acuerdo porque sabía que podía convertir al niño en su títere; Harry tuvo el don de ver la magia y habría sido útil en el futuro.
[***]
—Se fueron. Me has dado el mejor regalo, mi amor —le dijo eufórico Severus a Tom.
—Espera a ver el periódico de mañana. Te va a encantar tu próximo regalo.
Severus sonrió, sintiéndose un poco más en paz.
—Lo esperaré con ansias. Ah, por cierto, el inútil y su amigo están tratando de averiguar quién es Nicolas Flamel y creen que yo quiero robar la piedra.
Tom se rio ante la ocurrencia.
—Si quisieras la piedra, ya la tendrías, mi amor.
—Dices las cosas más dulces del mundo. Creo que el inútil está siendo presionado por Dumbledore para que se haga amigo de Steffan. Lo vi saliendo de la oficina de Dumbledore y lo oí decirle a la comadreja que debían de ser más amables con Steffan para ayudarlo a salir de su caparazón.
—¿Así que Dumbledore quiere arrastrar a nuestro hijo a sus supuestas aventuras?
Hasta la fecha, las aventuras del dúo solo los habían metido en problemas.
— No me voy a acercar a ellos. Ni siquiera los tolero. Recuerdo muy bien cómo era Charlie cuando éramos niños. Además, no tienen buenas intenciones hacia mí ni hacia mis amigos.
Tom le sonrió a Steffan; ni Severus ni él se habían dado cuenta de que entró a la habitación.
— Lo sabemos y no esperamos que seas su amigo. Confía en mí, nunca lo querremos.
Steffan asintió y se subió al regazo de Severus.
— No es que no me encante verte, pero ¿por qué estás aquí? Aún no es hora de cenar.
— No me siento bien, papi —avisó Steffan, acurrucándose en la túnica de Severus.
— ¿Qué tienes? —preguntó Tom, un poco preocupado.
— Me duele la cabeza y el estómago.
Severus soltó un quejido.
— Has contraído esa gripe que anda en el aire. Te llevaré a la cama y te daré unas pociones —cargó a Steffan hasta su cuarto y lo metió en la cama.
Severus se acostó al lado de Steffan, planeando quedarse hasta que se quedara dormido. Más tarde, Tom entró al cuarto, los encontró dormidos, sonrió y se fue, pensando que no había forma de que Voldemort regresara y que su hijo se involucrara en los planes de Dumbledore.
Chapter 4: Jamás van a aprender
Chapter Text
Tom estaba sentado en su oficina, pensando en lo que Dumbledore había planeado para el próximo trimestre. Ellos sabían que le estaba dando pequeñas pistas sobre la piedra al trío de idiotas de Gryffindor; Severus había notado que añadieron a la sabelotodo a su grupo. En lo personal, Tom creía que ella era la que les hacía la tarea y la investigación; no había forma de que esos inútiles desaprovecharan esa oportunidad.
Severus entró a su oficina.
—¿Estás listo para ir al Gran Comedor?
Tom levantó la mirada; su esposo era increíblemente sexy y seguía haciéndolo sonreír a pesar de todos estos años. Se sentía muy orgulloso de su Severus; habían estado juntos desde hace 17 años y su interés seguía aumentando.
—Como siempre. ¿Por qué Dumbledore sigue insistiendo en que todos los profesores cenen en el Gran Comedor en Yule? —le dio a Severus un rápido beso, acariciando sus suaves manos a pesar de su trabajo como pocionero.
Severus cuidaba mucho su cuerpo y él se aseguraba de hacerle saber cuánto lo apreciaba.
—Para demostrar la unidad y amistad —le informó Severus, soltando un suspiro—. Creo que es para asegurarse de que todos los que están aquí estén bajo su atenta mirada. Si tan solo lo supiera —arregló el cabello de Tom y alisó su corbata, preguntándose por qué nunca se preocupaba por su apariencia dentro de sus aposentos si fuera siempre se las ingeniaba para lucir tan arreglado.
Severus pensó que Tom seguramente lo hacía como pretexto para que lo tocara sin inventarse una excusa.
Tom sonrió como si supiera en qué estaba pensando y le dio a Severus otro rápido beso, disfrutando de sus toques.
—Bueno, terminemos con esta farsa.
—¿Lucius ha mencionado algo sobre los profesores de reemplazo? —preguntó Severus, sosteniendo la mano de Tom mientras se dirigían a su sala de estar.
—Nadie se ha postulado, pero creo que eso se debe a que hay un encantamiento de redirección aquí para cualquier solicitud que se envíe —explicó Tom con brevedad—. Por cierto, parece que el sombrero seleccionador está ahora con nosotros y ha estado llevando un registro del correo de Dumbledore por nosotros.
—¿Cómo?
—El director Dippet ha estado leyendo por encima del hombro del viejo durante años y le cuenta al sombrero lo que está pasando. El sombrero se lo dice a Phineas si es que no se encuentra cerca.
Severus no pudo evitar reírse un poco.
—¿Por qué Dippet no nos lo dice por sí mismo?
—El viejo congeló su marco porque Dippet puede ver su correo, así que no puede abandonarlo —le contó Tom, recordando el hecho.
—Sin duda eso es algo que él haría —comentó Severus, haciendo una pausa—. ¿Hay algún ser vivo que esté a favor del viejo?
Severus sabía que todos los retratos y fantasmas los estaban ayudando por Steffan, pero aún así eran de gran ayuda.
Tom lo pensó por unos segundos.
—No lo creo. Binns ha estado dando clases de Historia interesantes.
Severus lo miró confundido.
—Sobre la Segunda Guerra Mundial y sobre el duelo que Dumbledore ganó —explicó Tom, algo no le cuadraba en el relato—. Aún sigo investigando su duelo.
—Creo que sé algo sobre eso. La varita que ganó en el duelo es especial, pero no sé por qué. Deberíamos investigarlo. Además, el Señor Tenebroso que supuestamente venció sigue vivo y está solo en una prisión. El vejete va a visitarlo cada Año Nuevo .
Tom arqueó una ceja.
—Eso es interesante.
Severus y Tom llegaron al cuarto de Steffan y usaron el hechizo para encender una luz en su habitación para que supiera que se encontraban en la puerta. Steffan la abrió y sonrió.
— ¿Cómo te sientes? —preguntó Severus, tocando su frente.
— Mejor, pero aún me siento adolorido —respondió Steffan en señas.
A pesar de tener mejor tez, Steffan se veía agotado.
— Es hora de cenar en el Gran Comedor.
Severus y Tom vieron a Steffan hacer una mueca y sabían que era por culpa de Dumbledore.
— ¿Debemos ir? —cuestionó Steffan, desanimado.
— Por desgracia, sí —contestó Tom, revolviendo el cabello de su hijo—. ¿Qué tal si te sientas entre nosotros para que no tengas que hablar con él?
Dumbledore había pasado la noche anterior tratando de hablar con Steffan, haciendo que el pobre niño se sintiera más miserable de lo que se sentía. Severus y Tom le habían dicho a Dumbledore que Steffan se seguía recuperando de la gripe que contrajo, para así poder irse temprano.
— Está bien —accedió Steffan, aliviado—. Me vuelve loco.
Severus tuvo que darse la vuelta para tratar de no resoplar, pero se le escapó de todos modos. Se dio la vuelta de nuevo y alcanzó a escuchar la última parte de lo que Steffan estaba preguntando.
— Tampoco tienes que hablar con los Potter —le recordó Tom, no quería que pasara otro mal rato.
Severus, Tom y Steffan comenzaron a salir de sus aposentos.
—Tu sorpresa saldrá en el periódico esta noche —le avisó Tom a Severus.
Severus se había estado preguntado cuándo se imprimiría su sorpresa y trató de no sonreír mientras veía a sus dos hombres favoritos. Steffan se parecía mucho a Tom; no perdonaba ni olvidaba. A Severus no le importaba porque se enfocaba en las personas correctas.
[***]
Dumbledore miraba furioso a James; había pasado los últimos treinta minutos escuchándolo hablar con Charlie sobre lo raro que era Steffan, contándole las bromas que le habían hecho a Severus y, lo peor de todo, animándolo a hacerle lo mismo a Steffan. intentó detener la conversación, pero James lo ignoró mientras que Lily se veía deprimida.
Dumbledore se dio cuenta de que Minerva miraba furiosa a James, al igual que cualquiera que pudiera escuchar la conversación, y estaba agradecido de que Tomas y Severus estuvieran al otro lado de la mesa. Miró a la familia en cuestión y los vio riéndose de algo que les contaba Pomona, mientras le hacía señas a Steffan sobre algo gracioso relacionado con las plantas; no pudo entenderlo por completo debido a que no podía ver las manos de Pomona.
Dumbledore se preguntó cuándo una familia tenebrosa había adquirido mejor moral y ética que una familia luminosa. Suspiró y levantó la vista cuando llegaron las lechuzas con los periódicos. Sintiendo un mal presentimiento, miró los titulares y casi se desmayó.
Potter, Black y Lupin han sido despedidos por bravuconería
¿Se les ha subido la fama a la cabeza a los Potter? ¿Sirius Black se ha contagiado de la locura Black? ¿Remus Lupin se ha unido a sus amigos en bromas que casi matan a un estudiante cuando estaban en la escuela?
Este periódico se ha enterado de que James Potter, Sirius Black y Remus Lupin han sido despedidos por el Consejo Escolar debido a sus bromas excesivas, crueles y degradantes, así como por su falta de respeto hacia los estudiantes y sus derechos, y su bravuconería.
Cuando hablamos con numerosos estudiantes de todas las casas, nos informaron que no solo fueron los profesores implicados, sino también Charlie Potter y Ron Weasley. Además, se nos informó que los profesores Potter y Black obligaban a los estudiantes a asistir a clases de bromas en la Torre de Gryffindor, y que Charlie Potter y Ron Weasley menospreciaban e intimidaban a cualquiera que quisiera aprender la lengua de señas y se negara a asistir a dichas clases.
Hablamos con varios estudiantes para asegurarnos de que nuestro artículo fuera justo. Los estudiantes de Gryffindor que no quisieron tomar las clases sobre bromas fueron molestados, intimidados y acosados hasta que asistieron, y los alumnos de otras casas que también fueron molestados eran nacidos de muggles. Así es, estaban molestando a los nacidos de muggles. Uno pensaría que es el lado tenebroso el que odia a los muggles.
Además, descubrimos que el Consejo Escolar utilizó las memorias de los involucrados como evidencia para despedir a los tres profesores. No se trató de una campaña de odio ni de las quejas de una sola casa, sino de las cuatro. ¿Qué clase de director permite que sus profesores intimiden a los estudiantes?
Si se están preguntando por qué se ofrecen clases de lengua de señas en Hogwarts, se debe a que uno de los estudiantes afectados es sordo. Todos sabemos quién es: Steffan Peverell-Prince-Snape. Ha soportado ser molestado por los Potter, Black y Ron Weasley durante años. Ser llamado "fenómeno" es una de las cosas más amables que le han dicho al niño.
Si nuestros lectores recuerdan que hace cinco años publicamos un artículo sobre Charlie Potter golpeando a Steffan en el Callejón Diagon, claramente podemos ver un patrón. ¿Cómo es que nuestro salvador permitió que la fama le subiera a la cabeza? (Ver la página 2 para más información).
El director Dumbledore ha estado al tanto de este problema durante los últimos siete años que estos profesores han estado enseñando y no ha hecho nada para detenerlo. Su historial de bromas y crueldades estaba bien establecido desde sus días escolares. El incidente en el que casi causaron la muerte de un estudiante fue bien encubierto, ya que no pudimos encontrar más que el registro del castigo. Solo podemos especular por qué ese estudiante no lo denunció y por qué fue encubierto; después de todo, esos tres eran los favoritos de Gryffindor y eran conocidos por salirse con la suya sin importar lo que hicieran. Si te preguntas por qué decimos esto, bueno, hemos observado sus registros de detención y pérdida de puntos, y al compararlos con los de otros estudiantes que se atrevieron a hacer lo mismo, encontrarás que solo ellos fueron suspendidos o incluso expulsados.
También descubrimos que Remus Lupin fue despedido debido a Sirius Black. ¿Por qué fue despedido por su culpa? ¿Qué hizo Black que causó su despido? Solo podemos esperar descubrir las respuestas algún día.
Entrevista con James Potter y Sirius Black que intentan defender sus acciones
James Potter y Sirius Black llegaron anoche a nuestras oficinas para que imprimiéramos la verdad sobre sus despidos. Nosotros no sabíamos que vendrían ni tampoco les pedimos la entrevista.
Editor: ¿Por qué fueron despedidos?
Señor Potter: Nos despidieron porque Lord Malfoy está celoso de mi hijo. El profesor Snape y Lord Peverell son quienes están criando a un bravucón, no nosotros. Solo porque ese fenómeno es sordo, todos lo tratan de forma especial.
(Nota del editor: esas fueron exactamente sus palabras, nosotros no cambiamos nada).
Señor Black: Draco Malfoy y Steffan (¿Cuál es el nombre completo del niño, James?) no son especiales como Charlie.
Señor Potter: Creo que es Peverell-Snape.
Señor Black: Draco y Steffan son los bravucones. Están en Slytherin, la casa de los villanos. Y caminan por el colegio como si fueran sus dueños.
Editor: ¿Entonces están insinuando que las memorias, que son la razón por la que fueron despedidos, son falsas?
Señor Potter: No existen esas memorias. Ellos las inventaron. No hemos hecho nada malo. Si Charlie no fuera tan importante, lo sacaría de Hogwarts y lo matricularía en una mejor escuela.
Señor Black: Malfoy, ese ladrón de Peverell y Snape son malvados, y lo sabemos porque somos aurores. Solo están haciendo esto para arruinar nuestras reputaciones.
Editor: ¿Entonces no les importa el hecho de que doce miembros del Consejo Escolar votaron para despedirlos?
Señor Black: Eso es mentira y un complot de Malfoy y El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado, quienes tratan de arruinar la reputación de Charlie. Dumbledore se los dirá. Ha vuelto. En realidad no murió. Esta es una de sus tácticas.
Señor Potter: Nadie arruinará la reputación de mi hijo. Mi Charlie no ha hecho nada malo. Demandaré a cualquiera que diga lo contrario.
Editor: ¿Qué pasó con su otro hijo? ¿Harry?
(Nota del editor: ambos se congelaron).
Señor Potter: Él no es importante.
Editor: ¿Entonces no importa el hecho de que fue asesinado por sus parientes muggles a la edad de cuatro años después de que ustedes lo abandonaran?
(Nota del editor: Ambos explotaron. No escribiré lo que dijeron porque sus palabras no son aptas para este periódico. Continuamos con la entrevista cuando finalmente se calmaron).
Señor Potter: ¿Dónde escuchaste eso?
(Nota del editor: Consulté las copias del certificado de defunción, el reporte de la policía muggle, el reporte de los aurores y el juicio del Wizengamot en el que Albus Dumbledore logró impedir que los muggles fueran a Azkaban).
Editor: (mostrándoles las copias) Lo dice justo aquí. Los duendes lo confirmaron.
Señor Black: No puedes creerlos. Sí, Harry murió, pero fue un accidente.
Editor: Morir de un fuerte traumatismo después de al menos un año de abuso no es un accidente. Harry tenía cuatro años.
(Ambos se fueron de la oficina después de eso).
Dumbledore miró a James, queriendo matarlo; vio palidecer a Lily mientras leía lo que habían escrito. El resto de los profesores tampoco se veían contentos. Dumbledore notó que Severus y Tomas intentaban mantener el periódico alejado de Steffan y se preguntó por qué James y Lily no podían ser tan buenos padres como Tomas y Severus.
—Quisiera hablar con usted en mi oficina, señor Potter —informó Dumbledore en tono duro, levantándose de la mesa y dirigiéndose a su oficina.
Minerva y Lily miraron furiosas a James mientras los seguían; Dumbledore sabía que ellas se dirigían a la oficina de Minerva.
[…]
Tom y Severus los observaron mientras se iban.
—Feliz Yule —le susurró Tom a Severus.
—Siempre me das los mejores regalos —le dijo Severus, dándole una mirada amorosa.
—¿Deberíamos ir a escucharlos? —preguntó Tom, tratando de que una sonrisa no se le reflejara en la cara.
Severus ni siquiera respondió; en su lugar, se levantó y se dirigió hacia la puerta. Steffan y Tom intercambiaron miradas.
— Vamos —indicó Steffan, ya poniéndose de pie.
Tom asintió y ambos se dirigieron a sus aposentos para encontrarse con Severus.
Chapter 5: Cavando sus propias tumbas
Chapter Text
Dumbledore caminó furioso hacia su oficina; le advirtió a James sobre ir al periódico y el idiota lo hizo. Ahora tendría muchas explicaciones que dar y tratar de averiguar cómo evitar que los duendes proporcionen más información dañina. Esto no se veía bien. La muerte de Harry fue un incidente que debió haber sido enterrado hace mucho tiempo.
Realmente no quería pensar en el que daño que esto le haría a sus puntos de vista sobre el regreso del Señor Tenebroso y que Charlie era el salvador. En cambio, ahora Charlie se veía cada vez más como un bravucón que seguía los pasos de sus padres. Y la reputación de los Potter había sido arruinada por entregar a uno de sus hijos para que fuera asesinado. Dumbledore suspiró, se sentó y esperó a que James hiciera su aparición, preguntándose si debió haber incluido a Lily y a Charlie en esta discusión.
James entró a su oficina, miró a Dumbledore, quien le dio una mirada furibunda, y tomó asiento.
—Te advertí sobre ir con el periódico. Mira lo que has hecho.
—No toleraré esas mentiras sobre Charlie. No merecíamos ser despedidos —espetó James con insolencia.
—Se lo merecían. Si hubiera podido, los habría despedido hace mucho tiempo. Sirius y tú son bravucones y le están enseñando a Charlie y Ron Weasley a serlo también. Debí haberlo visto venir. Ahora los periódicos también van a investigar la muerte de Harry —advirtió Dumbledore.
—¿A quién le interesa Harry? Está muerto. Charlie no es bravucón. Solo están celosos de mi hijo —replicó James bastante engreído.
—Si piensas eso, necesitas un sanador mental —señaló Dumbledore, haciendo una pausa para respirar hondo—. Debido a esto y a que los duendes publicaron esa información, la gente comenzará a hacer preguntas que no queremos responder. Por ejemplo, ¿por qué te deshiciste de Harry?
—A nadie le importará —afirmó James, seguro de ello.
—Parece que estás ignorando algunas preguntas importantes que la gente querrá hacer también. Por ejemplo, ¿qué sucedió con una de sus bromas que casi mata a un compañero cuando ustedes eran estudiantes? El público preguntará por qué dos profesores estaban intimidando a las cuatro casas, los obligaban a asistir a clases sobre bromas, molestaban a Steffan y, más importante, querrán saber por qué tu hijo, Harry, fue dejado con sus abusivos familiares. Nos van a investigar por culpa tuya y de Sirius.
—No veo cuál es el problema. Harás lo que siempre haces.
—Ya no puedo hacer nada. En caso de que no lo hayas notado, ya no soy el Jefe de Magos ni hago parte de la Confederación Internacional de Magos. Apenas mantengo mi puesto de director en Hogwarts. La mayoría de las personas se están cansando de que hable sobre el regreso del Señor Tenebroso y están empezando a creer que me he vuelto loco. Estos encantadores artículos no están ayudando a nuestro lado. Ahora parecemos bravucones gracias a Sirius y a ti. Por el amor de Merlín, ni siquiera pudiste decir correctamente el nombre de Steffan.
—Podemos hacer otra entrevista —propuso James, aún seguro de que todo saldría bien—. Llevaré a Charlie para que aclare las cosas.
—No lo harás. Ese niño es tan inútil como tú en las entrevistas. Ninguno tiene pelos en la lengua. Tú ya no eres visto con buenos ojos por el público y por nadie en esta escuela —informó Dumbledore con solemnidad.
—Tengo la intención de retirar a mi hijo de este colegio —avisó James, apretando sus manos en puños furiosos.
—Hazlo, por favor, me encantaría ver si eres capaz de encontrar una escuela que lo acepte después de estos artículos. Ni siquiera puedes pagarle tutores privados. No eres capaz de encontrar trabajo y dudo mucho de que alguien esté dispuesto a contratarte a ti y a Sirius. Me siento mal por Remus. No merecía perder su trabajo por culpa de ustedes dos —dijo Dumbledore, perdiendo rápido la paciencia con James e inhalando profundamente—. Sus reacciones tampoco ayudaron. El lenguaje que usaron debió haber sido tan grotesco para que se negaran a imprimirlo. Y que salieran furiosos de la entrevista que ustedes iniciaron sólo demostró su estupidez. Ahora, quiero que te vayas de mi colegio. No me importa a dónde vayas, pero no te vas a quedar aquí. Lily y Charlie pueden quedarse si quieren, pero tú estás vetado de Hogwarts.
James se levantó.
—Yo me ocuparé de esto. Olvidas con quién estás hablando. Soy Lord Potter y el padre del Niño que sobrevivió, nuestro salvador.
—Tú olvidas algo muy importante y que sabías desde hace tiempo. Harry fue el Niño que sobrevivió y el salvador. Tú aceptaste abandonarlo para mantenerlo a salvo. Y fue asesinado por los parientes de Lily —le dijo Dumbledore sin rodeos.
James salió furioso de su oficina.
[***]
—Sabes, podemos enterrarlos con eso —dijo Tom, girándose hacia Severus.
—Sé cómo hacer que James hable —afirmó Severus, sonriendo.
—¿Cómo, mi amor? —preguntó Tom, sin quitarle la mirada.
—Emborrachándolo. Ni Sirius ni él toleran el alcohol. Alguien podría sugerirle a James que dé sus recuerdos sobre este encuentro —explicó Severus, su sonrisa se ensanchó ante esto.
—Te amo —comentó Tom—. Conozco a la persona perfecta para hacerlo.
—¿Quién? —inquirió Severus.
—Augustus Rookwood. Trabaja en el ministerio. Como James lo conoce, no sabrá que está hablando con un mortífago.
—¿No es un inefable? —cuestionó Severus, confundido.
—Sí, pero James cree que se va a convertir en un auror —habló Tom.
—El whisky de fuego bastará para que James hable, y para Sirius, cualquier cosa con un poco de alcohol funcionará.
—Será más fácil si esperamos unos días —señaló Phineas—. James podrá deprimirse más por no ser capaz de encontrar trabajo ni tener a alguien que lo escuche.
—Eso también le dará un gran golpe a Dumbledore. Cuando ocurra, podemos revelar el robo del linaje de los nacidos de muggles y el abuso encubierto. Los archivos de Poppy que has estado copiando podrán ayudarnos —afirmó Tom, de acuerdo con el plan.
—No creo que tengamos que preocuparnos por copiar a escondidas sus archivos sobre el abuso. Poppy está muy en contra de ello —manifestó Phineas.
—Tampoco le gusta lo que Dumbledore ha estado haciendo —comentó Severus, sintió que Steffan tocaba su brazo y se giró para verlo.
— Hagan que los duendes publiquen el robo de la piedra y que informen que Fluffy se encuentra aquí, al alcance de todos los estudiantes —habló Steffan, sonriendo con astucia—. No tienen que mencionar que no fue él quién la robó, ¿verdad, padre?
Tom sonrió, atrajo a su hijo hacia sus brazos y le dio un abrazo.
— Sí, creo que sería una ventaja adicional —concordó Severus—. Estoy seguro de que Nicolas Flamel no estará feliz de saber que robaron su piedra.
Severus se preguntó cómo su hijo lo sabía, pero no le importó. Tom negó con la cabeza sobre la de Steffan para que Severus supiera que no le había contado, y lo vio fruncir el ceño un poco, pero supo que entendía.
— Es hora de que vayas a hacer tu tarea, Steffan —informó Severus.
— Ya la acabé. ¿Quieres revisarla? —preguntó Steffan.
— Sí —respondió Severus, asintiendo.
Steffan se bajó del regazo de Tom y se fue a su habitación.
—¿Cómo lo supo?
—La verdad es que no tengo idea —contestó Tom algo confundido.
—No hace falta ser un genio para darse cuenta de lo que Tom hizo. Yo lo supe tan pronto como fue mencionado en los periódicos —dijo Phineas, haciendo un gesto con sus manos para desestimar sus preocupaciones.
—¿Quién más lo sabe? —interrogó Tom, preocupado.
—Solo nosotros —respondió Phineas—. No se lo diré a nadie más —hizo una pausa—. Fawkes dijo que el anciano dosificó nuevamente sus caramelos con el suero de la verdad, así que tengan cuidado.
—Me preguntaba adónde fue esa botella que desapareció —dijo Severus, frunciendo el ceño—. Tendré que mover mis suministros de nuevo.
—¿Cómo los encontró? —inquirió Tom.
—Debió haber usado las protecciones de nuevo —señaló Severus, sonando irritado—. Si busca lo suficiente, puede encontrar las protecciones personales de la gente y anularlas si son para cosas como pociones.
—Me pregunto si podemos comprobar que lo hace —opinó Tom.
—No. Sus caramelos se venden en una variedad de lugares, por lo que necesitaríamos a alguien que lo vea dosificándolos. No funcionaría si sólo tomamos una pequeña muestra para examinarla. Como director, se le permite usarlo, siempre y cuando no sea común —explicó Severus, soltando un suspiro derrotado.
—Bueno, iré a ver a Lucius para establecer un marco de tiempo para que Rookwood visite a Potter —avisó Tom, sonriendo.
Tom se levantó y le dio un rápido beso a Severus; Steffan salió de su habitación.
— Pórtate bien, hijo —le dijo.
— Yo siempre me comporto bien —contestó Steffan, sonriéndole con burla y entregándole su tarea a Severus—. ¿Puedo ir contigo para ver a Draco?
— Si tu papá está de acuerdo, entonces no hay problema —indicó Tom.
Severus lo miró, sonriendo.
—Ve a divertirte. No te quedes mucho tiempo.
Tom y Steffan se fueron por la red flu.
—Estoy ansioso porque asuma el papel de Lord Black y saque a Sirius de nuestro linaje —comentó Phineas, desapareciendo de su cuadro.
Severus se rio. Sí, eso sería bueno.
Tres días después
Rookwood encontró a James borracho en un bar del que nunca había oído antes; lo había estado siguiendo durante días y el hombre aún no había salido de su estupor borracho. Rookwood se sentó junto a James.
—Potter.
—Rooky —balbuceó James.
Rookwood trató de no estremecerse por el desagradable apodo que acababa de escuchar.
—¿Día duro?
—La peor semana —señaló James, sonando afligido—. ¿Dónde has estado?
—Estuve fuera del país. Acabo de regresar.
—Eso lo explica —murmuró James.
Rookwood sacó su varita por debajo de la mesa, le lanzó un Desmaius y comenzó a recolectar las memorias de Potter. Dejó al hombre desmayado en el bar, despojado de su varita y galeones.
Una semana después
Tom llegó a casa desde el ministerio y abrazó a Severus.
—Vas a recibir otra sorpresa en la cena de esta noche —susurró.
—¿Será mejor que mi sorpresa en la cena de Yule? —preguntó Severus, ansioso.
—Muchísimo mejor —contestó Tom, satisfecho de sí mismo—. En aproximadamente seis horas serás muy feliz.
—Ya veremos —dijo Severus, apoyándose en los brazos de Tom—. ¿Dónde está mi sorpresa?
Tom se rio y le dio un beso en el cuello.
—Siempre me esfuerzo por hacerte feliz en ese aspecto, esposo. Y me refería a la cena en el Gran Comedor.
— ¿Otra vez? —se quejó Steffan, haciendo un puchero.
Severus y Tom se rieron de la cara que puso.
— Sí, es otra sorpresa —explicó Severus, divertido.
— En ese caso, ¿a qué hora es la cena? —preguntó Steffan.
— En una hora —respondió Tom—. Ve a terminar de leer en tu habitación —empujó a Severus hacia su dormitorio.
—No sé qué planeas hacer en menos de una hora, Tom, pero estoy de acuerdo —avisó Severus, siendo de nuevo empujado a la cama por su esposo.
—Lo amarás.
Tom lo besó profundamente y empezó a quitarle la ropa.
—Comienza con un beso aquí —besó sus labios—. Otro aquí —besó su cuello y bajó lentamente por el cuerpo de Severus hasta que este estuvo a punto de gritar.
[…]
Cuando Severus y Tom tomaron asiento en la mesa del Gran Comedor, pusieron a Steffan nuevamente entre ellos; no confiaban en que el vejete no tuviera un ataque cuando llegara el periódico. Comenzaron a comer mientras esperaban a que llegaran las lechuzas.
Las lechuzas soltaron los periódicos en la mesa y se fueron volando. Severus y Tom abrieron sus periódicos y leyeron el titular.
Dumbledore mintió. Harry Potter fue abandonado con sus tíos por orden suya
Dumbledore sabía que Harry Potter fue el verdadero elegido y lo mandó con sus tíos para ocultarlo del mundo mágico. ¿El lado luminoso es tan bueno como dicen ser?
Este artículo incluye la memoria de James Potter en la oficina de Dumbledore.
Memoria de James Potter
James entró a su oficina, miró a Dumbledore, quien le dio una mirada furibunda, y tomó asiento.
—Te advertí sobre ir con el periódico. Mira lo que has hecho.
—No toleraré esas mentiras sobre Charlie. No merecíamos ser despedidos —espetó James con insolencia.
—Se lo merecían. Si hubiera podido, los habría despedido hace mucho tiempo. Sirius y tú son bravucones y le están enseñando a Charlie y Ron Weasley a serlo también. Debí haberlo visto venir. Ahora los periódicos también van a investigar la muerte de Harry —advirtió Dumbledore.
—¿A quién le interesa Harry? Está muerto. Charlie no es bravucón. Solo están celosos de mi hijo —replicó James bastante engreído.
—Si piensas eso, necesitas un sanador mental —señaló Dumbledore, haciendo una pausa para respirar hondo—. Debido a esto y a que los duendes publicaron esa información, la gente comenzará a hacer preguntas que no queremos responder. Por ejemplo, ¿por qué te deshiciste de Harry?
—A nadie le importará —afirmó James, seguro de ello.
—Parece que estás ignorando algunas preguntas importantes que la gente querrá hacer también. Por ejemplo, ¿qué sucedió con una de sus bromas que casi mata a un compañero cuando ustedes eran estudiantes? El público preguntará por qué dos profesores estaban intimidando a las cuatro casas, los obligaban a asistir a clases sobre bromas, molestaban a Steffan y, más importante, querrán saber por qué tu hijo, Harry, fue dejado con sus abusivos familiares. Nos van a investigar por culpa tuya y de Sirius.
—No veo cuál es el problema. Harás lo que siempre haces.
—Ya no puedo hacer nada. En caso de que no lo hayas notado, ya no soy el Jefe de Magos ni hago parte de la Confederación Internacional de Magos. Apenas mantengo mi puesto de director en Hogwarts. La mayoría de las personas se están cansando de que hable sobre el regreso del Señor Tenebroso y están empezando a creer que me he vuelto loco. Estos encantadores artículos no están ayudando a nuestro lado. Ahora parecemos bravucones gracias a Sirius y a ti. Por el amor de Merlín, ni siquiera pudiste decir correctamente el nombre de Steffan.
—Podemos hacer otra entrevista —propuso James, aún seguro de que todo saldría bien—. Llevaré a Charlie para que aclare las cosas.
—No lo harás. Ese niño es tan inútil como tú en las entrevistas. Ninguno tiene pelos en la lengua. Tú ya no eres visto con buenos ojos por el público y por nadie en esta escuela —informó Dumbledore con solemnidad.
—Tengo la intención de retirar a mi hijo de este colegio —avisó James, apretando sus manos en puños furiosos.
—Hazlo, por favor, me encantaría ver si eres capaz de encontrar una escuela que lo acepte después de estos artículos. Ni siquiera puedes pagarle tutores privados. No eres capaz de encontrar trabajo y dudo mucho de que alguien esté dispuesto a contratarte a ti y a Sirius. Me siento mal por Remus. No merecía perder su trabajo por culpa de ustedes dos —dijo Dumbledore, perdiendo rápido la paciencia con James e inhalando profundamente—. Sus reacciones tampoco ayudaron. El lenguaje que usaron debió haber sido tan grotesco para que se negaran a imprimirlo. Y que salieran furiosos de la entrevista que ustedes iniciaron sólo demostró su estupidez. Ahora, quiero que te vayas de mi colegio. No me importa a dónde vayas, pero no te vas a quedar aquí. Lily y Charlie pueden quedarse si quieren, pero tú estás vetado de Hogwarts.
James se levantó.
—Yo me ocuparé de esto. Olvidas con quién estás hablando. Soy Lord Potter y el padre del Niño que sobrevivió, nuestro salvador.
—Tú olvidas algo muy importante y que sabías desde hace tiempo. Harry fue el Niño que sobrevivió y el salvador. Tú aceptaste abandonarlo para mantenerlo a salvo. Y fue asesinado por los parientes de Lily —le dijo Dumbledore sin rodeos.
James salió furioso de su oficina.
Fin de la memoria de James Potter
Parece que el señor Potter tiene la costumbre de irse furioso cuando no le gusta lo que le dicen, especialmente la verdad sobre sus hijos. Los Potter abandonaron a su primogénito para que fuera asesinado por los parientes muggles de la señora Potter, y Dumbledore se atrevió a evitar que fueran a Azkaban.
Tantas preguntas se hacen ahora, lectores, sobre tantas mentiras que se han contado. Si el lado luminoso está lleno de este tipo de mentiras, ¿qué más nos han estado ocultando?
Debajo del artículo se mostraban las memorias de diferentes escenas: a Dumbledore sacando a los Dursley de sus problemas con el Wizengamot, defendiendo sus acciones ante los aurores y el Departamento de Seguridad Mágica, y los diversos incidentes de intimidación a diferentes estudiantes.
Debajo de esa historia se encontraba la noticia sobre el robo de Gringotts, que la piedra filosofal se encontraba ahora en Hogwarts y siendo custodiada por Fluffy, y que muchos estudiantes podían acceder a él. Las fotografías mostraban a Fluffy, a varios alumnos entrando en la habitación en la que se encontraba y al perro de tres cabezas ladrándoles mientras intentaba alcanzarlos.
Tom y Severus observaron a Dumbledore levantarse de un salto de su asiento y salir muy rápido del comedor.
—Me pregunto si fue por algo que leyó —comentó Tom de forma casual.
Chapter 6: Atrapados como a unos cerdos
Chapter Text
Tom, Severus y Steffan no pudieron evitar reírse apenas estuvieron en sus aposentos. Tom y Severus habían escuchado los murmullos y jadeos de sorpresa de todos por la noticia en el periódico, ya que sabían que era verdad. Minerva se levantó y se fue unos minutos después de que Dumbledore saliera bastante apresurado del Gran Comedor; todos podían ver en su rostro que estaba furiosa mientras se dirigía probablemente a la oficina del director.
Después de ese espectáculo, el Gran Comedor quedó en silencio mientras todos intentaban averiguar qué hacer o qué iba a pasar después. El silencio permaneció por un largo tiempo, y solo un susurro fue suficiente para que todo el comedor volviera a estallar en murmullos y conversaciones animadas. Luego de eso, Severus, Tom y Steffan se fueron para evitar estallar en carcajadas en el Gran Comedor y que la atención se centrara en ellos.
Steffan fue enviado por su padres a reunirse con sus amigos en la sala común para que ellos pudieran escuchar lo que ocurría en la oficina del director.
Dumbledore se paseaba desesperado por su oficina, incapaz de creer lo que estaba pasando. ¿Por qué James había entregado sus recuerdos? Sabía que el hombre había pasado la última semana emborrachándose hasta perder la conciencia en varias tabernas, por lo que no le sorprendería que alguien hubiera conseguido que James hablara más de lo debido. Era absurdo e insólito. Ahora, todo el mundo estaría buscando respuestas, y él tendría que proporcionar pruebas sólidas de que la muerte de Harry no fue intencionada. Dumbledore bajó la cabeza; sabía que lo obligarían a consumir Veritaserum, y él tendría que confesar todo lo que había hecho: la manipulación de las barreras, el abuso que había ignorado y su falta de acción al respecto. Tan pronto como mencionara que los Potter, Lupin, Black, y que Molly y Arthur Weasley también lo sabían, el lado luminoso sería arrasado en el Wizengamot y todos les darían la espalda.
Las barreras le notificaron a Dumbledore de que Minerva estaba afuera de su oficina y se negó a abrirle la puerta. Minerva insistió en que la dejara pasar y, finalmente, envió un Patronus amenazándolo con llamar a los aurores si no le explicaba todo. Dumbledore no se preocupó demasiado por eso; sabía que Lucius Malfoy no perdería el tiempo en asegurarse de que los aurores fueran a arrestarlo. Soltando un gemido resignado, Dumbledore abrió la puerta, sabiendo que tendría que enfrentarse a fuerzas con Minerva.
Minerva entró y Dumbledore notó los signos de que apenas estaba controlando su temperamento. Aunque sabía que ella rara vez perdía la calma, cuando lo hacía, era mejor esconderse y esperar a que pasara la tormenta.
—Será mejor que empieces a explicarme todo ahora mismo. Te dije que eran los peores muggles que existían y no me creíste.
—No sé por dónde empezar —dijo Dumbledore, fingiendo derrota—. De verdad pensé que era para proteger a Harry. No esperaba que lo asesinaran.
—Sabías que Harry estaba siendo abusado, ¿no es así? —cuestionó Minerva decepcionada.
Dumbledore agachó la cabeza, sabiendo que no podía mentirle; tarde o temprano todo saldría a la luz, y él no estaba seguro de qué más podía hacer. Se había sentido tan culpable todos estos años por la muerte de Harry.
—No sabía que fuera tan malo. Regresé allí un año después porque su magia estaba reaccionando negativamente a ellos y puse más barreras porque creí que ellos no eran tan fáciles como James y Lily. No pensé que fueran tan malos y crueles.
—¿Me estás diciendo que no solo sabías que lo estaban lastimando, sino que también lo dejaste ahí y pusiste barreras para asegurarte de que no pudiera defenderse? —inquirió Minerva con incredulidad y la magia crepitando a su alrededor.
—Sí, todos lo hicimos —confirmó Dumbledore.
—¿Quiénes más participaron? —interrogó una nueva voz.
Dumbledore se giró hacia la puerta al oírla siendo abierta, viendo a Erick Greenlish, Kingsley Shacklebolt y John Dawlish parados en el umbral, y suspiró, sin opciones ahora que ya había admitido que más personas estaban involucradas.
—James y Lily Potter, Sirius Black, Remus Lupin y Molly y Arthur Weasley. Todos queríamos protegerlo. Yo incluso redacté un contrato de matrimonio entre Ginny Weasley y Harry para cuando fueran mayores, con la esperanza de protegerlo. Todos esperábamos mantener a salvo a Harry si le decíamos al público que Charlie era el salvador.
—Sin embargo, sus tíos lo asesinaron y tú los enviaste a una linda prisión muggle —replicó Minerva—. Después de la muerte de Harry, dejaste que todos siguieran creyendo que Charlie era el salvador. En lugar de corregir tus errores, los empeoraste. Ese niño es un bravucón. Si él y Ron Weasley no son detenidos, terminarán matando a alguien, justo como Sirius casi asesina a Severus en su quinto año. Tú lo encubriste y no aprendiste nada de eso.
—¿El chico que casi murió en el ataque fue Severus? —cuestionó Kingsley sorprendido.
—Sí.
—Bueno, eso explica por qué los odia tanto —murmuró Kingsley—. Vinimos a arrestarte, Albus, y debo decir que no me esperé esto. Sabes que presentaremos esta memoria durante tu juicio.
—Lo sé, no esperaría menos —contestó Dumbledore—. No sé si esto en verdad ayudará, pero queríamos proteger a Harry del regreso del Señor Tenebroso. Pronto volverá.
—Patrañas —interrumpió Minerva—. Has estado diciendo eso desde hace diez años y aún no ha vuelto. Nadie lo ha visto ni oído de él. Estoy harta de escuchar tus mentiras —miró a los aurores—. Iré al Ministerio a dar mis memorias y proveer cualquier otra cosa que sea necesaria. —Salió furiosa de la oficina.
—Estás bajo arresto, Albus. Debes venir con nosotros —declaró Kingsley.
Dawlish avanzó, sacó las esposas supresoras de magia y se las puso a Dumbledore en las muñecas. Todos salieron de la oficina.
—No puedo creer que haya admitido todo tan fácil —comentó Severus, dándole una sonrisa de oreja a oreja a Tom.
—No tenía opción. Sin importar cómo, todo saldría a la luz. Después de todo, le darán Veritaserum apenas llegue al ministerio. Haberlo admitido antes lo hace quedar mejor y le permite alegar que siente verdadero remordimiento y culpa por lo que ha hecho, aunque no lo ayudará.
—Todos van a pagar —aseguró Severus.
—Aún no he terminado —avisó Tom con una sonrisa misteriosa.
—Tienes otra idea —señaló Severus, mirándolo sonriente.
—Así es, amor. Las viejas leyes siguen vigentes. Ahora que soy Lord Peverell, puedo exigir una compensación a mi satisfacción, ya que fue uno de mis herederos quien resultó perjudicado. Dado que me apoderé de las bóvedas familiares de los Potter, puedo hacerlo —explicó Tom.
—Me encanta cómo piensas —afirmó Severus, acercándose y sentándose en el regazo de Tom.
—Gracias —dijo Tom, besándolo—. Puede no ser mucho, pero destruirá sus nombres y les quitará su patrimonio.
—¿Eso afectará la herencia de Steffan? —preguntó Severus.
—No, solo afectará a la herencia Black puesto que yo la recibiré. De todos modos, Steffan la obtendrá dado que es nuestro heredero. Solo agregaremos a su herencia los títulos y las tierras de Dumbledore, Weasley y Lupin, y cualquier otra cosa que tengan.
—¿Y qué pasará con los niños Weasley? —inquirió Severus.
—Muriel Prewett recibirá su custodia. Ya verifiqué que tenga los fondos suficientes para cuidarlos. No iba a dejar a los niños abandonados. Sin embargo, yo elegiré qué familia acogerá a Charlie Potter. Quiero que ese mocoso aprenda modales. Estuve pensando en algunas, pero la familia Bones parece ser la mejor. Bones es justa y neutral, por lo que nadie puede reclamar que lo estoy perjudicando.
—¿Crees que lo aceptará? —cuestionó Severus.
—Sí, es flexible aunque no lo aparenta —respondió Tom—. Además, le mencioné algunas cosas con anticipación antes de que se publicara el artículo. No le conté todo, solo mis preocupaciones sobre Charlie y su bravuconería.
—Ahora que nos hemos encargado del lado luminoso, ¿qué planeas hacer a continuación? —preguntó Severus, acomodándose más en el regazo de Tom.
—Hacer que Hogwarts vuelva a su antigua gloria, proteger mejor a nuestro mundo de los muggles y continuar con lo que ya hemos estado haciendo estos años, solo que ahora no tendremos mucha resistencia —contestó Tom satisfecho.
—Desearía ver los recuerdos de James siendo arrestado mientras se encontraba borracho —comentó Severus, divertido ante la idea.
—Estoy seguro de que Dawlish nos proveerá las memorias de cada arresto —dijo Tom.
—Olvidé que él era uno de tus mortífagos sin marcar.
—Los recuerdos van a ser interesantes, especialmente los de Sirius Black. Ese hombre no puede controlar sus emociones y estoy seguro de que intentara huir con su lobito.
—Fenrir podría divertirse con ellos —comentó Severus, gustándole la idea.
Si bien no le gustaban los hombres lobos debido a que aún le temía a Lupin, disfrutaría saber que Fenrir estaba detrás de Lupin y Black.
—¿Qué le pasó a Pettigrew? Él era parte de su grupo.
—Él fue quien me dijo dónde se escondían los Potter. Creo que Nagini se lo comió por accidente mientras estaba en su forma de rata hace unos años. A veces la extraño.
Nagini había muerto de vejez hace tres años. Había sido la compañera de Tom desde que él era un adolescente. Aunque Tom sabía que tendría una vida larga por ser una serpiente mágica, Nagini falleció tranquilamente durante la noche a la edad de cincuenta años.
—Podemos adoptar una serpiente. Estoy seguro de que a Steffan le gustaría. Nunca lo llevamos a la tienda de mascotas para que eligiera un animal —habló Severus, acariciando su rostro y sabiendo lo mucho que Tom extrañaba a Nagini.
—Podemos hacerlo —concordó Tom, depositando un beso en el dorso de su mano—. ¿Qué tal si aprovechamos el tiempo mientras nuestro hijo está en su sala común?
—Me encantaría aprovechar de buena forma ese tiempo —contestó Severus, levantándose y dirigiéndose a su dormitorio.
Tom lo siguió, observando a su esposo caminar por delante de él y disfrutando del panorama.
Steffan estaba en la sala común platicando con todos sobre lo que sucedió en el Gran Comedor. Los Slytherin estaban emocionados de por fin deshacerse de Dumbledore.
—Hay que festejar —opinó Draco con entusiasmo.
Los estudiantes mayores estuvieron de acuerdo, y pronto los amigos de otras casas fueron invitados a la casa de Slytherin para una fiesta. Pasaron la noche divirtiéndose y relajándose.
— ¿Crees que tus padres se enojen porque tengamos una fiesta? —preguntó Draco, acercándose a Steffan.
— Lo más seguro es que estén festejando porque el Tonto se ha ido, así que no lo sabrán hasta mañana —respondió Steffan en señas.
— Sabes que tus padres nos van a matar si se enteran, ¿no? —comentó Theo.
— Es probable que mi papá nos dé un sermón mientras que mi padre se quedará parado detrás de él, sonriéndonos debido a que sabrá por qué hicimos la fiesta. Papá realmente no se enojará, solo tendrá que cumplir con su deber como Jefe de Casa.
Steffan sintió que le tocaban el hombro y al girarse, vio a Severus.
— Tienes razón —señaló Severus en señas—, debo cumplir con mi deber de Jefe de Casa —hizo una pausa, viendo a todos congelados en sus lugares por ser atrapados teniendo una fiesta ilegal—. Debido a que estoy aquí como tu papá y no como Jefe de Casa, no vi nada —dijo.
Todos soltaron una ovación. Tom estaba parado detrás de él, sonriendo justo como Steffan lo dijo.
—Ahora, la razón por la que vine se debe a que quería advertirles que no pasen toda la noche festejando ya que mañana tienen clases —advirtió Severus, interpretándoselo a Steffan en señas.
Todos asintieron, confirmándole que su mensaje había sido recibido. Tom y Severus salieron satisfechos de la sala común y regresaron a sus aposentos.
—Van a festejar con más ganas cuando Dumbledore sea sentenciado —afirmó Tom.
—¿Cuándo crees que inicien los juicios? —preguntó Severus.
—Dado que Dumbledore y Potter han admitido lo que hicieron, los juicios podrían tardar en comenzar unos meses. Estoy seguro de que serán investigados a fondo y todo saldrá a la luz: sus crímenes, el historial escolar de Dumbledore, la verdad sobre todos los eventos.
—¿Planeas hacerles algo en ese periodo de tiempo?
—Tengo algunas ideas que estoy seguro de que amarás —contestó Tom.
—¿He mencionado cuánto amo tus ideas?
—Varias veces. Adoro verte y hacerte feliz.
Chapter 7: Los arrestos
Chapter Text
Durante la semana siguiente, El Profeta estuvo abarrotado de relatos detallando cómo cada una de las personas implicadas era arrestada, convirtiendo cada día en un nuevo espectáculo público.
Funcionario del ministerio Arthur Weasley y su esposa, Molly, arrestados
Por Rita Skeeter
Varias horas después del arresto del director Albus Dumbledore y de Lily Potter, aurores llegaron al Departamento de Uso Indebido de Artefactos Muggles para detener al jefe del departamento. La noticia dejó a la población en estado de shock. Nadie quería creer el motivo. ¿Quién habría imaginado que alguien tan aparentemente gentil como Arthur Weasley pudiera permitir conscientemente que ocurriera una tragedia semejante?
La sorpresa fue aún mayor cuando, apenas unas horas después, su esposa Molly Weasley fue escoltada bajo custodia.
—Han sido acusados de fraude, complicidad en abuso infantil, complicidad en poner en peligro a un menor y complicidad en asesinato. Sus recuerdos respaldan los de James Potter y Albus Dumbledore —declaró Madame Bones en un comunicado emitido por el Departamento de Seguridad Mágica.
Actualmente, los hijos menores del matrimonio se encuentran viviendo con Muriel Prewett, quien ha abierto su hogar para recibir a los cinco niños restantes. Bill Weasley se encuentra trabajando en Egipto, mientras que Charlie Weasley labora en Rumania. Resulta inevitable preguntarse por qué los dos hijos mayores trabajan tan lejos del hogar familiar. ¿Será que existía abuso oculto dentro de la casa Weasley?
Basta con revisar el historial escolar de Ronald Weasley: en su primera semana en Hogwarts fue suspendido por acoso escolar y perdió más de ciento veinte puntos. No podemos evitar preguntarnos qué es lo que realmente ocurría tras las puertas cerradas del hogar Weasley.
James Potter, borracho y caído, intenta huir
Por Rita Skeeter
Cuando los aurores acudieron a arrestar a James Potter por los cargos de fraude, complicidad en asesinato, complicidad en fraude, complicidad en abuso infantil y poner en peligro a un menor, lo encontraron en completo estado de ebriedad. Tan ebrio estaba que, al ver llegar a los aurores, intentó bajarse del banco de la barra, se tropezó con sus propios pies y terminó desmayándose mientras trataba torpemente de arrastrarse para escapar.
Una vez reanimado, el señor Potter intentó negar cualquier responsabilidad. Gritaba que Charlie Potter era el verdadero salvador y que todo era una mentira orquestada por Albus Dumbledore para incriminar a su propio hijo. Los aurores se vieron obligados a esperar casi dos días completos a que el organismo del señor Potter se liberara de sustancias tóxicas antes de poder obtener una declaración formal.
Lamentablemente, dicha declaración resultó ser falsa y contradictoria frente a lo que sus propios recuerdos mostraban con absoluta claridad. Al ser confrontado con sus memorias, Potter insistió en que eran falsas y afirmó que todo formaba parte de una conspiración de El-que-no-debe-ser-nombrado para destruir a su familia.
Lily Potter fue arrestada poco después de Albus Dumbledore, en Hogwarts. A diferencia de su esposo, fue detenida sin resistencia y entregó voluntariamente sus propios recuerdos, los cuales confirmaron los recuerdos de James Potter y de Albus Dumbledore. Admitió que ambos sabían que Charlie no era el niño de la profecía ni el salvador. También reconoció que sabían que su hermana y el esposo de esta detestaban la magia y, aun así, permitieron conscientemente que su hijo fuera enviado a vivir con ellos.
No podemos evitar preguntarnos qué es exactamente lo que está ocurriendo con el señor Potter. ¿Está preparando una defensa por demencia? ¿O acaso espera que, al tomar este camino, el público le perdone la muerte de su primogénito?
Sirius Black y Remus Lupin capturados tras tres días de búsqueda
Por Rita Skeeter
Tras una intensa cacería que se prolongó durante tres días, Sirius Black y Remus Lupin fueron entregados al Ministerio por Fenrir Greyback. Sí, estimados lectores: el temido hombre lobo fue quien puso en manos de la ley a dos criminales buscados. Black y Lupin habían huido al enterarse del arresto de James Potter.
Los recuerdos de Greyback muestran que ambos fueron perseguidos durante horas por una manada de hombres lobo, quienes no ocultaron su indignación ante el abuso y asesinato de un niño. Sirius Black no fue mordido durante la persecución; sin embargo, los registros confirman que Remus Lupin fue transformado cuando aún era un niño.
Actualmente, Greyback exige el reconocimiento de los llamados Derechos de Ley de Manada, una propuesta a la que Remus Lupin se ha opuesto abiertamente. Al investigar dichas leyes, encontramos disposiciones verdaderamente inquietantes. Bajo este sistema legal, el señor Lupin sería considerado prácticamente sin nombre, ocuparía el rango más bajo dentro de la sociedad licántropa, no podría poseer bienes y estaría obligado a ser escoltado por alguien con rango Beta o superior cada vez que saliera de las protecciones del territorio. Y eso no es todo.
La razón por la cual creemos que el señor Lupin rechaza estas leyes es sencilla: estaría obligado a tomar pareja en un plazo máximo de seis meses, y dicha pareja tendría control total sobre su persona.
También hemos descubierto que Sirius Black, a pesar de ostentar el título de Lord Black, era el padrino mágico de Harry Potter y lo había nombrado su heredero. Resulta inevitable preguntarse cómo un hombre pudo permitir que su propio ahijado fuera abusado de manera consciente sin hacer absolutamente nada. Al hacerlo, rompió el vínculo mágico que implica ser padrino.
Más aún, se ha confirmado que Sirius Black intentó convertirse en padrino de Charlie Potter cuando se enteraron de la muerte de Harry. No habían pasado ni veinticuatro horas cuando ya se encontraban en Gringotts arreglando los detalles.
¿Será esta la razón por la cual Charlie Potter se comporta como un bravucón? Fue criado por personas que permitieron que su propio hijo fuera maltratado y asesinado. El propio padrino de Harry Potter dejó que todo ocurriera. Entonces, cabe preguntarse: ¿quién debía proteger al pequeño Harry, si ni sus padres ni su padrino estuvieron dispuestos a hacerlo?
Dumbledore expuesto en una mentira sobre la profecía
Por Rita Skeeter
Esta reportera ha descubierto que Albus Dumbledore escuchó una supuesta profecía pronunciada nada menos que por Sybill Trelawney durante una entrevista de trabajo. Esta “vidente” —y uso el término con mucha ligereza— entregó la profecía en una taberna, en medio de dicha entrevista. Al revisar los registros oficiales del ministerio, resulta revelador que su nombre nunca haya aparecido en la lista de oradores de profecías debidamente registrados.
¿Y fue basándose en esta profecía que el director decidió que Charlie Potter era el niño de la profecía? Dicha revelación ocurrió apenas unos meses antes de los eventos del 31 de octubre de 1981. Los recuerdos revisados muestran que, entre el momento en que se pronunció la profecía y los acontecimientos de aquella noche, la negligencia ya comenzaba a manifestarse dentro del hogar Potter.
Cuando Dumbledore informó a los Potter sobre la profecía, aseguró que se refería a Charlie y fue él mismo quien sugirió enviar a Harry Potter a vivir con parientes muggles abusivos tras el famoso suceso. Después del 31 de octubre, cuando se descubrió que Harry era en realidad el verdadero niño de la profecía, lejos de ayudarlo, lo entregaron y continuaron creyendo que Charlie era el elegido, aun cuando el propio Dumbledore ya les había revelado la verdad.
James y Lily Potter, Sirius Black, Remus Lupin, Arthur y Molly Weasley sabían que esto era cierto y no hicieron nada para impedirlo. Escucharon de labios de Lily que su hermana odiaba la magia. Entonces, ¿qué los llevó a pensar que alguien que detestaba la magia trataría a un niño mágico con amor y cuidado?
Esa misma noche, Dumbledore dejó a Harry Potter en el escalón de una casa en Surrey, frente al hogar de sus parientes muggles. No habló con ellos. No explicó nada. Simplemente dejó una breve nota colocada sobre el cuerpo del bebé. Dejó deliberadamente a un niño indefenso a la intemperie durante toda una noche de finales de octubre.
¿No debería alarmarnos que este fuera el hombre a cargo de nuestra escuela? Él era quien guiaba a nuestros hijos. El mismo hombre que permitió que un bebé fuera abusado. El mismo hombre que permitió que asesinos eludieran la justicia.
Estas acciones deberían horrorizarnos. Debemos exigir que no se salgan con la suya, del mismo modo en que Dumbledore permitió que muggles se salieran con un asesinato. ¿Qué más ha permitido? Sabemos que encubrió un intento de asesinato contra un estudiante. ¿Cómo podemos estar seguros de que no fue el primer asesinato que trató de ocultar?
Dos semanas después
Entrevista con Lord Peverell-Prince-Snape
Por Rita Skeeter
En una entrevista poco común, Lord Peverell-Prince-Snape habló sobre el momento en que descubrió que un familiar suyo había sido víctima de abuso. Como cabeza de la familia Peverell, expresó su profunda sorpresa al enterarse de las acciones cometidas por los Potter.
—Realmente me sorprendió. Jamás habría imaginado que alguien de mi propia familia fuera capaz de hacerle algo así a su propio hijo.
Hemos podido confirmar que Lord Peverell-Prince-Snape es el líder del linaje familiar que incluye a los Potter, lo cual explica por qué James Potter perdió sus asientos dentro de la familia hace tantos años.
RS: ¿Tiene una relación cercana con los Potter?
LP: No. Sé que mi esposo, Severus Peverell-Prince-Snape, trabajó con ellos, pero yo solo los veía durante las comidas formales, salvo cuando surgían problemas relacionados con el acoso hacia nuestro hijo.
RS: ¿Llevan tiempo luchando contra ese acoso?
LP: Sí. Tristemente, el primer día que conocimos a los Potter, el señor Potter le dijo a mi hijo: “No podemos tener a los de tu clase aquí”, refiriéndose a que mi hijo es sordo.
RS: Al revisar los archivos de Hogwarts, se señala que Charlie Potter y Ron Weasley fueron suspendidos durante la primera semana de clases por intimidar a su hijo. ¿Cómo fue el resto del año después de eso?
LP: No mejoró mucho. De hecho, esa fue una de las razones por las que el señor Potter y el señor Black fueron despedidos: permitieron que el acoso continuara contra otros niños. Incluso enseñaban cómo intimidar y realizar bromas humillantes a otros estudiantes. Los recuerdos que provocaron su despido no eran falsos y, hasta donde tengo entendido, ahora se encuentran en el Ministerio para ser utilizados en sus próximos juicios.
RS: Harry Potter tenía apenas cuatro años cuando fue asesinado. Sé que no es un tema fácil, pero ¿los Potter alguna vez parecieron preocuparse por su otro hijo?
LP: No. Nunca los escuchamos siquiera mencionar que tuvieran otro hijo. Descubrir que permitieron que su propia sangre fuera asesinada es impactante. Mi hijo tiene la misma edad que los gemelos Potter, y saber que alguien permitió la muerte de un niño indefenso —y que el director ayudó a que los responsables recibieran una sentencia más ligera— es, francamente, desconcertante. ¿Desde cuándo el asesinato de un niño merece una condena menor que el de un adulto?
RS: ¿Cree que todo fue un error, como afirma el director? Él asegura que jamás pensó que realmente matarían a Harry Potter.
LP: Si eso fuera cierto, ¿por qué encubrirlo durante tantos años? ¿Por qué permitir que nuestra sociedad siga creyendo esta mentira sobre Charlie Potter? ¿Por qué permitir que esos muggles recibieran una sentencia reducida? ¿Y por qué insistir tanto en que Voldemort va a regresar? Sí, dije su nombre. Francamente, nunca he entendido esa costumbre inglesa de no pronunciarlo.
(Nota de la reportera: Lord Peverell-Prince-Snape fue criado en España).
LP: Debe haber una razón para empujar la imagen de Charlie Potter ante la sociedad y presentarlo como el salvador.
RS: Entonces, ¿no cree que él vaya a regresar?
LP: ¿Después de qué, diez años? ¿Por qué seguir escondiéndose tanto tiempo? ¿Cuál sería el sentido?
RS: Son preguntas muy pertinentes. Parece que, al final, usted terminó haciéndolas.
LP: No tengo las respuestas, pero es evidente que el director Dumbledore ha ocultado muchas cosas. La verdadera pregunta es: ¿qué más está escondiendo?
Poco después, nos despedimos. Me quedé con más preguntas que respuestas, y tengan por seguro, queridos lectores, que continuaré buscándolas.
Severus acababa de terminar de leer la entrevista cuando Tom y Steffan regresaron a sus aposentos. Alzó el periódico para que ambos lo vieran.
—Me encanta —le dijo a Tom.
—Apenas la puntita, cariño —respondió Tom antes de darle un beso—. Todavía tengo algunas ideas más para ellos.
Severus sonrió con malicia y atrajo a Steffan para darle un abrazo.
—¿Ya hiciste tu tarea?
—Sí. Papá la revisó —respondió Steffan con orgullo—. Dijo que este fin de semana podemos ir a la tienda de mascotas.
—Es verdad, lo hemos ido posponiendo sin querer —admitió Severus—. Ve a lavarte para la cena; tenemos que ir al Gran Comedor en unos cinco minutos.
Steffan salió corriendo y Severus volvió a sonreír, ahora mirando a Tom.
—Rita hizo un trabajo excelente con esos artículos.
—Sí, lo hizo —asintió Tom—. No puedo esperar a ver qué escribe cuando empiece a aplicar las leyes antiguas para hacer justicia.
—Yo tampoco —respondió Severus—. Minerva me pidió que aceptara el puesto de subdirector.
—¿Quieres hacerlo?
—No lo sé. Le dije que lo pensaría.
—Sabes que voy a apoyarte en lo que decidas —dijo Tom con calma—. Si quieres aceptar, no tengo ningún problema con eso.
—Me preocupa más el tiempo que va a consumir.
—Si lo deseas, Severus, haré lo que sea necesario para ayudarte. Si tengo que contratar a un asistente para apoyarte con las pociones, lo haré —aseguró Tom.
—Lo sé… pero me preocupa reducir el tiempo que paso con Steffan.
—Steffan probablemente querrá ayudarte en lo que decidas —replicó Tom con una sonrisa—. Le encanta ser nuestro asistente, lo sabes bien. ¿Cuántas veces he tenido que sacarlos a los dos del laboratorio, o ustedes han tenido que sacarme de mis sesiones de investigación?
Severus soltó una pequeña risa.
—Lo pensaré. Veré exactamente qué implicaría el puesto.
—Eso es todo lo que puedes hacer —respondió Tom—. Ahora vamos por nuestro Brat y vámonos al Gran Comedor. Quiero escuchar qué se está diciendo.
—Eso puedes saberlo solo con preguntarle a Steffan.
—Cierto —admitió Tom—, pero también quiero oír la verdad sin adornos antes de que empiecen a censurarse.
—Solo quieres ver sus reacciones —rió Severus.
Tom se limitó a sonreír con suficiencia.
Chapter 8: Las ideas de Tom
Chapter Text
Tom estaba sentado en su despacho revisando unos papeles cuando la red flu se activó y Lucius salió de ella.
—Milord.
—Lucius, no te esperaba esta noche.
—Traigo noticias.
—¿Necesito traer a Severus?
—Sería buena idea. No quiero que Steffan se entere de esto.
—Toma algo mientras voy por él —le dijo Tom.
Tom encontró a Severus con Steffan en el laboratorio de pociones de sus aposentos. Los observó durante unos minutos hasta que lo notaron. Entró al cuarto y le dio un beso a Severus.
—Parece que llegué en buen momento.
—Sí, ya íbamos a limpiar.
Tom le dio un golpecito en el hombro a Steffan.
—Necesito hablar con tu papá. ¿Puedes ir a tu habitación o a tu sala común?
—Iré a mi sala común. Quiero ganarle a Theo una partida de ajedrez antes de dormir —señó Steffan. Les dio un abrazo rápido y se fue.
—¿Qué está pasando? —preguntó Severus; sabía que nunca hacía que Steffan se fuera sin una buena razón. Estaban demasiado apegados a su hijo.
—Lucius está en mi despacho. Quiere hablar con nosotros.
—Ayúdame a limpiar —dijo Severus, señalando los ingredientes y los calderos, cucharones y frascos desordenados.
—¿Preparando pociones para la tos?
—Sí. Poppy andaba corta y no las tenía en mi plan de clases hasta dentro de otro mes. Steffan se ofreció a ayudarme también.
Tom le dio un pequeño empujón en la cadera a Severus, le guiñó el ojo y dijo:
—Sabes que siempre te voy a ayudar.
Severus sonrió con picardía.
—Ese tipo de ayuda la puedes dar más tarde, esta noche, después de que Lucius se vaya.
Una vez que los tres estuvieron sentados, Lucius los miró.
—Puede que tengamos un problema.
—¿Qué clase de problema? —preguntó Severus, sintiendo cómo le subía la ansiedad.
—El abogado defensor está intentando que desechen los recuerdos de Potter, usando la excusa de que estaba borracho y, por lo tanto, no los entregó de manera voluntaria.
—Eso no importa, no hay nada en la ley que diga eso —respondió Tom.
Severus miró a Tom y se relajó; Tom no iba a dejar que se salieran con la suya.
—Estoy de acuerdo, y normalmente no sería un problema —continuó Lucius—. Sin embargo, ahora todos los abogados defensores están usando el mismo argumento. Los aurores han obtenido declaraciones y recuerdos de varias personas. Nadie ha salido a decir que Potter fue obligado a entregar sus recuerdos; de hecho, la gente ha comentado lo mucho que hablaba de más.
—¿Hay alguna posibilidad de que funcione? —preguntó Tom.
—Tal vez. Hay muchos seguidores del lado de Dumbledore, a pesar de que están usando la propia confesión del hombre sin aportar recuerdos. Los recuerdos de la profesora McGonagall respaldan la evidencia, apoyados por los aurores, uno de los cuales pertenece a su propia Orden. La verdad no sé cómo es que todavía tiene gente apoyándolo.
—¿Podemos impedir que usen esa defensa? —preguntó Tom, tratando de pensar en distintos planes.
—Ahora mismo está dividido. Muchos están impactados y no quieren abandonar la idea de que él sería incapaz de hacer algo así, o incluso de permitir que un niño fuera abusado y asesinado. El otro lado es que hay demasiados dispuestos a creerlo; tristemente, la mayoría son conocidos por apoyar a la facción más oscura, lo que está causando problemas con los simpatizantes del lado claro.
—Entonces se convirtió en un debate de oscuro contra claro —suspiró Tom. No esperaba que llegara a eso tan pronto.
—Sí, por todo lo que Dumbledore anda diciendo sobre el regreso del Señor Tenebroso y que ellos solo hicieron lo que era necesario por el bien mayor, su discurso de siempre, lo cual me sorprende que alguien todavía escuche.
—¿El bien mayor? Ese hombre está loco —dijo Severus.
—Tengo una idea.
Lucius y Severus voltearon a ver a Tom.
Tom invocó un libro de historia y lo abrió.
—El duelo que tuvo con Gellert Grindelwald. Se ha escrito sobre eso en varios libros de historia, pero hay uno de Bathilda Bagshot. Ella escribió como diez libros de historia; el que me refiero se llama La Verdad sobre el Valle de Gdric, y habla de Gellert Grindelwald y Dumbledore. Ella dice que fueron pareja cuando eran adolescentes. Hubo una pelea y uno de ellos mató a la hermana de Dumbledore. Aberforth siempre ha culpado a Albus, incluso le dio un golpe en el funeral. Ahora, lo realmente interesante es que la frase “por el bien de todos” se escuchó decir muchas veces a Gellert. Ella hace referencia a numerosas personas en su libro que respaldaron ese hecho.
—Nunca había oído hablar de ese libro. ¿También podemos conseguir recuerdos de Aberforth? —preguntó Severus.
—No estoy seguro con Aberforth. Los mortífagos usan su taberna para comer, beber, lanzar dardos y, por lo general, chismear, y él no anda difundiendo historias. La razón por la que nunca escuchaste de ese libro es porque Albus retiró todas las copias de Hogwarts e impidió que se siguieran publicando. Yo tuve que encontrar el mío entre mis libros viejos, ya que salió antes de que se convirtiera en director. Binns me recordó el libro. Ella casi logra impedir que se convirtiera en director, pero como era la tía abuela de Gellert, se desestimó cuando Dumbledore señaló la relación, respaldado por su viejo amigo de la escuela, Doge. Ella trabajó durante años para que despidieran al viejo chocho; al final se rindió cuando se dio cuenta de que no se podía hacer nada, pero eso no le impidió seguir escribiendo y llevando registro de todo.
—No podemos usar el libro —les recordó Lucius—, no hay forma de respaldar los hechos.
—Ella sigue viva —sonrió Tom.
—Iré a visitarla mañana —respondió Lucius con una mueca satisfecha—. Estoy seguro de que nos dará sus recuerdos. También veré si tiene más información sobre él.
—Apuesto a que incluso estaría dispuesta a ir al Ministerio por su cuenta. Nunca le agradó ese hombre desde que lo conoció y, cuando metió a su sobrino en esa prisión, terminó por odiarlo. Si acepta, podría darnos tiempo para visitar a Gellert y conseguir también sus recuerdos —dijo Tom, consciente de que a la mujer le encantaría enterrar al viejo chivo en el Wizengamot.
—Puede que eso no sea suficiente para evitar que admitan los recuerdos de Potter, que fueron los que iniciaron todo. Eso es lo que me preocupa —comentó Severus.
—Nuestras leyes no funcionan de manera tan limpia y clara. Incluso si intentan desecharlos, todavía podemos usar su confesión y todas las demás después. Tal vez no sea suficiente para meter a Dumbledore en prisión ahora mismo, pero no salvará al resto… y eventualmente tampoco a él, si lo hacemos bien.
—A menos que recurras a las leyes antiguas —intervino Lucius—. Sé que mencionaste hacerlo después del juicio, para definir los castigos. Si no llegan a juicio, aún puedes solicitar una sentencia usando las leyes antiguas, específicamente la que trata sobre la ruptura de la magia familiar. Harry habría sido tu heredero si tú y Severus no hubieran tenido a Steffan. Usando esas leyes, podrías exigir un juicio.
Lucius sabía que Harry era Steffan, aunque nadie lo viera como Harry.
—Aun así sería el vástago, así que funcionaría, sobre todo porque yo soy el jefe de la familia. Al final tendría que invocar a la magia para que los juzgue.
—Sí, pero solo invocando a la magia para juzgar lo relacionado con Harry, nada más. Y tú no puedes ser hallado culpable de nada; la magia no te juzgará por haberlo salvado —explicó Lucius.
—¿Y si nos ahorramos todo el problema y simplemente invocamos a la Dama Mágica para que los juzgue? —preguntó Severus.
—Sería más limpio y sencillo. Sin abogados defensores, y nadie en el Wizengamot podría detenerlo. Sin embargo, no se haría público nada, ni siquiera el resultado del juicio —le respondió Lucius.
—¿No podrían divulgar nada? —preguntó Severus.
—No. Lo único que se vería sería la sentencia, no las razones. Además, con el encantamiento de secreto en la cámara, nadie podrá hablar de ello y no habrá una transcripción oficial que se pueda liberar.
—Quiero asegurarme de que paguen. Y podemos hacer que paguen caro —dijo Tom, tranquilizando tanto a Severus como a Lucius; sabía cuánto quería Lucius a su hijo—. Será más duro que el Wizengamot. ¿Cuándo es su juicio?
—El primero es dentro de una semana. A partir de mañana se la pasarán discutiendo qué puede y qué no puede usarse como evidencia.
—¿Puedo presentar la moción mañana, antes de que empiece todo?
—Sí, siempre que dejes claro que quieres que la sentencia se dicte al final del juicio y que exiges que haya juicio. Así nadie podrá escapar. Fudge y algunos otros quizá se opongan, diciendo que serían dos sentencias por los mismos crímenes, pero creo que están deseando verlos sufrir, así que cuando expliques lo que quieres, lo aceptarán.
—Ya tengo claro lo que quiero, y créanme: ninguno de ellos lo va a disfrutar. Aun así, quiero arruinarlos en la prensa, sacar toda la evidencia. Quiero que el público los odie.
—Eso no será difícil. Incluso si lograran librarse, el público cree en esos recuerdos —les aseguró Lucius—. Los han estado pasando una y otra vez en distintos periódicos. Creo que Tom, en el Caldero Chorreante, aumentó el número de ejemplares que se entregan para cubrir a todos los que quieren leer lo último.
—¿Nuestros seguidores ya lo están difundiendo en otras comunidades mágicas? No quiero que simplemente puedan irse de nuestro mundo y encontrar refugio en otro lado.
—Algunos miembros de la Confederación Internacional de Magos quieren investigar los negocios de Dumbledore. Vieron el informe de Gringotts sobre la bóveda y quieren asegurarse de que no hizo nada indebido con Hogwarts o con las cuentas extranjeras que administraba.
—Pon a los duendes a revisar todas sus bóvedas. Veamos si podemos obtener un recuento completo de los últimos once años o más —ordenó Tom.
—Les va a encantar. Ragnarok me dijo antes que estaban felices de que por fin arrestaran a Dumbledore.
—Me pregunto qué sabrán —murmuró Severus.
—Estoy seguro de que puedo averiguarlo —sonrió Lucius.
—Mañana quiero que sugieras que les den el beso del dementor. Después de eso presentaré la moción de sentencia; creo que algunos pensarán que es mejor eso que recibir el beso del dementor.
—Doge se va a oponer, igual que Jones —dijo Severus.
—Sí, seguidores acérrimos de Dumbledore, pero por fin están en minoría —respondió Tom.
—¿Qué vas a exigir como castigo? —preguntó Lucius.
Tom sonrió de lado.
—Eso arruinaría la sorpresa. ¿Y qué te hace pensar que será solo un castigo? Tienen numerosos crímenes; voy a pedir numerosos castigos.
—Bien. Sé que ha tomado algunos años, pero vale la pena verlos por fin pagar.
—Trabajamos duro para enterrar al lado luminoso, y esto realmente los va a sepultar. Quiero que toda nuestra gente impulse la narrativa del abuso cometido por gente luminosa y de sus mentiras. Quiero que se difunda tanto que cualquiera que siquiera piense en apoyarlos se lo vuelva a pensar.
—El arresto de las familias Weasley y Potter, dos figuras famosas del lado luminoso, ya está haciendo muchísimo daño a ese bando —afirmó Lucius—. Mucha gente sigue en shock por lo de la familia Weasley.
—Ni siquiera hemos empezado a acabar con ellos. Sé que hemos ido tomando el control del Wizengamot, pero ahora es momento de tomar el control de Hogwarts y poner a los duendes de nuestro lado —dijo Tom—. Y ya tengo la idea perfecta para lograrlo.
Lucius y Severus intercambiaron miradas.
—Tom, sabes que me encantan tus ideas —le dijo Severus, dedicándole una leve sonrisa.
—Lucius, cuando vuelvas a reunirte con Ragnarok quiero que le pidas una auditoría de las cuentas de Hogwarts. También quiero que el Consejo Escolar haga público el faltante de profesores en las materias que aparecen en los registros pero que no se han impartido aquí. Además, quiero que los duendes revisen cada uno de los contratos que Dumbledore firmó. Hay demasiados profesores en esta escuela que no tienen ni la maestría ni la capacidad para hacer su trabajo. También quiero saber qué pasa con Binns: es un fantasma; revisa cómo aparece en el presupuesto.
—Sí está en el presupuesto. Llevo años intentando que el Consejo Escolar autorice una auditoría. Hay demasiados nombres distintos, y aun así tú y Severus nunca los mencionaron.
—¿Quién lo bloqueó?
—Doge, Tonks, Jones, Diggle y Lady Longbottom. Siempre iban detrás de ellos; cuando ella los apoyaba, el resto del Consejo Escolar la seguía, sobre todo con Dumbledore repitiendo lo mucho que supuestamente ganaba la escuela cada año.
—Esta escuela ni siquiera está a una cuarta parte de su capacidad, no tenemos personal completo… ¿cómo se supone que genera ganancias? —se preguntó Severus.
—No creo que las esté generando. La colegiatura no ha subido; Dumbledore siempre hablaba de lo costoso que era Hogwarts, incluso cuando otros comparaban los gastos con los de otras escuelas. Familias del lado luminoso recibían becas, pero nadie, ni siquiera de una familia tenebrosa —respondió Lucius.
—Parece que vamos a tener mucho que arreglar ahora que ponemos los ojos en Hogwarts —murmuró Tom, empezando a pensar en todo lo que habría que hacer y cómo lograrlo.
—Sí, pero será más fácil ahora que Dumbledore ya no está —respondió Severus—. ¿Cómo evitamos que Minerva se convierta en directora? Ya me pidió que fuera su subdirector.
—No tiene autoridad para hacer eso. Ni siquiera le han ofrecido el puesto de directora —aclaró Lucius.
—Pensé que los directores elegían a su sucesor —dijo Severus.
—No. Tomamos en cuenta su recomendación, pero la decisión final es nuestra. También debíamos decidir sobre los profesores, pero eso se detuvo cuando Doge, Tonks, Diggle y Jones armaban escándalo cada año hasta que los demás simplemente cedían.
—Tenemos que quitarlos —dijo Severus, claramente confundido de que todos siguieran ciegamente a Dumbledore.
—Será fácil. Podemos dejar claro que son gente de Dumbledore —dijo Tom—. Seguro tenemos a quienes puedan reemplazarlos en el Consejo Escolar.
—Los tenemos. Me reuniré con Ragnarok mañana antes del Wizengamot. Las mociones no empezarán sino hasta después de comer; Madame Bones intentó retrasarlo para darle más tiempo a los aurores de reunir pruebas, pero Fudge está demasiado ansioso por atrapar a Dumbledore.
—Ese hombre es un idiota —suspiró Tom. Fudge iba a tener que ser reemplazado; necesitaban a un ministro de magia competente.
—Tengo que irme. Mañana tengo una lista larguísima de cosas por hacer.
—Pide ayuda a Barty si lo necesitas.
—Ya tengo a Rookwood y Yaxley sacando información delmMinisterio; los Carrow están difundiendo rumores, igual que Narcissa y Madame Zambini —le informó Lucius—. Si Barty no ha sido atrapado por alguno de ellos para ayudar, yo lo buscaré.
—Rowle y Rosier también serían útiles. Si logramos que revisen a los profesores, ambos tienen al menos dos maestrías y pueden evaluar si de verdad saben su oficio. Sybill tiene que irse —dijo Severus.
—Quiero que tú los apoyes en eso, aunque solo sea dándoles los nombres a revisar. Sybill sí o sí se va —respondió Tom, de acuerdo con su esposo; esa mujer era un peligro para el arte de la adivinación—. Lucius, usa a quien necesites, como siempre.
—Gracias, milord. Ahora debo irme; ya es tarde y mañana tengo mucho que hacer.
—Te veré mañana por la tarde. ¿Comemos juntos? —preguntó Tom.
—¿En Bolsa de Té de Rosa Lee?
—Me parece bien. ¿Al mediodía?
—Mañana.
Lucius se dirigió a la red flu y se marchó.
Cuando se fue, Severus miró a Tom,
—Tom, sé que sabes lo que haces, pero… ¿esto va a funcionar? —dijo, nervioso.
Tom se levantó, caminó hasta él y lo rodeó con los brazos.
—Sí. Y nada va a impedir que los castiguen. Sé que el Wizengamot no siempre es justo, pero el juicio lo será —sintió cómo Severus asentía—. No voy a dejar que se salgan con la suya.
—Gracias —susurró Severus.
—Ahora, ¿qué tal si vamos a revisar a nuestras serpientes y luego a dormir?
—Sigo pensando exigirte que cumplas la promesa que hiciste antes.
—Y yo estoy deseando cumplirla.
Chapter Text
Lucius y Tom estaban sentados uno junto al otro en el Wizengamot. Esperaban a que los abogados comenzaran con sus mociones. Madame Bones presentaría el caso en nombre del Ministerio y de los Potter; las familias Black, Lupin, Dumbledore y Weasley tenían cada una a su propio abogado. Sin embargo, decidieron que el de Dumbledore representara al grupo completo en la presentación de la evidencia.
Tom se inclinó hacia Lucius y murmuró:
—¿Crees que Dumbledore sepa que todos los abogados que eligieron apoyan al bando oscuro? Creo que uno de ellos incluso está marcado. Se me hace demasiado familiar.
—No está marcado, pero ha asistido a todas las reuniones. Les costó mucho encontrar abogados que aceptaran representarlos. Brent Nichols me dijo que solo tomó el caso porque le debía un favor a Doge; por eso está representando a Dumbledore. Los Weasley, Lupin y los Potter son de bajo nivel; a ellos les tomó más de diez intentos pasar el examen. El de Black es promedio, necesitó tres. Nichols lo pasó a la primera. Fue el mejor de su generación en Hogwarts, en la universidad y en la escuela de leyes. Me pregunto si Dumbledore le habrá dicho la verdad.
—Dejó fuera muchas cosas. Siempre guarda demasiado para sí como para contarle todo a Nichols. Me sorprende que Muriel no haya conseguido un mejor abogado para los Weasley.
—Intentó convencerlos de contratar uno, pero se negó cuando rechazaron su trato. Les dijo que solo lo haría si ella se quedaba con la custodia de los niños. Arthur iba a aceptar, pero Molly abrió la boca. Muriel le dijo a Narcissa que Ginny está obsesionada con las historias sobre Charlie Potter y que no deja de preguntar cuándo lo van a ver.
Tom hizo una mueca; no le gustaba escuchar a esa mujer en general, y cuando estaba de malas era todavía peor.
—¿Rita va a sacar otro artículo hoy?
—Sí. Los duendes van a liberar la información sobre Hogwarts mientras estamos en sesión, para que salga en la edición vespertina.
—Lord Peverell, Lord Malfoy, ¿puedo hablar con ustedes? —escucharon una voz.
Se voltearon y vieron a Lord Nott tomando asiento detrás de ellos. Sabían que no podían ser escuchados gracias al escudo que Tom había levantado.
—Claro, Keith —respondió Tom, bajando el escudo de inmediato. Nott era parte de su élite; aunque no sabía que Steffan era Harry Potter, seguía siendo un seguidor de total confianza.
Lord Nott se inclinó un poco hacia adelante.
—Acabo de escuchar a dos miembros de la Orden. Están aquí para declarar a favor de Dumbledore. Quieren usar el miedo al regreso de Voldemort.
Tom negó con la cabeza.
—Tácticas de miedo. Sigue el mismo patrón de siempre. Gracias, Keith.
Todos sabían que Nott no podía quedarse mucho tiempo, ya que no era su lugar asignado. Lord Nott se levantó y le entregó a Tom un trozo de pergamino. Cuando regresó a su asiento, Tom lo abrió, lo leyó y se lo pasó a Lucius.
Elphias (Doge)
Tenemos que asegurarnos de que no auditen Hogwarts ni intenten quitarme del puesto de director. Consigue a Dedalus (Diggle) y a Emmeline (Vance) junto con Hestia (Jones) para detener cualquier cosa que la Consejo Escolar intente hacer.
Albus
Tom y Lucius miraron a Nott. Él inclinó ligeramente la cabeza para indicarles que el mensaje no había llegado a Doge.
Entonces dirigieron su atención a Fudge, quien golpeó el mazo para dar inicio a la sesión. Escucharon la apertura formal y las reglas del procedimiento.
—Ahora, en la agenda, está el asunto de la admisión de evidencia en los casos relacionados con el asesinato de Harry Potter y los cargos referentes a su muerte prematura. Falsa declaración de los hechos ocurridos la noche del 31 de octubre de 1981. Engaño al público y beneficio económico derivado de dicho engaño. Abuso, negligencia y, conforme avancen estos juicios, se presentarán cargos adicionales a medida que se reúna la evidencia. Señor Nichols, ha sido designado para hablar en nombre de los acusados; Madam Bones, por el Ministerio. Madame Bones, por favor, proceda.
Madame Bones se levantó de su asiento detrás de la mesa, sobre la cual había carpetas ordenadas.
—Gracias, Ministro —dijo, tomando un fajo de pergaminos—. La primera prueba que presentaré son las confesiones de Vernon y Petunia Dursley sobre el abuso y la muerte de Harry Potter. Su confesión establece que abusaron y descuidaron a Harry Potter, provocando su muerte por traumatismo contundente. Vernon Dursley admitió haber golpeado repetidamente al niño hasta causarle la muerte.
—¡Objeción! —se levantó Nichols.
Nichols medía apenas menos de un metro ochenta y tenía unos cuantos kilos de más. Tenía el cabello rubio sucio, ya con algunas canas, tez oliva y vestía las túnicas negras tradicionales de un abogado litigante.
—¿Motivo? —preguntó Fudge.
—Este caso ya fue juzgado en el mundo muggle. Fueron sentenciados a una prisión muggle. El mundo muggle no permitirá que se les vuelva a acusar ni que sean liberados para que podamos darles un nuevo juicio.
—En cuanto a los Dursley, estoy de acuerdo en que no podemos volver a acusarlos ni darles un nuevo juicio —respondió Madam Bones—. Sin embargo, Albus Dumbledore, los Potter, los Weasley, el señor Lupin y el señor Black han confesado que sabían del abuso antes de la muerte prematura del señor Potter. Además, los Dursley nos informaron que Albus Dumbledore añadió protecciones a la propiedad para ayudarlos a controlar a Harry. Estas protecciones, según el informe de los duendes, estaban diseñadas para impedir que Harry pudiera defenderse, incluso mediante magia accidental. Los acusados son la razón por la que Harry fue colocado en ese hogar. Necesitamos saber qué ocurrió en esa casa. También presentaré el acta de defunción de Harry, el informe del médico forense, el reporte de los aurores y el informe de la policía muggle.
Madame Bones declaró todo esto mientras tomaba los documentos que acababa de mencionar.
—¿Objeciones? —preguntó Fudge.
Nadie habló. Lucius y Tom se sorprendieron un poco; esperaban que al menos Doge y Diggle hicieran un intento simbólico.
—La evidencia será admitida.
Lucius se inclinó hacia Tom.
—¿De qué crees que se trata?
Tom observaba a Dumbledore, y el hombre no parecía sorprendido.
—Dumbledore va a irse por la ruta de “sí, lo hicimos, sentimos un profundo remordimiento y solo fue por el bien mayor y para proteger a Harry”. Lo único que le importa es mantener su puesto como director. Va a intentar proteger a los suyos, pero no a costa de sí mismo.
—Bueno, se va a llevar una sorpresa cuando pidas juicio y castigo bajo las leyes antiguas.
—Eso sin duda. ¿Podemos empezar a sacar esta información? —preguntó Tom—. Sé que se va a hacer pública, pero ¿Rita puede usarla?
—Si la soltamos toda de golpe, la gente podría aburrirse antes de que empiecen los juicios.
Tom asintió, entendiendo el punto.
—Entonces que Rita la vaya mezclando con la información del juicio.
Tom sonrió con malicia mientras esperaban que se presentara la siguiente prueba.
Una vez que el secretario archivó y etiquetó las confesiones y los reportes, Madame Bones regresó a su mesa y levantó más pergaminos.
—Estas son las entrevistas que, a lo largo de los años, dieron los acusados sobre el papel que Charlie Potter jugó en la derrota de El-que-no-debe-ser-nombrado. Van desde la primera, publicada el 1 de noviembre de 1981, hasta la que James Potter y Sirius Black dieron al Profeta el 23 de diciembre de 1991.
—¿Objeción? —preguntó Fudge.
Nadie dijo nada. Lo mismo ocurrió con diversas declaraciones dadas a lo largo de los años, entrevistas para libros y contratos de patrocinio.
—Estos son los recuerdos de James Potter —declaró Madame Bones, levantando varios frascos.
—¿Objeciones?
Nichols se puso de pie.
—Sí. Esos recuerdos fueron entregados cuando el señor Potter no estaba en su sano juicio.
—Estaba borracho —añadió Thomas Langley, el abogado de los Potter. Ese comentario le valió una mirada fulminante de Nichols.
—Como mencionó mi estimado colega, el señor Potter no se encontraba en condiciones adecuadas cuando entregó esos recuerdos —insistió Nichols.
—Los recuerdos fueron entregados de manera voluntaria, y los recuerdos de cada uno de los acusados respaldan estos mismos recuerdos. También estaré presentando esos —respondió Madame Bones.
—Esos recuerdos también serán objetados una vez que se retiren los del señor Potter. Los recuerdos del señor Potter son la razón por la que se obtuvieron esas memorias y confesiones.
—En realidad, no. Ya estábamos investigando este caso basándonos en el recuerdo de James Potter y Albus Dumbledore hablando en la oficina del director en Hogwarts, recuerdo que fue liberado al público en general. También reabrimos el caso contra los Dursley con base en la entrevista del señor Potter y el señor Black sobre su despido de Hogwarts y los motivos de este. Somos conscientes de que no podemos volver a acusar a los Dursley, como ya se dijo, pero estamos presentando cargos contra los acusados por ser cómplices, bajo distintas figuras legales, después del hecho, de asesinato. El Consejo Escolar nos ha proporcionado diversos recuerdos relacionados con Hogwarts. Estos muestran un patrón claro de desprecio hacia cualquiera que no fueran ellos mismos por parte del señor Black, el señor Lupin y el señor Potter, así como el placer que obtenían al atormentar a otros.
—Mis clientes no obtienen placer de atormentar a nadie. El señor Potter, el señor Lupin y el señor Black sí tienen fama de bromistas, pero nunca torturaron a nadie.
—Presentaré los reportes de Madame Poppy Pomfrey, sanadora de Hogwarts. Dichos reportes muestran cómo se ignoró el acoso y el abuso, incluso desde antes de que James Potter, Sirius Black y Remus Lupin fueran estudiantes. También presentaré los registros de castigos de esos tres acusados, incluido uno que casi provocó la muerte de otro estudiante.
Tom observó a Nichols. Lucius le lanzó una mirada rápida a Tom.
—No lo sabía. Dumbledore no se lo dijo —susurró Lucius con una sonrisa torcida—. No le contó nada sobre el abuso, las “bromas” ni lo que ocurría en Hogwarts.
Tom se inclinó hacia Lucius.
—No quiero que Severus sea mencionado en esto. ¿Sabes si Madame Bones sabe que fue él?
—No lo sabe. Si lo supiera, ya habría hablado con él al respecto —respondió Lucius. Tom se relajó visiblemente.
Madame Bones continuó:
—No presentaré cargos contra Minerva McGonagall; sin embargo, sí solicitaré su destitución como subdirectora y como jefa de Gryffindor. Existe un patrón claro de que estaba al tanto de estas “bromas” y no hizo nada para detenerlas.
Dumbledore se puso de pie de inmediato.
—¡No puede hacer eso! Aunque ella estaba enterada de la situación, no tenía poder para hacer nada.
Tom también se levantó.
—Director Dumbledore, ¿está diciendo que tiene una subdirectora que es impotente para actuar?
—Ella cumple con su trabajo de manera intachable, pero hay límites a lo que una persona puede hacer.
—Permitió que el señor Potter y el señor Black dieran lecciones de bromas, permitió que acosaran a estudiantes de su propia casa. Hay numerosas quejas ante el Ministerio y el Consejo Escolar, tanto de estudiantes de Gryffindor como de otras casas, sobre su incapacidad para detener al señor Black y al señor Potter. Tenemos recuerdos de estudiantes de otras casas que fueron acosados. Existe un patrón en el que el señor Potter incluso fomentaba el acoso durante sus clases de vuelo, poniendo en peligro a numerosos estudiantes. Es pura suerte que nadie haya muerto.
Madame Bones tomó más pergaminos y se los entregó al secretario.
Fudge suspiró.
—¿Objeciones?
—No hay necesidad de que una dama pierda su empleo por un pequeño error de juicio —dijo Doge.
—Un estudiante casi murió y muchos resultaron gravemente heridos. No es solo un pequeño error; son numerosos errores cometidos durante un largo periodo de tiempo —respondió Lucius—. Siempre podemos presentar cargos.
Doge abrió y cerró la boca sin decir nada, pero Diggle intervino:
—No creo que sea necesario presentar cargos contra Minerva McGonagall. Tal vez libertad condicional o una degradación. Es una profesora excelente.
Tom pensó unos segundos. Le agradaba Minerva y sabía que era una buena profesora.
—Una degradación y libertad condicional, con la condición de que nunca pueda ser jefa de casa ni vuelva a ocupar el cargo de subdirectora.
—¡A votación! —llamó Lord Parkinson.
—Secundado —añadió Madame Umbridge.
—¿Votos a favor? —preguntó Fudge.
Cinco minutos después, el asunto de Minerva McGonagall quedó resuelto con 37 votos a favor y 13 en contra. Todos los votos en contra provenían de seguidores de Dumbledore.
Lucius y Tom sabían que eso era un golpe para Dumbledore, igual que el resultado de la votación. El hombre claramente pensaba que tenía más apoyo, y ellos también. Los trece votos en contra pertenecían a personas que sabían eran leales a Dumbledore, pero Lady Longbottom no estaba entre ellas.
—Se ha escuchado la objeción a los recuerdos entregados por James Potter. Ahora votaremos si serán admitidos como evidencia. Dichos recuerdos fueron entregados cuando el hombre estaba ebrio. Los recuerdos entregados después se tomaron dos días más tarde. Tomen en cuenta que el organismo del señor Potter tardó dos días en limpiarse de sustancias externas, incluidas pociones. Según los informes, llevaba bebiendo más de una semana —explicó Fudge—. ¿Votos a favor?
Tom y Dumbledore quedaron sorprendidos cuando se cerró el conteo: 45 de los 50 miembros votaron a favor de que los recuerdos fueran admitidos como evidencia.
—¿Algo más, Madame Bones? —preguntó Fudge.
—No, ministro Fudge. Hemos presentado toda nuestra evidencia —respondió Madame Bones y, con un asentimiento de Fudge, volvió a sentarse.
—Señor Nichols, ahora puede presentar su evidencia —le indicó Fudge.
—Tenemos declaraciones de carácter que deseamos presentar para solicitar la liberación de nuestros clientes.
—Denegado —respondió Fudge—. Representan un riesgo de fuga.
—Ministro Fudge, no hay razón para negarles la liberación. Son miembros bien conocidos y respetados de nuestra comunidad.
—Ya intentaron huir. El señor Potter fue capturado porque estaba tan borracho que, cuando trató de escapar, tropezó y se noqueó solo. El señor Black y el señor Lupin fueron capturados y entregados por el alfa del señor Lupin. Yo diría que eso demuestra claramente que sí representan un riesgo de fuga —replicó Fudge.
—Sin embargo, los Weasley, Lily Potter y Albus Dumbledore no intentaron huir. Se entregaron pacíficamente a los aurores —respondió Nichols.
Madame Bones se puso de pie.
—Señor Nichols, solo apoyaría su liberación si se les concede fianza. Aceptaría un millón de galeones por cada uno.
Fudge miró a Nichols y esperó. Todos sabían que la familia Weasley no tenía esa cantidad de dinero. Nichols habló en voz baja con Dumbledore mientras todos aguardaban.
—Me temo que la fianza no puede cubrirse —dijo Nichols al final.
—Los juicios serán por separado y comenzarán mañana —anunció Fudge, golpeando el mazo.
—Eso fue más rápido de lo que esperaba —comentó Tom a Lucius.
—Los juicios van a estar interesantes —respondió Lucius.
Chapter 10: La caída de Dumbledore
Chapter Text
Severus miró a su esposo mientras todos leían la más reciente actualización del Profeta. Una leve sonrisa satisfecha se dibujó en su rostro al escuchar el murmullo generalizado: el mundo mágico comentaba, por fin, lo que realmente estaba ocurriendo en Hogwarts. Rita se había superado a sí misma; el artículo dejaba en evidencia, sin rodeos, lo descarado que había sido siempre el favoritismo de Dumbledore hacia su propia casa.
Severus miró a Tom. Él le apretó la pierna bajo la mesa, claramente disfrutando del desayuno en el Gran Comedor. Luego Severus dirigió la vista hacia Minerva, quien había descubierto la noche anterior que ya no era ni subdirectora de Hogwarts ni jefa de Gryffindor. Aunque sentía lástima por ella, también era consciente de una verdad incómoda: Minerva pudo haber detenido muchas cosas… y no lo hizo.
Retrospectiva
Minerva irrumpió en la sala de profesores, furiosa. Azotó su taza de té contra la mesa, haciéndola estallar en pedazos.
—¿Algo te aflige? —preguntó Severus con cautela.
No estaba seguro de lo que ocurría; aún no había hablado con Tom, pero estaba claro que algo tenía profundamente alterada a Minerva.
—Ya no soy subdirectora —dijo, con voz tensa—. Tampoco jefa de Gryffindor.
Severus contuvo su sorpresa. Sin ese cargo, Minerva tampoco sería la próxima directora. Por un instante se preguntó qué estaría planeando Tom. Si él lo supiera de antemano, se lo habría dicho… ¿no?
—¿Por qué?
—¿Cómo?
—¿Qué pasó?
Minerva reparó su taza, se sirvió té y caminó hasta su lugar favorito antes de hablar de nuevo.
—Dumbledore —dijo tras una pausa—. Las bromas, los Merodeadores, el acoso… todo aquello sobre lo que le advertí. Es mi culpa. Ellos tenían razón: no hice nada. Advertí a Albus, pero aun así permití que continuara.
—¿Qué podías haber hecho? —preguntó Poppy—. Sabes que Albus siempre favoreció a Gryffindor, y mejor ni hablemos de cómo trató a los Merodeadores.
—Muchas cosas —respondió Minerva con firmeza—. Como subdirectora pude haber acudido al Consejo Escolar. Como subdirectora y jefa de casa, pude haberlos detenido. Pero escuché a ese viejo necio. Incluso le advertí desde el inicio del año sobre James y Sirius… y en lugar de acudir al Consejo Escolar, dejé que él se encargara.
—¿Esto es temporal? —preguntó Poppy con cautela.
—No. Es permanente —respondió Minerva—. No volveré a ser jefa de ninguna casa, ni subdirectora, ni directora. Conservaré mi salario actual y no habrá más sanciones; entendieron que, en muchos sentidos, gran parte escapaba de mis manos.
Miró a todos con seriedad.
—Pudieron haber presentado cargos en mi contra. Lo he pensado desde que arrestaron a Albus.
—Vaya… —murmuró Filius—. Tiene razón. Podían haberlo hecho.
—¿Dijeron quién ocupará esos puestos? —preguntó Aurora.
—Yo seré directora interina hasta que encuentren un reemplazo. Severus y Filius serán subdirectores mientras deciden qué hacer.
—¿Yo? —preguntó Severus, sorprendido. Sabía que Minerva se lo había propuesto, pero él nunca había dado una respuesta formal.
—Pudieron habernos avisado —murmuró Filius.
—Será solo hasta el final del ciclo escolar como máximo —continuó Minerva—. Además, contratarán a los duendes para realizar una auditoría completa de Hogwarts. Llegan mañana.
—¿Hay algo que podamos hacer? —preguntó Aurora.
—Asegurarnos de que Hogwarts siga funcionando —respondió Minerva—. Los alumnos necesitan saber que, pese a todo, estamos aquí para ellos. ¿Alguien podría cubrir mi ronda esta noche?
—Yo lo haré —respondió Pomona de inmediato.
—Gracias —dijo Minerva con una pequeña inclinación de cabeza.
Fin de la retrospectiva
—¿Crees que hoy sea un día largo? —preguntó Severus mientras terminaba su té.
—No lo sé —respondió Tom—. No esperaba un cambio de lealtades tan drástico como el de ayer. Hoy le toca a Lily y a Remus, y creo que Lucius convenció a Bathilda Bagshot de presentarse también. Me mandó un mensaje rápido diciendo que tiene información interesante.
—¿Sobre qué? —preguntó Severus, con la esperanza de que estuviera relacionado con el antiguo Señor Oscuro y que, de una vez por todas, sellara el ataúd de Dumbledore.
—No lo dijo —respondió Tom—. Solo que nos va a gustar.
Tom miró alrededor del Gran Comedor y se puso de pie.
—Tengo que irme. Te mandaré mensaje a la hora de la comida si vamos a tardar.
Se inclinó hacia Severus y murmuró en voz baja:
—Creo que es justo de lo que hablamos.
Severus asintió mientras Tom se alejaba. Lo observó pasar junto a Steffan y darle un apretón afectuoso en el hombro, antes de desaparecer del salón.
Lucius sonrió con satisfacción al tomar asiento junto a Tom.
—Ella va primero. Lo arreglé con Cornelius.
—¿Dumbledore va a estar presente? —preguntó Tom.
—No, pero ya lo sabe. Intentó que Brent Nichols le impidiera presentarse, pero Brent le recordó que no existe ninguna ley que le prohíba declarar. Eso no le gustó nada. Quiso ver si podía impedir que hablara sobre él, pero otra vez Brent le explicó que puede decir lo que quiera, siempre y cuando no sea difamación. ¿Cómo tomó Severus la noticia?
—Ya lo sabía cuando llegué a casa —respondió Tom—. Minerva informó a todo el personal en la sala de profesores y de ahí se corrió la voz. Eso sí, se sorprendió un poco cuando lo nombraron subdirector adjunto.
Dejaron de hablar cuando una bruja anciana entró a la sala. Era robusta, con el cabello descuidado, como si no lo hubiera peinado en meses, y vestía túnicas marrones claramente pasadas de moda. Venía acompañada del ministro Fudge y de Madame Bones. La mujer tomó asiento en el área destinada a los testigos mientras comenzaban los comentarios iniciales y se leía la agenda del día.
—Bathilda Bagshot se ha presentado voluntariamente y desea responder algunas preguntas, además de proporcionarnos información relevante —anunció finalmente Fudge.
La anciana se levantó y se dirigió a la silla que le indicaron.
—Señora Bagshot, ¿puede decirnos a qué se dedica? —preguntó Fudge.
—Soy historiadora —respondió—. He escrito diez libros de historia, uno de ellos dedicado exclusivamente al Valle de Godric. Ese lugar tiene una historia muy interesante.
—¿Conoció usted a Albus Dumbledore? —preguntó Fudge.
—Sí. Lo conocí desde que era niño. Su madre llevó a él, a su hermano y a su hermana al Valle de Godric después de que su padre fuera arrestado por atacar a un grupo de niños muggles. Albus nunca volvió a ser el mismo después de la muerte de su padre en Azkaban —explicó—. Lo afectó profundamente. Durante mucho tiempo odió a los muggles.
Tom y Lucius intercambiaron miradas de sorpresa.
—No esperaba eso —murmuró Lucius.
—Yo tampoco —respondió Tom.
A su alrededor, el asombro era evidente. Pronto comenzaron los murmullos.
—¡Orden! —exigió Fudge, golpeando el mazo.
—¿Qué tan bien conocía usted a la familia y a Albus? —preguntó.
—Bastante bien. Mi sobrino nieto y Albus estuvieron muy unidos. Sin embargo, hubo una pelea terrible entre ellos, aunque nunca supe exactamente por qué empezó. Permítanme comenzar desde el principio —dijo Bathilda—. Corría más o menos el año 1880 cuando Kendra Dumbledore llegó al Valle de Godric con sus tres hijos. Su esposo, Percival, ya estaba en Azkaban por asesinar a tres niños muggles. Ahora bien, esos niños no merecían morir, pero tampoco eran completamente inocentes. Ellos atacaron a Ariana, la hija de Kendra y Percival, y después de eso ella nunca volvió a estar bien. Albus tenía unos diez años cuando ocurrió, y el impacto en él fue devastador. Kendra, cuando llegó al pueblo, no quería hablar con nadie, y no la culpo.
Bathilda suspiró, como si los recuerdos aún le pesaran.
—Ariana le tenía miedo a la magia después del ataque. Me hice amiga de Albus; era increíblemente inteligente. Destacaba en Transformaciones, incluso escribió un artículo extraordinario que se publicó en La transformación moderna. Era ambicioso, tenía muy claro el camino que quería seguir.
—Señora Bagshot, ¿podría continuar? —intervino Madame Bones con suavidad.
—Sí, disculpe. En 1899, Ariana mató accidentalmente a Kendra durante uno de sus arrebatos. La magia de la pobre niña era demasiado inestable. Intentaron enseñarle a controlarla, pero su miedo solo lo empeoraba. Esto obligó a Albus a posponer su viaje por el mundo para hacerse cargo de Ariana, aunque Aberforth quería hacerlo él mismo y estaba dispuesto a dejar Hogwarts por ello. Ariana estaba acostumbrada a que Aberforth cuidara de ella y lo prefería a él. A Albus no le agradó verse atado, y eso se notaba.
—La muerte de Kendra fue clasificada como magia accidental —informó Madam Bones al Wizengamot—. Revisamos el expediente antes de venir.
—¿Cómo murió Ariana? —preguntó alguien desde la sala.
—Albus, Aberforth y mi sobrino nieto Gellert discutieron sobre quién debía hacerse responsable de Ariana. La discusión se convirtió en un duelo violento, y Ariana murió por un hechizo perdido. Nunca se supo de quién fue el hechizo; jamás se realizó un Prior Incantato a las varitas. Albus siempre creyó que había sido culpa suya. Aberforth lo golpeó durante el funeral. Ariana fue enterrada junto a su madre en Godric’s Hollow, bajo el epitafio: “Donde está tu tesoro, también estará tu corazón”
Si uno se fijaba bien, podía ver la tristeza en los ojos de Bathilda; su voz estaba cargada de dolor y arrepentimiento.
—¿Cómo conoció Albus a su sobrino nieto? —preguntó Fudge.
—Como decía, yo apreciaba mucho a Albus. Fui yo quien lo presentó a mi sobrino-nieto, Gellert… sí, Gellert Grindelwald. Fue expulsado de Durmstrang en 1899. Sentí que necesitaba a alguien de su edad para encaminarse de nuevo, y Albus lo hizo. Eran muy felices juntos.
Al escuchar el nombre del antiguo Señor Tenebroso, Gellert Grindelwald, muchos comenzaron a preguntarse qué fue lo que realmente ocurrió. Después de todo, Dumbledore siempre afirmó que Grindelwald había sido derrotado en 1945, pero todos recordaban que nadie presenció jamás ese supuesto duelo. Tom pudo notar que incluso los seguidores más leales de Dumbledore comenzaban a perder la fe en su líder.
—Ahora bien, como cualquier pareja joven, ellos tenían sus peleas —continuó Bathilda—, pero antes de que Gellert cumpliera dieciséis años, cuando Albus debía rondar los dieciocho, tuvieron una discusión enorme, y hasta Aberforth se vio involucrado. Permítanme explicar cómo ocurrió todo esto. Estamos hablando de 1899, aproximadamente nueve meses antes de la muerte de Ariana. Gellert vino a visitarme; estaba fascinado con la leyenda de las Reliquias de la Muerte y quería explorar el lugar donde Ignotus Peverell murió y fue enterrado. Gellert y Albus se volvieron muy cercanos con mucha rapidez. Yo estaba contenta por ellos y no dije nada, aunque debo admitir que me preocupaban sus conversaciones. Hablaban de planes para dominar el mundo. Al principio no los tomé muy en serio, pero empecé a alarmarme cuando los escuché teorizar sobre la supremacía mágica “por el bien mayor” del mundo, y sobre cómo encontrar las tres Reliquias de la Muerte: la varita de saúco, la capa de invisibilidad y la piedra de la resurrección. Gellert huyó después de que Ariana murió. Sé que Albus se culpa a sí mismo, y Aberforth culpó a Albus por la muerte de su hermana.
Bathilda se dio cuenta de que estaba repitiéndose, así que guardó silencio unos segundos y tomó un sorbo de agua.
—¿No se supone que dueló contra el Señor Tenebroso Gellert Grindelwald en 1945 y ganó? —preguntó alguien en voz baja, aunque todos lo escucharon.
—No. Nunca hubo un duelo —respondió Bathilda con firmeza—. Albus fue a buscar a Gellert. Para entonces, Gellert ya estaba siguiendo el plan que ambos habían ideado, aunque Albus nunca quiso admitir que era su plan. Gellert sabía que Albus iba a ir y quería hablar con él. En lugar de eso, Albus lanzó un Expelliarmus, le quitó la varita y lo encerró en su propia prisión. Una prisión que ya habían nombrado: Nurmengard. Estaba destinada a albergar a sus opositores, y sobre su puerta está grabado el lema “Por el bien de todos”, el mismo lema que Albus sigue usando hasta el día de hoy.
Bathilda respiró hondo antes de continuar.
—No intento justificar a mi sobrino nieto, no me malinterpreten. Hizo cosas terribles, lo sé.
El impacto fue evidente en todos los presentes. Tom sabía que él mismo estaba sorprendido; lamentó no haber encontrado a esa bruja mucho antes. Con solo hablar, acababa de destruir a Albus Dumbledore.
—¿Cómo puede ser eso verdad? —preguntó alguien.
—Es verdad —confirmó Madame Bones—. Verificamos los hechos esta mañana. En efecto, sobre la entrada de Nurmengard está grabado “Por el bien de todos”. Las fechas y el resto de los datos también coinciden. Debo admitir que me sentí enferma mientras revisaba todo.
—Mencionó antes a los Potter —intervino Fudge—. ¿Puede decirnos algo más?
—No hay mucho más que agregar, salvo que nunca entendí por qué Lily y James trataron a Harry de la manera en que lo hicieron. En cuanto supieron de la profecía, todo giró alrededor de Charlie y Harry fue dejado de lado. Conocían la profecía meses antes del ataque y aun así ignoraron a Harry mientras consentían a Charlie. Albus les dijo que Charlie sería quien derrotaría a El-que-no-debe-ser-nombrado. Cuando asistí a la fiesta de su primer cumpleaños, Harry fue completamente ignorado. Nadie le dio un regalo, excepto yo. Le regalé este osito café.
Tom miró a Lucius.
—Barton —murmuró.
Tom recordó a Steffan invocando ese oso la primera noche que Harry estuvo con ellos. Se quedó dormido abrazándolo. El oso seguía estando en su habitación.
—¿Alguien más trataba a los niños de forma diferente? —preguntó Fudge.
—Sí, todos —respondió Bathilda—. En esa primera fiesta solo estaban el señor Black, el señor Lupin, el señor y la señora Weasley con sus hijos, Albus y yo. Harry pasó la mayor parte del tiempo encerrado en su cuarto. Solo pude darle el osito después de que, francamente, exigí de mala manera verlo. Era un niño tan dulce…
La tristeza volvió a colarse en su voz.
—¿Hay algo más que quiera agregar para que conste en actas? —preguntó Fudge.
—Nada de esto habría llegado tan lejos si ustedes hubieran dejado de permitir que ese hombre prohibiera libros, cancelara clases y aterrorizara a la comunidad mágica con un hombre que ya estaba muerto. Díganme, con honestidad, ¿nunca se preguntaron por qué permitió que mi Gellert se pudriera en prisión, pero está obsesionado con matar a alguien que ya fue derrotado? ¿Por qué poner todas sus esperanzas en un niño? Le han permitido a ese hombre tomar el control y conservarlo, escudándose en ese absurdo “por el bien de todos”. Solo porque parece amable no significa que no esté usando el miedo para manipularlos.
—Me cae bien —comentó Tom en voz baja a Lucius.
Lucius sonrió.
—Está llena de sorpresas.
—Rita lo está captando todo —añadió Tom. Sabía que estaba en forma de escarabajo, escuchando y grabando cada palabra para que apareciera en los periódicos esa misma noche y a la mañana siguiente. No podía esperar para contárselo a Severus.
—Gracias, señora Bagshot, por presentarse hoy y proporcionarnos esta información —dijo Fudge—. Tal vez más tarde algunos miembros del Consejo Escolar se pongan en contacto con usted para hablar sobre los libros prohibidos y otros asuntos.
—Solo cumplo con mi deber —respondió ella, poniéndose de pie.
—El auror Shacklebolt la acompañará a casa —indicó Fudge.
Esperó a que saliera de la sala y volvió a llamar al orden.
—Lily Ruth Potter es la siguiente en nuestra agenda.
Chapter 11: El turno de Lily
Chapter Text
Lily fue escoltada a la sala del tribunal con Thomas Langley caminando a su lado. El hombre era más bajo que ella, tenía el cabello rubio sucio, sobrepeso evidente y ya iba jadeando con dificultad mientras avanzaba.
—¿Crees que sobreviva a la audiencia? —murmuró Lucius.
—No estoy seguro —respondió Tom, observándolo con atención—. Si su cara se pone más roja, se nos desmaya ahí mismo.
Tom se quedó analizando al abogado durante unos minutos.
—Antes no era así.
—¿Crees que sea una actuación? —preguntó Lucius.
—Podría ser —respondió Tom, sin apartar la vista—. Dame un segundo.
Se levantó sin esperar respuesta y caminó directamente hacia Madame Bones.
—Amelia, algo no está bien con el abogado Langley.
—Yo también lo noté —contestó ella—, y tengo el presentimiento de que en unos minutos sabremos qué pasa. Ya pedí que un inefable lo revise discretamente.
Tom sonrió de lado y regresó a su asiento.
—Pon atención a Rookwood —murmuró.
Lo había visto cuando pasó junto a él al volver a su lugar. Ambos observaron cómo Lily era asegurada a la silla de madera, con cadenas rodeándole brazos y torso. En ese momento, Rookwood le entregó unos pergaminos a Madame Bones.
—Arresten a ese hombre —ordenó ella con frialdad—. Necesito que alguien busque de inmediato al señor Langley. Parece que tenemos aquí al señor Robson, bajo los efectos de poción multijugos. El señor Robson es abogado del departamento legal del Ministerio y, según los vínculos y juramentos que tiene, miembro de la Orden del Fénix.
—Vaya sorpresa —comentó Lucius—. Me pregunto cómo logró Dumbledore organizar algo así.
—Lady Potter —dijo Madame Bones—, tiene una sola oportunidad de librarse del cargo de secuestro si nos dice dónde está el señor Langley.
—Aquí está —anunció el auror Patters desde la entrada—. Estaba escondido en el clóset junto a la puerta.
—¿Está en condiciones de continuar? —preguntó Madame Bones, claramente molesta por la artimaña que sabía que Dumbledore había planeado.
—Lo estoy —respondió Thomas Langley al entrar—. Y voy a presentar cargos contra quien resulte responsable.
Tomó su asiento correcto y comenzó a sacar documentos de su portafolios.
—Hablaré con usted después —le advirtió Madame Bones—. Procedamos con el juicio. Solicito el uso de Veritaserum.
—Objeción —se levantó Langley.
—¿Por qué? —preguntó Cornelius Fudge, esperando que aquello no se alargara toda la tarde.
—Lady Potter no ha hecho nada que justifique el uso de Veritaserum.
—Puedo repetirle la lista completa de cargos —replicó Madame Bones con dulzura fingida, provocando algunas risas en la sala.
—¿Votos a favor de su uso? —preguntó Fudge.
Por primera vez en la historia, el Wizengamot estuvo completamente de acuerdo.
—Aprobado. El auror Dawlish administrará la dosis.
Era evidente que todos ansiaban la verdad; la fama de los Potter no iba a protegerlos esta vez.
Dawlish se acercó a Lily, quien se negó a abrir la boca y lanzó miradas suplicantes a su abogado.
—Lady Potter, no quiero hacerlo por la fuerza, pero lo haré —le advirtió.
Lily miró alrededor y comprendió que el Wizengamot estaba dispuesto a obligarla. Abrió la boca y permitió que cayeran las tres gotas.
—¿Su nombre? —preguntó Dawlish.
—Lily Ruth Potter, de soltera Evans —respondió con voz monótona, los ojos vidriosos.
—¿Es usted una Slytherin? —preguntó Dawlish, como segunda pregunta de control.
—No. Soy Gryffindor.
—Está funcionando —anunció Dawlish, colocándose detrás de ella.
—Yo haré las preguntas —intervino Madame Bones—. Les pido que se abstengan de interrumpir.
Luego se volvió hacia Lily.
—Lady Potter, ¿cuándo escuchó por primera vez sobre la profecía de la que tanto hemos oído?
—Albus vino a vernos en febrero de 1981 —comenzó Lily—. Nos dijo que había una profecía y que quería observar a nuestros hijos, para ver si se refería a Neville o a nuestros gemelos. Después de examinarlos un tiempo, declaró que la profecía hablaba de Charlie. Eligió a Charlie sobre Harry por alguna razón, aunque yo sabía que no era porque Charlie fuera mágicamente más fuerte; no lo era. Harry ya manifestaba magia accidental y Charlie no mostró nada hasta casi los siete años. Sé que Charlie era el favorito de James porque le gustaba volar; a Harry le provocaba náuseas, así que James consentía a Charlie e ignoraba a Harry casi todo el tiempo. Eso encajaba perfectamente con lo que Albus había planeado, aunque yo no sabía que tenía un plan en ese entonces.
Su voz siguió, plana e imparable.
—Cuando ocurrió el ataque en Halloween, Dumbledore admitió que la profecía era sobre Harry, pero convenció a James de entregarlo a mi hermana, sabiendo que odiaba la magia. Mi hermana detestaba la magia… y él sabía que nunca fue amable conmigo. Traté de detenerlo, pero me repitieron lo de “por el bien de todos” y James insistió en que era para proteger a Harry. Yo sabía que lo único que quería era quedarse con Charlie. Quería usar a Harry, convertirlo en un arma contra la lucha contra lo oscuro, incluso contra Quien-Tú-Sabes. Incluso convenció a James de asignarle sus asientos.
Mientras hablaba, los murmullos comenzaron a llenar la sala. Tom miró a Lucius. Aquello era incluso mejor de lo que habían esperado. Lily estaba destruyendo a Dumbledore… y lo peor era que su abogado no estaba haciendo absolutamente nada para detenerlo. Podía haber objetado de mil maneras, alegar opinión personal o rumores, pero no lo hizo. Cada palabra quedaba registrada, limpia y devastadora.
Madame Bones terminó de anotar sus observaciones y levantó la vista.
—¿Sabía usted que Harry estaba siendo abusado?
—Sí —respondió Lily sin titubear—. Aproximadamente un año después, Albus vino a vernos. Nos pidió a James y a mí que le permitiéramos reforzar las protecciones; dijo que necesitaba mejorar los encantamientos. Yo pude notar que ya sabía que Harry estaba siendo maltratado. Cuando se lo pregunté directamente, respondió que Harry solo estaba teniendo problemas para adaptarse. Cuando le dije que siempre supe que mi hermana lo iba a abusar, contestó que, aunque Harry no tendría una vida fácil, tampoco tendría una vida terriblemente dura. James empezó a darle la razón de inmediato. En sus ojos, Albus no podía equivocarse. Después de que Albus dejara que Sirius se saliera con la suya tras casi matar a Severus, James no volvió a aceptar ni una sola crítica contra él.
Madame Bones frunció el ceño.
—¿Cómo fue que Sirius Black casi mata a Severus Snape?
Así que el rumor era cierto. Tomó nota mental de agregar otro cargo a la lista. Miró brevemente a Langley, preguntándose por qué el hombre no estaba objetando nada. No lo preguntaría en ese momento, pero definitivamente revisaría su examen de barra.
—Remus estaba pasando por su transformación —respondió Lily.
—¿Transformación? —repitió Madame Bones, cada vez más alarmada.
—Es un hombre lobo. Albus le permitió usar la Casa de los Gritos para transformarse; por eso ese lugar tiene ese nombre. Durante una luna llena, en nuestro quinto año, Sirius decidió que esa era una buena forma de responder a las preguntas de Severus sobre por qué Remus desaparecía cada mes. Sirius envió a Severus a la Casa de los Gritos mientras se reía en la sala común; luego fue a contárselo a James y a mí como si fuera una broma. Yo fui con Albus de inmediato, mientras James iba a salvar a Severus. Albus le dijo a Severus que, si lo denunciaba, se encargaría de que lo expulsaran y de que nadie le creyera. Le aseguró que lo tacharía de mentiroso y que, con dos familias de sangre pura prominentes contra la familia Snape, Severus no tendría ninguna oportunidad.
—¿Cómo fue que James lo salvó? —preguntó Madam Bones, furiosa.
La indignación le hervía por dentro. Aquel hombre había impulsado leyes contra criaturas oscuras una y otra vez, y aun así permitió que un hombre lobo estudiara y enseñara en Hogwarts… y casi mata a un alumno.
—Los tres, Peter Pettigrew, Sirius Black y James, eran animagos —continuó Lily—. Peter se transformaba en rata, Sirius en un grim y James en un ciervo. Albus lo sabía. De hecho, fue idea suya. Dijo que era para que los cuatro pudieran estar juntos y ayudar a controlar al lobo de Remus, pero yo sabía que en realidad lo hizo para atarlos entre sí, para usarlos después con el propósito que él quisiera. No sabía en ese momento que eso terminaría costándole la vida a uno de mis hijos. James se transformó, distrajo a Remus y logró jalar a Severus justo cuando Remus se lanzó sobre él.
Madame Bones respiró hondo antes de continuar.
—¿Cómo se enteraron del asesinato de Harry?
—Nos enteramos un día antes de que saliera en los periódicos. Albus nos lo dijo a James y a mí, a Arthur, Molly, Sirius y Remus, antes de convocar a una reunión de su Orden. Nos explicó lo sucedido e intentó decir que había sido un accidente, que Vernon no conocía su propia fuerza. Arthur lo confrontó y Albus terminó admitiendo que sabía del abuso, pero que no creía que fuera tan grave. Después de horas de discusiones, debates y reproches, decidimos mantener en secreto que Harry era el verdadero niño de la profecía. Albus decía que nuestro mundo necesitaba una esperanza para cuando regresara Quien-Tú-Sabes. James insistió en que Charlie era el niño, y logró convencer incluso a Sirius y a Remus. Remus, sin embargo, ha querido decir la verdad durante años. Siempre lo detuvieron.
—¿Qué más puede decirnos sobre esta profecía? —preguntó Madame Bones.
—Que es falsa —dijo Lily sin dudar—. Quien-Tú-Sabes no va a regresar, pese a todo lo que Albus ha afirmado. Estaba furioso cuando Harry murió y perdió el control del Wizengamot. Siempre ha querido el control total, guiar nuestro mundo según lo que él considera el “bien mayor”. Cree sinceramente que la magia oscura es malvada, pero no lo es. Puedes matar a alguien con magia luminosa igual que con magia oscura. La sensación adictiva que tanto menciona no viene de la magia oscura, sino de que por fin conectamos nuestras dos partes. Todos nacemos con un núcleo gris; podemos inclinarnos hacia una afinidad luminosa u oscura, pero quienes aceptan ambos lados de la magia son los verdaderamente poderosos. No poder prestado como el que Albus usa con su hechizo de drenaje, conectado a todos los miembros de la Orden. Es parte del contrato que les hace firmar.
Hizo una pausa breve, y su voz se volvió aún más firme.
—Conmigo cometió un error. Yo nunca firmé. Por eso los demás no podrán decirles mucho… pero yo sí. Yo conozco todos sus secretos.
Tom le dio un leve codazo a Lucius.
—Ella lo va a enterrar a él y a toda su Orden.
—Explique a qué se refiere con eso de la conexión de los dos yos, los núcleos y el hechizo de drenaje —ordenó Madame Bones. Podía ver a los inefables tomando notas con frenesí y sabía que pronto recibiría solicitudes para interrogar a Lily Potter.
—La magia es libre y la magia necesita equilibrio. Como la naturaleza, todo en ella debe mantenerse en balance. Cuando hay demasiado de algo, el resultado es el desastre: demasiada lluvia provoca inundaciones, demasiada nieve genera tormentas y apagones blancos, demasiado sol causa sequías. Con la magia ocurre exactamente lo mismo. Existen dos Señores de la Magia por una razón: el Señor Luminoso, título que Albus desea desesperadamente pero que no le pertenece, y el Señor Tenebroso. Steffan Snape es el verdadero Señor Tenebroso, aunque aún no ha despertado por completo su poder. Por eso Albus ha intentado empujarlo a relacionarse con magos de afinidad luminosa, sin saber que Steffan está destinado a ocupar ese puesto. El último Señor Tenebroso auténtico fue encarcelado por él. El verdadero Señor Luminoso fue asesinado por Albus. Pronto surgirá uno nuevo. De hecho, Albus ha eliminado a los últimos dos Señores Luminosos… aunque “eliminar” no es la palabra correcta. Los corrompió desde niños. Tom Sorbolo Ryddle fue uno de ellos. Albus lo sabía, por eso lo dejó en aquel orfanato para que fuera abusado. Cuando Tom ingresó al mundo mágico, Albus se aseguró de decirle a cualquiera que escuchara que el niño era malvado. Tom se convirtió en Lord Voldemort porque Albus entregó a Horace Slughorn un libro sobre magia del alma, un libro que hablaba de los horrocruxes. Además, añadió compulsiones al texto. Así nació Lord Voldemort. El siguiente Señor Luminoso era Severus Snape. Albus también sabía que Severus era abusado y, en lugar de detenerlo, lo dejó en ese ambiente. El golpe final fue cuando casi lo matan y luego lo culparon, con Albus al frente, en vez de ayudarlo. Lo empujó a aceptar la marca tenebrosa y, cuando Severus sintió remordimiento, lo chantajeó y manipuló para convertirlo en espía. Albus odia que Severus sea feliz con su esposo y su hijo. Lo odia profundamente, aunque lo disimula bien. Su plan era que Severus se convirtiera en el nuevo Señor Tenebroso para que mi Harry lo matara cuando creciera, si no lograba traer de vuelta a Lord Voldemort.
Tom estaba en shock. Sintió la mano de Lucius sobre su brazo y levantó la vista hacia él. No sabía qué hacer. Quería matar al anciano. Quería ir por su esposo y su hijo y esconderlos en sus habitaciones hasta poder procesar lo que acababa de descubrir. ¿Él sería un Señor Luminoso? ¿Severus también? Tal vez por eso encajaban tan bien. Su hijo… un Señor Tenebroso. Eran los elegidos de la Dama Mágica.
—¿Tom? —preguntó Lucius en voz baja. Sabía que si él estaba impactado, no podía imaginar lo que Tom estaba sintiendo.
—Investiguen las tres imperdonables y descubrirán que originalmente fueron creadas como hechizos luminosos para ayudar a las personas. La magia pársel, por ejemplo, es en realidad una rama de la magia curativa, pero Albus la declaró maligna porque no puede usarla. Lo mismo ocurre con la magia del alma. Crear un Horrocrux es, sin duda, un acto malvado, pero no confundan “oscuro” con “maligno”. La magia del alma tiene usos buenos: encontrar a tu alma gemela, reparar un alma dañada, incluso cuando alguien nace con el alma fragmentada, algo que a él no le gusta mencionar. La magia del alma y la magia mental podrían curar a varios magos y brujas internados en la Unidad Janus Thackery, algo que Albus no quiere que se haga público. Estoy segura de que, si interrogan a los inefables, confirmarán mis palabras. El hechizo que incrustó en el contrato de la Orden le permite drenar un pequeño porcentaje de magia de cada miembro. Es por eso que se ha vuelto tan poderoso.
Rookwood dio un paso al frente.
—Ella tiene razón. Hemos presentado estos hallazgos durante décadas, solo para ser bloqueados por Dumbledore y sus aliados. Un drenaje tan pequeño no se percibe a nivel individual, pero en conjunto explica claramente el aumento de su poder en comparación con su época en Hogwarts.
—Gracias. Lady Potter, ¿hay algo más que pueda decirme sobre los crímenes cometidos por Albus Dumbledore, su Orden o sus allegados?
—No puedo probarlo, pero lo he escuchado hablar con Molly sobre robar asientos, dinero y linajes a los nacidos de muggles. Sus hijos no son realmente suyos. Ha estado usando pociones en Arthur durante años. Los hijos Weasley son, en realidad, hijos de Marlene McKinnon. Molly la envenenó después de que nació Ginny. Usaba el encantamiento Imperius en Marlene, se aseguraba de que quedara embarazada de Arthur, la escondía y fingía estar embarazada ella misma. Lo descubrí por accidente un día, cuando vi a Molly sin su glamour. Empecé a vigilarla y encontré la verdad. Ella no sabe que lo sé, tampoco Albus. Él solía ocultar a Marlene en Hogwarts. Hizo que Igor Karkaroff les dijera que los mortífagos habían matado a ella y a su familia. No fue así. Arthur estaba enamorado de Marlene y planeaban unirse mágicamente, pero a Molly no le gustó. Arthur era suyo. Le di veritaserum y descubrí la verdad; luego le modifiqué la memoria. Así obtuve mucha información. Albus le cuenta todo a Molly. Gracias a eso supe de la profecía, los robos, Tom y Severus. Los dos han estado planeando el mundo que desean controlar. Yo investigué el resto después. Se les olvida que originalmente fui inefable.
—Lady Potter, ¿cree usted que es culpable de los cargos que se le imputan?
—Sí, y de más cosas —respondió—. He ayudado a encubrir gran parte de lo que ellos hicieron. Vi el acoso que ejercía mi hijo y no hice nada, sabiendo que James simplemente revertiría cualquier castigo que yo le impusiera. Usé hechizos y pociones para obtener información, irrumpí en archivos de Hogwarts, del Departamento de Misterios y de otros departamentos para descubrir la verdad. Todo está en mi bóveda privada.
—¿Podemos acceder a esa información? —preguntó Madame Bones.
—Ya hice los arreglos para que sea entregada. Llegará después de mi audiencia —suspiró Lily, notando que los efectos de la poción comenzaban a desaparecer—. Lo intenté durante años… simplemente me rendí.
—Lady Potter, ¿entiende usted que es culpable? —insistió Madame Bones, sorprendida de que nadie interrumpiera el interrogatorio, algo que casi nunca ocurría. Sabía que lo que estaba saliendo a la luz había dejado a todos tan impactados como a ella. La confesión de Lady Potter cambiaría muchas perspectivas.
—Lo sé desde hace años. Solo estaba esperando el momento adecuado, hasta que Albus finalmente fuera descubierto. Sabía que, si intentaba hacer algo antes, nadie me creería, sin importar cuánta evidencia presentara, y él se aseguraría de que yo desapareciera. Solo pido que sean indulgentes con los niños; ellos solo hicieron lo que les enseñaron.
—No hay cargos contra los niños —declaró Madame Bones, dando el asunto por cerrado—. Serán atendidos por un sanador mental y recibirán ayuda. No se les puede responsabilizar por el acoso, ya que fue algo aprendido, y no estuvieron involucrados en nada más.
—¿Culpable de fraude? —preguntó finalmente Cornelius Fudge.
Nadie se sorprendió cuando todas las varitas se alzaron.
—¿Falsificación de reportes y beneficio obtenido a partir de ellos?
Otra vez, todas las varitas arriba.
—¿Cómplice de abuso infantil y cómplice de negligencia infantil?
Una vez más, unanimidad.
—¿Madame Bones, algún cargo adicional?
—No, ministro Fudge. Aunque descubrió la información y la manejó de forma incorrecta, es cierto que habría sido inútil actuar antes y que la evidencia se habría perdido. No obstante, si durante el curso de mi investigación encuentro datos que contradigan esta valoración, modificaré los cargos.
—De acuerdo.
—Debo objetar —intervino el señor Langley—. Lady Potter respondió plenamente bajo los efectos de un suero de la verdad altamente peligroso. No deberían añadirse más cargos después de que ha contestado todas sus preguntas.
Colocó una mano sobre el hombro de Lily, quien la apartó con un gesto brusco.
—Por fin habla… y justo cuando no debe —murmuró Tom a Lucius, quien soltó un bufido.
—Señor Langley —replicó Madame Bones—, ya se había establecido que los cargos podrían modificarse durante el curso de la investigación. Y la investigación aún no ha terminado. El Wizengamot se reunirá brevemente para deliberar sobre la sentencia.
Todos sintieron cómo descendía la burbuja de silencio mientras esperaban que alguien hablara, algo inusualmente incómodo. Madame Bones rompió el mutismo:
—Normalmente, por abuso y negligencia infantil, la pena mínima es de diez años en Azkaban. El otro cargo… es más grande que cualquier caso de fraude que hayamos visto jamás.
—Veinte años en Azkaban, sin posibilidad de libertad condicional —dijo una voz.
De inmediato, la sala se llenó de debates; algunos exigían el beso del dementor, otros pedían cadena perpetua.
Tom finalmente habló:
—Harry Potter era mi heredero antes de su trágica muerte. Solicito la aplicación de la magia familiar, pero pido que la ley familiar no se haga pública hasta que todos hayan confesado y conozcamos el alcance total de sus crímenes.
—Secundo la moción —dijo Lucius, a quien le agradaba la idea. De ese modo, nadie podría interferir en la sentencia, ya que al no publicarse la ley familiar podrían obtener todos los detalles. Si se hiciera pública, los abogados exigirían que nadie estuviera presente durante las confesiones ante Tom, y la historia completa jamás saldría a la luz.
—De acuerdo —se sumaron numerosas voces.
—Queda aprobado. La ley familiar se aplicará y permanecerá sin publicarse hasta que la investigación concluya y todos los juicios hayan terminado —declaró Madame Bones, ocultando su satisfacción interna. Por fin habría justicia para Harry Potter, y esta vez la verdad completa no sería enterrada.
La burbuja se retiró y se ordenó desalojar a todos los que no pertenecieran al Wizengamot, salvo Lily Potter y su abogado. Dado que la sala ya contaba con encantamientos de privacidad, no fue necesario ningún juramento adicional.
—Lady Potter —anunció Madame Bones—, Lord Peverell-Prince-Snape ha solicitado la aplicación de la ley familiar.
Hizo una pausa, permitiendo que la noticia se asentara. La confusión era evidente en el rostro de Lily.
—Lord Peverell-Prince-Snape, si es tan amable.
—Harry Potter era mi heredero y, debido a sus acciones, ahora está muerto. Exijo que la custodia de Charles Potter sea otorgada a Madame Bones, para que ella determine si el señor Potter debe ser rejuvenecido mágicamente y criado de la manera correcta, si considera que es necesario. Exijo que todos los fondos de la familia Potter, sus bienes y un porcentaje de cualquier ingreso futuro se destinen a un fondo de becas con el nombre de Harry Potter, para que estudiantes puedan asistir a Hogwarts. Las bases de la beca se establecerán una vez que se determinen los activos.
Tom continuó, con voz firme:
—Lady Potter, por sus acciones, cumplirá cinco años en Azkaban y veinte años en libertad condicional. Durante ese periodo, trabajará al menos veinte horas semanales con niños víctimas de abuso y negligencia; estoy seguro de que Madame Bones podrá organizarlo cuando sea oportuno. No le prohibiré tener hijos, pero impondré límites estrictos. Si en el futuro tiene otro hijo, estará sujeta a inspecciones domiciliarias periódicas por parte de trabajadores sociales del Departamento de Bienestar Infantil del Ministerio y deberá tomar cursos obligatorios sobre cuidado infantil. Además, deberá escribir una carta detallada para El Profeta, explicando exactamente lo que permitió que le sucediera a Harry y a Charlie. Pudo haber hecho mucho más para evitar que Charlie se convirtiera en un bravucón. Algunos podrán considerar mi sentencia indulgente; yo creo que la vergüenza con la que vivirá el resto de su vida es un castigo mucho más severo, especialmente cuando tenga que enfrentar a la comunidad mágica en público.
Tom sabía que podía haber sido más duro, pero también sabía que Lily era una de las pocas personas cercanas a Dumbledore que realmente había intentado facilitarle las cosas a su hijo. Ella le enseñó lenguaje de señas y lo defendió cuando pudo.
—Gracias —susurró Lily, visiblemente conmocionada. Esperaba cadena perpetua en Azkaban cuando se mencionó la ley familiar. Sabía que los siguientes veinticinco años no serían fáciles, pero al menos seguía con vida y su hijo tenía la oportunidad de un futuro mejor que el que Albus y James le habían ofrecido.
La observaron mientras era escoltada fuera de la sala. Lucius colocó una mano sobre el hombro de Tom.
—Hiciste lo correcto. Nadie puede reprocharte nada. Ve a casa, ve a ver a Severus y a Steffan. Sé que están ansiosos por verte.
Salieron del Ministerio en silencio. Lucius se dirigió a su mansión; Tom, a Hogwarts.

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