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Vegeta nunca fue alguien expresivo y mucho menos con tacto a la hora de expresar sus sentimientos u otras cosas. Ni sabia el porqué alguien como Goku, se había enamorado de él.
—¡Eres bien idiota, Kakaroto! —dijo Vegeta mientras se alejaba del otro quien estaba estallando de la risa.
Goku le había metido un susto a Vegeta y este en verdad se asustó. A veces no entendía las bobadas de su pareja.
Todos en el planeta tierra conocían a Kakaroto como Goku, y aunque intento llamarlo por su nombre adoptivo, jamás pudo algo que Goku se acostumbró y le gustaba que Vegeta en la tierra fuera el único que le llamará por su nombre original.
Estaban sentados en el sofá más grande la salaz mientras que se refugian de un cálido abrazo, era tan extraño que el cuerpo de Goku la mayor parte del tiempo estuviera caliente y el de Vegeta estuviera a temperatura algo normal.
A Vegeta le encanta la calidez que le trasmite cuando Goku lo abraza, era claro que no es precisamente por la temperatura de su cuerpo, sino que es él que lo trasmite. No encontraba las palabras adecuadas para expresar esa sensación de abrigado cuando esta al lado de Goku.
—Eres un cabeza hueca —comentó como si nada, cosa que Goku alzo una ceja sin entender nada.
—No entiendo. —Se inclino un poco para poder el rostro de Vegeta, sin entender porque lo dicho tan de repente.
—Tu nunca entiendes nada, no es sorpresa —respondió tangente.
—¿Ahora que hice? —Con lo reciente dejó aún más confundido a Goku.
Vegeta solo chasqueo su lengua, porque hasta él mismo ni se entiende a veces.
—No importa que sea, solo se que te amo. —Le deposito un beso en la mejilla a Vegeta, haciendo que este se sonrojara.
Vegeta quiso huir de los brazos de Goku, ya que ahora se encontraba muy avergonzado pero este solo le aprisionó con más fuerza entre sus brazos, dejando salir un poco de sus feromonas de Alfa, cosa que Vegeta cayó rendido.
Sonrió al recordar esa escena… eran tan felices en aquel momento. Lamentaba no haber sido más expresivos, casi toda su vida se crío en la realeza Saiyayin donde le tenían prohibido mostrar sus emociones y entrenado por los mejores guerreros que habían en aquel entonces. Para Vegeta ya era suficiente con la decepción de nacer un Omega y no un Alfa, así que debería de demostrar por todos los medios que siendo un Omega, no era ningún desperdicio.
Pero todo eso dejó de importar cuando la primera vez fue al planeta tierra y vio a Goku, tenia ordenes detalladas con destruir aquel planeta.
—Soy Son Goku y no voy a permitir que destruyas aquel planeta —demandó serio. Dejando a un Vegeta algo sorprendido por ese cambio de actitud, si apenas lo había visto siendo un idiota sonriente.
Aquel rostro se le hace familiar, más no sabia de donde lo había visto. En medio de su pelea fue que lo recordó y su sorpresa fue notoria al describirlo, ese tipo llamado Goku en realidad era…
—¡Kakaroto!
Momento de distracción que recibió un fuerte golpe. Aún recuerda el espectáculo –para Vegeta ridículo–que formó Goku, al enterarse que Vegeta era un Omega y que lo había golpeado. Y fue ahí que su historia comenzó.
Sonrió con tristeza al recordar aquello, cerro sus ojos un momento sintiendo como unos fuertes brazos le rodeaban dándole un abrazo que tanto necesitaba en aquel momento.
Fuerte y cálido.
Así era Goku, le trasmitía una paz que nunca había sentido. Tenía tan grabado en su piel su aroma, su calor y cada cosa de Goku que le era inevitable recordar cada vibra de él… al abrir sus ojos, se dio cuenta que allí era algo producto de su mente.
Extraña sus abrazos, sus sonrisas y sus bromas sin sentido. En especial la calidez de su cuerpo, añoraba volver abrazarlo, Vegeta ronroneo con tristeza sabiendo que no volvería a verlo, ni siquiera estaba con Kaio-sama, esta vez la alma de Goku no paró ahí, sino en otro mundo donde tenía prohibido el acceso… esta vez, ni mas esferas del dragón pudieron traerlo de vuelta.
Teniendo a viva piel aquella calidez que solo Goku podía darle, solo tenia que ser fuerte…
“Los Omegas que fueron mordidos y su Alfa mueran, esos Omegas también van a morir.”
Sabia su destino, verse en aquella cama sin ganas de nada y dejándose consumir, no tardaría mucho que su vida se desvaneciera. Lloró, sonrió y como si fuera el último tacto marcando el reloj ya las medianoche, indicando el inició de la navidad y siento los fuertes brazos de Goku abrazándolo, fue cuando sus ojos se cerraron para no abrirlos más.
Vegeta había muerto.
Fin.
