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"Buena Suerte"
Bibi se despidió de Toto y Tocino y los observó marchar hacia el desierto en busca del viejo Huevo de Halcón y una cura.
No había probabilidades de que el sabio anciano siguiera con vida o que si quiera existiera un antídoto, incluso podrían perderse y ya no volver o ser encontrados por el brujo a medio camino y ser asesinados o...
Bien, había muchas cosas en su contra, así como nulas probabilidades a favor y, francamente, estaba muy asustada, de verdad, nunca en su vida había sentido tanto miedo, nada en su repertorio de momentos terroríficos podría compararse a este día, era peor que una película de horror.
Una fuerte ráfaga de aire helado sopló en su dirección y casi la empuja hacia atrás, un fuerte escalofrío recorrió su cuerpo y la sacó de sus pensamientos, recordándole tres cosas: 1. Era de noche; 2. Estaba en un desierto; 3. Estaba haciendo un frío abismal y se congelaría en su lugar si no se movía pronto.
Mirando al frente se dio cuenta de que Toto y Tocino ya se habían ido y era hora de que volviera a dentro. Un vistazo a la puerta la hizo volver a pensar en la situación y se preparó mentalmente para regresar al interior, estaba bien, ella podía hacer esto, Willy podía hacer esto, estarían bien.
Estarían bien.
Cruzó la puerta y se encargó de acomodarla lo suficiente para que no se filtrara tanto el frío, se estaba tomando su tiempo, principalmente porque no quería darse la vuelta y verlo, verlo lo haría más real y más real lo haría más doloroso, ella ya no quería que doliera.
Sentirse adolorida, la hizo sentir culpable, ¿Qué derecho tenía ella a sentirse de esa forma? ¿Qué era su dolor comparado al del otro? No era ella quien se estaba muriendo.
Pero eso era una mentira, la más descarada de todas.
Finalmente lo miró y su corazón no pudo haberse sentido más sofocado, se sentía tan impotente, quería ayudar, hacer algo más que susurrarle palabras al oído y pedirle que sea fuerte, que resista y no se rinda, quería hacer algo más que sentirse como una porrista.
Si, una parte de ella estaba muriendo junto a Willy.
Se acercó lentamente y todavía mirando, el verde putrefacto ya podía verse asomándose sobre la sábana improvisada que le habían colocado, no tenían mucho tiempo.
Se preguntaba qué estaba sintiendo Willy, qué estaba pensando o si siquiera él sabía que se estaba muriendo, no había abierto los ojos desde el envenenamiento y sus únicas señales de vida eran un pequeño movimiento de cejas aleatorio.
Estaba al menos un poco feliz de que fuera así, se alegraba de que estuviera tan inconsciente en este momento, porque definitivamente ella no iba a poder soportar escucharlo gritar y retorcerse del dolor durante horas, hasta que su voz se volviera ronca.
Ella tomó su mano con suavidad y acarició el dorso con su pulgar antes de depositar un suave beso en el lugar. Observando toda la extensión se dio cuenta de una cosa: el color verde enfermizo que ya se había apoderado de toda su espalda estaba comenzando a invadir sus brazos, dentro de muy poco cubriría todo el torso y las piernas y finalmente llegaría a su rostro.
Y para cuando el último centímetro de su cara este cubierto de verde, Willy ya habrá dejado este mundo.
Le picaban los ojos y su cuerpo comenzó a temblar. Oh no, ella iba a llorar.
¿Por qué la vida estaba siendo tan injusta con ella? ¿Por qué lo estaba siendo con él? ¿Por qué con todos ellos?
Le habían quitado tantas cosas, su relleno, su sueño de algún día ser una gallina, su deseo de algún día convertirse en madre y tener un montón de huevitos, de formar una familia.
Ella pensó que, si no iba a poder cumplir con la mayoría de sus sueños, al menos podría casarse con el amor de su vida.
Pero ahora no podría cumplir ninguno, porque nunca podría dejar de ser una huevita y nunca podría tener los hijos que alguna vez soñó.
Y porque ahora el amor de su vida se estaba desvaneciendo en sus brazos.
Bibi lloró desconsoladamente al pie de la cama de Willy y sin soltar nunca su mano, como si al hacerlo él pudiera desaparecer y nunca volver, tenía tanto miedo de quedarse sola.
Tenía que ser fuerte por él y sin embargo no podía, no quería, lo único que quería era que él la abrazara y le dijera que todo iba a estar bien, pero él no podía hacer eso porque estaba peleando una batalla con la muerte para salvar su propia vida.
No sabía cuánto tiempo había estado llorando, pero estaba segura de que habían sido horas, dándose cuenta del tiempo levantó agresivamente la cabeza y miró a su pareja, dándose cuenta con horror del rápido deterioro de su cuerpo.
Gran parte de su cuerpo ya estaba enteramente podrido y ahora incluso la mitad de su rostro estaba teñida de verde.
Estaba avanzando, mientras ella estaba allí viéndolo podía ver a las bacterias abrirse pasó y devorar el cascarón, no había tiempo ni señales de Toto y ella no sabía que hacer.
Ella se acercó más y lo tomó por los hombros, agitándolo levemente mientras lo llamaba por su nombre con la intención de despertarlo o simplemente obtener una señal de que seguía con vida, no había nada.
El pánico se comenzó a apoderar de ella y gritó por ayuda, pero su voz no parecía querer salir de su garganta, apenas saliendo como el más bajo de los susurros.
Ya no quedaba más que un pequeño parche de cascarón blanco en todo su cuerpo y se estaba haciendo cada vez más pequeño con demasiada rapidez.
Y así, con terror y el corazón hecho pedazos, Bibi abrazó con todas sus fuerzas al amor de su vida, finalmente dándose cuenta de que ya no había nada más por hacer, no había podido salvarlo.
Sollozó en su hombro y dejó que todas las lágrimas retenidas se liberaran y cayeran limpiamente sobre él y la cama, gritando su nombre con desgarradora angustia, hasta que su vida se le escapó de entre los brazos.
[…]
"¡Bibi!"
La castaña abrió los ojos a la par que tomaba una enorme bocanada de aire, estaba temblando y definitivamente podía sentir su rostro empapado.
Sus sentidos comenzaron a volver a ella a partir de allí, podía escuchar el crujir de la paja debajo de ella y sentir una mano sobre la suya, hasta que sus ojos comenzaron a enfocar la imagen frente a ella.
Era Willy.
Bibi sintió sus labios temblar antes de que un sollozo escapara de ellos y se lanzara hacia adelante para abrazar al hombre, lo necesitaba mucho luego de esta noche.
Él obviamente correspondió, abrazándola con la suficiente fuerza para que ella sintiera su presencia, pero no la necesaria para lastimarla "Tranquila mi amor... Estás a salvo, estoy aquí"
Willy jugueteó con su cabello mientras frotaba círculos en su espalda, susurrando más palabras de confort para relajarla, sin preocuparse por si ella lo estaba mojando por completo con sus lágrimas, realmente no le importaba, solo quería que ella estuviera bien.
La castaña se aferró a su cuerpo como si fuera un salvavidas en medio del océano, llorando como no lo había hecho en mucho tiempo, vaciando toda la angustia que estaba sintiendo por medio de sus lágrimas y apreciando cada segundo de tacto.
Estaba segura de que acababa de tener la peor pesadilla de su vida.
Pero era eso, una pesadilla.
Lentamente, concentrándose en la sensación de sus cuerpos presionados entre sí, logró relajarse gradualmente, disminuyendo de poco a poco sus sollozos y casi extinguiendo el hipo de su llanto.
Se habían tomado un tiempo más en esa posición luego de que Bibi dejó de llorar, ella necesitaba este abrazo y Willy no se lo iba a negar, si la decisión estuviera en él, estaría abrazados todo el día.
Pero él no podía mandar sobre su vida ni estar en ella cada segundo del día y había aprendido esa lección hace años, no iba a retroceder ahora.
Él la soltó y retrocedió un poco cuando ella se alejó, dándole espacio para respirar y procesar las cosas, pero tomando su mano para demostrarle que estaba ahí para ella.
"¿Quieres hablar de eso?"
Bibi usó su mano libre para secar su rostro y tallar sus ojos, su vista cayendo junto a su mano, hasta que sus ojos se movieron a su costado.
Los ojos de Willy siguieron a los de Bibi, dándose cuenta de lo que estaba viendo y juntando las piezas en su cabeza.
Al costado de su cuerpo, una grieta se abrió pasó por su cascarón, rodeada de una ya ligera mancha verde de putrefacción.
Pesadillas de ese día, eran comunes.
"¿Duele?" Los ojos de la acróbata miraron a los suyos en busca de respuestas, o mentiras.
El pecoso sonrió de lado, con mirada serena respondió "Ya no lo hace"
Un suspiro pesado abandonó el cuerpo de su compañera y Willy levantó la mano hacia su rostro, acariciando su mejilla con su pulgar "Oye. Estoy bien, bebé. Te lo juro" observando como sus ojos volvían a ponerse acuosos volvió a hablar "No me iré a ninguna parte"
Nuevas lágrimas comenzaron a caer mientras ella apretaba la mano en su rostro y se apegaba a ella "Te habías ido, estabas muerto "
Willy hizo una mueca de tristeza al escucharla, pero trató de animarla "Hmm, tal vez sea solo tu cabeza pidiendo un descanso de mi" hizo una voz burlonamente gruesa "Ahgg tu empalagoso novio no puede estar a más de tres metros de ti y no deja de acechar ese precioso cabello que toma horas peinar" Él alborotó su cabello para hacer énfasis, haciéndola reír un poco, hasta que ella apartó su mano de su cabeza.
"Hablo en serio Willy, te estabas muriendo y yo no podía hacer nada más que observar, ni siquiera sabíamos cómo demonios te íbamos a salvar y yo..." Ella soltó un suspiro y limpio lágrimas que todavía no caían "Yo estaba aterrorizada"
Él la observó con tristeza y apretó su mano "Amor, no voy a ir a ningún lado sin ti" tomó ambas manos y las juntó frente a ellos, calentándolas "Ya he sobrevivido a suficientes intentos de asesinato en toda mi vida como para morir ahora" dijo un poco divertido "Y estoy bastante seguro de que se necesita más que la muerte para hacer que me aleje de ti"
Ella lo miró con una expresión en blanco, todavía con lágrimas en los ojos y las mejillas, casi podía ver los engranajes moverse en su mente cuando ella volvió a hablar.
"Cásate conmigo"
Sus ojos se abrieron con sorpresa cuando escuchó la propuesta y parpadeo perplejo, no estaba seguro de haber escuchado bien "¿Ah?"
"Cásate conmigo" ella repitió pacientemente esperando una respuesta.
Si pudiera haberlo hecho, se habría sonrojado, de hecho, estaría muy sonrojado, más de lo que pudiera haber estado en cualquier momento de su vida.
Empezó a reír en voz baja, sin estar seguro de si era por la felicidad o el nerviosismo, solo sabía que no podía parar y estaba temblando.
No, no estaba temblando, se sentía más como si estuviera vibrando, como un gato ronroneando.
"¿De qué te ríes?" Podía sentir el indicio de molestia en la voz de Bibi, pero aún así no pudo detenerse.
Tranquilizándose un poco tomó el rostro de su novia (¿Prometida?) y depositó un suave pero entusiasmado beso en sus labios y sonrió con alegría casi infinita mientras posaba sus frentes juntas. Se sentía cómo si fuera un niño de nuevo, todavía preocupado por el mundo a su alrededor, pero no lo suficiente como para dejar de reírse, era precioso.
"Me acabas de proponer matrimonio a las cuatro de la mañana, en un granero"
Ella también se rio un poco junto a él luego de eso "Bueno, creo que no escogí muy bien el momento"
Willy sonrió y negó con la cabeza "No creo que lo hayas hecho" el bajó la cabeza de dónde estaba frente a ella y besó sus manos antes de mirarla a los ojos "Acepto"
Ahora fue el turno de ella de sonreír de emoción, lanzándose sobre él para atraparlo en un abrazo tan fuerte como el anterior.
Ambos cayeron al suelo, todavía abrazados y riendo, sin intención de soltarse pronto y finalmente quedándose dormidos en esa misma posición.
Bibi durmió excelente el resto de la noche, segura en los brazos de su ahora prometido, feliz de estar en el momento.
Esta vez, cuando cerró los ojos no había una horrible pesadilla esperándola, sino más bien un hermoso sueño sobre el que ha sido uno de los días más esperados de su vida.
Finalmente pudo descansar tranquila por la noche, sabiendo perfectamente que las pesadillas no volverían a tocarla pronto.
No con el guardián a su lado alejando sus miedos.
