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Summary:

—Tengo una cita la próxima semana —Derek intenta sonar desinteresado, casi aburrido, pero sabe que no lo logra cuando incluso su padre deja a un lado los planos en los que trabaja para mirarlo.

—Pensé que te gustaba Stiles —dice Laura, con todo el tacto que le permiten sus veinte años. Talia le lanza dagas con la mirada a Laura, mientras que su padre carraspea con incomodidad—. Oh, vamos, es el secreto a voces peor disimulado del mundo.

—Bueno, —comienza Talia—. Me da gusto que tu… interés —su alfa suena algo insegura al decir esa palabra—., por Stiles haya desaparecido y que te interesara alguien más.

Notes:

Otro fic más en esta serie que me encanta jsjsjsjs. Pronto veremos más de mi bb Miles, besitooos

Work Text:

Derek despierta con un sobresalto y un siseo; su cuerpo febril y sudado. La imagen de Stiles en su sueño, soltando pequeños jadeos y gemidos, aún está grabada a fuego en su memoria. Agradecido de que le hayan dado la habitación insonorizada cuando cumplió catorce, el hombre lobo entierra la cara en su almohada para evitar tocarse.

 

Cuando la lujuria no cede, Derek se pone de pie de un salto y sale disparado a tomar una ducha. Sus esfuerzos son en vano, porque termina corriéndose con el nombre de Stiles entre sus labios mientras el agua cae en su espalda.

 


 

—¡Derek!

 

La vocecita de Stiles hace que Derek se tense en su asiento y que apriete con fuerza el manubrio de su bici. Maldiciendo en voz baja debido a su mala suerte, pues esperaba no toparse a Stiles, Derek pega una sonrisa algo forzada en su rostro.

 

—Hey —murmura el hombre lobo, su sonrisa volviéndose menos forzada al ver a Stiles pedalear con rapidez para alcanzarle—. Pensé que no te vería hoy, me dijeron que te habías ido con Miles a la escuela.

 

—Le dije que no porque sé que los viernes son tus días de irte en bici.

 

—¿Rechazaste irte en el jeep a la escuela sólo por que hoy es viernes?

 

—Noo… —Stiles alarga la letra, negando despacio con la cabeza—. Rechacé ir en el jeep porque hoy vas en bici.

 

Derek tiene que bajar la mirada para evitar la de Stiles, porque el saber que el niño rechazó un viaje en el auto que le perteneció a su madre sólo para estar con él hace que su corazón se acelere de manera poco normal. El lobo levanta la cabeza rápido y se detiene, Stiles también lo hace.

 

Derek se acerca a él con todo y bicicleta, y le da un beso en la coronilla, porque Stiles es el niño más dulce que existe en este mundo, y Derek se siente como basura por el hecho de que es el protagonista de sus sueños húmedos.

 

—Venga, te dejo en la escuela y luego me voy —le sonríe suavemente, con una mano en el manubrio y la otra en la nuca de Stiles.

 

El pequeño humano, que le llega apenas a la barbilla, asiente varias veces, sus mejillas algo sonrojadas y desprendiendo un adictivo olor a felicidad, olor que Derek no puede evitar inspirar con gusto.

 

Se despide de Stiles desordenándole el cabello y diciéndole que lo verá este fin de semana cuando Laura llegue de la universidad para ver a Miles.

 

Derek llega a tiempo a la escuela, segundos antes de que entre su profesor de física. Boyd y Erica le dan miradas conocedoras, Isaac parece aburrido con su comportamiento. A la hora del desayuno, Boyd se acerca a él con su charola de pasta bolognesa.

 

—Es la última —Boyd le pasa la charola y Derek le agradece—. Otra vez llegaste tarde por llevar a Stiles, ¿cierto?

 

Derek se encoge de hombros. Boyd suspira, luego se cruza de brazos y mira fijamente a Derek.

 

—No sé cómo tú y él se hicieron amigos…

 

—Por Laura y Miles.

 

—… pero Stiles tiene trece, Derek, y tú tienes quince. No están en la misma sintonía. Entiendo que sea tu amigo y te agrade, pero no es sano que canceles planes con gente de tu edad para estar todo el tiempo con Stiles.

 

Derek deja de comer en ese momento para mirar a Boyd.

 

—Llevo años conociendo a Stiles, y sólo les he cancelado cuatro veces desde que nos conocimos. No sean exagerados.

 

—Prioridades, Derek. Tienes que salir de tu burbuja con forma de Stiles. ¿Sí sabes que a Paige Krasikeva le gustas?

 

Derek reprime un suspiro de cansancio, porque ya está harto de escuchar sobre Paige día sí y noche también.

 

—Sí, Boyd, lo sé. Tú, Erica y Isaac no se cansan de repetírmelo.

 

—Entonces debemos estar haciéndolo por algo, Sherlock —Boyd tamborilea sus dedos en la mesa—. Era en serio lo de tu burbuja con forma de Stiles. El niño también tiene que aprender a estar sin ti.

 

Y ahí no puede negarlo, porque Derek sabe que en eso Boyd tiene toda la razón.

 

—Bien —el hombre lobo aprieta los labios—. Voy a invitar a Paige al cine y hoy saldré con ustedes. ¿Contento?

 

Boyd asiente.

 

—No estoy diciendo que dejes de pasar tiempo con Stiles, para nada. Sólo digo que pases un poco más de tiempo con nosotros y te ocupes de ti mismo. Darte a ti mismo prioridad.

 

—Lo sé, lo entiendo.

 

—Venga, termina ya porque sólo nos quedan veinte minutos.

 


 

A la hora de la salida, Derek invita a Paige a ir al cine con él la próxima semana, y ella le dice que sí.

 


 

—Tengo una cita la próxima semana —Derek intenta sonar desinteresado, casi aburrido, pero sabe que no lo logra cuando incluso su padre deja a un lado los planos en los que trabaja para mirarlo.

 

—Oh… —dice su madre, dejando de lado su libro sobre leyendas aztecas y mayas, para prestarle toda su atención a su único hijo varón.

 

—Pensé que te gustaba Stiles —dice Laura, con todo el tacto que le permiten sus veinte años. Talia le lanza dagas con la mirada a Laura, mientras que su padre carraspea con incomodidad—. Oh, vamos, es el secreto a voces peor disimulado del mundo.

 

—Bueno, —comienza Talia—. Me da gusto que tu… interés —su alfa suena algo insegura al decir esa palabra—., por Stiles haya desaparecido y que te interesara alguien más.

 

—Mi interés por Stiles no desapareció —resopla Derek, físicamente haciendo las comillas con sus dedos—. Sólo… decidí salir con Paige, y no sé… intentarlo con ella.

 

—Bueno, Derek, independientemente de ello, nos alegra que hayas cambiado tu mirada a alguien más… accesible. Y de tu edad —finaliza su padre. Samuel Nicholas Hale es un hombre de palabras concisas, Derek agradece haber heredado ese rasgo de su padre.

 

—Sí —suspira Derek—. Créeme, lo estoy intentando...

 


 

La semana siguiente, Derek llega a casa de Paige con dos solitarias rosas en sus manos y dispuesto a pasar una cita amena. Se presenta ante los padres de ella, le entrega una rosa a Paige y a su madre, y al padre le da un apretón de manos que sabe es ideal; no muy fuerte, ni tampoco muy suave. Ambos quedan encantados con él, Derek puede verlo y olerlo.

 

Derek intenta comportarse como un perfecto caballero, pero no puede evitar visualizar a Paige como una versión femenina de Stiles. La chica se parece bastante a él. Ambos de cabello castaño y piel cremosa, Stiles con lunares esparcidos por todo su cuerpo, y Paige con uno cerca de su ojo. 

 

Y es cuando Derek se da cuenta que se está imaginando en una cita con Stiles; se está comportando de la misma forma con la que se comportaría con Stiles si estuvieran en una cita, incluso la bonita cara de Paige de vez en cuando cambia al adorable rostro de Stiles cuando Derek parpadea. 

 

Al terminar la cita, Paige adquiere un pequeño rubor en sus mejillas después de darle un beso a Derek en la comisura de los labios. Derek no sabe qué hacer, así que sólo la lleva a su casa.

 


 

—¿Qué tal tu primera cita? 

 

Es lo que pregunta Laura cuando Derek llega a casa. Su hermana mayor está en el sofá, con una bolsa del 7-eleven llena de diferentes chocolates, y el DVD encendido.

 

—Horrible —pronuncia Derek desganado, dejándose caer junto a Laura y robándole un chocolate. Ella le da un manotazo y le gruñe por robarle su chocolate, pero Derek la ignora.

 

—¿Por qué? ¿Estuvo muy incómodo? —inquiere Laura con la boca llena de un Reese's cup

 

—No. Digo horrible porque fue demasiado perfecta.

 

Laura hace una mueca incrédula, volteando a verlo como si estuviera loco.

 

—¿Qué? —ella suena divertida ante su declaración, por lo que Derek suspira, resignándose a contarle a su hermana la razón por la que su cita fue terrible.

 

—Me pasé toda la noche imaginando que Paige era Stiles…

 

Oh… —suelta Lo con una mueca, comprendiendo al instante—. Creí que el objetivo de salir con ella era no pensar en Stiles.

 

—Y lo es —Derek asiente, su chocolate olvidado a un lado—. Pero al parecer, es imposible.

 

Ambos se quedan en silencio, procesando las palabras de Derek.

 

—Mamá no quiere aceptar que Stiles es tu compañero.

 

—Lo sé, créeme que no estoy muy feliz de que mi compañero sea un niño. Mi parte humana me dice que no es correcto, pero…

 

—Pero otra parte de ti no puede evitar pensar que es lo más correcto del mundo, que encaja todo perfectamente bien —termina Laura por él, su mirada perdida, y haciendo eco de los pensamientos y sentimientos de Derek. Ambos entienden perfectamente lo que al otro le está pasando.

 

—¿Cuándo planeas decirle a Miles? —le pregunta Derek, dándole una mordida a su chocolate. Laura se tensa a su lado.

 

—No sé de qué hablas —pronuncia, reproduciendo de nuevo su película.

 

—Lo…

 

—No sé de qué hablas, Derek —insiste su hermana. Derek pone los ojos en blanco.

 

—Hacerte la loca no sirve de nada, Laura. El único que no sabe que Miles es tu compañero es… Miles —Derek le apaga el DVD a Laura, quien le lanza dagas con la mirada. Derek arquea una ceja, esperando su respuesta.

 

—No voy a arruinar mi amistad con mi mejor amigo sólo porque quiero tenerlo como mi novio.

 

—No es tu novio, es tu compañero —Derek le recuerda suavemente a Laura, quien exhala derrotada.

 

—No sé cómo hacerlo, Der. Llevo tantos años ocultándolo, que ahora no sé cómo decirle.

 

Derek le sonríe con tristeza. Ninguno es adepto a mostrar cariño al otro, así que Derek sólo le aprieta el hombro para mostrarle a Laura que la entiende.

 

—Los Stilinski van a volvernos locos.

 


 

El lunes en la escuela, Paige no se despega de Derek. Ella termina sentándose a comer con él y sus amigos, quienes la reciben con sonrisas amables. Derek se siente incómodo, porque no sabe cómo decirle a Paige que no quiere salir con ella, así que le permite inmiscuirse en su vida social.

 

Su horario de salida de los lunes coincide con el final de la jornada escolar de Stiles, así que Derek siempre camina hasta la escuela de su compañero para esperarlo e irse ambos a casa del menor para pasar el día juntos. 

 

Derek está a punto de irse, cuando los amigos de Paige y ella le invitan a comer. Derek se tensa, indeciso y sin saber cómo rechazar la oferta.

 

—Estoy ocupado hoy, lo siento —les dice con una falsa sonrisa arrepentida. Paige le mira decepcionada, pero a Derek sencillamente no le importa, así que se pone a caminar rumbo al colegio de Stiles.

 


 

Stiles tiene un ligero enamoramiento secreto con Derek. Su mamá lo sabía, su papá lo sabe y su hermano mayor también. Stiles no está seguro de cómo Derek aún no se ha dado cuenta, pero él a caballo regalado no le va a mirar los dientes.

 

Derek es su amigo desde que tiene memoria, y su primer recuerdo de Derek, hasta donde es consciente, es cuando el adolescente le limpió su rodilla raspada y le puso una bandita, el dolor de la herida desapareciendo al instante.

 

Stiles oculta como puede su enamoramiento, precisamente por ser amigo de Derek desde que es un bebé. Además, Derek es dos años más grande que él, nunca se fijaría en un niño como él.

 

Stiles.

 

Stiles puede sentir su pulso acelerándose al escuchar y ver a Derek en la entrada de su colegio, las manos en los bolsillos de sus jeans y una sonrisa en sus labios. Está recargado contra una pared de la entrada, y obviamente recibe miradas de todos.

 

Jackson Whittemore y Lydia Martin se convirtieron en sus amigos desde que Stiles entró a la primaria y se dieron cuenta de que era amigo de Derek Hale, y Stiles sigue siendo extrañamente popular desde que Derek salió de la primaria y dejó solo a Stiles.

 

El estudiante de secundaria toma la pesada mochila de Stiles y se la cuelga en el hombro, Stiles le sonríe y empieza a caminar junto a él.

 

—¿Qué haremos hoy? —le pregunta el menor a Derek, quien le da una sonrisa llena de travesura.

 

—Conquistar el mundo, Pinky —le cita Derek, inclinándose para verlo mejor, y Stiles gira los ojos con una sonrisa divertida.

 

—Es en serio, graciosillo.

 

—Okay, okay. Iremos por tus papas rizadas y por un McFlurry para mí —ofrece el mayor. Stiles le da una sonrisa brillante.

 

—¿Me vas a invitar papas rizadas? —Derek le da una mirada poco impresionada—. ¿Qué?

 

—Stiles, siempre te compro papas rizadas, no tienes que preguntarme. Dalo por hecho.

 

—Lo digo por educación —se defiende con una risa, empujando levemente el hombro de Derek con su mano. Ambos caminan cerca del otro, y están cerca de la cafetería que vende las papas fritas de Stiles.

 

—Un simple gracias está bien, no tienes que preguntarme si te invitaré todo el tiempo, porque es un hecho que lo haré —le murmura Derek, su rostro está cerca del suyo y Stiles puede sentir su corazón galopando contra su pecho al levantar la cabeza para mirar mejor al adolescente. Derek es muy, muy alto.

 

Stiles traga con fuerza y asiente sin despegar su mirada de los ojos de Derek, quien le sonríe suavemente y algo en su cara cambia, algo que lo hace ver mucho más guapo ante los ojos de Stiles. Es como si su mirada se suavizara.

 

—Vamos —pronuncia el mayor, alejándose de él para abrirle la puerta del restaurante. Stiles le sonríe en agradecimiento. Derek ordena las papas de Stiles y su McFlurry, y mientras esperan, son interceptados por una chica que Stiles no conoce.

 

Derek maldice por lo bajo al ver a Paige acercarse a ellos, Stiles le da una mirada confundida.

 

—Stiles, ella es Paige, la conozco de la escuela. Paige, él es Stiles.

 

—Mucho gusto —dice Stiles, extendiendo su mano hacia Paige, quien la toma con una sonrisa rápida.

 

—Hola, qué tal —pronuncia la chica, dándole una mirada rápida a Stiles, y luego enfocándose en Derek—. Hey, creí que estabas ocupado.

 

—Lo estoy —pronuncia Derek, levantando una ceja e inclinando su cabeza hacia Stiles para indicar que está ocupado gracias a él.

 

—Oh —murmura Paige, entendiendo. Ella mira a Derek con indecisión—. ¿Puedo hablar contigo a solas un momento?

 

Derek mueve la cabeza confundido, pero asiente, murmurándole a Stiles un "ya vuelvo". 

 

—¿Estás ocupado después de tu trabajo? —le pregunta ella.

 

—¿Mi trabajo? —musita Derek confundido.

 

—Sí, cuidando a Stiles, ¿no? ¿Estás ocupado después de eso? —dice ella con impaciencia. Derek le frunce el ceño, repentinamente exasperado ante su suposición y sus preguntas.

 

—Stiles es mi amigo de años —le aclara, entornando los ojos y su voz volviéndose algo fría pero sin llegar a ser grosera. Paige le mira dubitativa.

 

—¿Eres amigo de un niño de diez años? Okay… —dice insegura. Derek intenta ocultar su irritación.

 

—Stiles tiene trece, y sí, somos amigos desde que éramos niños. Mira, ahora estoy ocupado, te veo en la escuela, ¿okay?

 

Derek no espera a que Paige emita palabra alguna, simplemente se da vuelta y camina de regreso a Stiles, quien le mira con cuestionamiento. Derek le ofrece una sonrisa tensa.

 

—Nada importante —le contesta Derek a su pregunta silenciosa.

 

 


 

Una vez en casa de los Stilinski, Derek se relaja en la cama de Stiles mientras este termina su tarea de matemáticas, porque el sheriff Stilinski no le deja jugar videojuegos hasta no tener los deberes escolares listos, y Derek lo espera más que contento, porque esas horas en silencio le permiten deleitar sus ojos con la visión de Stiles. Derek no necesita mucho para ser feliz, con estar en presencia de Stiles es suficiente.

 

Al caer la noche, él y Stiles salen al porche a esperar a que el padre de Derek lo recoja. Miran las estrellas, y Stiles le explica las constelaciones, pero a pesar de las detalladas explicaciones del niño, Derek no puede distinguirlas. Cuando el padre de Derek por fin llega a recogerlo, Stiles se despide de él con un abrazo, en el cual Derek se refugia un poco y absorbe su calidez como si hubiese sido privado de contacto físico por años.

 

—No va a funcionar —le confiesa Derek a su padre dentro del auto, su mirada fija en los árboles. Su padre despega un segundo los ojos de la carretera para verlo.

 

—¿Qué cosa, hijo?

 

—Lo mío con Paige. No va a funcionar.

 

Nicholas frunce el ceño, por un segundo viéndose igualito a Derek.

 

—¿Por Stiles?

 

—No puedo ni siquiera pensar en estar con alguien más cuando la única persona que tengo en la mente es a Stiles. 

 

Su padre asiente sin decir nada más, manejando en silencio hasta llegar a su casa. Nicholas detiene el auto y se gira hacia Derek.

 

—Yo sé que es distinto para ustedes —empieza, refiriéndose a la naturaleza licántropa de su familia—. Pero cuando yo conocí a tu mamá, no existió nada ni nadie más para mí. Si no era con ella, entonces no era con nadie. Y lo intenté. Dios, no tienes idea de cuánto intenté salir con otras personas. Ella es más grande que yo, más preparada, más lista; perfecta. Y yo era sólo yo.

 

Derek mira a su padre con atención, encandilado de cada palabra que dice, porque sus padres no hablan mucho de la época cuando se conocieron.

 

—Ella era mi profesora —le confiesa a Derek—. No era ilegal ni nada por el estilo, yo tenía veintitrés y estaba empezando mi maestría pero ella era mi profesora, y era bastante raro. El primer día que me dio clase, me dio la humillada más grande de mi vida —el padre de Derek sonrió al recordar ese momento.

 

—¿De verdad? —preguntó Derek incrédulo—. ¿Por qué?

 

—Quise impresionarla y hacerme el listo. No recuerdo qué dije exactamente, sólo sé que mis argumentos eran basura y ella me dejó en evidencia ante todos. Me cerró la boca de la forma más sexy que he visto en toda mi vida —Nicholas sonrió de nueva cuenta, y Derek hizo una mueca de asco.

 

—¡Papá!

 

—El punto es que intenté salir con otras personas para olvidarme de mi loca profesora de Historia de Civilizaciones Antiguas, pero no lo conseguí. Y cuando por fin dejó de darme clases al final del semestre, ella me invitó a salir. Y el resto es historia. A lo que quiero llegar, es que no importa cuánto trates, siempre orbitarás cerca de él, porque no puedes evitarlo, es parte de ti.

 

—A mamá no le gusta —refuta Derek. Nicholas gira los ojos.

 

—Tu madre es una cínica e hipócrita, ella me lleva siete años, no tiene derecho a juzgarte —su padre le revuelve el cabello—. No le digas que dije eso o me dejará sin besos una semana.

 

Derek se carcajea al oír a su mamá gruñir desde la casa.

 

Dile a tu papá que serán dos semanas, no una.

 

—Demasiado tarde —le dice Derek. Nicholas deja salir un sonido lastimero.

 

—Eso me pasa por querer jugarle a ser el papá cool .

 


 

Derek, dos días después de la charla con su padre, por fin consigue reunir el coraje suficiente para decirle a Paige que no está listo para salir con alguien. La chica parece triste y decepcionada, y Derek no puede evitar empatizar con ella.

 


 

Bonus scene

 

—... y es por ello que los aztecas quemaron incienso al recibir a los españoles —dice Nicholas. Talia le mira inescrutable, dejando que termine de hablar para poder corregir sus ideas erróneas.

 

—El primer punto que quiero discutir contigo es que los mexicas no recibieron a Hernán Cortés y compañía. Recibir generalmente implica que algo es bienvenido, que uno está feliz de aceptar, y los mexicas no recibieron; Cortés invadió. En fin, el segundo punto que quiero dejar claro, es que Cortés y sus hombres apestaban tanto que los mexicas tuvieron que quemar algo de incienso para mitigar la peste que salía de ellos —finaliza Talia—. Y la próxima vez que vuelva a interrumpir el discurso de su compañero de esa forma, le pedirá disculpas y luego se saldrá de la clase. 

 

Nick mantuvo la boca cerrada, sus ojos abiertos como platos, y una ligera tensión en sus jeans . Tragó saliva con fuerza, asintiendo una vez.

 

—Entiendo. Lo siento, no volverá a pasar —pronuncia con voz ligeramente rasposa, acomodándose en el pupitre para esconder el bulto en sus pantalones.

 


 

—Ese día pude olerte —le susurra Talia en el oído—. Lo mucho que te gustó que te hablara así. Desde ese momento supe que eras mi compañero.

 

—Fue la clase más incómoda de toda mi jodida vida. Me sentí como puberto —Nicholas extiende la cabeza, dejando que Talia pase su nariz por su garganta, recolectando su olor.

 

—Nick… —balbucea Talia, dejando suaves besos en la piel de su esposo, quien no puede evitar suspirar al oírla decir su nombre.

 

Y Nicholas deja de pensar por las siguientes dos horas.