Work Text:
La primera vez que Tim se aventura en la necromancia es en el callejón de una calle que no puede pronunciar. No vomita, pero por poco, y Constantine le mira como si fuera a hacerlo. Probablemente tendrá pesadillas durante un tiempo.
Pero está bien, porque sólo quiere recuperar a Jason.
—No es —traga saliva, mirando el cuerpo contorsionado, los ojos negros mientras gorgoteaba y caía flácido, su alma abandonándolo una vez más después de que terminara de darles una pista. —No siempre es así, ¿verdad?
Tim quería a Jason completo. Lo quería vivo y respirando. No… lo que sea que eso fuera.
—La necromancia se trata de intercambio —le dice Constantine. —Cuanto más quieres, más debes dar. Ni siquiera es lo mismo cada vez, es una negociación.
Negociación. Tim ha crecido viendo a sus padres negociar. Tiene la palabra grabada en su cerebro. Piensa en los ojos de Janet Drake, fríos como el acero, la postura firme, infalible. Recuerda sus enseñanzas.
—Puedo negociar —Tim dice en voz alta.
Constantine tararea.
[...]
La cosa era que no importaba a donde fuera Jason. No importaba si Jason fue al cielo, o al infierno, o a los malditos Campos de Asphodel. Si Tim quería traerlo de vuelta, iba a tener que negociar con su vida en juego. Así es como funcionaba. Los usos insignificantes de la necromancia eran una cosa. Nunca había tenido que negociar con años de vida o, Dios lo prohibiera, con almas, en todas sus excursiones con Constantine (no de verdad). Pero Constantine le había prevenido bien, sabiendo exactamente cuál era el objetivo final de Tim. ¿Recuperar un alma permanentemente? Eso requería una negociación. Con su vida.
—Espero que sepas lo que haces, chico —había murmurado Constantine, clavándole los ojos con una mirada ponderada. La más seria que había tenido en todo el tiempo que Tim había estado con él.
Tim sabe lo que está haciendo. Está trayendo a Jason de vuelta.
Acabará en el infierno.
Tim sabía lo que tenía que hacer. No vino hasta aquí, y pasó cinco malditos meses entrenando con John Constantine en moteles de mierda por toda Europa, sólo para echarse atrás al pensar que tendría que hacer un trato con el diablo.
Un trato que probablemente lo llevaría al infierno.
Traga saliva.
Él puede hacer esto.
[...]
El tiempo, Tim descubre, se mueve diferente en el Infierno.
(Ahora lo escribe con mayúscula.)
Resulta que la tortura dificulta mucho llevar la cuenta del tiempo. Tim no era un genio por nada. Sus contingencias tenían contingencias. Sabía cuánto tiempo había pasado en el Infierno.
Sin embargo, no hacía más fácil soportar medio año con los Demonios del Infierno como tus mejores amigos.
Jason había pasado seis meses en una tumba. Tim tuvo que pasar otros seis para sacarlo. Honestamente, Tim pensó que era un gran trato. Había ido allí esperando algo peor, pero sus padres lo educaron para los negocios, y aparentemente eso se traducía en descuentos con los Demonios. No se quejaba. había asumido que al menos tendría un minuto con Jason antes de ser arrastrado, pero, aun así. Dentro de todo era un buen trato.
El paisaje a su alrededor comienza a cambiar y cierra los ojos con fuerza. En cierto modo, la tortura mental era peor que la física.
Pero no importa. Jason está vivo ahora, viviendo y respirando arriba, y eso es lo único que importaba.
Nadie echaría de menos a Tim de todos modos. No como echaban de menos a Jason.
[...]
Tim tiene quince años y ha negociado con demonios dos veces. Una vez para sacar a Jason, y otra para conseguir que el bastardo con lengua de serpiente le dejara salir según su acuerdo. Ha cumplido su condena, ni más ni menos.
Lo primero que hace es robar un periódico e irse a casa.
Probablemente acabaría en el infierno de nuevo de todos modos, un poco de robo no cambiaría eso.
(Donaría algo a la tienda más tarde.)
Efectivamente, no había nadie en casa. Lee el periódico y se pone al día con las noticias y confirma la falta de un aviso de persona desaparecida a su nombre. Se había ocupado de la escuela, falsificando correos electrónicos de sus padres sobre ser educado en casa hasta nuevo aviso. Cuando fue a la tumba esa anoche no sabía si se iría inmediatamente o cuanto tiempo estaría fuera, pero Tim se había preparado a pesar de todo. Por suerte, había vuelto justo en las vacaciones de verano, así que se reincorporaría cuando el año escolar se reanudara dentro de un mes.
El momento perfecto. Todo perfecto.
Excepto.
No había noticias de Jason Todd.
No había noticias de Robin.
Su computadora empieza a cargar todo lo que se ha perdido de la vida nocturna de Gotham mientras no estaba. No era la Baticomputadora, pero Tim cree que ha hecho un buen trabajo.
Gira en su silla. Ah, cómo ha echado de menos los sándwiches de mantequilla de maní y jalea.
[...]
Si alguien le preguntase a Tim, sinceramente no tenía ni idea de cómo había sucedido.
En algún punto entre tratar de averiguar qué le había pasado a Jason—
Estaba vivo, maldita sea, tenía que estarlo, Tim lo sabría.
—y tratando de evitar que Batman hiciera algo drásticamente estúpido y espantosamente violento, de repente se había convertido en Robin.
No diría que lo odiaba. Robin lo era todo para él, y si tenía que asumirlo para mantener vivo el legado para la gente de Gotham, para los niños que miraban por la noche y veían a Robin como un símbolo de esperanza, entonces lo haría.
Pero no estaba bien. Robin era de Dick. Robin era de Jason.
Y Tim había ido al infierno y de vuelta, literalmente, para devolvérselo, y por alguna maldita razón Jason no estaba allí.
Ya no lo pone en mayúsculas. Se niega a darle importancia. O lo que sea que ese libro de terapia de autoayuda decía.
No podía decirle a Bruce, o Dick, o incluso Alfred. ¿Cómo podría? ¿Y si no lo había hecho bien? ¿Y si Jason nunca había regresado? ¿Y si sólo había dejado que el diablo jugara con él? ¿Cómo podía darles la esperanza de que su hijo, su hermano, su nieto, había vuelto y luego destruirla de golpe sólo porque era un niño estúpido y tonto?
Había muchas cosas que Tim no había pensado completamente cuando fue a la tumba de Jason esa noche. Había contado con ir al infierno, pero no se había dado cuenta de lo inmediato que sería. No había querido arriesgarse a traer a alguien como Bruce con él, no con la posibilidad de que no funcionara. Pero ahora se preguntaba, si Jason regresó, ¿se despertó en su ataúd? ¿Había alguien para él cuando despertó? ¿Recordó cómo llegar a la Mansión? ¿Huyó? ¿Fue secuestrado? ¿Simplemente… apareció en algún lugar?
Por favor, por favor, que no se haya despertado en Etiopía.
Desearía haber tenido un poco de tiempo. Así alguien podría haber encontrado a Jason, explicárselo.
Ahora no tiene ni idea de dónde está Jason. Solo sabía que no era donde se suponía que debía estar.
Suspira e inclina su taza de café para que caigan las últimas gotas mientras gira en su silla. Su ordenador muestra sus casos actuales en una pantalla mientras le informa de nuevas amenazas potenciales en la otra.
Hm. Red Hood. Tim frunce la nariz. ¿Quién se pondría voluntariamente el nombre del Joker?
Vuelve a tomar la taza distraídamente y suspira cansado. ¿Por qué ha dejado la cafetera tan lejos de su escritorio?
[...]
Tim sangraba de su garganta cortada, el brazo le ardía y el olor a sangre era tan penetrante que por un segundo pensó que había vuelto al infierno.
—Hoy no, Satán —sisea entre dientes.
Entonces ve su bastón roto. Red Hood, maldito idiota, le dice su mente antes de desmayarse.
Jason, Tim piensa más tarde en la enfermería de la Cueva. Era Jason. Y sus ojos eran verdes, no azules, y Tim sabe que, fuera lo que fuese que había pasado, era su culpa.
Hace un trato con el diablo, será fácil, había pensado. Se pregunta si Constantine le diría “te lo dije”. Probablemente lo haría, el maldito bastardo. Tim lo extrañaba a veces.
Tenía un problema de apego.
No había tiempo para sentimentalidades. Necesitaba todo lo que pudiera encontrar sobre las Fosas de Lázaro.
Pero Dios, estaría mintiendo si dijera que no estaba malditamente feliz de saber que Jason estaba respirando.
[...]
Se está desangrando en un puto desierto. Puede saborear la sangre en su lengua, y la ignora con práctica mientras arrastra a Pru por la arena.
Z, Owens, ¿se irán al infierno?
Puede oír al Diablo riéndose en sus oídos.
Hoy no, piensa. No me tendrás de vuelta hasta el puto día de mi muerte.
Se despierta con Ra’s siendo dueño de su bazo, pero a la hora de la verdad, hacer tratos con la Cabeza del Demonio era una broma después de negociar con los demonios del infierno.
Él gana. Gana, mierda. Dirigió la Liga, incendió sus bases, neutralizó al Consejo de las Arañas, salvó Empresas Wayne y mantuvo a todo el mundo a salvo. Sin compromisos, piensa, mientras cae al vacío desde la ventana de un rascacielos.
[...]
Nunca se lo explica a Jason. No ve el punto en remover el pasado cuando Jason parecía estar mejorando, llevándose mejor con Bruce y Dick, y Damian, el nuevo Robin.
Hay que admitir que también era un cobarde. Jason había sufrido tanto por la falta de visión de Tim. Si tan solo lo hubiera planeado mejor, si tan solo hubiera pensado por un segundo que tal vez se lo iban a llevar al infierno de inmediato, tal vez Jason no habría tenido que despertar en su maldita tumba. Tal vez no habría sido secuestrado por la maldita Talia Al Ghul y tal vez no habría tenido que conocer las Fosas de Lázaro.
¿Quién tiene ciento y una contingencias para literalmente tratar con el diablo, pero todavía era tan ingenuo como para asumir que tendría un minuto de paz con la persona que estaba trayendo de vuelta de entre los muertos? Pues Tim.
Tal y como Tim había supuesto, Constantine le dijo “Te lo dije.”
En algún momento entre Bruce quedando atrapado en una corriente de tiempo y Tim trayéndolo de vuelta después de rebautizarse a sí mismo—
Un sustituto que se volvió demasiado cómodo. Eso es todo lo que siempre fue.
—se había reunido brevemente con Constantine, justo a tiempo para sacarlo de una puerta del infierno que no tenía por qué abrirse en el sótano de una cafetería de carretera en medio de Quebec. Ya van tres veces. Ahora tiene diecisiete años, está emancipado, es Director General de Empresas Wayne, y ya son tres las veces que se ha enfrentado al infierno, y dos las que ha mandado a la mierda a sus demonios (tiene demonios personales, ¿no es eso maravilloso?)
Porque Tim ya cumplió su condena, maldita sea.
No era el mismo niño que trepó por la ventana de un motel exigiendo aprender a resucitar a los muertos. Había ido al infierno y vuelto. Había llevado el peso del Robin de Jason sobre sus hombros, y ahora lleva el peso del Red Robin de Jason.
Aunque se había deshecho de la capucha. “No eres un tipo de capucha”, había dicho Kon. Tim piensa que tenía razón.
Kon. Que sorpresa había sido. Tim ni siquiera necesitó realizar alguna elaborada magia de muerte esta vez.
Solía sentarse por las noches y preguntarse qué clase de persona lo hacía que no se enfrentó al infierno por Kon y Bart, pero lo hizo por Jason.
Kon le tiraría una almohada por eso.
En algún momento entre ellos resolviendo todo el asunto de Traté De Clonarte Porque Moriste, y el asunto de Estoy Tan Malditamente Enamorado De Ti, Tim había dejado salir toda la historia. La muerte de Jason, sus viajes con Constantine, sus vacaciones en el infierno, y Tim admite que permitirse tener un sistema de apoyo, entre Kon, Bart y Cassie, fue realmente agradable.
Permitirse tener amigos.
Incluso Pru aparece de vez en cuando. Era difícil decir quién era más astuta entre ella y Cass. Eso elevaba a seis el total de personas que lo sabían. Quizás empezaba a ser raro que el resto de los Murciélagos no lo supieran.
¿Pero cómo podría decirles? ¿Cómo podría decirle a Jason? Él era responsable de tanto sufrimiento.
[...]
Y entonces se abre una puerta al infierno en el punto en que Gotham se encuentra con Metrópolis, porque por supuesto que lo hace. Hay una alerta de emergencia a escala mundial y Tim lo agradece porque sabe que, pase lo que pase, Constantine estará justo en medio, y prefiere enfrentarse a ello como el Red Robin de YJ, y no como el Red Robin de Batman. Abandona a Redbird en un callejón, salta a un tejado y vuela hacia el centro de la acción flanqueado por Superboy y Wonder Girl, mientras Impulse se apresura bajo ellos. Le abren paso y Tim desciende en picada justo frente a Batman.
Sus ojos recorren la zona, convertida ahora en un campo de batalla.
—¡Red Robin! —ladra Batman, claramente confundido.
—¿Dónde está Constantine? —Red Robin interrumpe. No tiene tiempo para esto.
Lanza un birdarang a su izquierda, clavándoselo a un demonio sin mirar.
—Esos no… —Batman corta su comentario cuando el demonio gime y se desmorona. Vuelve a mirar a Red Robin. —¿Qué ha sido eso? —Exige.
—Yo… —Lo interrumpen Nightwing y Red Hood aterrizando cerca de ellos.
Red Hood blande espadas que cortan a los demonios como mantequilla. Espadas All-Caste, observa Tim con respeto.
—¿Qué está pasando? ¿Red? —Nightwing lo mira.
—¡Cúbranse! —grita Red Hood, interrumpiendo. Se dirigen hacia el bosque, escondiéndose tras un grupo de árboles. Tim maldice al fijarse en el maldito demonio volador que escupe fuego y acaba de entrar en el campo de batalla. Se están haciendo más fuertes.
Se gira hacia Batman. —¿Dónde está Constantine? —Exige.
—¿Qué? —Pregunta Nightwing, desconcertado.
—¿Para qué mierda necesitas ver a Constantine? —dice Hood al mismo tiempo.
Red Robin suelta un grito de frustración. —No tengo tiempo para esto —maldice.
—Red…
—¿Vástago? ¿Eres tú? Te tomaste tu maldito tiempo.
Red Robin se da la vuelta, sintiendo alivio y tensando los músculos a la vez. —Vete a la mierda —dice instintivamente, clavando los ojos en el hombre mayor. —Será mejor que tengas una buena explicación para esto, viejo.
—Lo siento —interrumpe Nightwing —¿Ustedes dos se conocen?
—Yo…
—¿No lo saben? —Constantine interrumpe, fijando a Tim con una Mirada™. Menudo imbécil.
Tim lo fulmina con la mirada. No se le ven los ojos detrás de la máscara, así que frunce el ceño. —No —dice brevemente.
Los ojos de Constantine se desvían detrás de él hacia donde está Hood.
—¿Qué? —gruñe Hood a través de la voz modulada del casco.
—Ni siquiera…
—Puto Johnathan Constantine, te juro…
Constantine levanta los brazos en señal de redención. —¡De acuerdo, ya paro, maldita sea! —Refunfuña en voz baja. —Tomas a un pajarito bajo tu ala, le enseñas todo lo que sabes, y no obtienes nada más que faltas de respeto.
—¿Enseñar? —Batman reclama.
—Dios mío, ¿puedes callarte la boca? —Red Robin le dice a Constantine, exasperado. —¿Qué necesitas?
—Ánclame, voy a entrar ahí — dice Constantine, retomando el tema inmediatamente.
—Aw, odio ser el ancla —se queja Red Robin. —Debí quedarme en la cama.
—Qué pena —gruñe Constantine —toma, atrápalo.
Red Robin atrapa el proyectil instintivamente. Uno de los anillos de Constantine, algo para que Tim se aferre cuando sostenga a Constantine como un ancla a su mundo. De repente, está flanqueado por Wonder Girl, Superboy e Impulse.
—Um, ¿tiene permitido hacer eso Sr. Constantine, señor? —Impulse levanta la mano.
—Sí, quiero decir, considerando la proximidad y todo…
Constantine levanta la ceja de nuevo. —¿Pero ellos lo saben? —Otra vez. Imbécil.
Red Robin señala con el pulgar por encima del hombro a Superboy —Novio — luego señala a los otros dos —prácticamente familia. Lo saben todo de mí —luego señala hacia un árbol donde Black Bat había aparecido de la nada —y ella lo sabe todo en general.
Constantine da un respingo y maldice al fijarse en Cass.
—¿No soy prácticamente familia?
—No hasta que te propongas, cariño.
—Wow, grosero.
Constantine les devuelve la mirada. —Todas las cartas sobre la mesa, necesito al niño. No hay opciones. Pero —mira a Tim con severidad —si pasa algo, lo que sea, sueltas el puto trasto, ¿entendido?
Red Robin respira entrecortadamente. —Pero…
—No. Olvídate de mí, yo lo resolveré —Constantine se vuelve hacia el equipo de Tim. —Haz que lo suelte, ¿está claro?
—Como el cristal.
De repente, los ojos de Tim empiezan a arder. Parpadea. Lo siguiente que sabe es que se ha movido hacia adelante y envuelto sus brazos alrededor de Constantine en un abrazo.
—Será mejor que vuelvas, viejo. —Murmura —te he echado de menos, maldita sea.
Los brazos de Constantine descansan sobre su espalda, acostumbrados después de todo este tiempo de conocer a Tim, a pesar de no ser exactamente el tipo de persona que reparte abrazos.
—También te he echado de menos, chico. Siento no haber estado allí para ti durante tu espectáculo.
El hombre era sorprendentemente comunicativo como persona (o tal vez Tim estaba demasiado acostumbrado a las mañas de adultos como Bruce, Jack y Janet.) Mentiría si dijera que no deseó que Constantine hubiera estado allí cuando tuvo que enfrentarse a Ra’s, pero Tim había deseado a mucha gente por ese entonces. Y para ser justos, hubo mucha gente que apareció en ese momento final.
Tim deja escapar una risa húmeda. —Estabas luchando contra tus propios demonios. Literalmente. Creo que puedo disculparte.
Constantine se aparta y le alborota el pelo. —Muy bien, basta de eso. ¿Estás listo?
Red Robin echa los hombros hacia atrás. —Nada me gusta más que mandar demonios a la mierda.
Constantine le da una palmada en el hombro. —Ese es el espíritu.
[...]
Actuar como ancla era un trabajo generalmente aburrido, por todo el tecnicismo que implicaba. En su mayoría consistía en que Tim debía sentarse frente a un portal abierto, aferrarse a un ancla física, simbólica, y actuar como ancla espiritual para guiar a Constantine de vuelta. También es útil para que él pueda cerrar el portal en nombre de Constantine cuando están en operaciones contrarreloj (léase: Constantine enfadó a una entidad desconocida y Tim es el equivalente a un conductor de huida.) Sobre todo, Tim estaba allí para ahuyentar cualquier cosa que intentara cruzar, para que no se produjera otro incidente de Quebec. También está ahí para asegurarse de que nadie sienta demasiada curiosidad y pise el interior.
—Impulse, te juro que si das un paso más… —Red Robin amenaza.
—Perdónperdón —levanta las manos y retrocede.
El equipo estaba haciendo un trabajo bastante notable asegurándose de que ningún demonio se acercara a Tim mientras él se encargaba de hacer retroceder a todo lo que se acercaba al portal. (¿Había mencionado que odia ser un ancla para portales relacionados con el infierno?) Batman también se negó a ir a ninguna parte, y por extensión, todo un grupo de Murciélagos. Tim admitiría que estaba agradecido de que Hood se quedara, porque sus espadas eran, literalmente, un salvavidas. Lo que no agradecía tanto era el aluvión de preguntas de Batman.
Wonder Girl se interpuso entre ellos antes de que Batman pudiera cruzar el espacio de Red Robin.
—Está aquí bajo mi liderazgo, como parte de mi equipo. —Dice con firmeza. —Tú te encargas de tus números, yo me encargo de los míos, ¿entendido? —Su látigo chasquea contra el suelo.
Dios, Tim la ama.
Batman retrocede.
Y entonces, porque Tim nunca puede tener un respiro, aparece el mismo demonio al que Tim había vendido años de su vida.
—Bueno, hola viejo amigo —ronronea.
Ugh.
—Hola —Red Robin murmura. No lo nombra, ni siquiera en su mente, los nombres tienen demasiado poder para eso.
—¿Vienes a unirte a la fiesta?
—Por favor —se burla Tim. —¿El Diablo te extendió la correa, o algo así?
El demonio se mofa. —No te hagas el tímido, niñito.
Tim lo odia. —Ya he cumplido mi condena —dice fríamente. —No me tendrás de vuelta. Jamás.
Eso probablemente le morderá en el trasero si es que vuelve a acabar allí.
(Se pregunta cuándo dejó de pensar en “cuándo” y empezó a pensar en “si es que”)
—Hmm. Eso dices. Casualmente, he sentido algunas presencias interesantes por aquí.
Tim sigue su línea de visión.
Jason.
Se mueve, bloqueando a Hood de la vista. Muestra los dientes y estira una mano en un gesto destinado a alejar el mal. No haría mucho daño a largo plazo a alguien tan arriba como él, pero causaría un poco de dolor superficial si nada más.
—Atrás, mierda. —Sisea. —No puedes tocarlo. No es tuyo.
—Nuestro acuerdo…
—No me pongas a prueba —gruñó Red Robin. —Seis meses por su vida, ese fue nuestro acuerdo. He cumplido mi condena en el infierno. Acércate a él y te haré pedazos tan pequeños que no quedarán más que tus restos para arrojar en Masak Mavdil.
El demonio ríe, una cosa fea y chirriante.
Tim puede sentir el tirón, apretando sus extremidades, su alma. No había muchos trucos que pudiera hacer para mantenerlo alejado. No era tan estúpido como para creer que podía hacerle daño. Se mantiene firme.
—Hicimos un pacto y lo cumplí —dice. —No tienes derecho a mí. No tienes derecho a mi alma ni a la suya,
El tirón se hace más fuerte. —¿Estás seguro? Yo… —Hace una pausa a media oración.
Red Robin fuerza su mirada para ver más allá del demonio y sonríe. —¿Pasa algo?
Le lanza una mirada fulminante a Tim y desaparece sin decir palabra, aunque Tim no lo habría oído porque la mirada lo hace caer de rodillas con un gruñido, con el brazo en llamas por un dolor fantasma. Apenas tiene la presencia de ánimo suficiente para reconocer los gritos de preocupación detrás de él y la mano de Superboy sobre su espalda.
—Estoy bien, estoy bien —gruñe —retrocede, SB, no pasa nada.
Hay un momento de vacilación y la mano se mueve para apretarle ligeramente el hombro antes de que Superboy retroceda. Tim se obliga a abrir los ojos y respira hondo. Se pone en pie justo a tiempo para oír los gritos. Levanta la vista y ve a un Constantine frenético que se dirige a él. Ah, que familiar.
—¿Por qué mierda tardaste tanto, viejo? —Red Robin grita.
—¿No te dije que lo puto soltaras? —Constantine le grita de vuelta. —¡Atrapa! ¡Cerraré el portal!
Red Robin estira los brazos instintivamente, el anillo cae en favor de una gema que aterriza a salvo en sus palmas. Parpadea un momento. —¡Santa mierda!
—¡Destrúyelo, maldita sea! —Constantine salta fuera del portal y se da la vuelta para cerrarlo.
Red Robin lanza la gema al aire. —¡SB! —Inspira, siente que le arde el pecho, luego espira, un abanico de llamas sale de su boca y golpea la gema al mismo tiempo que la visión calorífica de Superboy. La gema se rompe.
¡NO! ¡NO ESCAPARÁS DE NUEVO, PAJARITO!
Red Robin cae de rodillas ante la fuerza del tirón. A veces olvida el poder de los demonios. Bastante irónico, la verdad. —Creo que sí, de hecho —gruñe, incapaz de contenerse.
NO PUEDES IRTE, INTRUSO. DERRAMASTE SANGRE, TU VIDA ES MÍA.
Red Robin grita, pero resiste. —¡Mi vida es mía! ¡Cumplí el contrato, maldito bastardo! ¡No puedes tenerme!
YO—
El portal se cierra. La visión de Tim se nubla y tambalea por la repentina libertad. La mano de Constantine es un peso sólido en su espalda y Superboy está de repente a su lado.
—Está bien, estoy bien —asegura Red Robin por reflejo. —Estaré bien —corrige —sólo… dame un segundo.
—Puedes tener todo el tiempo que necesites, Rob —murmura Superboy, frotándole el brazo con la mano.
Red Robin calma su respiración y se levanta del suelo. Se vuelve hacia Constantine.
—La próxima vez nos ponemos al día con unas hamburguesas y batidos.
Constantine resopla. —Lo que tú digas, chico. —Alarga la mano y aprieta el hombro de Tim.
[...]
—Fuiste al infierno por mí.
Naturalmente, fue una alerta de emergencia lo que lo trajo de vuelta a Gotham una semana después.
—¿Ahora? —Red Robin sisea —¿quieres hacer esto ahora?
Se arrastraba por los pasillos de un edificio abandonado. Batgirl y Signal cubrían las rutas de patrulla habituales mientras Batman, Red Robin, Nightwing y Red Hood se habían dividido para comprobar posibles ubicaciones de dónde podría estar Robin. Porque el bebé Robin se había perdido sus dos últimos check-ins. Su baliza no se había apagado, pero eso era posiblemente más premonitorio a que si lo hubiera hecho. Damian era más que capaz de arreglárselas solo, pero un Robin desaparecido no era un buen presagio para nadie. Todos estaban un poco nerviosos, y Tim supuso que el hecho de que Jason lo interrogara era, al menos en parte, para distraerse. No significaba que a Tim tuviera que gustarle.
—En realidad, a mí también me gustaría saberlo —dijo Nightwing por el comunicador.
Red Robin suspira pesadamente. —Oh por… B, ¿podrías decirles que se concentren?
Se hace el silencio. Porque, por supuesto, Batman tenía la misma curiosidad.
—...egoísta, hipócrita, bastardo.
—Esto es lo que pasa cuando te saltas el informe —Hood le informa alegremente.
—¿Quieres decir el interrogatorio? —Red Robin replica. —No me arrepiento de haber ido a casa primero.
Se hace un silencio repentino en el comunicador, pero Tim se distrae antes de poder averiguar qué es lo que ha dicho.
Un trozo de tela verde clavado en la pared. Red Robin se acerca y tira de él lentamente. Hay un símbolo debajo. La Liga de Asesinos. Deja caer la tela de vuelta. Tenía razón. Bueno, sabía que la tendría, tenía todos sus planes preparados en cuanto recibió la alerta, pero siempre era bueno tener una confirmación.
—¿Los envía Ra’s? —Pregunta distendidamente. Ignora el ruido en su comunicador. —Tengo que decir que Gotham no es exactamente mi idea de una ciudad para vacacionar.
—La Cabeza del Demonio solicita tu presencia.
—¿Qué hay de nuevo? —dice Robin con sorna mientras se da la vuelta. Levanta una ceja. —¿Todos ustedes solo por mí? Casi me siento halagado.
—Nos han dicho que tienes una… reputación difícil.
Red Robin resopla. —¿Nuevo recluta? Pareces nuevo. Dime, ¿Robin está con Ra’s?
Intercambian miradas inciertas, claramente bajo órdenes de no decirlo, pero igualmente recelosos de él. Entonces uno da un paso adelante, irritado.
—¡Basta ya! La Cabeza del Demonio solicita…
No llega a terminar la frase antes de que Red Robin los tire al suelo.
—Sugiero que alguien responda a mis preguntas— su voz es fría, nada de esa ligereza de antes —o descubrirán exactamente por qué la Liga me respeta y me teme de la forma en que lo hacen.
—Él niño está ahí —dice uno rápidamente.
Red Robin inclina la cabeza en señal de reconocimiento. —Entonces iré de buena gana. ¿Ves lo fácil que ha sido? —Las voces en su comunicador se hacen más fuertes y él las ignora deliberadamente. —Alguien debería cargar a ese —señala con la cabeza el cuerpo todavía tendido frente a sus pies.
[...]
Red Robin ha incapacitado a una docena de asesinos y gira sobre sus talones para derribar a otros tres con una rápida patada. Contiene un suspiro; sus tendones lo van a matar mañana. Que hiciera sus estiramientos no significaba que tuvieran que gustarle las patadas altas.
Se rompe una ventana.
—¿Alguien pidió refuerzos?
Sonríe ante el grito de Pru.
—¡Ya era hora!
Pru se burla y oye tres disparos detrás de él. —Mejora mi moto y quizá sea más rápida, Princesa.
—Tu moto tiene mejores componentes que la mía —se mofa Red Robin, luego rebota contra una pared y se sube a las vigas. —Enciende tu comunicador, iré arriba.
—Sí, señor.
Red Robin sale por la ventana destrozada y, en un movimiento que habría impresionado a su yo de nueve años, se lanza al tejado del edificio de al lado. —Oh, vamos, Ra’s, ¿todo este alboroto y te vas tan pronto?
Su comunicador chasquea en su oído. —Eres un loco hijo de puta, Jefe, burlándote así del gran hombre.
—¿Quién es ésta? ¿Por qué tiene acceso a las líneas privadas?
Ah, así que Damian ha sido recuperado y comunicado. A salvo y sarcástico. Perfecto. Red Robin lo ignora.
—He hecho cosas peores —dice despreocupadamente, y luego alza la voz —¿no es cierto, Ra’s? —Gira sobre sus talones y sonríe a Ra’s. —¿Qué te ha parecido mi regalo?
—Hiciste un trabajo muy… —Ra’s hace una pausa, desagrado en sus palabras —minucioso.
—Claramente no lo suficientemente minucioso.
—Vamos, Detective, debías saber que no sería tan fácil. Eres más listo que eso.
—Hmm. Tienes razón. Soy más listo. —Red Robin da un paso más cerca del hombre y baja la voz. —Seamos realistas, no perdiste porque me subestimaste. Sabías exactamente de lo que era capaz, gané porque te sobrestimaste a ti mismo.
Puede ver la forma en que eso enfurece al hombre, y escucha el silbido de Pru en su oído.
—En posición, Jefazo —murmura.
Red Robin gira un pie en señal de reconocimiento.
—Pero no he venido aquí a pelear. —Se endereza. —He venido a decirte dos cosas.
—Y yo que pensaba que me echabas de menos —dice Ra’s.
No deja que le distraiga, reprimiendo el escalofrío y la bilis que le produce el tono del hombre.
—Ya deberías saber que no sigo tus juegos.
Tim no hace trabajos a medias—
Ya no, no cuando eso fue lo que hizo que Jason fuera arrojado a una Fosa.
—sabía que no había destruido por completo a la Liga, pero eso no significaba que no fuera a seguir intentando. Sus movimientos fueron detectados, inevitablemente, y era propio de Ra’s amenazar a la gente que le importaba a Tim en un intento de distraerlo.
—¿Disculpa?
Justo a tiempo, hay una explosión en la distancia. Luego otra. Ra’s palidece.
Por suerte para Tim, ha aprendido a contar con sus amigos.
—Me he encariñado de los explosivos. —Red Robin sonríe. —Si disfrutaste de mi minuciosidad antes, definitivamente la apreciarás esta vez.
Hay un pitido en su oído y luego la cacofonía de voces se detiene, lo que indica que Pru cambió sus líneas de comunicación fuera de la de los Murciélagos. Justo a tiempo. Su postura cambia ligeramente. Ya no era el Red Robin de los Murciélagos, era el Red Robin de YJ.
—¡Impulse reportando, Operación Ken-Barbie hecha y derecha, localizaciones cinco a nueve!
—SB reportando, Operación Ken-Barbie es un éxito para las ubicaciones diez a dieciséis, que, por cierto, es más que Imp, no es que sea una competencia.
—Wonder Girl reportando, las locaciones diecisiete a veintiuno están despejadas. Y no es una competencia porque Rob literalmente nos dijo exactamente cuáles manejar así que hiciste exactamente tu trabajo. Además, ¿cuándo acordamos lo de Ken-Barbie?
Red Robin empieza a retroceder hacia el borde del tejado. —Y esa es otra cosa. ¿Tocas a mi gente una vez más? Voy a puto destruirte.
Cae hacia atrás, girando en una variación de una voltereta para disparar su línea de agarre de una manera que definitivamente nunca pasaría los controles de seguridad de Bruce.
—Hablando de drama —Pru resopla.
—Oh, sí, Rob es un teatrero total, no dejes que te diga lo contrario —Superboy salta de inmediato.
—Oh, Dios mío, deja de decirle a la gente que soy un teatrero, no soy un teatrero, ese es Hood —se defiende Red Robin de la eterna discusión.
—¿Vas a decir que no te convertiste en un teatrero sólo porque tu modelo y héroe de toda la vida…
—tos, ConocidoComoRedHood, tos —Impulse interviene.
—...también es un teatrero? —se burla Cassie.
Hay una ligera pausa. —Hermana. ¿Por qué me dices eso? —se queja.
—Responsabilidades de co-líder —dice agradablemente Wonder Girl.
—Esta es fácilmente la mejor parte de mi noche. —Pru ríe a carcajadas. —¿Hood es tu héroe-barra-modelo a seguir?
—Sí, Rob tiene un problema, me sorprende que no lo supieras.
—Oh Dios mío — repite Red Robin. —Escucha, no es un problema, yo era un niño obsesionado con Robin y Batman, y pensé que era genial o lo que sea, y ahora es Hood, y tengo una cantidad saludable de respeto por el hombre.
—Literalmente la semana pasada le dijo a un demonio que lo haría pedazos y lo arrojaría al infierno de los demonios porque miró mal a Hood.
—¡Es broma! — Pru se ahoga en sus propias risas. —¿No intentó matarte?
—...vale, que tengo un problema. —Podía admitirlo. —Pero escucha, no digo que me gustara que me golpeara, pero él… ¡tenía una razón! Y no es su culpa que me odiara. Preferiría culpar a la Liga de Asesinos por eso.
Hay un gemido, un resoplido, y está bastante seguro de que Pru está llorando de risa en este momento.
—¡No puedes seguir poniendo excusas a tus aspirantes a asesinos, hermano!
—Mira, ¿era una situación ideal? La verdad es que no. Pero me alegré de verle bien, así que me lo tomo como una victoria.
Había empezado a pensar que Jason seguía muerto, que había ido al infierno y aun así le había fallado a Robin. el dolor no era nada comparado con el alivio de verlo vivo.
Protestas superpuestas y abucheos inundan el comunicador.
—Nadie piensa como yo —suspira.
—Un corazón tan sensible que irías al infierno y volverías por él —Impulse se ríe.
—Ya he pasado por eso —bromea Red Robin con ligereza.
—Entonces, ¿podemos hablar de tu plan de sesenta y dos pasos para convertirte en ‘hermanos totalmente certificados’ con él?
—¿Sesenta y dos? —Pru estalla.
—¡Yo era un activador de la Fosa! —Tim protesta —¡tenemos que trabajar en ello! Estoy en esto a largo plazo, y no, no podemos hablar de ello, vas a estropearlo y él nunca querrá ser mi hermano.
—Un problema. —Superboy susurra.
Red Robin lo ignora. —Hablando de eso, casi estoy en la cueva, así que cambiaré mi comunicador a la línea del Murciélago. —Su voz cambia a algo más serio. —Buen trabajo a todos esta noche. Suban los informes de la misión en dos días, por favor. Si alguno de los Murciélagos los molesta por la misión o por su presencia en Gotham, envíenmelos, yo me encargaré. Estuvieron aquí bajo mis órdenes.
Espera hasta que los “copiado” lleguen.
—Superboy, cambio y fuera
—Impulse, cambio y fuera.
—Tu asesina favorita, cambio y fuera.
—Wonder Girl, cambio y fuera.
—Red Robin, cambio y fuera.
[...]
En retrospectiva, no haber tomado en cuenta a Oracle fue un error. Un error que se propone no volver a cometer mientras intenta superar las fases del duelo para aceptar que los Murciélagos estuvieron escuchando su línea de comunicación con YJ (y Pru) todo el tiempo. Habían hecho un buen trabajo cortando el audio entrante, pero no se habían preocupado del programa de respaldo para el audio saliente. Tenía que tomarse un día para retocar el sistema de comunicaciones y averiguar con cuántos sistemas de seguridad estaba programado.
(Se acabaron los trabajos a medias.)
—Esto está bien —dice en voz alta.
—Un problema —repite Jason, una extraña mezcla de emociones en su rostro.
Ah, la familiar sensación de Tim comiéndose sus palabras. —¡Vaya, mira la hora! —Anuncia en voz alta —creo que debería irme…
Apenas da un paso cuando le tiran hacia atrás y Tim se retuerce para recuperar el equilibrio.
—Por eso Edna Moda dijo que nada de capas —murmura, apartando la mano de Jason de su capa.
Jason lo mira, poco impresionado. —Mhm. Empieza a hablar, niño.
Tim aparta la mirada y se frota el cuello con torpeza. —Es una larga historia, yo…
—¿Qué tal si empezamos por lo del infierno? —dice Dick agradablemente.
—Y de cómo conoces a Constantine.
Su nerviosismo cede por un segundo para lanzarle a Bruce una mirada inexpresiva. Por supuesto que esa sería su pregunta. Bruce se limita a enarcar las cejas. Tim le señala con el dedo.
—Hablas mucho para ser el hombre más reservado y a la vez predecible del siglo —le acusa.
—Tim —Jason corta a Bruce antes de que pudiera responder —por favor.
Tim inmediatamente se marchita ante la súplica. Realmente necesita controlar todo este asunto del “Problema Jason™”. Suspira y se recompone.
—Fue un mes después de tu muerte, yo no era… eras mi héroe, y digamos que no estaba exactamente manejando la noticia de tu muerte… Bien. No creo que nadie lo hiciera, es…
Tim recuerda la mirada oscura en el rostro de Bruce. La distancia entre Batman y Nightwing cuando el Pájaro había regresado del espacio. La oscuridad de un Gotham sin Robin. Sin Jason. Vuelve al presente. Como un informe de misión, se dice a sí mismo, tomando aliento.
—Hice mi investigación y tomé un vuelo a Hungría donde le exigí a Constantine que me enseñara necromancia.
Respiraciones bruscas por todas partes.
—¿Cómo mierda conseguiste que accediera a eso? —exclama Jason.
Tim se encoge de hombros. —Niño rico, ¿recuerdas?
Excepto que Tim no tenía acceso a los fondos. Había utilizado la paga que tenía ahorrada, escatimado en comidas, cogido el vuelo de Ryan Air más mierdoso que había encontrado y entregado a Constantine cincuenta dólares y un antiguo artefacto que había robado de los almacenes de sus padres.
Bruce parece darse cuenta de que había algo que no estaba diciendo, pero para alivio de Tim, no le llama la atención.
—Pasé cinco meses entrenando con él —lo que significaba sobre todo seguir al hombre por todo el mundo y actuar como un becario no remunerado —y luego volvía Gotham. La necromancia, en pocas palabras, consiste en negociar el mejor trato con los demonios. No significa necesariamente vender tu alma o ir al infierno, pero yo quería a Jason de vuelta, completamente, nada de esa mierda a medias de Walking Dead, y quería que fuera liberado sin deudas. Era una gran demanda, así que tuve que pasar algún tiempo en el infierno.
—¿Cuánto tiempo? —Dick pregunta.
—Yo no…
—Medio año.
Tim se vuelve hacia Jason sorprendido.
—Medio año —repite Jason con la voz hueca. Se deja caer en un asiento y resopla amargamente. —Eso es lo que le dijo a ese demonio con cola bífida mientras estábamos en las putas puertas del infierno.
—Portal —corrige Tim —por favor, no menciones las Puertas. —Hace una mueca de dolor. luego continúa rápidamente. —De todos modos, estuviste muerto por seis meses, ¡fue un buen trato! Fui allí esperando algo peor, creo que pensó que podría atraparme durante más tiempo, pero yo conocía mis contratos mejor que eso. ¡Y todo salió bien! Jason está vivo, y vale sí, no soy exactamente popular en el Infierno, pero está bien.
—Dijo que derramaste sangre —Jason no parece muy tranquilo. Tim realmente necesita trabajar en sus habilidades de consuelo.
—Bueno, sí, fue un pacto de sangre, en realidad no es tan dramático como suena, la necromancia es en realidad un poco aburrida cuando se trata de esto, algo… tediosa. —Tim se encoge de hombros.
—¿Por qué no nos dijiste? —Dick interrumpe. —No lo entiendo, cuando volviste tú… yo no…
Aquí era, esta es la parte que Tim realmente temía. Excepto que, si había alguien que merecía saber la verdad de los fracasos de Tim, eran los Wayne. Especialmente después de todo lo que había hecho para causarles tanta miseria. Tim respira hondo y se prepara.
—La cagué. —Eso… no era lo que quería decir. Sacude la cabeza. —Tuve en cuenta muchas cosas, pero hubo muchas que no tuve en cuenta. Cuando volví y no había noticias de Jason por ninguna parte, y Batman estaba más destructivo que nunca, supe que algo había ido mal. Metí la pata. —Aprieta los dientes. —No se los dije porque… existía el riesgo de que no lo hiciera bien, ¿cómo iba a decirles que Jason podría estar vivo, pero podría no estarlo?
—Fui secuestrado por la Liga, Timbo —las cejas de Jason se fruncieron —cuando viste que estaba vivo nunca dijiste…
—¡Es mi culpa! — Tim estalla. —¡Nunca habría pasado si lo hubiera planeado, si hubiera tenido más contingencias!
—¿Cómo mierda es tu culpa? —Jason presiona de vuelta.
—Yo… Yo sólo había hecho cosas pequeñas hasta entonces. Derramar un poco de sangre sobre un cadáver para que nos concediera un par de segundos y nos diera una pista, cosas así.
—Cosas pequeñas —repite Dick débilmente.
Tim cruza los brazos en un intento de mantener la compostura. —No traje a nadie conmigo esa noche. No sabía cómo explicarles que quería desenterrar el ataúd de su hijo por si acaso podía traerlo de vuelta.
—¿Desenterrarme? —interrumpe Jason, confundido. —Pero tuve que…
No termina la frase, pero Tim sabe lo que estaba a punto de decir.
—A los demonios les gusta jugar —Tim aprieta los dientes y luego golpea la mesa con el puño, con los ojos cerrados. Una rabia latente y ardiente hierve en lo más profundo de sus entrañas. —Debí saberlo. Ese maldito bastardo… —Se interrumpe y exhala con cuidado por la nariz, relajando deliberadamente el puño y aprentándolo contra la mesa.
—Debí… Fui tan estúpido. —Abre los ojos, los hombros le tiemblan con ira interna. —Lo había planeado todo, pero pensé que tendría tiempo. Sabía que iría al infierno, sabía que había una posibilidad de que incluso ocurriera esa noche. Pero pensé que podría hablar contigo para, no sé, decirte algo, tener tiempo suficiente para pulsar el botón de pánico para que Batman viniera a por ti, no sé.
—¿Tenías un botón de pánico? —Bruce finalmente dice algo, un toque perplejo en su voz.
Tim agita la mano. —Robi… Jason me lo dio. Hace mucho tiempo. Nunca lo usé, pero supuse que podría pulsarlo y te alertaría. En lugar de eso me fui al infierno, y Jason tuvo que desenterrarse de su propia tumba, y fue secuestrado por la puta Liga de Asesinos y arrojado a una Fosa de Lázaro y fue culpa mía, y no supe cómo decírselo, así que no lo hice.
—Tú eras ese niño —Jason definitivamente se estaba enfocando en la parte equivocada. —El pequeño acosador que se cayó de la escalera de incendios. Eso es… Tú… Dijeron que yo era… Soy… Tu héroe.
Tim se sonroja. Un día aprenderá a mantener la boca cerrada.
—No fue tu culpa.
Tim aparta la mirada, y probablemente por eso no ve a Jason cruzar la distancia que los separa para estrecharlo en un aplastante abrazo.
—Escuchame, Tim. No fue tu culpa. Y gracias.
Tim no puede creerle, no todavía, pero parpadea para contener las lágrimas y permite que sus manos se enrosquen en la tela de la camisa de Jason. Se permite sumergirse en el momento que había soñado durante tanto tiempo.
