Chapter Text
"...En una noche de luna que brilla a través de las nubes
Quiero tenerlos a todos en mis brazos
Los patrones de sombra que flotan allí
Reflejan el final del sueño..."
—Genka, HANCE.
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Bruhnilde rechinó los dientes ante la frustración que comenzaba a sentir.
No importaba qué guerrero escogiera, el destino de la humanidad parecía estar escrito ya.
Sus esperanzas por salvar a la raza humana y darle una bofetada con guante blanco a la arrogancia de los dioses iba esfumándose poco a poco.
Perder a Leónidas en ese último combate hizo que se replanteara si valía la pena continuar sacrificando más vidas por lograr salvar a una especie que no tenía la culpa de muchas equivocaciones al momento de su creación.
—Oh, Bru-chan~ ¿por qué ese ceño fruncido eh?
La valquiria observó irritada al dueño de la voz, encontrándose con el dios que poseía complejo de adolescente hablándole.
Incluso con un parche en el ojo y tras haber perdido su arma divina, Buddha actuaba como si estuviera de vacaciones y el Ragnarok no fuese más que un show de telerrealidad.
—Por si no te has dado cuenta, aunque me diste una ventaja frente a los dioses estamos condenados. Con la derrota de Leónidas es más que claro que la humanidad perecerá...
El iluminado siguió comiendo palomitas acaramelados del enorme bowl que cargaba consigo, meditando las palabras de la valquiria por la que en su momento se sintió atraído, y como si hubiese una bombilla iluminada arriba de su cabeza, se atrevió a externar su idea en voz alta con riesgo de ser agredido.
—¿Y si arreglas esto a la antigua, querida Bru-chan~? Quiero decir, entre los humanos, para arreglar un conflicto que no podían ganar, solían sacrificar herederos uniéndolos en un matrimonio... —Buddha solía decir incoherencias una parte del tiempo, pero aquello hizo que la valquiria estallara furiosa.
¿Cómo podía pensar si quiera en ceder a los guerreros más grandes de la humanidad como propiedad de un dios bajo el concepto del matrimonio?
La mayoría de dioses que había peleado eran griegos y su mitología retrataba muchas barbaries que distaban mucho de que conocieran la palabra "matrimonio".
—¿Quieres que sacrifique a los ganadores de cada ronda y los que esperan su turno con los dioses restantes? Buddha, ¿perdiste algo más que un ojo en combate? —El mencionado sólo se encogió de hombros.
Bruhnilde podía conocer todo lo que estaba al alcance de su vista, pero se estaba olvidando de un pequeño detalle que podía no sólo salvar al resto de los combatientes, sino traer de vuelta a sus hermanas caídas.
—Mi única pista es "La fuente primaria". Haz con esa información lo que quieras Bru-chan, yo debo ir a meditar o algo así —Con una sonrisa burlona, el iluminado abandonó el recinto dejando a la valquiria con más dudas que soluciones en su cabeza.
"Si te conozco tan bien como sé, irás con el chismoso del Olimpo antes de que anuncien la décima ronda..."
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La primera valquiria caminó a grandes zancadas por el lugar buscando frenéticamente a la fuente de información más grande que pudiese existir en el Valhalla.
Si lo que Buddha le dijo tenía sentido, tomaría esa ruta para salvaguardar a sus hermanas restantes y traer a la vida a las caídas en batalla.
Abrió la puerta de par en par encontrándose al mensajero de los dioses sirviéndose té en una exquisita taza de porcelana con detalles en oro. Hermes sonrió de lado ante la inesperada visita, chasqueando los dedos para aparecer otra taza y servirle té a la intrusa.
—Debes traer información que quieres corroborar donde estás visitándome, ¿qué puedo hacer por ti, primera valquiria? —Hermes tomó asiento, sostenía elegantemente su taza de té de la cual aún se encontraba humeante, desprendiendo una suave fragancia a jazmín.
"Ese humano tiene un gusto exquisito en cuanto al té. Quizás no son tan malos para merecer la extinción..."
Bruhnilde también se sentó, necesitaba calmar sus nervios ya que la décima ronda comenzaría en cuanto Heimdall terminara de limpiar la arena.
Si bien Okita Souji se había ofrecido voluntariamente motivado por el discurso de Leónidas, no estaba lista para sacrificar a otra hermana y aquella alternativa descabellada de Buddha podía ser la clave para poner fin al Ragnarok.
"No deseo seguir perdiendo hermanas. Todos perdimos a alguien y si esto sigue, seguiremos sufriendo..."
—¿Sabes qué es la fuente primaria, Hermes?
El mencionado por poco escupe lo que había bebido. Se llevó una mano a la boca, tratando de contener el grito que deseaba dar tras haberse quemado la lengua por haber dado un sorbo a su humeante té.
De todas las cosas que quizás la valquiria pudo preguntarle, aquella sin duda le dejó la mente en blanco por más de un minuto, por lo que mentalmente se preguntó qué tan desesperada estaba por ganarle a los dioses para preguntar por el origen de todo, incluidos ellos mismos.
La fuente primaria, el comienzo de todo lo que existía en el universo. El poder absoluto que regía al mundo.
Cuando un dios parecía a manos de un asesino de dioses, sus poderes regresaban a la fuente primaria a fin de evitar un colapso en el mundo humano.
Era una medida de protección para aquel poder más antiguo que los propios dioses.
Que la valquiria preguntara por ella no le daba buena espina al dios, pero escucharía lo que ella tuviera que decir. Si encontraba algo beneficioso para ambos bandos, se encargaría de ayudarla.
Tampoco deseaba seguir perdiendo seres queridos por muy rebuscado que sonara.
—Dime, primera valquiria, ¿qué estás dispuesta a sacrificar para obtener esa información...? Nada es gratis en esta vida y como te darás cuenta, todo en este universo tiene un costo —Recobró la compostura imperturbable de siempre, pero con un brillo de delataba su curiosidad ante lo que fuese a decir la semi-diosa.
Bruhnilde resopló. Siempre debía haber un costo por absolutamente todo, sin importar si aquello beneficiaba o no a los dioses.
Seria, revolviendo su té con una cuchara de oro y levantando la vista, meditó en silencio la pregunta del dios.
¿De verdad estaba dispuesta a sacrificarlos por salvaguardar al resto de sus hermanas?
Un suspiro y sin darle más vueltas al asunto, contestó al mensajero de los dioses.
—Sacrifico a los combatientes que ha habido hasta ahora para poner fin a esta guerra ¿Eso es suficiente para obtener la información que necesito? —Hermes dejó su taza de té en la pequeña mesa cercana a él, colocando una de sus manos debajo del mentón meditando lo que la valquiria había enunciado.
Deseaba el fin de esa masacre, pero aún no conocía las intenciones de la semi-diosa.
Los seres humanos, al igual que los dioses, eran tan codiciosos como mentirosos, por lo que fiarse de su palabra era como pedirle a un ladrón que dejara de robar: tarde o temprano iba a recaer en dicha acción.
Y ante la posibilidad de tener otro combate con más pérdidas no era una opción. Su ego de dios no le permitiría confiar en que no ocurriría nada.
Bruhnilde se mordía el interior de su mejilla. Que Hermes estuviera callado no era una buena señal y antes de que ese incómodo silencio perdurara, agregó:
—Tengo entendido que la fuente primaria puede regresar a la vida a las almas convocadas que se encuentran residiendo en el limbo —Hermes arqueó una ceja. No tenía idea hacia donde iba su comentario, pero tampoco intervino —Ofrezco la mano de los representantes de la humanidad en matrimonio a los dioses...
Hermes se cubrió la boca, amortiguando la inminente risa ante lo dicho por la valquiria.
—Debes estar tan desesperada donde dices disparates, Bruhnilde. Fue divertido charlar contigo, pero debo ir a una junta para escoger a nuestro próximo participante. Buena suerte —Con aquella frase, Hermes dejó sola a la valquiria, la cual se encargó de destrozar la sala de estar hasta acabar de rodillas llorando.
"Ya no puedo seguir con esto... por favor... Deténgase..."
El peso de su decisión comenzaba a pasarle factura, más por la decisión de Geir en participar. Aún era una aprendiz de valquiria, no sobreviviría al primer golpe y no deseaba perderla.
A ella ni a ninguna hermana más.
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Hermes caminó tranquilamente, tarareando una suave melodía que quizás intentaría replicar en su violín después de la reunión. Las palabras de la valquiria, sumadas a esa mirada de desesperación no abandonaban su cabeza.
La fuente primaria podía traer a la vida a los caídos ¿Pero qué ganarían los dioses desposando a los humanos?
Lo mismo que estaban ganado ahora.
Absolutamente nada.
"Debe haber algo más... ¿y si...?"
Una sonrisa maliciosa se dibujó en aquellos perfectos labios. Había encontrado la solución a la petición de la valquiria.
Al llegar, se maravilló de ver a la mayoría de los dioses ya reunidos en su respectivo lugar.
Por un momento se sintió nervioso.
¿Cómo iba a decir aquello sin que Loki o algún otro dios se le lanzara encima?
"Esto es como pedir agua helada en el infierno..."
Y antes de que ocurriese algún acontecimiento extraordinario, tomó el valor necesario para hablar en voz alta.
Externar lo que había hablado con la valquiria fue para sentir una de las armas de Loki en la garganta. La mesa se partió a la mitad gracias al disgustado Odin, Zeus como el dios desnaturalizado que era sólo se rió.
Los únicos que mostraron interés fueron Thor y Shiva.
—¿Qué tanto estaba dispuesta la valquiria a sacrificar para poner fin a esto y traer de vuelta a los parecidos en la arena? —Shiva no había sido el mismo tras su pelea con el humano Raiden Tameemon.
Su pecho se oprimía ante el recuerdo de la sonrisa de aquel humano que le dio la mejor pelea de su vida.
"Si puedo traerte a la vida aunque sea por una estupidez como esta, lo haré..."
—Dijo que si ustedes podían decidir sobre su cuerpo y apariencia en caso de acceder...
Aquello fue de interés para Zeus, y gracias a que pensó con otra cosa en lugar del cerebro, dio su voto a favor para traer de vuelta a los caídos.
Hermes sintió un escalofrío ante el peculiar entusiasmo, había mentido porque la valquiria jamás hubiera accedido a ello, pero sería lo mejor que obtendría por parte de los dioses si quería un cierre definitivo al Ragnarok.
Con ello, no sólo suspendieron la sesión, sino que tendrían otra ya que primero traerían a los dioses que perdieron para llevar a cabo otra junta y con ello, informarían a la valquiria su decisión.
"Oh por los cielos, ¿en qué diablos me acabo de meter...? Lo siento por los humanos... de verdad lo siento..."
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Cuando Hermes informó lo que el Consejo de los dioses había decidido, la sala de estar pasó de encontrarse ordenada a ser un verdadero desastre.
Bruhnilde no estaba dispuesta a humillar a los representantes de la humanidad de aquel modo, pero debía acceder si con ello salvaba a su hermana más pequeña y al resto.
Era un trato injusto, muchos dioses, con excepción de Shiva y (extrañamente) Beelzebub votaron porque su oponente se volviese mujer.
La valquiria no podía ir con los humanos y decirles que serían modificados físicamente para deleite de los dioses. No después de verles llorar de felicidad por conocerse entre ellos y abrazarse como hermanos.
Temblando por lo frustrada que se sentía ante la injusticia cometida por los dioses, Bruhnilde se encaminó a la habitación donde todos los combatientes humanos celebraban sonrientes el volver a verse.
Que estuvieran reunidos, con esas enormes sonrisas y ojos brillantes hizo que su pecho punzara. No iba a entregarlos a los dioses, no sin su arma divina y la posibilidad de darles una paliza otra vez si alguno acababa lastimado.
"Si quieren guerra, guerra es lo que van a obtener. La humanidad es el motivo de la existencia de sus miserables vidas, dioses de mierda."
Tal y como Hermes le había dicho, debía colocar algo en la bebida de 6 de 8 combatientes, ya que Zero al haberse sentido salvado por Buddha optó él por hacer el cambio, dejando al resto exceptuando a Raiden y Tesla, sujetos a un cambio en cuanto la bebida hiciera efecto.
"Ya habrá tiempo de pedir perdón, no estarán solos... pero tampoco puedo darles a mis hermanas para que les protejan por toda la eternidad..."
Bruhnilde observó con tristeza desde la abertura de la puerta el cómo uno a uno iban cayendo desmayados, dejando aquellas apariencias de guerreros para adoptar formas más delicadas y femeninas.
No había tiempo para lamentaciones, en las guerras siempre había que hacer sacrificios por un bien mayor.
Sólo rezaba porque algún día, los humanos la comprendieran.
"Sigan peleando. Demuestren que los dioses pueden cambiar todo menos su espíritu inquebrantable... Por favor, perdónenme por desear tener a mis hermanas conmigo otra vez..."
Bruhnilde podía ser egoísta, pero si debía sacrificar a los humanos por volver a abrazar a cada una de sus hermanas, lo haría sin dudar.
Había aprendido que no existía nada más valioso que volver a verlas.
Incluso si eso significaba condenar a los valientes guerreros que dieron todo en la arena con tal de ayudarla a ganar una guerra que ella misma había iniciado.
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