Chapter Text
Es temprano en la mañana de su primer día en Emily High y Fred prometió, prometió, tomar sus medicamentos hoy.
Freddy aún no está despierto. Verga, Fred apenas es capaz de mantenerse lo suficientemente despierto como para pararse frente al espejo de su baño sin golpearse la cabeza con el borde de porcelana del lavabo, no culpa a su compañero de cabeza por no haber escuchado la alarma.
Ambos estaban muy nerviosos por el día de hoy, ya que habían pospuesto la hora de dormir para "elaborar estrategias". Es decir, Freddy no dejaba de inventar escenarios disparatados sobre cada situación concebible en la que Fred pudiera encontrarse. Naturalmente, Fred hizo agujeros en cada uno, como un niño al que le presentan un plástico de burbujas, le resultó imposible resistirse a burlarse de su mejor amigo por sus especulaciones francamente ridículas.
Freddy se lo merecía, los había dejado cansados, así que ahora está desterrado al reino de las sombras, fuera de escena. Hoy es un día solo para Fred.
Ese pensamiento no le brinda ningún consuelo. Sus peleas juguetonas sobre quién puede usar el cuerpo terminaron en el momento en que Fred recibió una receta y ninguno de ellos pudo elegir si a Freddy se le permitía quedarse o no.
No se siente correcto. Freddy no es una alucinación. No lo es.
Mirar fijamente el reflejo de su expresión lejana sólo sirve para que se sienta más solo. El espacio a su alrededor está vacío, tan vacío, tal y como seguirá estando hasta al menos la hora de la cena. No es justo. Freddy parecía haber dejado atrás el apego que tenían, ¿por qué Fred siente que le falta una extremidad cada vez que lo dejan solo? ¿Por qué no pueden coexistir? Todo estaba bien antes del diagnóstico, turnándose, compartiendo todo, ¿por qué no pueden volver a eso?
Pelear por lo injusto se volvió aburrido rápidamente cuando ambos están en la misma página, han recorrido los mismos caminos una y otra vez. Todo lo que Fred desea ahora es al menos recibir un "¡buena suerte!" de su mejor amigo antes de lo que seguramente será un largo día.
Odia su reflejo, solo, abrazado a sí mismo, como una burla de lo que nunca ha tenido.
Tal vez sea lo mejor, el que esté solo esta mañana, hablar con Freddy seguramente lo haría llegar tarde y, cuanto antes salga por la puerta, antes podrá volver a casa, ¿cierto? Cierto. De todos modos, Freddy no está aquí para refutar su lógica.
Después de tomar las pastillas, Fred se prepara para el día que le espera. Tal vez si ahoga sus panqueques en jarabes y dulces se sentirá un poco más vivo.
—¡Muy bien! Me llamo Fred, me gustan las siestas, los espaguetis con albóndigas, el color rojo y canto muy bien, —dijo Fred a todo el salón, con voz clara y segura. Había descruzado los brazos y se había llevado las manos a las caderas mientras guiñaba el ojo. Tal vez parecía demasiado engreído, pero en su humilde y correcta opinión, era mejor parecer seguro de sí mismo que nervioso. Después de todo, él y Freddy no habían practicado en vano.
—Un placer conocerte, Fred, —dijo el profesor, el señor Wilson, haciendo un gesto hacia los asientos vacíos en la parte posterior del aula, —es un placer tenerte con nosotros. Por favor, toma asiento y comenzaremos con el tema de hoy, la antigua Roma. Espero que todos hayan traído sus libros.
Fred no perdió tiempo en elegir su asiento. No tenía intenciones reales de hacer amigos, así que estratégicamente, como acordaron la noche anterior, se dirigió al puesto que estaba más cerca de la puerta, la ventana lo distraería lo suficiente, incluso desde lejos, y necesitaba aprobar sus clases este año. Ya no sentirían lástima por sus problemas de salud mental, porque tomar pastillas siempre lo soluciona todo al 100%, por supuesto.
Mierda, ¿cómo va a conseguir que Freddy le dé las respuestas de los exámenes ahora?
Debería haber prestado un poco más de atención en donde pisaba, eso habría evitado que tropezara con el zapato del chico pelirrojo.
Fred cae sobre sus manos y rodillas, —¡oye! ¿Pero qué ha sido eso? —Le grita al pelirrojo mientras se levanta.
—¿Qué? ¿Que qué ha sido? ¡Me pisoteaste el pie, animal! ¿Quién te crees que eres, eh? —El tipo, al menos diez centímetros más alto que Fred, se levanta de su asiento con el puño en alto. Parece que se mete en peleas a menudo, pero echarse para atrás ahora solo convertiría a Fred en un blanco fácil.
Cualquiera que hubiese sido la respuesta que Fred estaba a punto de dar, se ve interrumpida por una chica bajita y rubia —¡FOX! ¡El tipo ACABA de llegar y ya lo estás hostigando? Si te pisó el pie es porque estaba en medio del pasillo!— Ella también se levantó, caminó entre los dos chicos y golpeó repetidamente al pelirrojo, Fox, en el pecho con un dedo. —¡Discúlpate!
—¿Qué verga...? ¿Disculparme, yo?— jadea ofendido y aparta con la mano el dedo de la chica. —¡No he hecho nada! ¡Y esto no es asunto tuyo, enana metiche!
—¡Te estás montando un drama en plena clase, bruto desubicado! —grita la rubia y Fred se resigna a mirarlos cual partido de ping-pong, confundido sobre si debería o no escabullirse en su asiento sin que lo noten. Antes de que pueda moverse más de un par de pasos, escucha a un chico con anteojos murmurando ligeramente muy alto.
—Ya cállense y consiganse un cuarto, no dejan dormir.
La discusión del par se detiene cuando ambos giran sus rostros incrédulos hacia el chico desinteresado y, como si estuvieran en la misma frecuencia, gritan al unísono —¿DISCULPA?
—¡EJEM! —interrumpe el profesor, con los brazos cruzados frente a si, todos se quedan en silencio bajo su mirada de desaprobación, desanimados. —Ustedes cuatro, limpiarán el aula antes de irse a casa. Siéntense y abran sus libros. —Y ahí acabó la cosa.
Limpiar el aula es mucho más fácil cuando hay cuatro personas, Fred lo reconoce. Al principio fue muy incómodo, solo para él, aparentemente, porque los demás no tenían trabas para charlar y burlarse entre ellos. No parecían exactamente amigos, pero al menos se conocían. Fred era un completo extraño aquí, y haría todo lo posible para mantenerse así.
Desafortunadamente, Ann, la rubia bajita, no se lo va a permitir.
—Entonces, ¿por qué cambiaste de escuela a mitad de año? ¿Te mudaste aquí hace poco? No creo haber visto a nadie hacer eso antes, debe haber sido toda una molestia —dice la chica, mientras limpia las mesas con un trapo húmedo.
—Sí, supongo. —Cambiar de escuela no era el mayor de sus problemas de momento, pero, bueno, si había sido un poco molesto. Fred se concentra en trapear el piso, no quiere pensar en la razón por la que se transfirió, no cuando hay extraños a su alrededor.
—Hombre, ¿eres tímido o algo así? Apenas has dicho nada desde que nos dejaron aquí —dijo Fox, acostado sobre tres sillas, puestas una al lado de la otra, formando una camilla improvisada. Ann lo había puesto a cargo de mover las mesas y sillas, como era de esperarse habían discutido porque Fox desordenó esas sillas una vez que terminó, fue todo un problema—. Joder, Bonnie está hablado mucho más y él es un pendejo antisocial.
—Ni sabes que significa antisocial —responde Bonnie desde lo alto de las tres mesas vacías, donde también está acostado, intentando equilibrar la escoba que había usado antes en su frente.
—¿Y tú si, verdad? ¿Qué, te lo dijo tu familia de robots? —La escoba apenas roza la cabeza de Fox.— ¡Ja! Mejor suerte la próxim...— Bonnie lanza un nuevo porrazo y esta vez le da al chico más alto en toda la cara—. ¡Agh, cabrón!
—No soy tímido, —responde Fred algo tarde, frunciendo un poco el ceño. Sus dos compañeros tiran con fuerza de ambos extremos del palo de la escoba, pero Fred se pierde de Bonnie cayéndose de las mesas cuando se da vuelta para mirar por la ventana hacia el pasillo, evitando las miradas de todos. Hace que su voz suene casual, segura, ni un tantito somnolienta—. Los he estado escuchando, conociéndolos mejor. Son un grupo interesante, ¿saben?
—Ajá, si. ¿Seguro de que no es porque eres emo? El pelo negro y largo realmente está dando esas vibras, —dice Fox mientras se sienta, con un aire victorioso, su burbuja estalla rápidamente, —espera, ¿qué quieres decir con 'grupo interesante', eh? ¿Me estás llamando raro o algo así? Porque te tengo noticias, loco.
Fred lo ignora por completo y se concentra en leer el folleto pegado en la pared del pasillo. Inhala dramáticamente y mira a sus compañeros con una sonrisa emocionada —¿Tienen competencias de canto aquí?
—¿Qué? ¿Te refieres al festival de verano? —Ann se acerca a la ventana—. ¡Ah, sí! —Sonríe igual de emocionada que Fred—. Se celebra todos los años desde antes de que yo viniera aquí. Hay una familia que es dueña de una compañía discográfica, los Frederick, ¡siempre patrocinan el evento! A veces buscan artistas a través de él, así que es una oportunidad increíble para todos. —Los ojos de Ann prácticamente brillan con estrellas y, si Fred tuviera que ser honesto, los suyos probablemente también destellan.
—Eh, siempre me pareció que estaba arreglado, qué con la tropa de caramelitos ganando cada puta vez. —Fox rueda los ojos, pero su amargura no roba los ánimos a Ann.
—¡Oh, siempre quise entrar! Pero, je, nadie me ha dejado entrar en su grupo antes. —Sus cejas se fruncen y sus labios se tuercen, un poco nerviosa por la admisión.
—Pshh, por supuesto que nadie quiere a una bocona en su grupo, —dice Bonnie, todavía tirado en el suelo húmedo—. ¿Qué tocas, siquiera? ¿Las maracas?
Ann cierra los ojos con fuerza, su rostro se enrojece, —¡CÁLLATE! ¡TENGO UNA VOZ HERMOSA, MUCHAS GRACIAS! —grita estridentemente, demostrando lo contrario, —¡Y! ¡Yo solía tener un bajo! ¡Hace un tiempo...! —Parece estar buscando de qué agarrarse para formar una respuesta durante unos segundos, furiosa. —¡Uf! ¡De todos modos, no es como si un comoso como tú tocara algo! —la chica exclama, haciendo pucheros con las manos en las caderas.
—Je, ahí es donde te equivocas —se ríe, sentándose de piernas cruzadas—. ¡Estás hablando con un guitarrista profesional! —Adopta una pose dramática, con los brazos cruzados y un símbolo de la paz en cada mano, sonriendo burlonamente a los tres, que se miran entre sí y parpadean, un poco perdidos.
—Profesional, —Fox prueba la palabra en su lengua como si fuera un catador de vinos pretencioso y le hubieran servido algo sacado del quiosquito de la esquina. —No lo sé Rick, parece falso. ¿Me stás diciendo que estás ganando dinero con eso?
—Estoy hablando de habilidad, —dice Bonnie encogiéndose de hombros y volviéndose a recostar, aparentemente satisfecho con sus expresiones boquiabiertas. —Podría ganar esa competencia por mi cuenta, si los jueces no le dieran tanta importancia al canto.
Fred no puede evitar soltar una risa melodiosa, —¡Esto es genial! ¡Podríamos formar una banda y participar en este evento! ¿Nosotros tres? —Mira con esperanza a Ann y luego a Bonnie. Freddy siempre fue mejor con los ojitos de cachorro, por lo que prefiere dar una mirada más honesta y expectante.
—¡Ay, Dios mío, por supuesto! Sería tan divertido, —Ann aplaude emocionada y luego mira al guitarrista de anteojos—. ¿Verdad, Bonnie? —Su sonrisa podría derretir cien conos de helado, por lo que Fred no se sorprende cuando el chico suspira y acepta.
—Será mejor que canten bien, sólo puedo carrear al equipo hasta cierto punto. —Fred y Ann levantan los brazos en celebración gritando "¡Yeeey!".
—Eh, ¿hola? ¡Sigo aquí! ¿Acaso estoy pintado en la pared? —Dice Fox enfurruñado, con los brazos cruzados.
Las risitas de Ann ocultan el sí descarado de Bonnie. A duras penas. La chica se acerca a Fox y toma su mano. —¿Quieres unirte a nuestra banda también? —pregunta dulcemente.
El más alto parece ponerse nervioso, frunce el ceño y se frota la nuca, evitando mirarla a los ojos. —Bueno, alguien tiene que cuidar de ustedes, ¿no? Es decir, pshh, ni siquiera ha pasado un día y el chico nuevo ya se metió en problemas, ja, sí... Eso, eh. Claro, claramente —Fred simplemente rueda los ojos.
—Entonces, ¿solo serás nuestro guardaespaldas? ¿No tendrás ningún talento oculto? —Fred interrumpe el balbuceo del otro con una pila de preguntas. —¿Bailar? ¿Tocar el teclado? ¿La batería? ¿El triángulo? —Su voz se vuelve más burlona cuanto más habla, ver a Fox, normalmente tan distante, luchando por encontrar una excusa para pasar más tiempo con ellos hace que no reírse en su cara sea bastante difícil.
—¡El triángulo! ¡Por supuesto!— Fox pasa de casi tartamudear a una actitud engreída en un abrir y cerrar de ojos. Sonríe y toma la mano de Ann con las suyas, asintiendo para sí mismo mientras continúa, —¡Bonnie no es el único, este, profesional en este salón! Soy un maestro de la geométrica, a decir verdad. No, no, no. No hay necesidad de aplaudir, sé que es impresionante
—Si pudieras esperar hasta que yo esté, ya sabes —Bonnie finalmente se pone de pie,— fuera del salón antes de que empieces a tirarte a nuestros compañeros de clase, sería genial. —Bonnie esquiva a Fox, quien balbucea incluso peor que antes, mientras se dirige a la puerta. —Me dirigiré a la sala de administración, estoy bastante seguro de que hoy es el último día de inscripciones.
Ahora los otros tres se sobresaltan a igual medida —¡¿Qué?! ¡Tenemos que salir de aquí! ¡Vamos! —Dice Fred mientras se dirige a la puerta.
—¡Fox! ¡Primero arregla las sillas, animal del monte! —Ann empuja a Fox hacia el fondo de la sala, ante sus protestas enérgicas.
—Eh, —Bonnie se gira hacia el chico que está a su lado con una mirada vacía.— Fred, no se abre.
—¿Cómo? —Este le devuelve la expresión en blanco. —Aparta. —Bonnie da un paso atrás y Fred prueba la manilla. Está cerrada con llave. — Me cago en tus muertos... —Fred se sujeta la cabeza con las manos. —¿Qué demonios le pasa a nuestro maestro? ¡¿Estamos ENCERRADOS AQUÍ?! —Se tira del flequillo ligeramente y corre hacia la ventana, tratando de ver a alguien, a cualquiera que pudiera dejarlos salir.
—Wow, wow. ¿Qué es eso de estar atrapados aquí? —Fox se acerca a la puerta e intenta abrirla. —Oh, me estás chingando. ¡Dios dijo, Dios y el hombre, no Dios y puerta! ¡Quítense!— Comienza a golpear la madera con el puño, amenazando con romperla, —¡EEEEY! ¡Estamos encerrados aquí! ¡¡¡Sáquenos YAAAA!!!
—¡Espera, espera, espera! —Ann corre hacia Fox, tirándolo lejos de la puerta—. ¡La vas a romper, idiota!
—Y no tienes cara de que puedas pagarlo.
—Oh, jodete, curitas. Por lo menos a mí no me quitan el dinero, ¿no?
—Por lo menos a mí me alcanza para comer.
Fred ignora la discusión que se arma detrás de él porque, ¡ahí!, ¡Un tipo está doblando la esquina! —¡Oye! ¡Por aquí! —Fred agita los brazos frenéticamente, —¡ayuda! ¡Nos hemos quedado encerrados! —El tipo rubio pronto ve a Fred. Se acerca, dice algo sobre ir a buscar a alguien para abrir la puerta antes de salir corriendo y desaparecer de la vista.
Fred deja escapar un suspiro de alivio. —Chicos, creo que nos van a ayudar, —se da vuelta hacia sus compañeros y encuentra a Fox sosteniendo a Bonnie por la cintura, como un ariete hecho de cartón mojado, y a Ann en el piso, con brazos y piernas alrededor de las piernas de Fox. Parecen estar a dos segundos de caer al suelo en un desorden indigno de extremidades.
Cuando el chico regresa con ayuda, la conversación ha dado tres mil vueltas y volvieron al tema de su nueva banda
—No tengo idea de qué nombre podríamos usar. —Ann se da golpecitos en la barbilla y tararea. —Lluvia de ideas, chicos. ¿Alguna sugerencia?
—¿Qué opinas sobre…? —comienza Fred desde cerca del armario, después de haber guardado los productos de limpieza—. Uhh… hm. ¡Ah! —todas las miradas están sobre él, esperando pacientemente sus siguientes palabras. —mm, no. Definitivamente, estoy seco. —Fox se da una palmada en la frente y Fred se ríe.
—¿Qué tal... —Bonnie hace un gesto con las manos, —Los Animatrónicos? —Todos lo miran, grillos metafóricos acompañando el silencio.
—Ese es un pésimo nombre, cero estrellas. Tírenlo por la borda, —dice Fox con voz cansina, pero cuando mira a Fred y Ann ellos parecen estar pensándolo. —No, —dice Fox con firmeza. Ann hace el más mínimo intento de ocultar su sonrisa detrás de las yemas de los dedos, pero Fred deja que se le arruguen los ojos cuando le sonríe al pelirrojo, con los brazos cruzados frente a él. —No dejen que el nerd fan de la ciencia ficción le ponga nombre a nuestra banda.
—Está decidido, ¡seremos Los Animatrónicos! —anuncia Fred y Ann se ríe de la expresión disgustada de Fox.
—¡Qué vergas! ¿Por qué se ponen de acuerdo para llevarme la contra…?"
—¿Alguien más oye eso? —Interrumpe Bonnie para redirigir la atención de todos a la puerta. —¿Llaves?
—¡Sería justicia! Grita Fox, —¡He estado atrapado con estos locos tanto tiempo que ya se me está pegando su locura!
—Cuidado, Fox, estamos llenos de gérmenes. —Fred sonríe, moviendo los dedos hacia Fox mientras Ann suelta un espeluznante "uuUUUuu".
—¡Es contagioso, Fox! ¡Y te pegué los gérmenes por todas las piernas! —Estira sus brazos frente a ella como un zombi, con la lengua colgando por un lado de la boca. Fred suelta una carcajada, pero rápidamente hace que su risa suene más parecida a una risa malvada. Fox agarra a Fred por el cuello y comienza a darle coscorrones.
—No les hagan caso, siempre son así, —dice Bonnie hacia la puerta abierta, desde donde el rubio de antes y un chico pelirrojo observan la escena, perplejos. —Aunque puede que sea contagioso.
—Estoy seguro de que el profesor no tenía intención de encerrarlos, —les aseguró el pelirrojo de cabellos largos, que se presentó como Towntrap, mientras se dirigían a la sala de administración, —probablemente fue cuestión de costumbre. —Fox siguió murmurando enojado, pero Golden, el rubio de nombre tan apropiado, inició otra línea de conversación.
—Entonces, ¿se apuntarán a la competencia del festival de verano? —Se dirigió a los cuatro, pero sus ojos se posaron en Fred un poco más. ¿Eh? ¿Probablemente porque mantuvo contacto visual? Ups.
—¡Sí! —Ann lo salvó de tener que responder.— ¡Gracias por dejarnos registrar tan tarde, Towntrap!
—Eh, tómenlo como una compensación kármica por haberse quedado encerrados allí —el pelirrojo se pasó una mano por el pelo—, pero tienen suerte de que Golden ya me había detenido antes. Si no se hubiera desapuntado en el último minuto, ya me habría ido a casa.
—¿Te saliste de la competencia? ¿Por qué?— preguntó Ann, mirando con tristeza al rubio arena, quien rió débilmente.
—Ah, bueno —Golden hizo una pausa, dudando mucho sobre lo que diría a continuación, como si supiera que la confesión era demasiado sincera—. Realmente no le vi sentido a inscribirme yo solo.— Oh. No importa la simpleza con la que fueron expresadas, la soledad que se aferra a esas palabras arrastra a Fred de regreso a esta mañana, al espejo. Siente que busca en su interior, en el pasado y el presente, aferrándose a la pieza que falta. Pero no hay nada allí.
No puedo hacer esto solo.
Se da cuenta de que se ha deslizado dentro de su propia cabeza, buscando entre la niebla su alrededor que no debería estar vacío, tan vacío. ¿Dónde está su habitación? ¿Su pasillo? Las paredes son escombros a sus pies. Todo está consumido por el blanco y no hay nada. No hay nada esperando para amortiguar su caída cuando se desplome, nadie que lo levante. Solo está el vacío y quien se está resbalando, con la voz destrozada en un millón de súplicas inaudibles. Está solo. Solo.
Solo, hasta que no lo está.
No está frente al espejo, está caminando por el pasillo con sus compañeros de clase. Estaba caminando, pero se detuvo. Sin embargo, no era el único.
No estás solo, tonto.
Ann y Golden también dejaron de caminar, al lado de Fred. Ann tomó la mano de Golden con cautela, el rubio miró confundido a ambos miembros de la banda. Las cejas de la chica se juntaron, sus ojos tenían una expresión de conflicto aunque su mirada se mantuvo firme. Fred piensa que tal vez ella también conoce la soledad.
—Eh… ¿Ann?
—¿Quieresunirteanuestrabanda? —dice en un torrente de palabras. —Quiero decir, ya somos cuatro personas, pero cinco sigue siendo un buen número, ¿verdad, Towntrap? —Apenas se detiene lo suficiente para que Towntrap, un par de pasos más adelante, abra la boca, —¡Estoy segura de que está bien! ¡Y sería muy triste si, este, abandonaras la competencia así como así! ¡No vamos a aceptar nada de eso! Se supone que el punto de todo esto es que nos divirtamos y cantemos juntos, ¿no? —Ann mira a Fox y Bonnie, casi al final del pasillo, en busca de apoyo, pero al encontrar miradas confundidas, se vuelve hacia Fred, quien inmediatamente asiente con la cabeza en acuerdo.
—¡Sí! ¡Exactamente!— Fred pasa un brazo sobre los hombros de Golden, tratando de igualar la intensa energía de Ann de una manera más relajada, un intento de aligerar el ambiente. —No te preocupes, Golden, te acobijaremos bajo nuestras alas y te haremos pasar un buen rato. —Fred le guiña el ojo y ante el exasperado "¡ACABAN de conocer al tipo hace como DOS MINUTOS!" de Fox, dice en un susurro teatral lo suficientemente fuerte para que todos lo escuchen— ¡No te preocupes por las caras amargas, son un poco tímidos con la gente nueva!— La alusión a la conversación anterior hace reír a Ann y pronto él y Golden la siguen, riéndose aparentemente de nada.
—Madre mía, —Towntrap mira al trío como si hubieran perdido la cabeza. —Si es contagioso.— Mientras tanto Fox se pasa una mano por la cara y dice entre dientes "esto tiene que ser chiste."
—Voy a ser honesto, —Bonnie mira de reojo a los tres idiotas teniendo un ataque de risa, —no sé si pueda carrear la banda. —Hace un gesto amplio hacia ellos, —soy bueno, pero no así de bueno.
—Tengo miedo de que si me voy ahora, infectarán a toda la escuela con esos gérmenes locos, —dice Fox frunciendo el ceño detrás de su mano. Bonnie le da un codazo en las costillas.
—Aguas, pendejo. Tendremos asientos en primera fila.
—¡Buenas noches, mamá! —Fred cierra la puerta de su habitación con el pie, un plato de empanadas en una mano y un vaso de jugo de manzana en la otra.
—Okey, okey. Tengo la versión resumida, ahora cuéntame más sobre tus amiguitos. —Freddy, el muy imbécil, flota en los bordes de su visión, con una sonrisa divertida en su rostro engreído.
Fred resopla, —¿Es esa la forma de saludar a tu compañero de cuarto, Freddy? ¿Acaso mamá se olvidó de enseñarte modales?— Cruza la habitación en unos pocos pasos y deja la cena en la mesita de noche.
—Pues técnicamente, ¡sí! —Freddy lo sigue hasta su cama y se sienta en la cabecera, apartando las piernas cuando Fred se tira boca abajo sobre las almohadas.— ¡No fue a mi!
Fred mueve la cabeza hacia un lado para que sus palabras sean inteligibles, —no te hagas el tarado,¡estuviste allí todo el puto tiempo! —Entrecierra los ojos ante la amplia sonrisa de Freddy, entierra su rostro en la almohada de nuevo, condenando a sus siguientes palabras a perderse en la tela, "..drías..ber..i...e..tra..te".
—Y tú podrías contarme cómo te fue hoy, amargado. —El aire no se mueve sobre él y nada hace contacto con su cráneo, pero Freddy le da patadas en la cabeza de todos modos. Toda una molestia, como siempre.
—Ya sabes cómo me fue, —el hambre le gana al cansancio, así que Fred se incorpora para buscar su comida. Le ofrece el volante a su compañero sin decir nada y un momento después está apoyado en la pared sobre el cabecero.
—No seas fastidioso, —Freddy toma un sorbo de su jugo. —Solo recuerdo como... una cuarta parte de lo que pasó. Casi al final —le da un mordisco a una empanada pero sigue hablando con la boca llena, —y tal vez me gustaría escucharlo de ti de todas formas. Fred le dedica con una mirada juzgadora.
—No hables con la boca llena, marginal.
—Hipócrita.
—Estuvo bien, supongo. —Fred se desliza hacia la cama, acurrucándose sobre las almohadas sin dejar ni una sola arruga en la tela. Repite las conversaciones de hoy, recordando lo fácil que fue reírse juntos, lo amables que habían sido todos, aunque fuera al final del día. Una sensación cálida crece en su pecho y tiene que compartirla, —me ha gustado formar una banda, mis compañeros son agradables.
Tan pronto como las palabras salen, los ojos de Freddy se fijan en él, con la boca llena impidiendo que el interesado "¿oh?" sea vocalizado. Mierda.
Ambos están igualmente sorprendidos por su repentina admisión, siendo que él suele ser el primero en protegerlos de posibles amistades. Los dos entienden que es por su sentido de autopreservación, pero aun así molesta a Freddy hasta cierto punto. —Yo, este... —Fred intenta pensar en una excusa, —porque me ayudarán a entrar en la competencia. Eso. Solo eso. Son útiles y por eso me caen... Quiero decir...
Su intento de restarle importancia no es suficiente para engañar a Freddy en absoluto —¡Realmente te agradan! Fred, ¡Dios mío!— Su compañero de cabeza casi se atraganta con un bocado de empanada de tanto reírse, pero suena tan emocionado que Fred solo puede balbucear protestas leves. —¡Esto es genial!
—¡Ey, ey, no te hagas ilusiones! Ya no le contaremos a nadie sobre nosotros, ¿recuerdas? —Fred da un pequeño suspiro de alivio ante el gesto de aprobación que recibe. Al menos eso está decidido— Este... este equipo no va a durar mucho.
Freddy toma un largo trago de jugo, balanceando lo poco que le queda de un lado a otro mientras traga. —¿Por qué no? Deberías tener amigos, Fred, es bueno para ti.
—No puedo tener amigos, Freddy. No Podemos. —Los ánimos en la habitación se agrian, Fred acerca sus piernas hacia su pecho, abrazándolas en lugar de concentrarse en el ceño enojado que le dirigen. Es lástima y dolor envueltos en una gruesa capa de “estás siendo un estúpido de primera”. Le arde, simplemente no puede mirarlo. —No me veas con esa cara de tonto. Sabes que no podemos andar paseandonos de lo lindo, confiando en la gente. Te juro por Dios, es como si ni siquiera hubieras estado allí cuando esos traidores nos delataron...
—Fred —la voz tranquila de Freddy lo atrae como un imán, infalible. Sus miradas se encuentran y Fred se prepara para lo que no quiere escuchar, —puedes tener tus propios amigos. —Su rostro debe contraerse con algo de amargura, porque Freddy dice con más firmeza, sus cejas fruncidas —Te doy permiso explícitamente para que hagas tus propios amigos y vivas tu propia vida. No puedes dejar que te esté estorbando siem...
—¡NO ME ESTAS ESTORBANDO! —Es bueno que él no sea el que está usando el cuerpo, porque su grito resonó por la habitación demasiado tiempo para lo que debería ser una alucinación auditiva. —¡¿Por qué insistes en... en desaparecer?! No quiero que te vayas. ¡Yo...! —Su voz se quiebra, ya no puede soportar el contacto visual. Ni siquiera puede encontrar consuelo en apretar las almohadas, toda sensación física perdida en esta forma. —¿Es eso lo que harías conmigo? ¿Meterme en una caja mientras tu estás afuera, divirtiéndote? —Donde no puede hacer un escándalo de la nada, donde no puede hacer trizas su reputación. —Es la verdad, ¿no es así? ¡Lo es!
—No sigas, —Freddy se esfuerza más por permanecer callado, con la voz atrapada en la garganta. —No es mi intención... Solo quiero que seas... —No termina ninguna de las frases. Probablemente para mejor, porque si la palabra "normal" hubiera dejado sus labios, Fred lo habría golpeado en ese mismo instante. Malditas sean las manos fantasmales e ilusorias.
Se da cuenta de que sus labios tiemblan cuando Freddy jadea en busca de aire, y el conocimiento corre paralelo al escozor en sus propios ojos. Ninguno de los dos rompe el silencio por un rato, aunque ambos estén heridos por lo que no se ha dicho.
Finalmente, Fred consigue que terminen de comer. Freddy se queda flotando a su lado, borroso y desenfocado.
Se han peleado muchas veces antes, irse a la cama después de una discusión no es nada nuevo, pero esta vez Freddy lo arrastra a su espacio mental tan pronto como se acuesta bajo las sábanas. Se imagina el calor de sus manos cuando lo jalan hacia adelante por las muñecas.
—Ey. —Freddy es mucho mejor que Fred en muchas cosas, como ahora, cuando está probando las aguas, tratando de reparar lo que Fred ha roto. Tal como lo ha hecho un millón de veces antes. Y es injusto, la forma en que perdona a Fred por derramar lágrimas vergonzosas tan pronto como le ofrecen el más mínimo rastro de bondad. —No me pongas esa cara, cascarrabias. No hay nadie más aquí.
Fred sonríe de mala gana, tratando de no reconocer la humedad que corre por sus mejillas. —Cállate, —recupera la compostura lo suficiente como para encontrarse con la sonrisa ladina y los ojos amables de Freddy. —Cállate.
—Siempre con tus respuestas inteligentes. —Freddy rueda los ojos y Fred da un suspiro tranquilo ante la respuesta sarcástica, contento con las ofertas de paz por el momento.
Esta comodidad es exactamente lo que no quiere dejar ir, en ningún otro lugar encontrará un amigo como Freddy. No importa cuánto se molesten o lo mucho que estén en desacuerdo, juntos se siente que pueden ganar cualquier pelea, superar cualquier obstáculo. Tal vez así debe sentirse la verdadera paz.
O tal vez Fred simplemente tiene sueño en este momento, eso explicaría por qué tarda tanto en procesar lo que Freddy dice a continuación.
—Gracias por no rendirte conmigo. —Su mejor amigo balancea sus brazos desde las muñecas que aún sostiene, y eso distrae aún más a Fred. —Me alegro de que nos tengamos el uno al otro, ¿sabes?
Fred asiente, porque lo tiene muy claro. En realidad, son todo lo que tienen, el uno al otro, nadie en el mundo podrá llegar a conocerlos tan profundamente, por su propio bien. Tal vez sea egoísta, pero Fred no puede arriesgarse a ser conocido, nunca le ha ido bien en el pasado y duda que alguna vez lo vaya a hacer. Sin embargo, eso no es lo que más importa en este momento, —Siempre estaré ahí para tí.
Freddy lo abraza y, en cuanto cierra los ojos, se queda dormido. No llega a escuchar si el sentimiento es mutuo, pero no es necesario.
