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¿Porqué acepté este trabajo?

Summary:

Aunque no era la primera vez que hacía de niñero, si era la primera vez que trabajaba en una mansión.

Y la primera vez que cuidaba al muñeco de un niño muerto, y que “el niño” no resultaba estar tan muerto después de todo.

Chapter 1: Llegada a la Mansión

Chapter Text

Estaba empacando sus cosas para dirigirse a la mansión de los Heelshire por una oferta de trabajo la cual había conseguido gracias a Greta, una chica que conoció hace no mucho tiempo. Quizás no deberías confiar en una desconocida, pero necesitaba el trabajo, sobre todo porque no perecía tener más opciones, no había muchas ofertas de trabajo y la última vez lo despidieron de la cafetería en la que trabajaba. “Recorte de personal” o algo así, como si fuera una gran empresa o algo, al parecer simplemente no les agradó su energía excesiva. Con las maletas en la mano, salió de su departamento, el cual muy seguramente no vería en un tiempo.

No sabía que realmente no volvería a vivir allí.

 


 

El conductor lo despertó suavemente una vez que llegaron. Agradeciendo con un tono de voz somnoliento mientras salía del auto, observando fascinado la gran mansión. A pesar de las marcas de incendio en el piso de arriba, el diseño realmente era de su gusto. Aunque se preguntaba que había pasado allí. Sus pensamientos se vieron interrumpidos por la voz del taxista.

–Sus maletas ya están dentro, señor.

Asintió y una vez más agradeció, no estaba de más otro agradecimiento, pagándole su servicio antes de que se fuera. Una vez más volteó hacia la mansión con una ligera sonrisa; Tenía un buen presentimiento de esto. Sin más entró, seguramente Greta lo estaba esperando.

Pero no había nadie recibiéndolo.

Confundido, comenzó a mirar alrededor. ¿Quizás estaba en el baño? Si era así podía ver el lugar mientras ¿no?

Aprovechando el momento de soledad para “investigar” un poco, observando los adornos, las escaleras, la alfombra, pero sobre todo los adornos; cabezas de animales en la pared, eso sí que llamó su atención. Quizás el señor Heelshire solía ser un hábil cazador. Recorrió un poco más hasta que escuchó voces provenientes de la cocina, dejándose llevar por la curiosidad y la posibilidad de que fuera Greta, caminó hacia allí. Efectivamente, era Greta… ¿Coqueteando con un chico? Al poco tiempo de entrar ella le vio.

– ¡Wyatt, llegaste! No te escuché entrar – se acercó para que estrecharan sus manos y luego señalar al otro hombre presente –Él es Malcolm, hace las entregas-

–Es un placer Malcolm– ahora su mano estaba tendida hacia él para estrecharla, sonriéndole –Soy Wyatt Fernsby–

Aunque las presentaciones no fueron la gran cosa, si llegaron a incomodarle un poco luego de un momento, ya que era evidente el coqueteo constante entre ambos trabajadores, teniendo que jugar un poco con sus rizos dorados para “hacer algo” mientras ignoraba a la parejita. . Al menos eso fue así hasta que tuvo que conocer al niño que cuidaría, reemplazando a Greta, quien aparentemente se iría a vivir con Malcolm (mucha información, pero está feliz por ellos).

Brahms no era un niño, al menos no uno de verdad, sino un muñeco, aunque uno muy adorable si debe decirlo.

Greta le dio una lista con reglas que seguir. Las reglas nunca fueron su fuerte, no porque fuera rebelde, sino porque tendía a ser algo torpe y olvidadizo, algo que se unía bastante mal a su incapacidad de quedarse quieto. ¿Qué se podía esperar? ¡Es sagitario!... realmente no está seguro de si sea por eso, quizás no, ni siquiera sabe mucho sobre horóscopos. Pero las reglas eran claras, si se esforzaba seguramente lo lograría, ¿verdad? Antes de que pudiera hacer alguna pregunta, o siquiera formularla en su cabeza, Greta y Malcolm se despidieron, prometiendo volver el próximo jueves con el dinero y mercadería.

Había muchas cosas extrañas en ese lugar. Como el porqué la parejita estaba tan ansiosa por irse (aunque quizás era simplemente para ir a su “nidito de amor”), o porqué los Heelshire no lo contrataron directamente, o el porqué se sintió observado incluso cuando se suponía que estaba solo.

Algo nervioso por aquel sentimiento, el cual seguramente era parte de su imaginación, nada grave, tomó suavemente al pequeño Brahms y le escuchó, como si realmente estuviera tratando como un niño. Si, era un muñeco, pero no por eso lo descuidaría.

–Bueno, pequeño Brahms, es tarde, así que vamos a cenar algo y luego a la cama ¿sí?– Claramente no hubo respuesta.

Con el muñeco en brazos se dirigió a la cocina y lo dejó sentado en una de las sillas con cuidado antes de preparar algo rápido, comieron “juntos”, echando vistazos al niño de porcelana, casi como si deseara que comiera. Acomodó los platos, guardando el resto de la comida en el refrigerador y con eso terminó la cena, aunque fue muy silenciosa, quizás debió hablar con poco con Brahms. Una vez más lo tuvo en sus brazos, llevándolo a su cuarto para que durmiera. Lo vistió, arropo y, aunque dudó al principio, le dio su beso de buenas noches.

Bueno, esto no era tan difícil.

Tarareando suavemente se fue a su habitación, sin saber que estaba siendo observado, y que realmente nunca se lo imaginó, era real. Había algo, o mejor dicho alguien que lo observaba en esa casa.