Chapter Text
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Sakura debió haber sabido que iba a tener un mal día desde el momento en que despertó.
Apenas abrió los ojos, sintió una punzada en la cabeza, siendo una sensación tan fuerte que parecía dispuesta a taladrar su cráneo.
Su garganta estaba seca y le dolía al tragar.
Por más que intentó beber agua para aliviar el malestar, nada pareció cambiar. Para su mala suerte, la incomodidad persistía.
— Mierda… No otra vez. — se quejó, sin entender cómo era posible que estuviera enfermo de nuevo.
Ya había perdido la cuenta de cuántas veces se había enfermado desde que llegó a Makochi. En su antigua ciudad, rara vez le pasaba, y quizá se estaba malacostumbrando a los cuidados que siempre recibía de sus amigos cuando caía enfermo, un gesto que, hasta el día de hoy, le parecía inmerecido.
Pero de nada le servía quejarse, no cuando lo peor aún estaba por llegar.
Antes de comenzar a arreglarse para ir a la preparatoria, decidió revisar su teléfono. Seguramente los demás habrían enviado una cantidad ridícula de mensajes mientras dormía. Gracias a Nirei, había aprendido a silenciar los chats, lo que le permitía descansar sin ser interrumpido constantemente por las notificaciones que le llegaban.
Apenas estaba empezando a leer la conversación cuando un particular, y a la vez desagradable, mensaje apareció en la pantalla de su teléfono. Con desánimo, sabiendo que no sacaría nada bueno de leerlo, decidió terminar rápido con su sufrimiento para iniciar oficialmente su día.
"¿Quién te has creído, mocoso de mierda, para pedir más dinero?
¿Acaso no entiendes que estamos haciendo un gran esfuerzo enviándote dinero cada mes?"
Por la manera en que comenzaba el mensaje, supo que se había metido en problemas con sus padres adoptivos.
¿Pero realmente tenía la culpa?
Si solo les había pedido un poco de dinero extra para comprarse un abrigo. Todo porque el invierno estaba por empezar y no tenía nada que le sirviera cuando el clima empeorara.
Además, el dinero que le enviaban no salía de los bolsillos de ninguno de ellos, sino del gobierno, así que decir que hacían mucho por él era una vil mentira.
"Deberías estar agradecido con lo que te mandamos, ¿o acaso crees que no hacemos suficiente por ti?
Sigue comportándote como un cretino y, el próximo mes, tu mensualidad se verá reducida de forma considerable para darte una lección."
Las palabras de odio y resentimiento parecían no tener fin.
Pero justo cuando se disponía a seguir leyendo, la pantalla de su celular se tornó oscura de pronto. Sin sentir nada después de haber leído aquello, conectó el teléfono al cargador y se dirigió al baño para darse una ducha fría.
No sabía si eso lo ayudaría a sentirse mejor o si solo iba a empeorar su ya lamentable estado.
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Había sido una mala idea tomar una ducha fría. Ahora sentía cómo cada extremidad de su cuerpo le dolía, como si hubiera recibido una golpiza por parte de varios tipos. La cabeza seguía palpitándole, y juraba que empezaba a tener un poco de temperatura.
Solo esperaba que las cosas mejoraran de ahora en adelante.
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— Oh, buenos días, Sakura.
El bicolor se detuvo al escuchar el saludo. Por más mal que se sintiera, pensaba que sería grosero no detenerse al menos un momento, especialmente considerando que, en el pasado, nadie solía saludarlo ni tratarlo bien.
— Buenos días. — respondió, esforzándose por sonar lo más normal posible, a pesar de que el dolor de su garganta no hacía más que aumentar. — ¿Necesita que lo ayude con algo?
Apenas formuló la pregunta, cuando notó que había tocado un punto clave. Debido a que el anciano, que era dueño de una tienda de abarrotes, no tardó en pedirle que lo siguiera.
— ¿Crees que podrías bajarme esas cajas? — preguntó amablemente, señalando un par de cajas en lo alto de una estantería. — Hoy no voy a tener a nadie que me ayude en la tienda, así que me harías un gran favor si las bajas.
Esperaba que su petición no fuera demasiado para el estudiante de preparatoria, quien simplemente asintió antes de tomar una escalera que estaba en el negocio para así cumplir con lo que se le había pedido.
Mientras bajaba una tercera caja, un mareo repentino lo golpeó sin previo aviso. Su visión se tornó borrosa por un instante y sintió como si su cuerpo se quedaba sin fuerza. Intentó aferrarse a la estantería para recuperar el equilibrio, pero sus reflejos no eran los mismos por culpa de la fiebre y el malestar que había tratado de ignorar desde el momento que se levantó.
— Tsk… — murmuró, sintiendo cómo su agarre fallaba.
Antes de que pudiera reaccionar, sus pies resbalaron en la escalera y su cuerpo perdió el balance. Todo ocurrió en cuestión de segundos; su espalda golpeó contra el suelo con fuerza, arrancándole el aire de los pulmones, y, antes de que pudiera incorporarse, la caja que había estado bajando cayó sobre su cabeza con un golpe seco.
Un dolor agudo se extendió por su cabeza, haciéndole soltar un quejido ahogado. Si de por sí sentía como si algo lo estaba perforando desde dentro, el golpe solo había empeorado sus malestares.
— ¡Sakura! — exclamó el anciano, apresurándose a su lado con una expresión preocupada. — ¡Dios mío, muchacho! ¿Estás bien?
El bicolor apretó los dientes y cerró los ojos con fuerza, tratando de controlar la punzada de dolor que le nublaba los sentidos. Apenas logró incorporarse un poco, con una mano sobre su frente que no dejaba de palpitar.
— Sí… solo fue un golpe. — murmuró, aunque su voz sonaba demasiado débil y cansada, que hasta el anciano no parecía convencido por nada de lo que había dicho.
— No me engañes, chico. Estás pálido como un fantasma. — se agachó tanto como pudo, para revisar si el menor se había lastimado seriamente. — Deberías quedarte sentado un momento mientras dejas de sentirte mal, voy a buscarte una bolsa con hielo. — dijo, antes de ir a buscar lo que había dicho.
A pesar de las constantes negativas de Sakura, quien le aseguraba que estaba bien y que no necesitaba nada. Sin considerar que su propio cuerpo le gritaba lo contrario, implorándole que aceptara ayuda y se quedara sentado por su propio bien.
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— Buenos días, Sakura. ¿Vas a querer omurice para…? ¿Pero qué te pasó? Te ves terrible. — Kotoha cambió su saludo inicial al notar el aspecto con el que Sakura ingresó a Pothos. — ¿Te ocurrió algo? ¿Necesitas que te ayude? — la negativa que recibió como respuesta inicial no la hizo sentir para nada tranquila.
— Estoy bien, solo tuve un pequeño accidente mientras ayudaba a alguien. — dijo Sakura, sin ser del todo sincero. Kotoha, al igual que el anciano, no parecía convencida en absoluto.
— ¿Estás seguro? Porque si te sientes mal, no tienes por qué ir a la escuela. Estoy segura de que los demás lo entenderán. — comentó, esperando que sus palabras fueran suficientes para que Sakura aceptara descansar, porque realmente no se veía nada bien.
— Ya te dije que estoy bien. — el bicolor respondió evidentemente molesto, a pesar de que las intenciones de Kotoha eran amables.
— Está bien, como digas, pero es mejor que no vayas a la preparatoria. — ella suspiró derrotada ante su terquedad, antes de empezar a prepararle el desayuno.
Sakura agradeció en silencio que no insistiera en el tema.
Ya había tenido suficiente con el anciano, quien no paraba de decirle que se quedara un rato más a descansar. Al final, tuvo que huir prácticamente del lugar para que el mayor dejara de insistir.
El dolor corporal que sentía no había hecho más que aumentar, pero estaba seguro de que con una buena comida todos sus malestares desaparecerían.
— Aquí tienes, buen provecho. — Kotoha colocó un plato humeante de omurice recién hecho frente a Sakura, lo que provocó un inmediato sentimiento de felicidad en el capitán de la clase 1-1, quien agradeció brevemente antes de comenzar a comer rápidamente. — Oye, come más despacio. — le recomendó ella al ver cómo devoraba el omelette. — ¿Quieres que te sirva café? — vuelve a preguntar, pero Sakura no le respondió.
Ya que había dejado de comer de repente y, su expresión de felicidad cambió por una mueca de desagrado.
— ¿Qué sucede? ¿Hay algo mal con el omurice? — preguntó, preocupada, pero como antes, Sakura no fue capaz de responderle.
El bicolor siendo incapaz de decir algo, se levantó de forma imprevista y se dirigió al baño sin pensarlo. Cuando Sakura salió disparado hacia el baño, Kotoha frunció el ceño, preocupada por lo que estuviera pasando.
El sonido de las arcadas de Sakura, la hicieron acercarse de inmediato al baño, temiendo que su comida hubiera hecho sentir mal al bicolor. Al abrir la puerta, lo vio agachado sobre el inodoro, con la cara enrojecida por el esfuerzo de vomitar, y no pudo evitar sentirse culpable por lo que ver como el contrario vomitaba todo lo que había comido.
— Sakura, ¿estás bien?, ¿necesitas que te traiga algo? — ella preguntó con suavidad, pero con un toque de urgencia en ayudar al otro.
Sakura intentó levantarse, pero su cuerpo parecía no responder bien, ya que no pudo lograr su cometido en los primeros dos intentos que hizo. La sensación de malestar en su estómago era insoportable, pero no tanto como el malestar general que sentía.
— No... no... no me siento bien... — admitió con una voz apagada y entrecortada.
Kotoha no tardó en agacharse frente a él, mostrándose visiblemente preocupada por cómo estaba.
— ¿Te sientes mal por la comida? — preguntó, algo insegura. A lo que Sakura asintió, antes de ser ayudado a volver a la barra por Kotoha.
Ella no tardó en probar un trozo del omurice que Sakura había dejado, para comprobar qué había salido mal, y su rostro no tardó mucho en distorsionarse instantáneamente por lo terrible que sabía.
— ¡Esto está completamente estropeado! — exclamó, avergonzada por lo que le había servido a Sakura. — No puedo creer que te lo hayas comido. En verdad… Lo siento mucho, Sakura. — comenzó a disculparse, a pesar de las negativas que el bicolor empezaba a darle para que se detuviera. — Déjame prepararte algo más para que puedas comer.
— Está bien, no te preocupes por mí. — Sakura dijo, con una voz apagada. — Tampoco quiero comer otra cosa, así que no te molestes en hacer nada.
— ¿Seguro que no quieres que te prepare algo más? — ella insistió, aun avergonzada por lo que había sucedido. — Te prometo que esta vez será algo que te caiga bien, lo haré con mucho cuidado. — le asegura, pero Sakura negó en repetidas ocasiones, sus ojos desiguales dejaban en evidencia lo mal que se sentía, por sí sus palabras y sus expresiones no eran más que suficientes.
— No, no quiero. — respondió con firmeza, aunque sus palabras se escucharon bastante suaves. — No quiero que me hagas nada más. Además… Se me está haciendo tarde para ir a la escuela.
Antes de que Kotoha pudiera replicar, Sakura se dirigió rápidamente hacia la salida, ignorando por completo los constantes llamados de la castaña, quien aún sonaba demasiado arrepentida y preocupada por lo que había sucedido.
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— Buenos días, Sakura… — los saludos típicos de la clase 1-1 se interrumpen de golpe cuando ven entrar a Sakura al salón con un aspecto terrible.
— Sakura-san, ¿sucede algo malo? — Nirei es el primero en reaccionar, acercándose visiblemente preocupado por el estado de su amigo, quien simplemente emite un suave quejido antes de tomar asiento sin decir nada.
— Sakura-kun, ¿te sientes mal?, ¿volviste a enfermarte? — Suo también se une a la iniciativa de Nirei por averiguar qué le sucede al bicolor.
— No… No tengo nada. — Sakura miente, pero el hecho de recostar la cabeza sobre el escritorio para evitar mirar a alguien es una clara evidencia de que algo le ocurre.
— Sakura-chan, si te sientes mal, deberías irte a casa. No es bueno que vengas a la escuela estando enfermo. — Kiryu interviene, provocando que los demás en el salón comiencen a expresarse a favor de aquella idea.
— C-callense… — Sakura murmura entre dientes cuando el ruido empieza a volverse insoportable. — No sigan… — vuelve a pedir, pero nadie parece escucharlo.
— Por favor, guarden silencio. — Suo habla de inmediato, elevando un poco la voz. Su intervención parece surtir efecto, pues poco a poco todos se callan.
Sin embargo, justo cuando el último de sus compañeros deja de hablar, la puerta es azota con violencia. El estruendo sobresalta a varios de los presentes, incluido el propio Sakura, quien no tarda en dirigir la mirada hacia la entrada, buscando descubrir quién ha irrumpido de manera tan imprudente.
— Oye, tú, ¿por qué no puedes responder a ninguno de los malditos mensajes que te envío? — la presencia de Kaji no hace más que aumentar la tensión que ya se respira en el salón.
— Lo siento… Dejé el teléfono en mi departamento… — que Sakura responda sin reaccionar al tono agresivo con el que Kaji le ha hablado, es la evidencia final que todos necesitan para saber que algo no anda bien con él.
— ¿Pero qué te sucede? — el extraño comportamiento de Sakura también es evidente para Kaji, pero el bicolor no parece tener la fuerza suficiente para responder.
En realidad, no tiene la fuerza suficiente para nada, y lo único que quiere hacer es llorar.
Pero él no va a llorar con tantas personas a su alrededor.
No, por supuesto que no.
— Kaji-san, Sakura-kun no parece estar bien, así que le pido, por favor, que… — las palabras de Suo quedan a medias cuando, de pronto, un repentino sollozo lo interrumpe.
El castaño, que se había posicionado de manera protectora frente a Sakura, tiene que girar para confirmar si aquel sollozo que acaban de escuchar proviene de su amigo. La sorpresa de los presentes es colectiva al ver cómo el cuerpo de Sakura comienza a temblar mientras aún mantiene la cabeza recostada sobre el escritorio.
Su llanto se intensifica con el paso de los minutos y, antes de que alguien pueda reaccionar, se levanta repentinamente y sale del salón tan rápido como le es posible. Sakura no parece tener un rumbo fijo, lo único que sí sabe, es que quiere alejarse tanto como pueda del salón.
No debe permitir que los demás lo vean llorar.
Aunque ya lo habían visto vulnerable antes, dejar que lo vieran llorar era un límite que no estaba dispuesto a cruzar, a pesar de la inmensa cantidad de lágrimas que caían por sus mejillas. Eso lo hizo preguntarse: ¿cuándo fue la última vez que lloró?
¿Cuándo fue la última vez que pudo expresar todo lo que sentía a través de las lágrimas?
Sin embargo, llorar nunca le había servido de nada. Recordaba haber llorado mucho cuando era niño, esperando ansiosamente que alguien acudiera a ayudarlo al escucharlo, pero sin importar cuánto se quejara, a nadie parecía importarle.
Es más, en las pocas ocasiones en que iban a verlo, solo era para llamarle la atención. Le decían que alguien como él no tenía derecho a quejarse y que lo único que debía hacer era guardar silencio, porque así sería más fácil cuidarlo, pasando por encima de cualquier necesidad que tuviera.
— Mierda. — Sakura se quejó en el momento en que chocó con algo que lo mandó directo al suelo.
Correr sin un rumbo fijo parecía haberle traído graves consecuencias, aunque era cuestión de tiempo para que algo así sucediera.
— Oh, Sakura… — escuchó decir, pero no pudo enfocar la mirada, ya que todo a su alrededor había empezado a dar vueltas sin parar. — ¿Te lastimé? ¿Te hiciste algún daño? — aquella persona seguía preguntando, pero lo único que Sakura quería era que se callara y lo dejara continuar con su camino.
A pesar de no tener un rumbo fijo hacia el cual ir.
— Kotoha me llamó para decirme que lucías un poco enfermo. — la persona, a quien creía reconocer como Umemiya, se acercó para ponerle una mano en la frente. — Parece que tienes fiebre, pero no te preocupes, deja que tu hermano mayor te cuide.
Sin pedir permiso, Umemiya lo tomó en brazos. Sakura se mareó aún más con el simple acto de ser alzado, pero no protestó en lo más mínimo, ni hizo el intento de liberarse.
Cansado y humillado, perdió el poco orgullo que le quedaba y comenzó a llorar entre los brazos de Umemiya, quien, con una calma absoluta, empezó a consolarlo, como si ya tuviera experiencia en ello.
Y él, como necesitaba de un hombro en el cual llorar, dejó fluir todo aquello que se había estado acumulando en su pecho desde el momento en que despertó. Aunque también, el resentimiento por todo lo malo que había tenido que vivir tuvo la oportunidad de salir a flote.
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