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Language:
Español
Series:
Part 1 of Hidden World: The Pretta
Stats:
Published:
2025-09-27
Updated:
2025-09-27
Words:
22,291
Chapters:
3/?
Kudos:
5
Hits:
54

El reflejo de un deseo

Chapter 1: Prólogo

Chapter Text

Ese día en particular después de clases estaba lloviendo.

Tanto que casi no le dejaba ver más allá de su nariz. Pero que simplemente era hermoso por lo abundante que era precisamente. El viento congelante, por su parte, hizo que no hubiera gente en la calle. Por lo que, solo la chica castaña era acompañada por una pequeña sombrillita la cual le había regalado su padre, y un impermeable barato que se había comprado ella misma en la tienda de conveniencia de la esquina.   

Y con eso tuvo, para no mojar nada de su uniforme escolar.  

Elise Gray era sencilla, así que no había nada de que extrañarse por este tipo de cosas.  

Las botas a prueba de agua chapaletearon aquel líquido frío, mientras regresaba a casa, queriendo ver como este alcanzaba una gran altura, mientras se dedicaba a mirar y a sonreír. 

Estaba feliz, ese tipo de clima siempre le hacía estar de buen humor.   

Por lo que eso la hacía sentir que todo era simplemente perfecto. El ambiente a su alrededor estaba siendo tan armonioso, tan arrullador. Tan... tan...  

¡Ojalá no terminara nunca! pensó en algún momento de ese viaje.  

Pero tenía que ser. Y, al llegar a casa... todo, terminó.  

—¿A qué te refieres con que papá no volverá? —Elise preguntó, mirando boquiabierta a su madre en completo estado de shock.   

Bianca Gray, por su lado, simplemente se quedó en silencio, ahí sentada, aparentemente tranquila, en lo que era su habitual asiento en el salón principal 

—Justamente lo que te he dicho. Tu padre ha tenido un accidente. —dijo de forma lamentable, en lo que se volteaba para mirar melancólica el paisaje húmedo por la ventana. 

La casa de dos pisos estaba a oscuras, era como medio día, pero se sentía como si fuera ya a oscurecer gracias al aguacero que estaba en su apogeo afuera. Los rincones, mientras tanto, proyectaron sombras, incluso algunos objetos también, como los sillones o la mecedora. Sin embargo, todo eso no era realmente relevante en dimensión a lo que realmente había pasado.  

Su padre no iba a volver. 

Esto había ocurrido dos años atrás, al mismo tiempo que un evento sin precedentes tuvo lugar lejos de Blaine, el pueblo natal de los Cooper en ese entonces. Ahora, en Londres, Inglaterra, fue allí donde ocurrió lo más grande que el mundo jamás podrá entender por completo: el origen de todo, el momento y el lugar donde se abrió la primera puerta.

Y todo empezó, con la historia de dos hermanos. Llamados Elías y Tom, quienes habían decidido ese mismo día, ir de excursión. Los niños, habían ido en búsqueda algo importante, algo muy importante para su querido padre. El cual solo tenía una ambición. Es por eso que, ese día, el 7 de junio de 1995, los hermanos Baker salieron en rumbo a su destino, sin medir las consecuencias de sus actos.  

Lo que les costaría muy caro. 


—¿E-Estás seguro de que podemos estar aquí, hermano? —Una voz preguntó sin mucha convicción. Esta hizo eco entre las paredes de la cueva en donde ambos se encontraban metidos. 

Avanzando por un angosto sendero, apenas iluminado por el tenue resplandor de una linterna, Elías Baker de trece años, avanzaba con pasos firmes a través de los caminos empedrados de las cuevas. Su rostro, envuelto en sombras danzantes, mostraba una expresión decidida. En su andar había una calma inquietante, una seguridad que contrastaba con el entorno sombrío. 

Detrás de él, con pasos más dubitativos y una linterna temblorosa en la mano, lo seguía Tom de once años. Su mirada, oscilaba entre las paredes de roca y la figura de su hermano mayor. Mientras el miedo le empezaba a calar los huesos. 

—Por supuesto que sí. —respondió Elías sin mirar atrás—. Después de todo, papá me dio la llave. 

—Pensé que habían dicho que no la había podido encontrar. —insistió el menor, frunciendo el ceño, incrédulo. 

—No la había encontrado... hasta que descubrieron que Tamara la tenía. —dijo Elías con tono cortante. 

Ante ellos, extraños símbolos emergían de la roca. Grabados en la piedra, irradiaban una energía antigua. 

Runas pensó Elías. 

—¡¿Qué?! ¿T-Tamara la tenía? ¿Por qué? —la voz de su hermano se quebró al hablar—. Espera... Dices que papá descubrió que Tamara la tenía... ¿Qué le hizo? 

Elías se detuvo. Una runa enorme brillaba suavemente bajo su linterna. Extendió una mano y acarició la superficie rugosa de la inscripción. Equilibrio susurró su mente. Ese era su significado: —La mató, por supuesto. 

—¡P-Pero! —gritó el niño, dando un paso atrás, paralizado por el terror. 

Elías giró lentamente hacia él, los ojos oscuros llenos de juicio—¡Es su culpa por quedarse con algo tan importante! —su voz era una daga. 

—¡Pero es solo una piedra! ¡No podrían haber considerado más su vi-! —quiso seguir replicando, pero se tragó las palabras, al ver la furia en el rostro de su hermano. 

—¡Tú no entiendes nada! —siseó Elías con la voz cargada de veneno—. Aun no comprendo por qué padre quería que compartiera esto contigo. Pude haber sido yo solo, ¿sabes? —suspiró—. Pude haberme hecho cargo del sueño de padre yo mismo. 

El pequeño niño bajó la mirada, tragando el nudo en su garganta. 

—Eres un inútil, Tom. —sentenció Elías, dándole la espalda para continuar su marcha. 

El eco de sus pasos acompañó el silencio que se extendió en la cueva. Las paredes, marcadas con runas que decían Tiempo y Espacio parecían observarlos con solemnidad. 

Avanzaron hasta alcanzar una pequeña isla subterránea. Rodeados de agua quieta, el silencio pesaba. 

—Ese debe ser el lugar. —Elías revisó el mapa con manos seguras, luego retomó su andar. 

Tom jadeó al observar el sitio. Sus ojos se abrieron con asombro ante la escena mágica: —Es hermoso... 

—Sí, sí. —respondió Elías con desdén—. Ahora cállate. 

Cruzaron el agua con torpeza, salpicando apenas la superficie estancada, hasta que la penumbra cedió ante una estructura imponente: una puerta solitaria, encajada profundamente entre las paredes de roca viva. Era evidente que no pertenecía a la caverna. No era tallada, sino insertada, como si alguna voluntad ajena al tiempo la hubiese plantado allí, sellando algo que no debía ser tocado. 

Alta y estrecha, la puerta estaba formada por bloques de piedra irregular, desgastados y agrietados por la humedad. El marco parecía casi fusionado con el muro, pero conservaba una simetría imposible para algo natural. En su superficie, un remolino azul resplandecía débilmente, como si respirara. Las vetas alrededor se estiraban como raíces congeladas a medio crecimiento, tensas, como si intentaran huir o aprisionar lo que hubiera detrás. 

Allí estaba. Sola. 

Silenciosa. Íntegra. Sellada. 

Con una cerradura pequeña en el centro. 

Elías se detuvo frente a ella, con el reflejo azul oscilando sobre sus mejillas. Sus labios se curvaron en una sonrisa enorme. 

—¡Sí! —susurró, más para sí mismo que para su hermano—. ¡Lo logramos! —Elías celebró con orgullo—. ¡Encontramos la Puerta de las Edades! 

—¿La puerta de...? —Tom apenas podía hablar—. Oh... así que era esto. 

—Ayúdame a subir 

Ambos colaboraron, torpes pero determinados. Tom sostuvo a su hermano mientras éste trepaba hacia la cerradura. 

—Papá dijo que si rompo esto... —Elías sacó la piedra que le habían arrebatado a Tamara—. Entonces la llave saldría.  

—Hazlo rápido, hermano. Que mis brazos se acalambran. —protestó Tom, sufriendo bajo el peso. 

—Tú sí que no aguantas nada. —bufó Elías, golpeando la piedra contra la superficie. 

Un destello rojo surgió al instante. Sonriendo, celebró—¡Si, finalmente el sueño de mi padre será completado! —dijo a la par que insertaba la llave en la cerradura y le daba vuelta. 

Algo en ello hizo clic. Y cuando sucedió, el suelo comenzó a vibrar bajo sus pies. 

Las rocas empezaron a desprender polvo del techo. 

—¡Hermano! ¡Esto...! —alertó Tom, alarmado. 

De pronto, la puerta, comenzó a abrirse lentamente, emitiendo un chirrido grave y áspero que resonó como un lamento en la oscuridad. El sonido reverberó por las paredes de la caverna, acompañado por el crujir seco del polvo cayendo desde lo alto. La vibración provocó más temblores, y ambos niños, sorprendidos por el estruendo y la sacudida, perdieron el equilibrio y cayeron estrepitosamente sobre el suelo pedregoso. 

—¡Ay! —chilló el menor, encogiéndose por el golpe, con los ojos muy abiertos y los labios temblorosos. 

Sin embargo, el mayor apenas se giró hacia él. Lo empujó con brusquedad mientras gruñía entre dientes: —¡Quítate de abajo, que estorbas! —y, apoyándose con dificultad, intentó reincorporarse. Pero entonces se quedó paralizado, con el cuerpo tenso y la mirada clavada al frente. 

Su aliento se cortó en seco. 

Desde la penumbra más allá de la puerta emergió una figura redonda y flotante, completamente negra, como si absorbiera la luz a su alrededor. Tenía ojos diminutos y brillantes, llenos de una malicia juguetona, y una boca enorme repleta de dientes afilados que relucían como cuchillas bajo el fulgor tenue. Sin darles tiempo a reaccionar, la criatura se abalanzó con una velocidad sorpresiva, atrapando al niño menor con una de sus extensiones gelatinosas y elevándolo sin esfuerzo hasta el techo de la sala—¡Qué delicioso hueles! —ronroneó la criatura con voz grave y gutural, acariciando con la lengua cada sílaba. 

—¡Ahhhhhhh! —gritó Tom, retorciéndose entre el pánico y la incredulidad, pataleando en el aire mientras la sombra lo sostenía como un trofeo. 

Elías, se encontraba paralizado por la sorpresa, esto no formaba parte de su plan. Así que al encontrarse en aquella situación reaccionó de forma instintiva queriendo salvar a su hermano. Por lo que corrió, con una mano al aire: —¡Thommy! 

—¡Ahhhhh! —Tom lloraba entre gritos—. ¡AUXILIO, HERMANO! 

¡Que delicioso hueles! —dijo de nuevo la criatura acercando aún más al pequeño humano a su boca. Mientras esté todo asustado se retorcía sin poder hacerle daño. 

—¡Thommy! —rugió Elías, forzando sus piernas a seguir corriendo—. ¡Resiste! 

—¡No puedo! Ugh. —Tom siguió forcejeando, mientras cerraba los ojos con desesperación. 

—¡Vamos! —insistió Elías. Estaban tan cerca. Tan cerca y justo cuando iba a alcanzarlo... 

La criatura se lo tragó. 

—¡Thommy! —gritó, pero él ya se había ido. 

El mundo quedó en un espeluznante silencio después de eso. Nada se movía. Ni siquiera un suspiro quedó después lo que acababa de ocurrir. 

Elías en shock, cayó de rodillas. Boquiabierto y con la mirada horrorizada hizo que sus dedos se aferraran a su cabello, mientras su cuerpo intentaba calmarse del terror. Pero, no podía.  

No cuando esa cosa se había devorado a su hermano menor.