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Reo solía despertarse con el sonido de la respiración tranquila de Seishiro a su lado, acompañado por el ligero peso de su brazo sobre su cintura, con su cabello revuelto oculto en su pecho, disfrutando de su calidez. Aquello se había convertido en su despertar favorito.
Seishiro parecía buscarlo incluso estando dormido. Sin embargo, últimamente cuando abría los ojos, solo veía aquella espalda, notando como la brecha entre ellos se afianzaba cada vez más.
No era como antes.
Las mañanas ya no eran cálidas. No habían caricias despreocupadas ni un murmullo somnoliento que le pedía dormir cinco minutos más. Ahora, el silencio se extendía entre ellos, denso como una niebla que ninguno sabía cómo disipar, o quizá ya no importaba desvancerla.
Reo intentaba encontrarlo en su mirada, una señal, algo que le dijera que todo volvería a ser como antes, que estaban bien. Pero Nagi desviaba la vista, como si no lo viera, o peor, como si ya no quisiera verlo.
— Sei… ¿Quieres salir mañana? — preguntó Reo una noche, recostado en la cama con la vista pegada al techo, mientras el albino miraba despreocupadamente su teléfono.
— Hmm… No sé, Reo. Estoy cansado.
Siempre había algo que lo mantenía lejos de él. A estas alturas cualquier excusa era suficiente para alejarlos.
Vivían juntos, comían juntos y dormían lado a lado. Aun así, el peli morado sentía un muro invisible entre ellos. Uno que se fortalecía cada día.
— ¿Cómo sería estar sin Sei? — pensó de repente, y un escalofrío le recorrió la espalda, sorprendiéndose incluso a sí mismo ante aquel pensar.
No quería saberlo. No quería imaginarse un mundo donde no estuviera él, donde no pudiera girarse y verlo dormido, donde su voz despreocupada no llenara el silencio o sus suaves caricias no llegaran a alcanzarlo.
Pero… ¿y si ya estaban llegando a eso? Le frustraba depender tanto de una ilusión que parecía desvanecerse ante sus ojos y la impotencia le quemaba en el estómago.
— Sei... — susurró, intentando que su voz saliera firme sin temblores.
El aludido levantó la vista del teléfono, pero no dijo nada, esperando a que su novio continuara. Solo lo miró con esos ojos perezosos que ahora parecían más distantes que nunca.
Reo quiso preguntarle qué estaba pasando, porque sentía que lo estaba perdiendo aun cuando lo tenía tan cerca. Pero no se atrevió.
La tenue luz del teléfono de su novio iluminaba su rostro, resaltando las sombras bajo sus ojos. El peli morado lo miró en silencio, esperando algo, una palabra, un gesto, cualquier cosa que lo hiciera sentir que aún aquellos burbujeantes sentimientos seguían intactos, quería creerle a sus pasados sentimientos.
Pero la clara distancia entre ellos no era sólo física.
—¿Qué? — murmuró el albino, dejando el teléfono sobre la mesita de noche al notar la vacilación de Reo.
Reo dudó. No quería pelear ni armar un escándalo por algo que quizá estaba en su mente. No quería que su voz sonara desesperada o se rompiera. Pero su pecho se encogía y el miedo le anudaba garganta.
— No... Nada…— terminó diciendo, desviando la mirada.
Nagi suspiró y se recostó de lado, dándole la espalda. Como tantas otras veces últimamente.
Reo cerró los ojos y se tragó su tristeza. Estiró una mano, tocando la espalda del chico acostado frente a él. Seishiro no se giró. Pero tampoco se apartó.
— ¿Todavía te sientes bien conmigo?...Tú y yo.... ¿Estamos bien?
El silencio que recibió fue una respuesta peor que cualquier otra. Reo sintió un ardor en la garganta. Estaban tan cerca, a escasos centímetros, podía sentir su calor, pero parecía que había un abismo entre ellos.
Su cuerpo tembló. ¿Esto iba a terminar? ¿Ahora mismo? ¿Así de fácil? Apretó los dientes y cerró los ojos con fuerza evitando así dejar caer las lágrimas que comenzaban a arder en sus ojos.
— Dímelo, Seishiro, por favor. — pidió en un susurro quebrado. — Si quieres que me aleje, dímelo.
El albino se tardó tanto en responder que Reo sintió que el aire se le iba a acabar, las lágrimas amenazaban con caer y su novio no se atrevía a girarse, mucho menos a mirarle a la cara.
— No quiero.
La respuesta fue simple, pero vacilante.
Reo exhaló lentamente, intentando aferrarse a esas dos palabras, buscando calmar su mente y relajar su desenfrenado corazón.
“No quiero” Había dicho, pero no había seguridad en la voz del albino, no había el mismo tono firme que solía usar ni la calidez que solía brindarle. Aquello era lo que más le dolía.
Se aferró con cuidado a la tela de la camiseta de Nagi, pero él no reaccionó. Antes, con un simple toque solía girarse para abrazarlo con fuerza y no soltarlo hasta el amanecer.
Ahora, solo se quedaba inmóvil, como si estuviera esperando que el tiempo derrumbara todo lo que habían construido.
— Entonces… ¿qué hacemos? no quiero seguir así… — susurró Reo, y finalmente el albino se había dignado a voltearse, pero no se atrevía a mirarlo a los ojos.
El silencio pesó entre ellos.
— No lo sé... — respondió Nagi después de segundos de asfixiante silencio. Era consciente de su actual situación, pero no sabía cómo arreglarla.
Reo sintió que algo dentro se derrumbaba poco a poco. — Siempre dices eso. — murmuró con una risa sin humor. — No lo sé, no lo sé… ¿Pero en serio no sabes o solo no quieres pensarlo? ¿Crees que es una molestia?
Esperaba que eso lo hiciera reaccionar, pero su novio solo suspiró. — Reo…
— Dime la verdad.
Seishiro giró la cabeza apenas, lo suficiente para que Reo pudiera ver su perfil. — Reo... Estoy cansado.
Reo sintió un escalofrío recorrerle la espalda, no sabía si estaba triste, molesto o decepcionado. Quizás era una mezcla de todo. — ¿De qué estás cansado exactamente?
El albino tardó en responder, la molestia del peli morado se sentía en el aire. Pero no sabía cómo aliviar la situación. — De todo.
Reo sintió que la rabia se clavaba en su pecho de forma punzante que le oprimía los pulmones, cortándole la respiración. — ¿De mí también? ¿De lo nuestro?
El silencio se volvió insoportable. Reo esperaba un gesto, una palabra. Cualquier cosa que le diera una pista del sentir ajeno, le frustraba aquel silencio.
— No.— soltó finalmente Seishiro de forma vaga sin estar seguro si añadir algo más o no.
Reo cerró los ojos con fuerza, tratando de aferrarse a esas palabras, pero ya no eran suficientes. A estas alturas ya nada lo era.
Reo sintió el ardor en sus ojos antes de poder detenerlo. Quería decir tantas cosas, obligarlo a mirarlo de verdad. Pero al mismo tiempo, el miedo lo paralizaba. Si presionaba demasiado temía perderlo.
Apretó los puños sobre las sábanas.
— Buenas noches. — Reo se dio media vuelta, evitando así que Seishiro viera sus lágrimas y se forzó a quedarse dormido, esperando que algo cambiara al día siguiente.
*★,°*:.☆:*.°★* 。
El sol se filtraba a través de la ventana del departamento. La mañana era silenciosa, o quizá solo lo parecía porque el ruido entre ellos dos se había apagado hace días.
Seishiro estaba tirado en el sofá, con su teléfono en la mano, pero sus ojos se encontraban perdidos en la nada. Reo lo miraba desde la mesa de la cocina, el desayuno servido estaba enfriándose.
— ¿Sei? — su voz era suave, pero cargada de un cansancio que dolía escuchar.
El albino levantó la vista lentamente, como si le costara encontrarlo,últimamente la casa se sentía más grande. — ¿Hmm?
—¿Vamos a seguir así? — preguntó Reo, con la esperanza deshecha en el pecho.
El más alto suspiró. No era que no quisiera responder, es que no sabía cómo. Algo entre ellos se había desmoronado, y ninguno sabía cómo recoger los pedazos.
Antes, las mañanas eran cálidas, llenas de caricias perezosas y risas suaves. Ahora, apenas cruzaban palabras.
— Reo.. yo…No sé... — susurró finalmente. Y aquello le dolió más que cualquier otra respuesta.
Reo apretó los labios, sus ojos ardiendo con una mezcla de rabia y tristeza. —¿No sabes? ¿Otra vez? — su voz tembló. —¿Vamos a dejar que esto siga así? ¿Que termine?
Nagi dejó el teléfono a un lado y se levantó, acercándose lentamente. No le gustaba ver a Reo así. No le gustaba que doliera tanto. Sin embargo, cada vez que intentaba aferrarse al peli morado, sentía que escapaba de sus manos.
— No quiero que termine. — dijo con su voz más suave que nunca. — Pero... siento que ya no es lo mismo.
Reo rió amargamente, limpiándose las lágrimas que comenzaron a caer descuidadamente sin permiso, ya no importaba. — Claro que no lo somos. ¿Pero eso significa que debemos rendirnos? Sei, yo... yo aún te amo. Te amo como al principio. Incluso en la incertidumbre, pero…Tú…¿Aún me amas?
Seishiro tragó saliva. Claro que lo amaba. Siempre lo había hecho. Pero el miedo a seguir hiriendo a aquello que amaba se había convertido en una sombra que lo había comenzado a acechar.
— Sí. — admitió con su voz titubeante. — Te amo. Siempre te he amado, Reo.
La confesión llenó el espacio entre ellos. Reo se acercó, sus manos temblorosas rozando las de su novio. No era una solución, no aún. Pero quizás era un inicio, finalmente Nagi le había dado una esperanza a la cual aferrarse..
— Entonces no dejemos que esto termine. Por favor. — suplicó tratando inútilmente de que la desesperación no se filtre en su voz.
El albino sintió el toque tembloroso de los dedos de Reo, pero no respondió. No porque no quisiera, sino porque algo dentro de él seguía encadenado a esa sensación de vacío que llevaba semanas creciendo en su pecho.
Su mano permaneció quieta, bajo la de Reo, incapaz de corresponder. Una y otra vez se repetían aquellas emociones que le recordaban que tarde o temprano arruinaría todo. Que nada de lo que haga será suficiente para mantener a la persona que ama cerca de él.
Los segundos se estiraron, incómodos, llenos de un silencio que asfixiaba. Reo esperó, con los labios entreabiertos y la esperanza pendiendo de un hilo. Pero nada cambió.
Nagi tragó saliva. Le costaba mantener el contacto visual. Cuando finalmente lo hizo la desviaba rápidamente, no podía soportar ver a Reo romperse. No por su culpa,
— No sé si puedo. — murmuró, casi inaudible, como si le diera miedo admitirlo en voz alta.
Reo sintió cómo el aire se le atascaba en la garganta. Su mano cayó, como si el contacto le quemara y las lágrimas se apresuraron en recorrer sus mejillas.
— ¿No puedes o no quieres? — su voz tembló, pero esta vez no había súplica, solo cansancio. Un agotamiento que nacía del alma y se filtraba en cada palabra.
El más alto no respondió de inmediato. Sus ojos volvieron a perderse en la habitación, evitando los de Reo. ¿Qué se suponía que debía decir? ¿El amor que sentía no era suficiente para tapar el dolor que había crecido entre ellos?
— No sé qué quiero. — susurró al final. Y aunque sus palabras eran apenas un murmullo, golpearon a Reo como un puñal.
Reo retrocedió un paso, como si hubiera recibido una bofetada.
— ¿Esto es todo? — su voz ahora sonaba rota, pero ya ni siquiera le importaba, no quería la compasión ajena, solo quería deshacer el nudo en su garganta. Buscaba una verdad que quizás temía escuchar. — ¿Todo lo que queda de nosotros es un "no sé"?
Nagi cerró los ojos con fuerza. — Estoy cansado, Reo... Cansado de pelearnos, de tratar de volver a algo que ya no existe. De fingir que esto ya no es lo mismo.
El peli morado sintió algo dentro de él quebrarse. Una parte de sí mismo quería gritar, golpearlo, sacudirlo, hacerle entender que no todo estaba perdido. Pero la otra parte... la otra parte estaba tan cansada como él.
— Entonces supongo que no hay nada más que decir… — susurró secándose las lágrimas.
Su voz sonaba extrañamente calmada, como si la tormenta dentro de él hubiera dado paso a la resignación.
Seishiro levantó la mirada, alarmado por el tono de su voz, pero ya era tarde. Reo se había dado la vuelta, avanzando lentamente hacia la puerta.
— R-Reo... — Nagi intentó alcanzarlo, pero sus pies se sentían anclados al suelo.
El aludido se detuvo en el umbral, sin girarse.
— Si alguna vez decides dejar de estar cansado... — su voz se quebró, pero siguió adelante. — Sabes dónde encontrarme.
Y la puerta se cerró tras él, dejando el departamento en completo silencio.
El oji gris se dejó caer en el sofá. La ciudad seguía brillando a través de la ventana, indiferente a la tristeza que llenaba el departamento. El amor seguía ahí, enterrado bajo capas de dolor y orgullo. Pero ahora, la pregunta era si quedaba algo que rescatar.
El eco de la puerta cerrándose quedó suspendido en el aire, más fuerte que cualquier grito.Se quedó quieto con las manos temblorosas sobre sus rodillas. La garganta le ardía como si hubiera tragado vidrio.
Pasaron minutos, tal vez horas. No estaba seguro. La ciudad seguía indiferente allá afuera, ajena a su miseria. El teléfono vibró una vez sobre la mesa, pero él ni siquiera levantó la vista. Sabía que no era Reo. Y aunque lo fuera, ¿qué iba a decirle? ¿Que lo sentía? ¿Que no quería que se fuera? Las palabras se sentían inútiles ahora.
Eventualmente, la noche cayó por completo y la oscuridad invadió el departamento. Nagi no había encendido las luces, ya no importaba.
El lugar olía al desayuno que ninguno tocó. La mesa seguía puesta, dos platos perfectos y sin sentido ahora. Se levantó con pesadez y los recogió, uno por uno. La silla en la que Reo había estado sentado rozó el suelo con un molesto chirrido.
Dejó los platos en el fregadero y se quedó ahí, con las manos apoyadas en la encimera, respirando hondo. Quería llorar. Quería gritar. Quería salir corriendo tras él y decirle que sí, que todavía podían arreglarlo, que por favor no se rindieran.
Pero era tarde, sus piernas nunca se movieron.
Porque una parte de él, la más rota, seguía susurrándole que tal vez era mejor así. Que quizás Reo estaría mejor sin él. Que, al final, él sólo seguía siendo ese tipo perezoso que se dejaba arrastrar por la corriente, incluso cuando lo único que quería estaba alejándose.
El teléfono vibró de nuevo. Esta vez, lo tomó.
No era Reo.
Era una notificación aleatoria sin importancia. Lo dejó caer sobre la mesa con más fuerza de la que pretendía, el ruido seco resonó en la habitación vacía. La ansiedad le trepaba por la garganta.
Miró hacia la puerta, esperando escuchar el sonido familiar de las llaves de Reo. Esperó tanto que la incertidumbre le ardió en el pecho. Pero nada llegó.
Finalmente, se dejó caer en el sofá otra vez, con los ojos clavados en el techo. No sabía cuánto tiempo pasó así, pero para cuando se dio cuenta, ya estaba amaneciendo.
Y Reo seguía sin volver.
El nuevo amanecer teñía la ciudad de tonos anaranjados y rosáceos cuando finalmente se levantó del sofá. Su cuerpo dolía por haber sentado rígidamente por tantas horas, pero eso no se comparaba con la sensación en su pecho, una mezcla de vacío y miedo.
Reo no volvió.
Y por primera vez en semanas, Nagi se permitió admitir algo que había estado enterrando. No quería una vida sin él. No le importaba si habían cambiado, si estaban rotos o desgastados. No quería dejarlo ir.
*★,°*:.☆:*.°★* 。
Nagi se encontraba frente a la puerta de Reo. Inspiró hondo, buscando valentía y tocó, sus nudillos golpeando la madera con más fuerza de la que pretendía.
No hubo respuesta alguna. Volvió a golpear. Esta vez, oyó ruido al otro lado. Su corazón dio un vuelco y su estómago se apretó debido a los nervios.
Estaba por rendirse, cuando finalmente la puerta se abrió lentamente.
Reo estaba ahí, envuelto en un poleron viejo y el cabello revuelto. Sus ojos estaban rojos e hinchados. Se notaba a lo lejos que había estado llorando durante las últimas horas.
A Seishiro le dolió verlo así. Más aún sabiendo que la razón llevaba su propio nombre y apellido.
— Sei…¿Qué haces aquí? — La voz de Reo era baja, sonaba cansada.
El albino tragó saliva. Quería decir tantas cosas, explicar y hacerle saber a Reo que nunca quiso dejarlo. Pero no sabía por dónde empezar. Las palabras se le atascaban torpemente en la garganta.
— Reo, yo… Quiero empezar de nuevo… — soltó de repente. — Si tú todavía me dejas, seré mejor que antes. No volveré a dejarte ir.
Reo lo miró, desconcertado. — ¿De nuevo? ¿Después de todo?
— Sí. — la palabra salió sin dudar. Por primera vez en mucho tiempo, Nagi estaba seguro de algo. — No quiero que termine así. No quiero que lo nuestro se acabe. No quiero seguir sin tí.
Reo bajó la mirada, sus labios estaban temblando. No quería que su ex novio lo viese llorar, no ahora que su corazón latía con demasiada fuerza y sus inseguridades inundaban su mente.
—¿Y si volvemos a lastimarnos? — susurró con incertidumbre.
El albino dio un paso adelante, acercándose lentamente tomando aquel lagrimeante rostro entre sus tibias manos.
— Eso no volverá a pasar, no lo permitiré. Lo prometo.
Hubo un momento de silencio, uno tan largo que ambos sintieron que sus corazones iban a estallar. Pero aquel agobiante silencio fue roto por una risa del peli morado, cargada de alivio.
— Eres un idiota, Sei — susurró.
Nagi sonrió débilmente. — Sí. Pero soy tu idiota.
Reo lo miró un segundo más y, antes de que Seishiro pudiera reaccionar, se lanzó a sus brazos. Nagi lo abrazó tan fuerte como pudo.
Reo sintió el calor del abrazo de su ahora novio envolverlo, fuerte y tembloroso a la vez. Su corazón latía desbocado contra su pecho y por primera vez en semanas sintió que podía respirar.
El aroma familiar del albino, su voz susurrándole que lo amaba y que no volvería a dejarlo ir, todo se sentía tan hermoso y real.
Pero cuando abrió los ojos, el abrazo se desvaneció y el frío de su departamento lo golpeó como una cruel cachetada.
Reo se incorporó en la cama con lágrimas en sus ojos. Su respiración estaba agitada y sus manos temblaban al aferrarse a las sábanas. El departamento estaba silencioso. Seishiro Nagi no estaba ahí. Nunca lo estuvo.
Era solo un sueño.
Reo se llevó una mano a la cara, sintiendo las lágrimas calientes deslizarse sin permiso. El dolor perforaba con fuerza su pecho.
Se dejó caer hacia atrás, hundiéndose en el gran almohadón. Su pecho dolía, como si algo lo ahogara desde dentro. Cada parte de él anhelaba que ese sueño hubiera sido real. Que Su novio hubiese aparecido, que le hubiera dicho que aún lo amaba, que podían empezar de nuevo.
Pero no era así. Nagi no había ido tras él. Porque tal vez en el fondo nunca quiso hacerlo.
Reo apretó los ojos con fuerza, como si eso pudiera alejar la sensación de vacío. Quería odiarlo. Quería gritar, golpear algo, dejar de amarlo. Pero no podía.
Seguía amándolo, incluso cuando lo lastimaba.
Se quedó acostado un tiempo más, mirando el techo sin verlo realmente. Su mente iba y venía entre recuerdos felices y la realidad rota en la que ahora vivía.
"Si alguna vez decides dejar de estar cansado..."
Recordó sus propias palabras, aquellas que soltó con molestia antes de cerrar la puerta. Una parte de él aún esperaba que Seishiro apareciera. Que le demostrara que no todo estaba perdido.
Pero su parte más fría y racional comenzaba a autoconvencerse de que eso no iba a pasar. Que Nagi no iba a luchar por él, que debería dejar de esperarlo
*★, °*: Mikage Reo.: *. °★* 。
Los días pasaron más lentos de lo que Reo creyó posible. Al principio, se quedaba mirando el teléfono a cada rato, esperando que vibrara y el nombre de Seishiro apareciera en la pantalla. Pero nunca lo hacía.
Eventualmente, dejó de esperar.
Se obligó a seguir adelante. Se aferró a la universidad, a sus amigos o a cualquier cosa que mantuviera su mente ocupada para no traer a aquel albino a sus recuerdos.
Salía más seguido, aunque cada calle y rincón de la ciudad le recordaba a él. La cafetería a donde siempre iban después de clases e incluso su propio departamento era parte de aquel calvario, donde las risas de ambos aún parecían resonar entre aquellas amplias cuatro paredes.
Cada noche volvía a él el mismo sueño. Seishiro aparecía, lo abrazaba y le prometía que podían empezar de nuevo. Y cada mañana despertaba solo, con el corazón latiendo como loco y los ojos ardiendo por las lágrimas que caían sin control.
Había días en los que se convencía de que estaba mejor sin él. Que merecía a alguien que no estuviera tan perdido y que estuviese seguro de lo que sentía y por lo que quería luchar.
Pero luego había otros días en los que quería correr a buscarlo, gritarle que por favor hiciera algo, que por favor no terminaran así. Días en los que se odiaba por seguir amándolo
*★, °*: Nagi Seishiro.: *. °★* 。
Para Nagi, la vida seguía igual y a la vez, se había detenido por completo. Su cuerpo se movía por inercia, pero su mente no estaba por ninguna parte.
Su teléfono seguía lleno de notificaciones y mensajes de otros, pero ninguno era Reo.
Las noches eran las peores. El departamento estaba frío y silencioso. Y cada rincón le recordaba que aquella mirada amatista ya no esperaba por él. Que ya no iba a recibir esas sonrisas suaves que reconfortaban su vuelta a casa ni suaves caricias en las que refugiarse.
Extrañaba a Reo. Su voz, sus caricias, su alegría, su risa, su presencia, todo.
Nunca había sido bueno con las palabras. Pero ahora, daría lo que fuera por encontrar las correctas. Por retroceder el tiempo, por borrar las veces que se quedó callado cuando Reo más necesitaba escucharlo.
A veces, soñaba que iba tras él. Que lo encontraba y decía todo lo que guardó, y entonces, Reo lo abrazaba y todo volvía a ser como al inicio.
Pero cada mañana despertaba con las palabras atascadas en la garganta. Y cada día que pasaba, la idea de que Reo realmente se había cansado de él y se alejaría para siempre crecía más y más.
*★, °*: Mikage Reo.: *. °★* 。
La universidad siempre había sido un lugar tedioso, pero después de la ruptura, se aferró a la rutina como una salvación. Ir a clases, entregar trabajos y fingir para el resto que todo estaba bien. lo ayudaba a distraerse aunque sea un poco.
El campus estaba más lleno de lo normal aquella tarde. Reo se mezcló entre la multitud con los audífonos puestos y la mirada baja, distraído. La música ahogaba el ruido y silenciaba su entorno
Sin embargo, no esperaba encontrarse con él. No esperaba que su corazón diera un vuelco tan violento al levantar la vista y encontrarse con aquella familiar silueta a un par de metros de él.
Seishiro Nagi estaba apoyado contra una pared y su cabello caía desordenado por el viento. Su mirada estaba perdida, pero aun así Reo supo que lo había visto. El tiempo pareció detenerse y sintió la garganta cerrársele de golpe.
Todo lo que había reprimido, la tristeza, la rabia, el amor, el dolor, todo explotó de golpe dentro de él. Sus ojos se aguaron sin permiso.
Se giró sobre sus talones y caminó en la dirección contraria. No, no caminó. Corrió con el corazón martilleándole con fuerza y una sensación punzante en su pecho que le robaba el aire.
No le importó que la gente lo mirara, ni que alguien le preguntara si estaba bien. Sentía que el aire le quemaba mientras trataba de escapar de esa sensación aplastante en el pecho.
Encontró un pasillo vacío y se apoyó contra la pared, temblando. Y entonces en aquella pesudo soledad, se rompió.
Las lágrimas cayeron sin control, furiosas. Su cuerpo temblaba con cada sollozo que intentaba ahogar. Se mordió el labio inferior para no hacer ruido para no dejar que nadie lo escuchara.
¿Por qué aún dolía tanto?¿Por qué no podía odiarlo, aunque quisiera?
Lo peor de todo no era el dolor. Lo peor era que una parte de él quería correr de regreso, lanzarse a sus brazos y dejarse caer otra vez en esa seguridad que solo Seishiro le daba.
Pero no podía. Porque si volvía, sabía que no aguantaría otra despedida. Le aterraba pensar que quizá el albino estaba mejor sin él. Más tranquilo, más feliz.
De repente, aquella suave voz que conocía demasiado bien lo sacó de golpe de sus pensamientos.
— Reo...
El aludido se quedó helado. Al igual que en sus recurrentes sueños, Nagi estaba ahí, a unos metros de él. Su mirada mayoritariamente perezosa esta vez denotaba dolor.
Reo apartó la vista rápidamente, limpiándose las lágrimas con la manga, tratando de que su ahora ex novio no notara su sentir. Aunque era inútil, ya lo había visto todo.
— No... — su voz salió temblorosa. — No puedo hacer esto, Nagi.
Al albino le dolió ser llamado por su apellido, y no por aquel cariñoso apodo que Reo solía utilizar. Ligeramente alarmado, Nagi dio un paso hacia él, pero Reo retrocedió como si le doliera estar cerca.
— Reo, por favor.
Reo negó con la cabeza, sus ojos brillantes debido a las lágrimas. — No puedo verte. No ahora.
Y antes de que el más alto pudiera decir algo más, Reo se giró y se fue. Dejándolo con las palabras en la boca y el dolor golpeándole con fuerza-
Esta vez, Seishiro Nagi tampoco lo había seguido. Ya no sabía qué pensar. Ya no quería sentir.
*★, °*: Nagi Seishiro.: *. °★* 。
Seishiro lo había visto antes de que Reo lo viera a él.
Entre la multitud, incluso con la cabeza baja, él lo reconocería en cualquier parte. Su corazón, había reaccionado de inmediato.
Quería ir hacia él. Quería decir algo, abrazarlo, hacer cualquier cosa. Pero cuando sus miradas se cruzaron, todo se derrumbó.
El rostro de Reo cambió tan rápido que dolió más de lo que estaba preparado para soportar. Su expresión pasó de sorpresa a algo que Seishiro no supo describir, aunque la verdad, no quería hacerlo. Se negaba a aceptarlo.
No fue enojo. Fue peor. Aquellos ojos amatistas se ahogaban en dolor.
Y luego Reo escapó. Al notarlo, sintió que algo dentro de él se derrumbaba. Sus piernas reaccionaron antes que su mente, siguiéndolo entre la multitud sin pensarlo. La idea de dejarlo ir otra vez le revolvía el estómago.
Cuando finalmente lo encontró, escondido en un solitario pasillo, la imagen lo dejó sin aire.
Reo estaba contra la pared, los hombros temblando y las manos cubriéndole la cara mientras sollozaba.
Nagi no recordaba haberlo visto llorar así jamás. Y solo podía odiarse a sí mismo por ser la razón de esas lágrimas.
— Reo... — su propia voz le salió rasposa y vacilante.
El chico frente a él pareció dudar y por un segundo tuvo la esperanza de que Reo lo miraría, de que finalmente lo dejaría acercarse.
Pero no lo hizo.
Cuando el peli morado levantó la vista, sus ojos estaban rojos y levemente hinchados y Seishiroi supo con una cruda certeza de que todo se había desmoronado sin retorno.
— No puedo hacer esto, Nagi. — Su voz tembló, quebrándose en su apellido.
El albino dio un paso hacia él. — Reo... por favor.
Reo negó rápidamente, retrocediendo como si el solo hecho de estar cerca le quemara por fuera. Aquella reacción le dolió más que cualquier golpe.
— No puedo verte. No ahora.
Y entonces se fue corriendo, dejándolo atrás.
Seishiro se quedó quieto, con la garganta cerrada y las manos temblorosas a los lados sintiéndose inútil.
Quería seguirlo. Quería tomarlo por los hombros y obligarlo a mirarlo para poder buscar juntos una forma de aclararlo todo.
Pero sus piernas no se movieron, se quedaron ancladas al suelo por el miedo. No quería que Reo lo mirara con aquella lastimera decepción. Temía reconocer que ya nada volvería a ser como antes.
Se apoyó contra la pared, dejando que su cabeza chocara suavemente contra el frío muro. Cerró los ojos con fuerza, como si eso pudiera detener el ardor en ellos.
Todo lo que había querido decirle, que lo extrañaba, que no podía seguir así, que no sabía cómo vivir sin él, se quedó atorado en su garganta.
Reo lo había mirado como si estar cerca de él doliera más que la distancia. Y todo por su culpa. Por la consecuencia de su propia cobardía
No podía dejarlo así, pero aunque quisiera arreglarlo no sabía cómo. Y aquello lo frustraba.
Pasaron días desde que Reo huyó de él en la universidad, pero Seishiro no podía sacarse esa imagen de la cabeza.
El Reo que él conocía siempre era fuerte, orgulloso y con una brillante y hermosa sonrisa que desafiaba al mundo. No ese chico roto que apenas podía mirarlo sin ponerse a llorar.
Durante la última semana, lo había intentado todo. Mensajes que quedaron en visto. Llamadas que fueron a buzón. Incluso esperó afuera de sus clases, solo para verlo escaparse rápidamente y perderse de su vista.
Pero hoy fue diferente. Hoy lo había visto sonreír.
Pero le dolió cuando el receptor de aquella calidez era Rensuke Kunigami.
Nagi los vio desde lejos, y sintió que le arrancaban su propio corazón directamente de su pecho. Reo estaba allí, caminando por el amplio pasillo, riendo suavemente mientras Rensuke le revolvía el cabello con una sonrisa tranquila.
Se veían tan naturales juntos que le pesaba y dolía.
Si bien varias veces se sintió celoso varias veces por la atención que Reo recibía de otras personas, aquel sentimiento era diferente. Esto no eran celos. Tenía miedo. Miedo de que Reo encontrara en aquel musculoso peli naranja algo que Seishiro nunca pudo darle. Tranquilidad y seguridad
Sin pensarlo dos veces, se acercó llamando la atención de ambos. — Reo.
Su voz salió más dura de lo que pretendía.
Reo levantó la mirada, y su expresión se apagó en el acto.
— N-Nagi ¿Qué haces aquí? — su tono era cansado, como si no tuviera fuerzas para dirigirle la palabra
Kunigami también lo observó, con expresión santurrona que le molestó al albino, sin embargo trató de ignorarlo. Su objetivo era Reo, le importaba poco o nada lo que Rensuke llegara pensar de él.
— Necesito hablar contigo.
Reo bajó la vista al suelo, sus dedos jugaron nerviosamente con el borde de su camisa.
— No tengo nada que decir.
— Yo sí. — insistió el más alto, dando un paso más. Su voz salió titubeante. Reo notó aquella inseguridad y apretó los labios.
Rensuke se acercó un poco más al peli morado. — Reo, ¿quieres que me quede?
Nagi sintió cómo la ira le hervía bajo la piel. No contra Rensuke, o eso quiso creer, aunque también se sentía molesto consigo mismo por haber dejado que todo llegara a este punto.
Reo negó con la cabeza. — Está bien, Kunigami. Ve a tus clases.
El aludido dudó por un momento, pero finalmente se fue, dándole a Seishiro una última mirada inescrutable antes de marcharse.
Nagi tragó saliva, comenzando a buscar las palabras correctas. Era ahora o nunca.
— Reo... — su voz salió más baja esta vez, más vulnerable. — Por favor. No me hagas esto.
Reo levantó la vista, y sus ojos estaban llenos de una mezcla entre rabia y tristeza.
— ¿Hacerte qué, Nagi? ¿Sentirte como una mierda? Eso no es algo nuevo para mí.
El golpe emocional fue tan certero que Nagi sintió que le faltaba el aire.
— Yo nunca quise hacerte daño...— su voz salió quebrada.
Reo sonrió con amargura y amarga expresión. — Pero lo hiciste. Y no sé si puedo seguir viéndote.
Seishiro dio un paso más acercándose a él, sintiendo que el pánico se le subía a la garganta mientras aquellas palabras le apuñalaban el corazón. Sentía el corazón desbocado y el pánico le impedía pensar con claridad. Viendo como todo su cariño se caía a pedazos frente a él.
— No me alejes, por favor... No quiero perderte.
Reo lo miró durante unos segundos que se sintieron eternos. Los dedos de Seishiro temblaban levemente. Quería abrazarlo, tomarlo de la mano, pero a este punto dudaba si incluso tendría derecho alguno de tocarlo. Tenía miedo
— Quizá ya lo hiciste.
Y se fue.
El albino se quedó allí, petrificado y con la mirada perdida en el espacio vacío frente a él. Los estudiantes seguías caminando a su alrededor, hablando y riendo. El mundo seguía como si nada, casi como si fuese una burla a su corazón que acababa de romperse en mil pedazos.
Siempre había sido malo para expresarse. Siempre dió por sentado que Reo estaría ahí y que podrían arreglarlo en otra ocasión. Siempre se había sentido cómodo y podía darse el lujo de dejar las cosas para después. Pero ahora el tiempo finalmente lo había consumido, otra vez había llegado tarde.
No supo cómo llegó a casa, se mantuvo desconectado del trayecto y de su entorno en general. Solo supo que, cuando cerró la puerta de su departamento, las lágrimas que llevaba semanas reprimiendo finalmente cayeron.
Se dejó caer lentamente al suelo hasta quedar sentado con la espalda contra la puerta. Se llevó la mano al rostro intentando ahogar sus sentimientos, pero estos ya lo habían inundado.
Soltó todo. Todo el dolor, la culpa y el miedo que había estado aguantando. Lloró como no recordaba haber llorado nunca. Se convenció de que Reo no exageraba y que lo había lastimado como nunca antes. Esta vez, sentía que realmente había perdido a Reo. Y no podía soportarlo.
*★,°*:.☆:*.°★* 。
Los días pasaron, pero todo seguía igual. O incluso peor. Reo, a parte de evitarlo como una plaga, siempre estaba acompañado de Rensuke Kunigami.
Los veía juntos caminando por los pasillos, en la cafetería e incluso afuera del campus. Últimamente, Reo sonreía más cuando estaba con él, y Seishiro odiaba lo mucho que aquello le dolía. La impotencia se le clavaba con violencia en el pecho.
Él debería ser quien lo hiciera sonreír, él debería estar a su lado. Él no debió dejarlo ir. Se sintió molesto y egoísta. Después de todo, todo era su culpa.
Finalmente, Seishiro dejó de ir a clases. No soportaba verlos.
Su departamento estaba hecho un desastre. Ropa sucia tirada por todos lados, platos acumulándose sin lavar y las cortinas cerradas todo el día. Su teléfono acumulaba mensajes y notificaciones, pero no le importaba, no eran de Reo.
Cada noche se dormía pensando en él, y cada mañana despertaba con ese vacío insoportable que no hacía más que crecer cada día.
Una noche, mientras revisaba su teléfono por enésima vez esperando algún mensaje de reconciliación, vio algo que le revolvió el estómago.
Una foto de Reo y Kunigami. En la imagen, Su Reo estaba riendo, apoyado contra el hombro del peli naranja.
Nagi sintió que algo dentro de él se apagaba lentamente. Incluso pensó que quizá su corazón podría dejar de latir.
Antes de que pudiera siquiera razonar la acción había lanzado su teléfono al suelo. Resonando en la fría habitación un golpe seco de la pantalla estrellándose y perdiéndose en la oscuridad de aquellas cuatro paredes.
Su pecho ardía y se apretaba. Sus respiraciones eran irregulares y dolorosas, no sabía cómo regularse. Nunca había sentido algo así.
A lo largo de su vida, había perdido muchas cosas. Partidas, oportunidades, vagas amistades y experiencias. Dejó de lado muchas otras y se desenlazó de otras. Pero esto era nuevo.
Cayó en cuenta de que quizá nunca volvería a escuchar la voz de Reo diciéndole “Sei”. Su risa no volvería a llenar el departamento que ahora se sentía enorme. Aquella angelical sonrisa ya no lo recibiría en las mañanas y mucho menos sus suaves caricias.
Seishiro, que siempre había sido indiferente ante casi todo, descubrió lo que significaba perder a algo importante, lo que era la frustración y el dolor en su máximo esplendor, golpeándole cruelmente justo en su corazón.
/ᐠ ╥ ˕ ╥マ
Al día siguiente, el frío de la mañana se sentía más áspero de lo normal. Seishiro estaba parado frente al edificio de la facultad, con las manos hundidas en los bolsillos y un café caliente en la mano. El que sabía que era el favorito de Reo.
Lo vio entrar con Kunigami a su lado, riéndose de algo que él no sabía. Seishiro se obligó a tragar el nudo en su garganta y se mentalizó en acercarse.
— Reo. — Llamó.
Reo se detuvo en seco al oír aquella voz detrás de sí. Kunigami también se giró con curiosidad, su sonrisa se desvaneció ligeramente al verlo, pero su atención seguía pegada a cada expresión del peli morado a su lado.
— Hola, ¿Qué ocurre, Nagi? — La voz de Reo fue tan fría que dolió más de lo que esperaba.
Sin embargo, Seishiro levantó de igual manera en su dirección el vaso de café con su mano temblando ligeramente por el temor a un inminente rechazo.
— Te traje esto. Sé que no duermes bien cuando hay semanas de exámenes.
Reo miró el café, luego a él, sus ojos se suavizaron, pero su expresión no cambió.
— No lo quiero, gracias.
Las palabras fueron un golpe directo a sus inestables sentimientos. Sintiendo el rechazo como una bofetada bajó el brazo lentamente.
— Reo…
— Basta, Nagi. — su voz salió temblorosa. — No puedes aparecer de la nada y fingir que todo está bien. No funcionan así las cosas.
Kunigami, que se había mantenido al margen de la situación, puso una mano suave en el hombro de Reo, como si quisiera calmarlo. El albino sintió cómo la sangre le hervía por un segundo, pero trató de pasarlo por alto. No estaba aquí para discutir.
— No estoy fingiendo. —susurró negando lo dicho con tono honesto. — Solo… Quiero arreglar mis errores y… empezar de nuevo.
Reo apretó los labios, y por un instante, creyó ver más allá de su enojo una mezcla entre el alivio, la alegría y la frustración. Pero esa expresión se apagó rápido.
— Llegas muy tarde, Sei.
Aquella indiferencia con la que pronunció aquel apodo que solía liberar mariposas en su estómago y hacerle cosquillear sus mejillas le estrujó el corazón.
Reo se dio media vuelta y se fué, seguido por Kunigami que lo vio con lástima, haciéndolo sentir molesto, no quería su compasión. Para Nagi, él solo era una gata rompehogares.
Se quedó allí, con el café en las manos, al igual que su corazón que latía pesado, como si cada bombeo lo desgastara un poco más. Quiso seguir a Reo, o quizá lanzar el vaso muy lejos. Pero no hizo nada.
No quería seguir sintiéndose miserable y ver como la única persona que le importaba y amaba. Iba a recuperarlo, iba a esforzarse y no iba a rendirse.
*★,°*:.☆:*.°★* 。
Nagi apretó los dedos alrededor del vaso de café, sintiendo el calor filtrarse en su piel. Reo siempre decía que el café frío era un castigo peor que cualquier examen. Pero ahora, no importaba si estaba hirviendo o congelado, porque Reo no lo quería.
Lo observó alejarse con Yuukimiya, su espalda rígida, la tensión en sus hombros evidente incluso cuando intentaba fingir que nada de esto le importaba.
Pero le importaba.
Nagi lo sabía.
Suspiró, pasándose una mano por el cabello. No iba a rendirse. No esta vez.
El plan de Nagi no era un plan en absoluto. No tenía la paciencia o energía para hacer estrategias complicadas ni el talento para las palabras como Reo. Pero lo que sí tenía era determinación.
Así que empezó con lo básico: estar allí.
Cuando Reo se quedaba estudiando hasta tarde en la biblioteca, Nagi también estaba ahí, con su propia pila de libros que apenas le interesaban. No le hablaba mucho, pero se aseguraba de que hubiera una botella de agua en su mesa o un paquete de snacks al alcance.
Cuando lo veía en los pasillos con Yuukimiya, no apartaba la mirada. Reo tampoco.
Cuando Reo salía a correr para despejarse, Nagi lo alcanzaba, sin decir nada, corriendo a su lado hasta que sus pulmones ardían y sus piernas temblaban.
Al principio, Reo lo ignoraba.
Después, lo miraba con el ceño fruncido.
Y luego, un día, mientras Reo bebía agua tras una carrera particularmente agotadora, lo miró y dijo con fastidio:
—¿Vas a seguir con esto?
Nagi, aun recuperando el aliento, solo se encogió de hombros.
—Sí.
Reo chasqueó la lengua y desvió la mirada, pero no dijo que se detuviera.
Nagi sonrió para sí mismo.
*★,°*:.☆:*.°★* 。
Lo siguiente fue más difícil.
—Mikage, ven.
Reo se detuvo en la puerta de su salón y miró a Nagi con suspicacia.
—¿Qué quieres?
—Cinco minutos —dijo Nagi, metiendo las manos en los bolsillos.
Reo dudó, pero al final suspiró y lo siguió. Se alejaron de la multitud y se detuvieron junto a la cancha vacía.
Nagi sacó algo de su chaqueta y se lo tendió.
Era un llavero. Un pequeño gato blanco, con una bufanda violeta.
Reo parpadeó.
—Es el que perdiste el mes pasado —explicó Nagi, mirando hacia otro lado—. Lo encontré en mi casa hace poco.
Reo lo tomó con cuidado, pasando los dedos sobre algunas marcas de desgaste que había en el gatito. Era suyo. El que había comprado con Nagi en una feria escolar ya que hacía juego con otro gatito violeta que poseía Nagi, aquel llavero que pensó que había desaparecido para siempre.
Su garganta se cerró.
Cuando volvió a alzar la vista, Nagi ya se había ido.
Y Reo se quedó allí, sosteniendo el llavero con más fuerza de la que quería.
*★,°*:.☆:*.°★* 。
El llavero estuvo en su bolsillo todo el día.
Reo no quería admitirlo, pero sus dedos lo buscaron más veces de las necesarias. Lo sentía ahí, el pequeño recuerdo de algo que había creído perdido. De algo que Nagi le devolvía como si con eso pudiera reparar lo que había roto.
No iba a ser tan fácil.
O al menos, eso quería creer.
Al día siguiente, cuando Reo llegó a su casillero, encontró una barra de chocolate dentro.
No tenía una nota, pero no la necesitaba.
—Idiota —murmuró, pero se la guardó en la mochila en lugar de tirarla.
Esa tarde, cuando Nagi pasó junto a él en la biblioteca, su mirada se cruzó con la suya por un segundo. Y Reo vio algo en sus ojos.
Algo que le hizo querer creer.
Pero no estaba listo.
No todavía.
Los días pasaron, y la presencia de Nagi se convirtió en algo constante. No invasivo. No desesperado. Solo ahí.
Y Reo se dio cuenta de algo molesto: lo extrañaba cuando no estaba.
Porque cuando Nagi estaba cerca, aunque fuera en silencio, aunque no le hablara directamente, sentía una especie de calma.
Como si todo pudiera volver a estar bien.
Pero no podía dejarlo ganar tan fácil.
Así que cuando Nagi se sentó junto a él en la cafetería sin pedir permiso, Reo alzó una ceja.
—¿Siempre vas a seguirme?
—Hmm. Hasta que me odies —respondió Nagi, mordiendo su pan con total indiferencia.
Reo suspiró.
—Eres insoportable.
—Lo sé.
Lo peor de todo es que Reo tuvo que morderse la lengua para no sonreír.
Yuukimiya se cruzó con Nagi después de clases.
—No te rindes, ¿eh?
Nagi se encogió de hombros.
—No.
Yuukimiya lo miró por un momento antes de suspirar.
—Solo no lo lastimes de nuevo.
Y por primera vez, Nagi lo miró directamente.
—No lo haré.
Yuukimiya sonrió con algo de diversión.
—Entonces, suerte. La vas a necesitar
El verdadero quiebre llegó una noche de lluvia.
Reo salía tarde de clases cuando vio a Nagi esperándolo en la entrada, con su capucha puesta y las manos en los bolsillos.
No dijo nada. Solo extendió un paraguas.
Reo lo miró, luego miró la lluvia, y suspiró.
—Eres un maldito terco.
—Hmm.
Y por primera vez, Reo se acercó y tomó el paraguas sin discutir.
Caminaron juntos en silencio, la lluvia cayendo a su alrededor. Y aunque no dijeron nada, el espacio entre ellos ya no se sentía tan frío.
Nagi estaba ganando.
Y Reo, en el fondo, no estaba seguro de si quería detenerlo.
El problema con Nagi era que siempre había sabido cómo meterse en su vida sin pedir permiso.
Antes, Reo lo había aceptado sin cuestionarlo.
Ahora… ahora era más difícil. Pero no imposible.
*★,°*:.☆:*.°★* 。
—No tienes que seguir haciendo esto.
Nagi levantó la vista de su celular. Estaban sentados en una banca, después de otra sesión de estudio en la biblioteca. Reo había aceptado su presencia sin decir nada, pero esa noche… lo dijo.
—¿El qué? —preguntó Nagi, con su típica expresión desinteresada.
—Esto —Reo hizo un gesto vago entre los dos—Fingir que todo puede volver a ser como antes.
Nagi lo miró por un momento y luego suspiró, guardando su celular en el bolsillo.
—No quiero que sea como antes.
Reo frunció el ceño.
—Ah, ¿no?
Nagi negó con la cabeza.
—Quiero que sea mejor.
Reo sintió cómo su estómago se apretaba y sus mejillas ardían ligeramente.
Nagi no estaba diciendo esas cosas porque sí. Nunca decía algo sin pensarlo.
Y eso lo asustaba.
Porque significaba que hablaba en serio.
*★,°*:.☆:*.°★* 。
El día que Reo se enfermó, todo se fue al carajo.
No había sido gran cosa al principio, solo un poco de fiebre y cansancio acumulado. Pero para cuando llegó la tarde, apenas podía mantenerse de pie.
Chigiri, que lo había estado ayudando con unas tareas, lo miró con preocupación.
—Reo, pareces un zombie. ¿Quieres que llame a alguien?
—Estoy bien —murmuró, pero en cuanto intentó levantarse, su visión se nubló.
No supo en qué momento terminó en la enfermería. Solo que cuando despertó, había alguien sentado junto a él.
—Finalmente despiertas —dijo Nagi, con su voz tranquila, como si esto fuera lo más normal del mundo.
Reo parpadeó, confundido.
—¿Qué…?
—Chigiri me llamó —explicó Nagi, encogiéndose de hombros—. Dijo que no parabas de decir tonterías con fiebre.
Reo sintió el calor en sus mejillas, y esta vez no era por la fiebre.
—¡No dije tonterías!
—Sí, claro —dijo Nagi, sin molestarse en ocultar la pequeña sonrisa en su rostro.
Reo bufó y se hundió más en la camilla. Pero no dijo nada cuando Nagi puso una mano sobre su frente, revisando su temperatura con una suavidad inesperada.
Y por primera vez en semanas, no discutió cuando Nagi se quedó a su lado.
*★,°*:.☆:*.°★* 。
La última barrera cayó una noche en la azotea.
Reo había subido para despejarse, buscando aire fresco después de un día agotador.
No esperaba encontrarse con Nagi.
Pero ahí estaba, recostado contra la baranda, con la vista perdida en las estrellas.
Reo lo observó en silencio. Algo dentro de él le decía que este era el momento. Que, si no hablaba ahora, nunca lo haría.
—¿Por qué sigues intentándolo?
Nagi giró la cabeza, como si la pregunta lo hubiera tomado por sorpresa. Pero su respuesta fue simple.
—Porque me importas.
Reo tragó saliva.
—Me lastimaste.
—Lo sé.
—No sé si puedo confiar en ti otra vez.
—Entonces dime cómo hacerlo.
Reo cerró los ojos un segundo, intentando calmar el torbellino de emociones en su pecho.
Pero cuando los abrió, Nagi seguía ahí.
Esperándolo.
Pero Reo se dijo que no significaba nada.
Que Nagi estuviera ahí cuando despertó en la enfermería. Que lo esperara después de clases como si fuera casualidad. Que siempre tuviera un comentario sin importancia, algo que hiciera que el día no se sintiera tan pesado.
No significaba nada.
Pero entonces, una tarde, sin pensarlo demasiado, terminó caminando junto a Nagi después de clases. No había sido planeado. No habían quedado en verse. Solo… pasó.
Y cuando se dio cuenta, ya estaban en una cafetería, sentados en la misma mesa, compartiendo un pastel de chocolate como si fuera lo más natural del mundo.
Reo miró a Nagi, que comía sin apuro, sin notar (o sin querer notar) la forma en que él lo observaba.
Y entonces lo supo.
Se estaba perdiendo de nuevo.
—Tienes crema en la cara.
Reo frunció el ceño.
—¿Dónde?
—Aquí.
Nagi se inclinó sobre la mesa y, antes de que Reo pudiera reaccionar, pasó el pulgar por la comisura de sus labios, limpiando el rastro de crema de su rostro.
Fue un toque rápido, apenas un roce.
Pero Reo se quedó helado.
Sus ojos se encontraron, y por un segundo, todo se detuvo.
Nagi apartó la mano lentamente, como si nada hubiera pasado.
—Listo.
Reo desvió la mirada de inmediato, sintiendo que su corazón estaba a punto de salirse de su pecho.
Definitivamente se estaba perdiendo de nuevo.
Yuukimiya lo notó primero.
—Te estás rindiendo —dijo una tarde con una sonrisa boba, mientras Reo guardaba sus cosas en la mochila.
Reo lo fulminó con la mirada.
—No digas tonterías.
Yuukimiya se cruzó de brazos con una sonrisa divertida.
—Reo, dejaste que te acompañara a casa. Ayer almorzaron juntos. Hoy le compraste un jugo porque "parecía con sed".
—Eso no significa nada.
—Significa todo.
Reo suspiró, cerrando los ojos un segundo.
—No quiero volver a salir herido.
Yuukimiya dejó escapar un suspiro más suave esta vez.
—Lo sé. Pero también sé que Nagi está haciendo todo lo posible para demostrártelo.
Reo apretó los labios.
Sí. Lo sabía.
Y por más que quisiera negarlo, parte de él quería creerle.
El verdadero punto de quiebre llegó una noche en la biblioteca.
Reo se había quedado hasta tarde estudiando, y para cuando salió, la lluvia caía con fuerza.
Se maldijo internamente por haber olvidado su paraguas nuevamente.
Pero cuando llegó a la entrada, ahí estaba Nagi.
Con dos paraguas.
—Sabía que olvidarías el tuyo —dijo, extendiéndole uno sin más.
Reo lo tomó en silencio.
Caminaron juntos bajo la lluvia, sin hablar mucho. Pero Reo sintió algo diferente esta vez.
Como si finalmente pudiera respirar.
Como si pudiera dejar de pelear contra lo inevitable.
Esa noche, cuando llegó a casa, vio su celular.
Su dedo se deslizó sobre la pantalla casi sin pensarlo.
Reo: Gracias por el paraguas.
Nagi tardó menos de un minuto en responder.
Nagi: 🦦👍
Nagi: Gracias por dejar que me quede
Reo miró el mensaje por un rato.
Y sonrió.
*★,°*:.☆:*.°★* 。
Días después, en la azotea, fue él quien buscó a Nagi.
Nagi lo miró con sorpresa cuando Reo se sentó a su lado sin decir nada.
Por un rato, ninguno habló. Solo miraron el cielo, el viento fresco enredando sus cabellos.
Y luego, sin girarse, Reo rompió el silencio.
—Tal vez…
Nagi lo miró de reojo.
—¿Mm?
Reo tomó aire.
—Tal vez podamos intentarlo otra vez.
Nagi parpadeó, y por un segundo, Reo casi se echó atrás.
Pero entonces Nagi sonrió.
No su sonrisa de siempre, no la perezosa o la desinteresada.
Una sincera.
Una real.
Y en ese momento, Reo supo que había tomado la decisión correcta.
*★,°*:.☆:*.°★* 。
La noche estaba en calma.
El viento entraba suavemente por la ventana entreabierta, meciendo las cortinas con lentitud. El reloj en la pared marcaba casi la medianoche, pero ninguno de los dos tenía intención de moverse.
Reo estaba acostado en la cama, con la mirada fija en el techo. Nagi estaba a su lado, apoyado en un codo, observándolo en silencio.
No había tensión.
No había palabras innecesarias.
Solo estaban ahí, juntos.
—No sé si puedo hacerlo bien —murmuró Reo, sin girarse a verlo.
Nagi parpadeó.
—¿Qué cosa?
—Esto —hizo un gesto vago entre ellos—. Nosotros.
Por un instante, solo se escuchó el sonido del viento colándose por la ventana.
Luego, Nagi se movió.
Con una lentitud inusual en él, deslizó su mano hasta encontrar la de Reo. No la tomó de inmediato, solo la tocó, dejando que el calor entre ambos hablara primero.
Reo no se apartó.
—No tienes que hacerlo perfecto —dijo Nagi, con su voz tranquila—. Solo tienes que hacerlo conmigo.
Reo cerró los ojos un segundo, sintiendo la calidez en su piel, el peso ligero pero firme de la mano de Nagi sobre la suya.
Se giró lentamente hasta quedar frente a él.
Por primera vez en mucho tiempo, dejó caer la barrera por completo.
—Tengo miedo —susurró.
Nagi asintió, como si lo entendiera sin necesidad de más palabras.
—Yo también.
Reo dejó escapar una risa suave, cansada.
—Mentiroso.
Nagi ladeó la cabeza.
—Un poco. Pero no del todo.
Reo lo miró. Realmente lo miró.
Y en esos ojos, siempre tan perezosos, tan despreocupados, encontró algo más.
Algo real.
Algo que decía que esto no era un juego.
Que no se iba a ir.
Reo sintió cómo su pecho se apretaba con fuerza.
Y, por primera vez en semanas, permitió que su cuerpo actuara antes que su mente.
Con cuidado, entrelazó sus dedos con los de Nagi.
Nagi no dijo nada. No hizo un comentario molesto, ni intentó hacer una broma para aligerar el ambiente.
Solo apretó su mano de vuelta.
Y así se quedaron.
Sin promesas vacías.
Sin apresurarse.
Solo ellos, compartiendo el mismo espacio, el mismo aire, la misma certeza de que, por primera vez, todo estaba bien.
*★,°*:.☆:*.°★* 。
—Esto no es una cita —dijo Reo, con los brazos cruzados.
—Hmm. —Nagi bebió su café con indiferencia. —No lo es.
—¡Estoy hablando en serio!
—Yo también —respondió Nagi, tranquilo, mientras partía una galleta por la mitad y dejaba una parte frente a Reo.
Reo lo miró, luego a la galleta.
Suspiró.
La tomó.
No era una cita, pero estaban en su cafetería favorita, sentados en una mesa junto a la ventana, compartiendo comida.
Y Reo no pudo evitar pensar que, si lo fuera, no estaría tan mal.
*★,°*:.☆:*.°★* 。
—No tienes que estar tan nervioso —dijo Nagi mientras caminaban por la calle.
—¡No estoy nervioso!
Nagi lo miró de reojo.
—¿Entonces por qué estás caminando tan rígido?
Reo apretó los labios.
Porque sí estaba nervioso. Porque esto era real.
Habían decidido salir juntos, oficialmente. Una cita de verdad. No una "casualidad", no un "solo estamos pasando el rato".
Y Reo quería que saliera bien.
Nagi, por otro lado, parecía exactamente igual que siempre. Relajado. Tranquilo.
Pero cuando sus manos se rozaron por accidente, Nagi no se apartó de inmediato.
Y cuando entraron al cine, fue Nagi quien tomó su mano primero.
Reo no lo mencionó.
Solo entrelazó sus dedos con los de él.
Y por primera vez en la noche, dejó de preocuparse.
*★,°*:.☆:*.°★* 。
No estaban en una cita, otra vez.
No estaban en un momento especialmente romántico.
Solo estaban juntos, sentados en un banco después de haber salido de clases.
El sol estaba cayendo, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y rosados. El aire era fresco, el sonido de la ciudad se sentía lejano, casi como un murmullo.
Nagi estaba recostado contra el respaldo, con los ojos cerrados, disfrutando de la brisa.
Reo lo miró.
Lo miró como lo había hecho tantas veces antes, pero esta vez, sin miedo.
—Oye, Nagi.
Nagi abrió los ojos.
Reo no supo qué fue lo que lo llevó a hacerlo.
Tal vez fue el momento, la calma, la certeza de que, por primera vez, no tenía dudas.
Pero antes de pensarlo demasiado, se inclinó y lo besó.
Fue suave, un roce lento y contenido.
Pero entonces, Nagi reaccionó.
Lo atrapó con una mano en la nuca, acercándolo más, profundizando el beso con una intensidad que Reo no esperaba.
Era cálido.
Era eléctrico.
Era todo lo que habían contenido hasta ahora, estallando en un solo instante.
Cuando se separaron, Reo sintió su corazón latiendo con fuerza en su pecho.
Nagi lo miró, con su expresión de siempre, pero con una pequeña sonrisa en los labios.
—Ahora sí es oficial.
Reo rió, apoyando su frente contra la de él.
Sí.
Definitivamente, lo era.
*★,°*:.☆:*.°★* 。
Desde su “primer beso”, algo en la forma en que se miraban cambió.
No era que antes no se notara lo mucho que se importaban, pero ahora, cada gesto, cada mirada, cada toque, parecía tener un peso diferente.
Nagi se apoyaba más en Reo, sin necesitar una excusa.
Reo se encontraba mirándolo cuando pensaba que Nagi no lo notaba.
Y, sobre todo, sus manos siempre encontraban la forma de tocarse.
A veces, entrelazando los dedos sin decir nada.
Otras, con caricias distraídas en la muñeca del otro mientras estudiaban juntos.
Y en las mañanas frías, cuando Reo olvidaba sus guantes, Nagi simplemente tomaba sus manos entre las suyas y las metía en su bolsillo, sin decir nada.
Reo ya ni siquiera intentaba protestar.
Solo sonreía.
*★,°*:.☆:*.°★* 。
Estaban en la habitación de Reo, en una tarde tranquila.
Nagi estaba tirado en la cama, con la cabeza sobre el regazo de Reo, jugando con los dedos de su mano.
No estaban hablando de nada en particular.
Solo disfrutaban el momento.
Reo sintió cómo el pecho se le llenaba de algo cálido, algo que no sabía cómo contener.
Así que no lo hizo.
—Te quiero.
Nagi dejó de jugar con sus dedos.
Reo sintió su cuerpo tensarse por un segundo.
Y entonces, Nagi giró la cabeza, mirándolo con sorpresa.
No era que no lo supiera. No era que no lo sintiera.
Pero escucharlo así, con tanta naturalidad, con tanta sinceridad, era diferente.
Nagi parpadeó.
Luego, con la misma tranquilidad de siempre, tomó la mano de Reo y la apretó contra su pecho.
—Yo también.
Reo no supo si su corazón latía rápido por el contacto o por las palabras.
Tal vez por ambas cosas.
*★,°*:.☆:*.°★* 。
Reo pensaba que su relación con Nagi había cambiado lo suficiente.
Después de todo, ahora eran “algo”. No lo habían puesto en palabras aún, pero estaban juntos, con caricias que duraban más de lo necesario y miradas que decían más de lo que admitían en voz alta.
Por eso, cuando Nagi le envió un mensaje diciendo “Ven a mi casa después de tus clases. Es importante”, sintió un pequeño escalofrío recorrer su espalda.
¿Importante?
Cuando llegó, Nagi abrió la puerta con su expresión de siempre, pero algo en su mirada lo delató.
Nervios.
—¿Pasa algo? —preguntó Reo, entrando con cautela.
—Hmm. Sí.
Reo arqueó una ceja.
Nagi lo guió hasta su habitación, donde todo parecía normal… excepto por un pequeño objeto sobre la cama.
Un llavero.
Reo frunció el ceño y se acercó.
Era un infinito, con un grabado pequeño en la parte trasera, era la fecha del día
Su corazón se apretó.
—¿Nagi?
Nagi lo estaba mirando directamente, con una seriedad que rara vez mostraba.
—Quiero que seamos novios otra vez. Como antes, pero mejor, mucho mejor.
Reo sintió un calor recorrer su pecho.
Se rió suavemente, tomando el llavero entre los dedos.
—Esto es muy romántico para ser tú.
—Hmm. Es por qué me gustas mucho —respondió Nagi, como si fuera la cosa más obvia del mundo.
Reo sintió su cara arder.
Se cubrió la boca con la mano, mirando a otro lado.
—Dilo de nuevo.
—Me gustas mucho.
Reo sintió su corazón explotar.
Nagi se rió bajo.
—¿Entonces? ¿Quieres ser mi novio?
Reo respiró hondo, tratando de calmarse, pero no podía dejar de sonreír.
—Por supuesto que sí, tonto.
Nagi tomó su muñeca y tiró de él con suavidad hasta hacer que se sentara en la cama.
Luego, sin pensarlo demasiado, lo besó.
Lento, cálido, como si sellara su promesa con sus labios.
Y Reo, sin dudarlo, lo besó de vuelta.
Porque sí, ahora era oficial.
Pero más que eso…Siempre había sido él.
Siempre sería él.
