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Love 119
“Deberías dejar de ser tan orgullosa” el consejo de su padre resonaba en su mente una y otra vez.
En su interior había una lucha entre su ego y corazón. Tenían un fantasma que detener, no podía estar perdiendo el tiempo con ese tipo de situaciones. De seguro solo estaba malinterpretando todo, solo eran gestos cariñosos y nada más. Momoko no le estaba dando entrada de nada, solo estaba siendo ella misma y solo era su mente pre adolescente la que la estaba confundiendo.
— Uno —una voz espectral se escuchó, sumiendo al salón en un silencio producto del miedo.
—Al parecer esa cosa no se limita a estar en la escuela vieja —susurró para sí misma.
— Dos —al parecer la cuenta iba continuar.
Sin embargo, los segundos pasaron y el siguiente número no llegaba. El señor Sakata lanzó un largo suspiro, el mayor pensaba que seguramente algún alumno había decidido realizar una pequeña broma. Pero los alumnos sabían que no era así, algo se estaba manifestando otra vez.
— ¡Vamos, déjalo ir y termínalo! —aquella voz infantil pero espectral gritó con rabia.
¿El problema? Satsuki solo pudo oírla en su cabeza, nadie más en el salón parecía haberla escuchado.
Aquello había provocado que lanzara un grito y se cayera de su asiento producto del susto, desencadenando un estallido de risas en el salón.
Por si esa humillación no fuera suficiente, una pequeña risita proveniente del pasillo hizo que deseara ser tragada por la tierra. Momoko observaba la escena desde ese sitio de forma silenciosa. Satsuki no pudo evitar sonrojarse, importándole poco las burlas de sus compañeros en esos momentos.
—Solo estoy confundida —se dijo a sí misma, aunque con muchas dudas dando vueltas en su cabeza.
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La adolescencia es el momento en que más impulsivo y más idiota te vuelves. Solo eso podía explicar porque Satsuki había accedió a investigar en la escuela vieja únicamente acompañada por Momoko, por esa chica que no abandonaba su mente y le causaba conflictos internos muy difíciles de entender para ella.
—¿Me estás poniendo atención, Satsuki? —no, era más que claro que no lo estaba haciendo.
Miyanoshita no pudo evitar observar con detalle el rostro de la mayor. Sabía que era considerada una de las chicas más lindas del colegio, pero nunca se le pasó por la mente estar entre los alumnos que pensaran eso acerca de Momoko. Una parte de ella le decía que su amiga le había robado el corazón, y otra le decía en repetidas ocasiones que solo estaba malinterpretando todo.
—Uno uno nueve, uno uno nueve, creo que mi amiga quedó sorda —Momoko dijo entre risas simulando una llamada de teléfono— Es una emergencia.
Satsuki pareció volver a la realidad con ese simple chiste. “Esta chica puede matarme y salvarme la vida al mismo tiempo” pensó, al mismo tiempo que esa parte que creía racional guardó silencio por primera vez.
— Ya ha comenzado —la misma voz espectral se volvió a oír en los pasillos de aquel viejo edificio— ¡Libérate!
—¿Escuchaste eso? —Satsuki volteó a ver a su amiga— Dime que lo escuchaste, por favor —le asustaba la idea de ser la única que escuchara al fantasma otra vez.
—Satsuki, tranquilízate un poco —la mayor se preocupó al ver lo alterada que se veía su amiga— También lo escuche, así que cálmate por favor.
—Ay, que alivio —Satsuki sólo pudo agradecer a toda entidad que se le ocurrió al saber que no fue la única que escucho al fantasma esta vez.
—La sellaremos, cómo lo hemos hecho con los demás —Momoko tomó la mano de la menor para darle consuelo mientras le brindaba esa tierna sonrisa que solo ella poseía.
De repente, el mundo de Satsuki pareció iluminarse. La mayor era como una linterna capaz de iluminar la oscuridad más profunda. Sí la observaba con atención, entendía porque Koigakubo se robaba las miradas de todo aquel que la conocía.
Y es que desde hace algunas semanas, no importaba sí estaban en algún salón, en la calle, con el resto de sus amigos o en medio de una gran cantidad de personas, Miyanoshita solo podía visualizar a la mayor y a nadie más.
—Concéntrate —dijo mientras la soltaba, regresando el ambiente a la normalidad— Pareciera que estás enamorada —Momoko volvió a reír un poco.
La menor simplemente se quedó mirando a la nada, ni ella sabría explicar qué le estaba pasando en esos momentos. Era una emoción que no sabía cómo describir, muy extraña pero a la vez emocionante.
— No estaba bromeando —otra vez la voz de aquella niña— Quería algo más que tu amistad —la voz era lastimera y llena de dolor.
—Creo que ya no eres la única que está sufriendo un mal de amores, Satsuki
—¡Que no estoy enamorada! —gritó mientras su rostro volvía a tornarse rojo.
La poca luz que iluminaba el sitio se fue de un segundo a otro, dejando a ambas chicas en total oscuridad. Las dos se pusieron alerta para esperar el posible ataque de aquel espectro.
La silueta de una niña comenzó a materializarse poco a poco, su imagen pálida y translúcida puso nerviosas a ambas chicas. La niña vestía una falda y una blusa algo anticuadas para la época. Unos ojos sin brillo ni emociones se fijaron en ellas.
— Sí te quedas en silencio, terminaras como yo —aquel fantasma señaló con su dedo a Satsuki.
La mencionada solo atinó a retroceder un poco a causa del miedo, el fantasma no parecía querer atacarlas de forma directa como los demás.
— Cobarde y orgullosa, todo lo contrario a tu madre —bueno, eso si fue un golpe bastante bajo al orgullo de Miyanoshita— Afortunadamente ya no está para ver el fracaso que tiene por hija.
—Eres una… —Satsuki estuvo a nada de abalanzarse contra el espectro de no ser por Momoko que de forma rápida tomó a su amiga por el cuello de la camisa para evitarlo.
Y así como aquella niña había aparecido, se esfumó. Dejando a ambas chicas con más preguntas que respuestas, y una de ellas a punto de ser regañada por la otra.
—¿Qué se supone que ibas a hacer, Satsuki? —Koigakubo la reprimió.
Nunca habían llegado a un enfrentamiento físico con los fantasmas, y de seguro sí lo llegaban a intentar terminarían heridas.
—¡¿No oíste lo que dijo?! —en definitiva estaba furiosa— ¡No tiene ningún derecho a hablar así sobre mi madre!
—Entiendo que eso te moleste —la mayor la tomó por los hombros con la intención de tranquilizarla— Pero sí te hubieras lanzado sobre ella cómo un animal salvaje, te habrías estrellado directo contra ese espejo que está en el pasillo.
Satsuki quería decir algo más, pero se dio cuenta que Momoko tenía razón. En aquel lugar en el que antes se encontraba el fantasma había un gran espejo con algunas partes rotas. Sí chocaba con eso, terminaría herida y muy probablemente de gravedad.
—Solo te está provocando —una de sus manos pasó a la mejilla de la menor, brindándole una pequeña caricia— Eres más inteligente y fuerte que eso, no te dejes vencer.
—Juro que sí sigue haciendo esos comentarios…
—Ahí estaré para detenerte, abrazarte o lo que sea para que no te lastimes —Momoko era firme en sus palabras— No voy a dejarte sola y menos en este tipo de situaciones. Siempre voy a estar contigo, como tu madre hubiera querido.
Miyanoshita bajó la cabeza cómo respuesta, tanto por actuar muy impulsiva como para evitar que su amiga viera su notorio sonrojo en sus mejillas. En definitiva, Momoko la iba a salvar de hacerse daño y también iba a matarla de la arritmia cardiaca que le provocaba con cada pequeño gesto que le brindaba.
—Satsuki, después de esto debemos hablar muy seriamente —la mayor rompió el silencio con ese tono firme pero amable propio de ella— Has estado actuando muy extraña últimamente y no es una cuestión paranormal. Me preocupas.
“Sí supieras que eres tú la que me hace actuar así, Momoko. Y aún no tengo idea del por qué”, pensó la menor mientras intentaba enfocarse en lo importante en ese momento, sellar al fantasma.
—No te preocupes, estoy bien —ni ella se lo creía— Solo… Tengo muchas cosas en la cabeza.
—Sabes que cualquier cosa que te pase, puedes decírmelo con confianza.
Satsuki decidió no decir nada, realmente no entendía qué le estaba pasando. Porque de la nada parecía que todo su mundo giraba alrededor de su amiga. Porque el más mínimo gesto de la mayor hacía que se pusiera nerviosa.
— Mi parte favorita es que siempre tengo razón —otra vez ese maldito espíritu— Los cobardes nunca terminan bien y simplemente se consumen en miedo y tristeza.
Pesé a su aspecto, el fantasma demostró que era más poderoso de lo que parecía. Logrando crear una barrera invisible que las separó en cuestión de segundos. Satsuki intentó pasar a través de ella, llevándose la sorpresa que dicha barrera daba pequeñas descargas de energía que empujaban con fuerza a cualquier cosa que se acercará.
—¡Momoko, juro que voy a sacarte de ahí! —sí, la menor solo pensaba en evitar que algo malo le pasara a su amiga sin darse cuenta de que ella también estaba en peligro.
—No te preocupes por mí en estos momentos —Momoko mostraba un terror absoluto en su rostro— Está detrás de ti.
La sangre de Satsuki se congeló al oír eso, con cautela y sin poder evitar temblar de miedo fijó su vista a sus espaldas, encontrándose con dicho fantasma.
— Ella te gusta mucho ¿no? —de nueva cuenta, la voz del fantasma solo se podía escuchar en la cabeza de Satsuki— Y no tiene sentido que intentes mentir, yo conozco esa forma de mirar y proteger. Eso no es amistad.
—Eso a ti no te importa —había miedo, pero también enojo en la voz de Miyanoshita, aun estaba muy ofendida por el anterior comentario de aquel espectro— Voy a sellarte y a acabar con esta tontería para siempre.
La niña soltó una pequeña risa, pero esta vez era más una risa irónica que una risa malvada.
— Adelante, ya quiero verte ocupando mi lugar cuando eso que estás callando te consuma para toda la eternidad.
—No tengo idea de lo que estás tratando decir —Satsuki sabía que debía mantener la calma, más ahora que su amiga no iba a poder cuidarla de hacer algo muy tonto.
— Por favor, esos celos que te dan cuando se le acerca un chico no son normales, esa corriente eléctrica que te recorre cuando toma tu mano no es normal —la voz rebotaba en todos los rincones de su mente, causando que Satsuki se comenzará a cuestionar sí lo que estaba sintiendo hacia la mayor era algo más allá de la amistad— Yo también estuve en tu lugar, la amaba más que a nada en este mundo.
¿Amor? Por primera vez Satsuki integró ese concepto a sus dudas. ¿Esas emociones que le provocaba Momoko podrían considerarse amor?
— ¿No te lo habías puesto a pensar? —la niña seguía hablándole de forma telepática— Eres muy inocente aunque quieres aparentar ser fuerte. .
Satsuki volvió la vista hacía su amiga, Momoko por su parte se encontraba buscando en el diario de fantasmas, intentando encontrar información sobre el fantasma. Eso le confirmó que la mayor no estaba escuchando la conversación que estaba teniendo con el fantasma.
— Tu silencio puede que salve el vínculo de amistad que ustedes tienen, pero va a matarte lentamente —el fantasma comenzó a acercarse hasta quedar muy cerca de su cara— Seríamos dos condenadas.
Otra vez Satsuki dirigió su mirada a su amiga, la mayor mediante gestos con las manos le indicó que no había nada que pudiera ayudarlas a sellar al espíritu, al menos no en el diario.
Viéndola con atención, se permitió admitir que su amiga era muy linda. Otra vez se comenzó a cuestionar sobre sus sentimientos y pensamientos hacía Momoko en los últimos días. Sintió miedo, pero a la vez emoción al darse cuenta que el fantasma tenía razón, se había enamorado de la mayor.
—Sí le digo la verdad ¿Dejarás de molestarnos? —dijo mientras regresaba su vista al fantasma.
— No solo dejaré de molestar. Sí le dices lo que en verdad sientes, yo podré librarme de este castigo y podré irme en paz —la niña fantasma le brindó una pequeña sonrisa que no daba ni el más mínimo miedo— Nos liberaremos las dos.
—¿Ella va a alejarse de mí? —Satsuki sintió miedo ante la sola idea de que Momoko la viera de otra manera después de eso.
— Eso ya no depende de mí —le dijo— Pero sí quieres quedarte aquí atrapada cómo yo…
—Nunca dije que no lo haría —se notaba que los nervios la estaban invadiendo— Solo quiero que me garantices que te irás y no aparecerás más tarde.
— Un fantasma siempre cumple su palabra —la chica comenzó a desaparecer y la barrera que separaba a ambas amigas también parecía debilitarse— A diferencia de los humanos.
Una vez la barrera desapareció por completo, Satsuki sintió como unos brazos la envolvían con cariño y preocupación. Koigakubo la estaba abrazando mientras se aseguraba que su amiga no estaba herida.
—Satsuki, gracias al cielo que estás bien —la mayor profundizó su abrazo, dejando que la cabeza de Satsuki descansará en su pecho.
El rostro de Satsuki no tardó en tornarse rojo al sentir el calor de la mayor envolviéndola. Sin dudar, correspondió el abrazo, permitiéndose sentir la cercanía de su amiga.
—Momoko, yo debo decirte algo muy importante —debía ser valiente y cumplir su palabra.
—Ella también me habló a través de mi mente —Koigakubo confesó lo que había pasado de su lado de la barrera— Dijo que tenías algo que decirme para que ella pudiera irse en paz.
—¿Te dijo algo más? —tartamudeó un poco, pensando que tal vez el fantasma había hablado demás.
—No realmente, solo dijo que no importa lo que yo piense —la mayor rompió el abrazo para poder ver a la cara a su amiga— Que lo único importante es que tu me digas acerca de lo que pasa contigo.
—Solo por favor, no me odies después de esto —Satsuki intentaba buscar las palabras adecuadas para hacer su confesión.
—No podría odiarte, eres muy especial para mí.
Miyanoshita llenó sus pulmones de aire, sí con eso también ayudaría a un fantasma a trascender estaba dispuesta correr el riesgo. Además, podría liberarse de esa carga que venía cargando sobre sus hombros desde hace algunos días.
—Desde hace un tiempo, siento que la imagen que tengo de ti se ha distorsionado —realmente no sabía qué decir— No me malentiendas, no lo digo de mala manera. Es solo que ya no te veo de la misma forma que cuando te conocí.
Momoko abrió más los ojos de la impresión, sabía por dónde iban las palabras de la menor y no sabía cómo reaccionar.
Satsuki por su parte estaba a nada de olvidar la promesa que había hecho y salir corriendo de ahí. Y lo hubiera hecho de no ser porque la imagen de la niña fantasma se dejó ver por unos segundos, recordándole el acuerdo al que habían llegado.
—Creo que me estoy enamorando de ti —listo, eso debería ser suficiente humillación para que el fantasma se fuera— Me gustas mucho, Momoko.
Y dicho y hecho, la voz del fantasma se dejó oír por última vez susurrando un tímido “ gracias ”. Mientras una pequeña luz parecía elevarse hacía el techo de la escuela vieja mientras iba desapareciendo poco a poco.
—¿Momoko, está todo bien? —Satsuki comenzó a sentir más miedo del posible rechazo de su amiga antes que a cualquier fantasma— Me dijiste que no me odiarías.
La mayor no sabía que responder, todo había sido tan repentino que ni siquiera un gesto con la cara podía hacer. Pero al ver el rostro asustado y a punto de llorar de Satsuki supo que debía calmar la situación.
—No te odio, mucho menos pienso algo malo de ti —tomó la mano de su amiga para brindarle calma— Es que jamás me imagine que tú también sentías lo mismo.
Satsuki casi se desmaya de la emoción al saber que sus sentimientos eran correspondidos. En su mente revoloteaba la frase “Te gané, fantasma idiota”.
—¿Yo también te gusto? —esos hermosos ojos verdes que Koigakubo no podía dejar de mirar se iluminaron de alegría.
—¿Qué parte de eres muy especial para mí no te quedó clara? —Momoko soltó una risa tranquila.
Miyanoshita tomó ambas manos de la mayor entre las suyas. Ambas se vieron a los ojos, no había necesidad de palabras, con esa simple mirada se dijeron todo lo que debían saber.
Satsuki se sorprendió cuando la mano de Momoko se posó en su mejilla y comenzó a acercarla a su rostro sin ser brusca. Ambas sabían lo que venía y ninguna estaba incómoda o asustada por la situación. Satsuki simplemente cerró los ojos e inclinó un poco la cabeza mientras esperaba con ansias ese maravilloso momento.
Momento que no llegó gracias al timbre que indicaba que la jornada escolar había terminado. Sacando a las dos chicas de su ensoñación.
—Supongo que será en otra ocasión —Koigakubo le guiñó el ojo a la menor mientras salía de aquel viejo edificio.
—Oye, eso no es justo —Satsuki la siguió entre risas— No me dejes con las ganas.
Ya no había secretos, solo dos corazones jóvenes que se amaban con la misma intensidad, el beso tal vez vendría en otra ocasión.
