Chapter Text
La primera pista de que algo no iba bien, debió ser la manera en que apenas se acomodó en su silla, la secretaria de Harry lo llamó a su oficina. La segunda, debió ser el ceño fruncido de Ron, quien miró extrañado a la chica, mientras ella daba el mensaje, temblando y tartamudeando.
Probablemente, si Seamus hubiera prestado más atención, se hubiera dado cuenta de este hecho; pero la adrenalina seguía dentro de él, llenándolo de una inesperada energía y buen humor. Lo suficiente para no notar la expresión de lástima que Lavander Brown, sentada a unos metros, le dirigía.
Así pues, Seamus había asentido, y se había puesto de pie, con la mano en los bolsillos, prácticamente silbando.
-Seamus, ya estás aquí, toma asiento.
Seamus obedeció, un poco menos distraído. Quizá hoy tenía una misión individual. Merlin quisiera que no fuera patrullar Callejón Diagon.
-Buenos días-saludó alegremente, como siempre.
-Seamus, toma asiento. Entonces, iré al grano. Escuché que le dijiste a Draco Malfoy que era una completa vergüenza para el Ministerio.
Seamus palideció, cada rastro de buen humor se evaporó de inmediato. Tragó saliva y miró a su jefe, quien sonreía amablemente mientras lo miraba, sosteniendo una taza de café en sus manos, que no tomaba, mientras le ofrecía una para él con un gesto; dejándolo, en el proceso, ver su anillo de matrimonio reluciendo en su dedo, como si no quisiera nada más que Seamus lo mirara y fuera consciente de su presencia. Como si le recordara algo, que estaba olvidando o dejando pasar.
O algo que Seamus había decidido ignorar deliberadamente.
-¿No vas a aceptarla? Puedo pedirle a Jessie un poco de té, si no te gusta.
Seamus debió saber en ese momento que Harry nunca ofrecía té o café cuando llamaba a sus aurores. No era tan informal. Los trataba como lo que eran. Aurores.
Daba información corta, precisa, que no requería el tiempo necesario para una de esas nimiedades.
Sin embargo, en lugar de preguntarse por qué Harry estaba tan servicial, solo podía ver su anillo. Un anillo costoso, brillante, que hacía unos días ni siquiera estaba ahí. Harry había pasado de estar absolutamente solo a inexplicablemente casado. Y con nada más y nada menos que Draco Malfoy. Draco Malfoy, quien hasta ahora había estado prácticamente invisible para la sociedad y ahora repentinamente estaba en todos lados. En el periódico, en el Ministerio, en San Mungo y Hogwarts. Donde quiera que Harry estuviera, Malfoy estaba ahí, incluso en las reuniones de pub cada viernes en la noche. Mirando a Harry con una sonrisa arrogante y rodando los ojos, prácticamente ignorando a todo aquel que no fuera Harry o Hermione, a veces, a Ron.
Como si fuera superior al resto, como si los considerara inferiores, innecesarios.
¿Cómo se atrevía?
Seamus podía ver la relación de su reciente éxito con su matrimonio con Harry. Malfoy estaba usándolo para retomar su poder en la sociedad, y solo un idiota no vería que todo había sido planeado.
-Entonces, ¿Es cierto?- preguntó Harry, devolviendo la atención de Seamus hacia él y Seamus apretó los labios, indeciso sobre qué responder, porque, bien. No quería decir que Harry era idiota, no cuando era su jefe y le estaba preguntando directamente de ello, pero pensaba que lo era. Era un tonto, y estaba dejando que Malfoy lo usara como un peldaño para volver a estar en el top de la sociedad. ¿No era mucha casualidad que saliera con Harry y se casara con él a días que Harry obtuviera su nuevo ascenso? ¿Y entonces él mismo tuviera un mejor puesto? ¿Acaso Harry estaba tan enamorado que no podía verlo? ¿No lo había revisado Hermione ya, en busca de pociones?
-También escuché que creías que no se merecía su actual nombramiento. Aunque haya estado haciendo el presupuesto del Departamento de Aurores y otros departamentos por un tiempo, en lugar del viejo Beetee, quien todos sabemos que se negaba a jubilarse, incluso si solo dormía. Tiempo en el cual no solo se ha expandido nuestro fondo de gastos, sino que se ha brindado otras comodidades, como un café que no sabe a mierda, permisos más flexibles y bonos de trabajo. Bonos que anteriormente te hacían muy feliz. Días de descanso que dijiste nos hacía sentir más valorados.
Seamus tragó saliva de nuevo, mirando la manera en que su jefe asentaba su taza y lo miraba, con ojos parecidos a un gato cazador.
No pudo hablar.
-Y no solo eso. Fuera de tu opinión sobre su puesto laboral, también has mencionado su situación civil, y cómo crees que la ha obtenido, acusándolo de engañar a su pareja, a gente en el Ministerio y básicamente al mundo mágico. Como si esto fuera la escuela, y tuvieran once años, acusándose de hacer trampa en un partido de quidditch y pretendiendo que al quejarse con un profesor, todo se solucionara, cuando ni su puesto, ni su matrimonio, tiene relación alguna contigo. ¿O lo tiene, auror Finnigan? ¿Sus decisiones laborales o personales te afectan de alguna manera?
Seamus apretó los labios, nervioso.
-Bien. Realmente esperaba que cada uno de mis aurores pudieran comportarse el tiempo suficiente para que no tenga que pedir disculpas a otros departamentos por sus comentarios. Que sean al menos lo suficientemente inteligentes como para notar que el maldito ascensor se abre y está hablando frente al departamento de Relaciones Mágicas, donde estaba el maldito Ministro, guiando a visitantes de un Ministerio extranjero. Visitantes que obviamente se encontrarían con el Jefe de Finanzas. Tú, auror Finnigan, has dejado mal parado a uno de los representantes de nuestro Ministerio, frente a desconocidos, que si Merlín les da prudencia, sabrán cerrar la boca mejor que tú.
Seamus se encogió en su lugar.
-¿Realmente no tienes nada que decir, Auror Finnigan? ¿Nada sobre tu irrespetuoso comportamiento hacia el Jefe del Departamento de Finanzas del Ministerio?¿ O ese espectáculo innecesario ante el Ministro?
-Yo...
-¿Nada respecto a la falta de respeto hacia mi esposo?
Y así, solo con esa sencilla pregunta, Harry había acojonado a Seamus. Porque esto ya no era un regaño profesional, era personal.
Harry también debió notarlo, porque suspiró y se frotó la parte superior de la nariz, cerca de los ojos.
¿Cómo se había enterado, Harry? Había, literalmente, pasado hacia menos de quince minutos. Se había encontrado a Malfoy en el ascensor, y estaba solo. Cuando vio a Seamus se ubicó prontamente en una esquina del elevador, y no se movió de ahi. Estaba ligeramente sonrojado y sudado. Seamus frunció el ceño, y apretó los dientes, ignorándolo. Lo intentó, hasta que luego no pudo. Entonces, atacó. Le hizo notar su disconformidad sobre su presencia en el Ministerio y luego se burló, preguntándole cómo había engañado a Harry para atraparlo. Para subir de puesto.
Apenas había salido del ascensor, fue a su lugar, y fue llamado...
¿Harry ya había llegado antes y las noticas corrían tan rápido? ¿Había llegado tras Seamus?
No lo había visto.
¿Malfoy ya se había comunicado con él de algún modo? ¿El Ministro le informó lo que presenció?
¿Quién de los dos dejaría peor parado a Seamus?
Probablemente Malfoy. Él había dicho, después de todo...
-Me alegra escuchar su opinión no solicitada, auror Finnigan. Le aseguro que mi esposo se enterará de esto.
No su Jefe, mi esposo.
Lo miró confiado de que Harry lo defendería por su relación.
Y luego, cuando Seamus se dio la vuelta, había hecho un resoplido de risa.
Demonios, ahora el Jefe de Aurores sabía que Seamus, su subordinado, molestaba, quizá no por primera vez, a su esposo. ¿Y qué diría Seamus? ¿Le diría que su esposo se lo merecía? ¿Que estaba exagerando? ¿Que era un tema entre él y Malfoy y no se metiera?
-Lo lamento. Seré más prudente-dijo finalmente, apretando los dientes, porque conocía a Harry, y no quería ir en su contra. Era su Jefe, podía ponerlo en guardia nocturna por meses o hacerlo llenar puro papeleo. Degradarlo de puesto a auror junior y obligarlo a ser supervisado en cada misión por un superior. Ninguna de las dos ideas lo emocionaba.
-Espero que eso sea cierto. Como Jefe de Aurores quiero que sepas que esto es una llamada de atención. No quiero problemas con el Jefe de Finanzas. Somos unos de los departamentos con mayor presupuesto, solo superados por el departamento de Relaciones Mágicas para sus eventos, o el departamento de Misterios, con sus experimentos. A diferencia del Departamento de Aurores, los demás departamentos parecen estar perfectamente agradecidos con el cambio de Jefe de Finanzas. No deseo que tome represalias contra nosotros, y retire los beneficios ya mencionados. Por tanto, le sugiero disculparse con el Jefe de Finanzas lo más pronto posible; en público, tal como lo acusó.
-Si.-Respondió a la orden, porque eso era lo que era. Una orden.
-Y si se repite, tendré que aplicar un castigo administrativo, que puede ir de descontarle el día a darle una suspensión laboral.
-De acuerdo.
-Bien, puedes retirarte.
-Gracias.
Seamus, malhumorado, se disculpó en el departamento de Finanzas unos minutos después. Fue una disculpa vacía y formal, que el Jefe de Finanzas aceptó también solo por compromiso. Seamus creyó que realmente todo había quedado atrás; excepto que el viernes, al final de la jornada, y vestido de civil, cuando estaban en medio de su segunda bebida en el bar, Harry lo miró a los ojos, y aprovechó que su esposo fue al baño, antes de llamarlo.
-¿Seamus?
-¿Si?
-Hay algo que quería decirte.
-¿Qué pasa?-preguntó, un poco desprevenido.
-Quería decirte que, como Jefe, entiendo que tengas diferencias con otros empleados del Ministerio.-Declaró suavemente.- Y como ex compañero de Hogwarts comprendo la razón por la cuál no te gusta Draco.
-Mm, bien-respondió inseguro. Especialmente cuando Harry se puso de pie, y caminó hacia él sin apartar su mirada.
-Pero como esposo, no voy a permitir que cuestiones a la pareja que escogí, o lo acoses en el trabajo si no está haciendo nada más que estar parado en el maldito elevador, intentando recomponerse antes de bajarse al departamento que coordina.
-Él no ... Yo...
-Estaba ahí, Seamus. Con un hechizo de ocultación, en el cual o soy muy bueno o tú no puedes detectar para nada y debería reevaluar tu cargo. Habíamos estado besándonos, y no estaba para nada presentable. Ni yo, ni Draco, pero sabíamos que sería extraño que parara en su piso y no hubiera nadie. Tampoco quería llegar tarde. Vi cuando subiste. Estaba ahí. Lo vi todo. Vi la manera en que volteaste agresivamente hacia él y te burlaste del hecho que no haga más que manejar dinero ajeno, siendo un empleado común en el Ministerio. Escuché como le dijiste que no era nada digno de mí, y tu opinión personal sobre él. Cómo le preguntaste si obtuvo su ascenso gracias a mi, o seduciendo a otros altos cargos, y no al duro trabajo que ha hecho por años. Iba a partirte la cara cuando él dijo que me enteraría de eso. Estoy seguro que él sabía que iba a golpearte, y eso probablemente me traería una suspensión y denigración de mi cargo, y en cambio, a pesar que estaba enojado intentó hacerme reír, al cambiar su típica frase de adolescente sobre cómo Lucius me haría pagar. Y verás, fue divertido, por unos segundos. Solo unos segundos. Porque no puedo dejar que, incluso teniéndome, él tenga que acudir a su padre, ¿No es asi? Porque Lucius me haría quedar mal y tendría razón en que no soy lo suficientemente bueno para él. Y no puedo dejar esto así, porque sería indiferente hacia él, y eso lo haría sentir herido. Mucho menos puedo dejar que él se encargue por sí mismo, porque todo su trabajo duro se arruinaría por defenderse de tus palabras, cuando empiecen a decir que tomó represalias y es lo que dices que es.
Seamus palideció al darse cuenta que la suave risa fue de Harry, especialmente cuando Harry lo sujetó del cuello, frente la mirada asustada de Ginny, Hermione, Ron y Neville, y ante el chillido aterrorizado de Lavander.
-Así que te voy a advertir una cosa. Si esto vuelve a ocurrir, si atacas a Draco sin justificación, como Jefe, voy a darte las tareas más inútiles, aburridas y fastidiosas que puedas imaginar, tantas que querrás renunciar en menos de un mes. Y como esposo, voy a partirte la puta cara si vuelves a abrir la boca y hablar así de él, incluso si eso hace que tenga que dejar mi puesto en el Ministerio ese mismo día, o el Profeta me exponga en primera plana por enloquecer. No voy a permitir que lo lastimen, así que, aún si creen que soy el siguiente Voldemort, si tengo que defenderlo de todos y cada uno de los empleados del ministerio, voy a hacerlo. No tienes que ser su amigo, pero vas a respetarlo o te haré respetarlo.
Seamus asintió.
- Y como pareces tan interesado en nuestra vida romántica, voy a decírtelo. No nos casamos repentinamente. Salimos por casi dos años, simplemente decidimos salir juntos y casarnos lo más discretamente posible, para que pudiéramos disfrutar nuestra maldita relación, sin que todo el mundo estuviera molestando. Y sí, fue beneficioso para él social y económicamente, pero realmente no es nada que él no pudiera conseguir por sí mismo eventualmente. Es astuto, inteligente, y un maldito experto manejando e invirtiendo el dinero. Y ahora es mi esposo, y todo lo que es mío es del él. Y no olvides que soy el maldito niño que vivió, Seamus. Soy más rico cada año, así que Draco también lo es. Es por mucho, más rico que tú en este momento. Así que si vas a estar con esa actitud, no quiero verte a su alrededor. No quiero que lo mires, respires cerca de él o mucho menos lo toques. A menos que digas algo bueno sobre él, te sugiero que olvides su nombre de tu maldito vocabulario. ¿Quedamos claro?
-Harry... Draco ya salió del baño.
La voz de Ron, casi ahogada, hizo a Harry soltar a Seamus, tirándolo en su asiento.
-Me expliqué, ¿No es así?
-Sí. Si, maldita sea.
-Me alegra que nos entendamos, Seamus. No querría que fuese como quinto año, y tenga que demostrarte que no miento.
Harry se dio la vuelta, y fue directo a la barra a pedir unas bebidas. Ron supo, por sus movimientos, que estaba menos enojado que antes, pero aún quería golpear algo.
-¿Qué diablos?-se quejó Seamus, acomodando su cuello.-¿Es que está loco? ¿Qué diablos tiene Malfoy de bueno que lo tiene asi? ¿Es tan bueno en la cama o qué?
Ron resopló.
-Sabía que no iba a dejarlo así. Solo cállate y termina tu bebida, Seamus, y agradece que no te partió la cara.
Finnigan resopló.
-Y una mierda, me voy a casa.
Haciendo un movimiento de mano, Ron le quitó importancia, e ignoró sus movimientos al alejarse.
Cuando Draco llegó, mirando alrededor y frunciendo el ceño ante la falta de Harry y Seamus, Hermione sonrió y le dijo que el auror se había ido, y Harry fue a buscarle algo de beber.
-¿Lo golpeó?-preguntó preocupado.
-No, nada de que preocuparse- respondió Ron, bebiendo otro trago.
Draco suspiró y caminó a la barra. Harry estaba haciendo una mueca, así que Draco lo abrazó por detrás, y le dio un suave beso en la mejilla.
De inmediato, Harry sonrió.
-Hola, tardaste, ¿Habia fila?
Draco parecía querer decir muchas cosas, pero solo negó y tomó la mano de Harry, sonriendo.
-¿Vamos a casa? Beber es bueno, pero solo quiero acurrucarme en el sofá.
Harry sonrió enormemente y besó su cabello.
-Claro que si prefieres quedarte un rato, sé que hace mucho que no sales con ellos. No quiero interponerme.
-No te interpones en nada, Draco. Te amo. No importa qué diga Seamus, o los demás- exclamó volteando y mirándolo a los ojos-realmente te quiero. No debí haberte arrinconado en el elevador ese día. Perdóname.
Draco lamió sus labios, recordando la manera en que se habían restregado contra el otro.
-Casi nunca lo hacemos. Fue solo mala suerte que fuera Finnigan quien subió.
-Fue divertido.
-Sí.
-Entonces, ¿Tu esposo se enterará de esto?
Draco rio.
-Me gusta. Creo que usaré esa frase de hoy en adelante.
Harry sonrió, satisfecho.
-Vamos a casa a acurrucarnos en el sillón. Y será mejor que no le digas a tu padre nada de lo que haremos, o le dará un infarto.
