Actions

Work Header

Amor Bajo Lupa

Summary:

En una ciudad donde el lujo y la indiferencia conviven en cada esquina, dos mundos opuestos estaban destinados a encontrarse. Shadow Milk, un joven trans marcado por cicatrices visibles e invisibles, intenta recomponer su vida tras haber sido despedido injustamente de la agencia de moda donde brilló como diseñador. Con apenas lo suficiente para pagar las facturas, carga sobre sus hombros una responsabilidad aún mayor: cuidar de Candy Apple y Black Sapphire, dos adolescentes abandonados por sus padres, que han encontrado en él algo parecido a un hogar.

Mientras tanto, al otro lado de la balanza, Pure Vanilla Cookie reina desde la cima de su imperio, Pure Essence, con una sonrisa amable y una reputación impecable. Para el mundo, es un filántropo ejemplar; pero bajo esa fachada late una obsesión silenciosa, una fijación que despertará el día en que sus ojos se posen sobre la figura de Shadow Milk.

Lo que empieza como un encuentro casual en una pequeña heladería de barrio será el primer hilo de una red invisible, tejida entre necesidad y deseo, en la que el destino, la ambición y la obsesión comenzarán a entrelazarse…

Notes:

¡Hola a todos! ✨
Esta es mi primera obra en la plataforma y nace de mi gusto por mezclar drama, emoción y un poco de obsesión peligrosa. Me inspiré en darle a los personajes de Cookie Run Kingdom un entorno más realista, con problemas cotidianos y relaciones intensas.

Shadow Milk, Pure Vanilla y compañía están aquí para sufrir, crecer y arrastrarnos con ellos.
Gracias por leer y acompañar este inicio 💙.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: El Peso de la Dulzura Ajena

Chapter Text

El amanecer en la ciudad era un espectáculo de luces tenues que se filtraba entre los edificios, pero en el pequeño apartamento de Shadow Milk Cookie, la mañana se derramaba a raudales por la ventana sin cortinas, iluminando un sinfín de partículas de polvo que danzaban con indolencia, como espíritus atrapados en un rayo de sol. Eran las huellas de una vida demasiado ocupada para dedicarse a limpiar, de prioridades que habían cambiado exclusivamente.


Shadow Milk, con su melena azul marino y negro alborotado por la prisa de otra noche de insomnio, clavaba la mirada en la pantalla de su laptop. La luz azulada se reflejaba en sus ojos, nublados por una mezcla de desesperación y una frustración que le tensaba la mandíbula. Sus dedos, que una vez habían esbozado los diseños más revolucionarios para las pasarelas de la ciudad, ahora recorrían con torpeza anuncios de empleo que parecían burlarse de su situación. Cada "Se busca modelo con experiencia...", "Diseñador gráfico con cinco años mínimo en el sector...", "Gerente de logística con MBA..." era un recordatorio punzante de todo lo que había perdido. El malentendido que le costó su carga en "Mystic Stitch" aún le molestaba, una herida abierta que no dejaba de doler y arder con cada rechazo automatizado.


-¡Sombra! ¿Viste mi moño negro? ¡El satén! —La voz aguda y ligeramente estridente de Candy Apple Cookie retumbó desde el pasillo, seguida por el estrépito familiar de cajones siendo abiertos y cerrados con una violencia contenida que era su forma normal de existir.


—¡En la silla de la mesita! —respondió él, sin levantar la vista de la pantalla, su voz un poco ronca por el desuso matutino—. Junto a tu osito de peluche.


Sabía que ese detalle íntimo, ese pequeño recordatorio de su devoción por ella, actuaría como un talismán instantáneo. Candy Apple anhelaba su aprobación por encima de todo, como si sus palabras fueran capaces de conjurar el caos propio de su mundo adolescente.


La chica de quince años irrumpió en la sala como un remolino de energía desbordante. Enfundada en su uniforme escolar, que ya le quedaba un poco corto, con sus dos coletas blancas perfectamente elaboradas y adornadas con minúsculas horquillas de manzana caramelizada, era la personificación de la exuberancia juvenil. Sus ojos rojos brillaban con una excitación que parecía a punto de desbordarse.


—Hoy hay examen de matemáticas. El final. ¿Crees que lo aprobaré? La profesora Blueberry Pie me tiene manía, lo juro.


—Por supuesto que lo harás, pequeña mentirosa —dijo Shadow Milk, esbozando una sonrisa que le costó un mundo de fatiga acumulada. Fue un gesto aprendido, un vestigio de cuando su sonrisa era genuina y no una herramienta para proteger a los demás—. Pero recuerda: no inventes respuestas como la vez pasada. Que dos más dos son veintidós porque "los números se multiplican cuando se aman" fue poético, pero los profesores no aprecian la creatividad tanto como yo.


Candy Apple rio con una carcajada que sonaba a campanillas de feria, un sonido que, por un segundo, iluminó la estancia gris. —¡Lo prometo! Esta vez jugaré con sus reglas. No te decepcionaré, será la mejor de la clase, te lo aseguro. ¡Dedicaré el aprobado a ti!


—Que así sea —susurró él, y extendiendo la mano para acariciar su cabeza con una ternura que solo ella y su hermano lograron extraer de lo más hondo de su ser, de un lugar que aún no se había secado por completo.


En ese instante, como contrapunto perfecto a la energía caótica de Candy, Black Sapphire surgió de su habitación. Con apenas diecinueve años, poseía una serenidad que desafiaba su edad. Vestía un sencillo conjunto negro de líneas limpias que, sin embargo, lucía en el una elegancia innata y austera. Su cabello azabache y sus ojos color púrpura profundo reflejaban una sabiduría precoz y un escepticismo que iba más allá de su tiempo.


—Candy, deja de molestarlo. Él tiene cosas más importantes en qué pensar que en tus fantasías escolares —dijo con un sarcasmo leve, matizado por un afecto indisimulable que solo se permitiría mostrar en la intimidad de su hogar.


—¡Tú eres el molesto! —replicó la menor, lanzándole suavemente un cojín del sofá, que Black Sapphire esquivó con un movimiento casi imperceptible de la cabeza.


—Basta, ustedes dos —intervino Shadow Milk, poniéndose de pie con un suspiro que pretendía ser de fastidio pero que en realidad era de puro agotamiento—. Zafiro Negro, ¿ya desayunaste?


—Así es. Avena con canela. Pero nuestra pequeña tormenta de azúcar aquí dejó el jarabe de manzana derramado otra vez. Ya limpié todo, no se preocupe. No quedarán residuos pegajosos.


Una punzada de culpa, familiar y corrosiva, atravesó el estómago de Shadow Milk. Black Sapphire siempre asumía esas responsabilidades domésticas que no le correspondían, protegiendo a su hermana menor ya él mismo con una madurez que jamás debería haber tenido que cargar. Tras el abandono de sus padres, él había asumido el papel de cuidador por pura necesidad, una figura difusa a medio camino entre el hermano mayor, el tutor legal y la sombra de un padre que nunca supo ser. Los había acogido hacía cinco años, cuando su carrera en "Mystic Stitch" brillaba con luz propia y la vida parecía estable, ordenada y prometedora. Ahora, todo era incertidumbre, facturas apiladas como acusación mudas y el ruido constante de una lucha silenciosa que libraba cada día.


Se dejó caer de nuevo frente a la laptop, su mirada perdida entre los sobres marrones y blancos apilados en un rincón de la mesa: la luz, el agua, el internet, el alquiler. Cada uno era un ladrillo más en un muro que parecía crecer hacia el cielo. Sus ahorros, meticulosamente acumulados durante años, se esfumaban como azúcar bajo la lluvia, gota a gota. Sus amigos, "Las Bestias" —Burning Spice, Eternal Sugar, Mystic Flour y Silent salt— lo apoyaban con una solidaridad inquebrantable, pero ellos también navegaban en el mismo barco a la deriva tras ser despedidos por la empresa. No podía, no quería, convertirse en una carga más para ellos. Su orgullo, maltrecho, pero aún vivo, se negaba.


De pronto, entre un mar de requisitos imposibles, un modesto anuncio capturó su atención: "Se busca mesero para heladería 'Paraíso Glacial'. Turnos flexibles. Ambiente dinámico. Sin experiencia necesaria. Aplicar en persona". Las palabras parecían simples, casi banales, pero para él eran un salvavidas. No era diseñador de moda, no era el trabajo soñado, ni siquiera se acercaba a lo que merecía según su currículum, pero las facturas no se pagarían solas con sueños de grandeza. Casi sin respirar, como si temiera que la oportunidad se esfumara, tomó su decisión y aplicó sin pensarlo, arriesgándolo todo a un único movimiento.


Minutos después, mientras intentaba decidir si cambiarse o no, un tono de llamada insistentemente alegre cortó el silencio abrumador del apartamento. Un número desconocido. Con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho, contestó. La voz al otro lado era amable pero directa: era la gerente de "Paraíso Glacial", había visto su breve solicitud online (¿cómo había llegado tan rápido?) y, si podía, lo esperaban para una entrevista esa misma tarde. Colgó con la mano temblorosa.


—Black Sapphire, Candy Apple —llamó, forzando su voz para proyectar una seguridad que le resultaba profundamente ajena, que le sabía una mentira—. ¡Tengo una entrevista de trabajo! ¡Cuiden el apartamento mientras estoy fuera! Es probable que vuelva algo tarde.


—¡¡Por supuesto!! —gritó Candy Apple, saltando de emoción y chocando casi con una lámpara—. ¡Cocinaré algo delicioso para cuando regreses! ¡Una sorpresa!


—Yo me encargaré de que no incendie la cocina ni convierta la sorpresa en una declaración de guerra bioquímica —acotó Black Sapphire con su serenidad característica, acercándose para ajustarle el cuello de la chaqueta. Su mirada púrpura se encontró con la de él, seria y penetrante—. Solo... no permita que se aprovechen de usted, señor. No se deje pisotear. Recuerde quién es y todo lo que vale.
Sus palabras, cargadas de una fe absoluta que él mismo no sintió, lo atravesaron. Asintió, sin confiar en su voz.


Para la entrevista, Shadow Milk vistió con una determinación férrea. No un traje—eso habría sido demasiado—, sino su armadura casual: una blusa negra de manga larga ceñida en la cintura con mangas abullonadas que añadían volumen a su silueta delgada, pantalones de cuero ajustados y sus botas de tacón de aguja, las que hacían un clic-clac contra el suelo. Frente al espejo del baño, con manos que no temblaron, se aplicó maquillaje con la precisión de un artista, afilando sus facciones andróginas y ocultando su suavidad natural bajo líneas duras de delineador y sombras oscuras. No se maquillaba para embellecerse, sino para construir una persona: feroz, imperturbable y capaz. Al contemplar su reflejo en el espejo, vio a un hombre menudo pero formidable, listo para enfrentarse al mundo una vez más, aunque por dentro se sintiera como un niño asustado.


La heladería "Paraíso Glacial" era un local absurdamente acogedor, con paredes de colores pastel, mobiliario de madera clara y un aroma embriagador a vainilla tostada, frutas frescas y azúcar caramelizado que se le antojó agresivamente. Un contraste brutal con la amargura que llevaba dentro. La manager, una mujer entrada en años con gafas de montura gruesa y un rostro que parecía haber sonreído mucho, lo recibió con un escepticismo apenas disimulado.


—Shadow Milk, ¿verdad? —preguntó, revisando su hoja de vida—. Dice aquí que es diseñador... ¿Sin experiencia en servicios?


—Soy diseñador de moda... o lo era —rectificó, empleando el tono grave y seguro que usaba para dar instrucciones a sus modelos en las pasarelas—. Estoy acostumbrado a tratar con clientes exigentes, críticos de moda y editores con poco tiempo y mucho ego. Mantener la compostura bajo presión es mi segunda naturaleza. Y aprendo rápido.


La mujer lo observa por un momento por encima de sus gafas, evaluando su postura, su mirada desafiante, su ropa. Pareció encontrar algo, quizás la determinación que se ocultaba bajo la fachada.


—Bien, probemos. Necesitamos gente para el turno de tarde, de cuatro a diez. El sueldo es la base, pero las propinas suelen ser buenas, especialmente los fines de semana. —Hizo una pausa—. ¿Puedes empezar hoy mismo?


Shadow Milk contuvo el aliento. Hoy. Significaba menos dinero del que necesitaba, humillación, dolor de pies seguro. Pero también significaba poder pagar la factura de la luz que llevaba dos semanas vencida. Aceptó con un simple "Por supuesto", sin permitirse vacilar. Aquel empleo no era nada glamuroso, era la antítesis de todo lo que había construido, pero cada centavo contaba. Cada centavo era para ellas.


Esa noche, de regreso a casa con los músculos doloridos y el orgullo magullado por los comentarios de unos clientes maleducados, encontró el apartamento en calma y con un olor peculiar a manzana quemada y algo más... aceptable. Candy Apple y Black Sapphire ya dormían. En la mesita de centro, un plato con un sándwich torpe pero cuidadosamente preparado lo esperado, junto a un dibujo de las tres sonriendo frente a una heladería gigante.


Con una sonrisa cansada, se sentó en su viejo sillón. Sus dedos, que una vez habían esbozado diseños revolucionarios para las revistas más exclusivas, que habían elegido seda italianas y encajes franceses, ahora tomaron aguja e hilo. Con meticuloso cuidado, cosió un pequeño peluche de conejito de nieve para Candy Apple, para celebrar su nuevo trabajo en la heladería, y ajustó el dobladillo del único traje formal de Black Sapphire para su próximo evento académico. Cada puntada era un mantra, una promesa. No era la vida que había soñado, pero, al observar sus rostros tranquilos en la penumbra, iluminados por la tenue luz de la lámpara, comprendió que era la vida que había elegido amar.


Al final del día, Shadow Milk se recostó en el sofá, vencido por un agotamiento físico y mental que lo embargaba por completo. El silencio era ahora un compañero amable. Candy Apple y Black Sapphire dormían plácidamente en sus habitaciones, abrazados a los peluches que él les había fabricado con sus propias manos. En la oscuridad, comprendió que, de alguna manera inexplicable, ellos se habían convertido en su musa y su motor, su ancla y su vela en un mar de decepciones propias y ajenas. Podría fallar a sí mismo. Podía renunciar a sus sueños. Pero no podía, bajo ningún concepto, engañarlos a ellos. Y por esa dulzura ajena que pesaba más que cualquier oro, valía la pena cargar con el peso del mundo.

Notes:

Quise empezar esta historia de manera ligera, mostrando el día a día de Shadow Milk y la dinámica con los hermanos. Pero esto apenas es la introducción: en los próximos capítulos, Pure Vanilla hará su aparición, y con él llegará un cambio que alterará todo el rumbo de la trama.