Chapter Text
Una habitación apenas iluminada por un foco que parpadeaba por las fallas eléctricas. Un lugar impregnado de sangre, al grado de que era grotesco de ver, y el olor a hierro del líquido rojo que estaba salpicado en las paredes picaba en la nariz.
Una respiración pesada es lo único que se escucha en ese lugar.
El rubio cabello de Jack está mojado y manchado entre sudor y sangre. Su mirada se pasea por el lugar y limpia el fluido que escurre por su mejilla. No está seguro de qué es: tal vez sangre, quizás sudor, podría ser saliva; lo que sabe es que le molesta la sensación. Limpia su rostro entero con la parte interna de su codo, que está cubierto por la camisa de cuadros que se puso esa mañana.
—Cielos, Dynaguy —suelta una risa mientras le da una palmada al cuerpo sobre la mesa—, por un momento pensé que no podría contigo —suspiró con fuerza—. Casi logras ganarme.
La vista es admirable. Ese hombre sí que daba pelea. Por un momento, Jack creyó que tendría que usar su radioactividad para neutralizar a Dynaguy. Esto de deshacerse de los súpers era algo que le gustaba hacer a puño limpio, usando la mínima cantidad posible de su superpoder.
—Bien —tomó el cuchillo de la mesa y caminó hacia la puerta—. Iré a preparar todo. No te vayas —sonrió—, te juro que volveré.
Caminó por el oscuro pasillo para abrir otra puerta y entrar. Cerró tras de sí y encendió la luz. Caminó hasta el escritorio y se sentó, sacando de la gaveta una libreta. La puso sobre todas las hojas sueltas con anotaciones que tenía regadas y comenzó a escribir.
"D y n a g u y
Desventajas: Espacio reducido. Cuerpo robusto, le dificultó ligeramente moverse por el espacio. No consideró el uso de armas regadas por el lugar.
Puntos de investigación: cabeza/frente"
Ese hombre había sido difícil de derribar, lo admitiría sin pena. Pero, bueno, no tenía tiempo para descansar. Se levantó y fue hacia el mueble para sacar las herramientas quirúrgicas. Las llevó de nuevo a la otra habitación y las puso sobre una mesita movible la cual acercó a la plancha sobre la que tenía a Dynaguy y tomó el bisturí.
—Veamos qué hay ahí.
Lo acercó a la frente para comenzar a abrir la piel. Sin cuidado, sin cubrirse las manos, tomó la piel y comenzó a abrirla en busca de algo, de cualquier cosa diferente en ese lugar del cual emanaba el principal poder de ese hombre. No parecía haber nada distinto, así que supuso que tal vez tenía que ver más adentro, tras el cráneo.
Dejó todo de lado, giró el cuerpo del hombre para dejarlo boca abajo y fue a buscar un cincel y un martillo.
Abrió la parte posterior hasta que el agujero fue suficientemente grande para sacar la masa cerebral. Metió las manos lentamente, cuidando no estropear de más el órgano. La sensación viscosa y tibia le causó un escalofrío mientras lo sacaba. Cuando lo tuvo frente a sí, lo observó con detalle. Lo sostuvo en una sola mano y con su diestra movió las ligeras separaciones que tenía, tratando de encontrar algo diferente de nuevo.
Y, de nuevo, parecía no haber nada distinto. Jadeó, molesto, y su mano se tensó, pero antes de aplastar la gelatinosa masa entre sus dedos, se obligó a detenerse. No quería destruir un cerebro perfectamente estudiable.
Salió de vuelta a la otra habitación para buscar el frasco con cloroformo que había preparado hace un par de horas y puso ahí el cerebro.
Miró sus manos húmedas y suspiró con fuerza antes de volver frente al cuerpo. Tomó de la mesita movible una pequeña linterna y la apuntó al interior del cráneo ya vacío.
—Nada, nada —se quejó mientras metía la mano para sacar los restos y tratar de ver mejor—. Definitivamente nada. Entonces… ¿cómo demonios lo hacías? —apagó la linterna— Dijiste que solo lo sentías, como cuando vas a estornudar —hizo una mueca—, pero no se ven cambios, irritación o desgaste a simple vista.
Sin respuestas, salió, cerró con candado y entró por otra puerta que estaba a mitad del pasillo, justo frente a las escaleras.
Ahí había una pequeña habitación con una regadera y un pequeño clóset. Abrió la regadera y puso un bote bajo la misma mientras se desvestía. El agua salió tan caliente que el vapor comenzó a opacar la vista. Jack puso la ropa en el bote para que el agua caliente sacara la mayor cantidad de sangre posible de sus prendas. Cuando se llenó a tope, abrió la llave de agua fría para templarla y apartó el bote. Se metió bajo la regadera y limpió su cuerpo por completo.
Terminando de asearse, arreglarse y de enjuagar su ropa, la puso en una bolsa y se fue del lugar. Subió las escaleras a una minibodega donde guardaba cosas viejas que ya no utilizaba. Cubrió la entrada con el mueble viejo que había en el lugar y terminó de subir hacia el cobertizo. Suspiró viendo que la única luz que había en el lugar era la de la vieja lámpara que tenía junto a las herramientas de carpintería y salió.
Caminó por el jardín hasta la casa y lanzó la ropa a la lavadora para ponerla a trabajar.
Miró sin mucho interés la lavadora vibrar ante el trabajo y, después de un rato, fue a prepararse de cenar.
No pensaba mucho en las personas que mataba… o que mataría, cuando estaba fuera del cobertizo. Fuera de ahí, era solo Jack.
Así que durmió tranquilo después de cenar. Ya al otro día sacaría la ropa de la lavadora.
Su día comienza con esa tarea, después desayunó y luego se preparó para ir al trabajo.
—¿Qué tenemos para el día de hoy?
—El hospital central —dice su compañero, levantando un oficio—. Al parecer le toca revisión a las máquinas.
—Día pesado —concluyó.
El hospital central tenía varias máquinas indispensables para el diagnóstico e intervención de pacientes, así que tenían que entregar un trabajo rápido y perfecto. Subió a la camioneta con su compañero y fueron hasta el hospital para comenzar a revisar que todo estuviera en orden y reportar anomalías en caso de haberlas. Había pocas máquinas descalibradas y anotaron cada una de ellas.
—Jacques, Lucas.
—James —Jack saluda con ánimos— ¿Cómo va todo?
—Ajetreado —admitió— ¿Terminaron de revisar el tomógrafo? ¿Está bien?
—Sí, pueden usarlo sin problemas. ¿Por qué?
—Paciente de urgencias —dijo, comenzando a caminar—. Cayó de un tercer piso, sigue vivo, pero… está muy mal. Debemos hacerle una tomografía para evaluar y meterlo a quirófano lo antes posible.
—Suena grave —dijo, siguiéndolo— ¿Piensas que sobrevivirá?
James hizo un gesto complicado, una traducción a que no le veía muchas oportunidades.
Cuando llegaron a la sala de tomografías, todo comenzó a prepararse y, en pocos minutos, llegó el paciente.
…sí que se veía mal.
—Ahora entiendo.
—Realmente está mal, chicos.
—James —le llamó suavemente, con cautela—, ¿crees que… podríamos pasar a observación?
—¿Ustedes? —los miró— ¿Para qué?
—No lo sé —Jack se encogió de hombros—. Solo ver un poco. Nos iremos pronto, lo juro.
—Pff —suspiró, regresando la vista a la máquina en que se hacían las pruebas—. Si entra el grupo de internos, pueden. Si no, lo lamento.
—Comprendo —asintió—. Te dejamos trabajar.
Salieron de la sala con Lucas quejándose de que no quería ver eso, pero Jack se excusó diciendo que era interesante ver cómo se usaban las máquinas dentro de las operaciones. Además de que siempre era bueno ver un poco de todo.
Para su suerte, los pasantes ya estaban entrando, así que se colaron a la sala de observación. Vieron a través del vidrio cómo las enfermeras preparaban todo y, al cabo de unos minutos, el paciente entró a cirugía.
Jack los veía desinfectar todo, usar guantes y cubrebocas, además de unas grandes batas. No era la primera vez que estaba ahí, ya se había colado en varias operaciones en la zona de observación, esa donde era totalmente visible cada corte, cada intervención, cada proceso por el que pasaba el paciente.
Eso le causaba un suave escalofrío que lo recorría por completo.
Si Jack tuviera todos esos aparatos para meter a los súpers y saber qué hay dentro de ellos antes de abrirlos y tener que desecharlos, seguramente ya habría descubierto algo. Le gustaría poder hacer pruebas como en los hospitales… tal vez así tendría avances reales, visibles y comprobables.
Pero no los tenía. A él le tocaba hacerlo a la antigua: teorizar y abrir a ciegas.
Cuando salen de ahí, Jack piensa en quién sería el siguiente súper en su lista. Supone que puede ir por otro hombre. No está seguro de quién será el siguiente, pero le parece que esta vez puede no planearlo: el siguiente súper que viera… ese sería el siguiente en sus garras.
Esta vez se lo dejaría al destino.
