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El fin tiene tu nombre: Sombras de obsesión

Summary:

Los peligros ocultos del nuevo continente tras la devastación, obligan a Setsuna a llevar sus capacidades al límite para poder liberarse de las ataduras de un régimen que lo oprimía.
Sin nada en sus manos más que su telento nato e inteligencia qué rebasaba al resto, se propuso dejar de ser "una pieza más"
Sin embargo el inesperado detalle de su casta, hizo que sus planes tuvieran que ser adaptados.
¿Cuál era la verdadera naturaleza de un omega dominante?
¿Cuánto poder poseía al ser una casta superior a un Alfa Dominante?
¿Por qué era el unico?
Y
¿Cómo llevaría a cabo sus planes si Cenit-9 lo había llevado a conocer a Maximilian O'Conner?

Cuando el deseo y el deber colisionan, el impacto de tus acciones se puede volver en tu contra, o, ser tu arma más letal.

Chapter 1: Los secretos del invierno 1

Chapter Text

Arco 1 Los secretos del invierno 1

Campamento Anexo de Glaciara.

 

Los pies de ambos no se detenían mientras corrían desesperadamente hacia el cuarto conglomerado qué era su "hogar".

A medida que avanzaban, el aire helado de Glaciara se clavaba en sus pulmones como agujas afiladas, pero no podían permitirse frenar. Llegaron a su destino y se detuvieron solo dos segundos, lo justo para analizar la situación que se desarrollaba ante sus ojos.

 

—Debemos ir por Setsu —jadeó la mujer, su voz temblorosa apenas audible mientras trataba de recuperar el aliento. Había visto la escena frente a ellos y la imagen no dejaba de golpear su mente; algo más allá de lo soportable, algo monstruoso. Como una omega que había sido sometida, incluso lo que le sucedió, no era nada comparado con eso.

—¡No! —respondió el alfa con desesperación, negándose a aceptar lo que había presenciado. Aquel horror era inconcebible, algo que su mente luchaba por asimilar. Era completamente inhumano.

—Si lo dejamos aquí... —la mujer trató de articular sus palabras, pero el hombre la interrumpió antes de que pudiera terminar.

—Si lo dejamos aquí, él vivirá —afirmó con un tono severo que no admitía réplica. Sabían que era cierto. Lo que habían visto no les dejaba ninguna opción. Ellos no iban a lograr salir de ese lugar, ni siquiera con el plan más perfecto. Las posibilidades eran nulas. Incluso si revelaban lo que habían presenciado, eso solo aceleraría su final. Pero su hijo, Setsu, tenía una oportunidad, una pequeña luz en medio de la oscuridad. El pequeño aún no se manifestaba, era listo, podía escapar o aprovechar las oportunidades, pero ellos...La mujer tragó saliva, sus ojos llenos de angustia y determinación. Sabía que tenían razón, pero aceptar eso significaba enfrentar lo inevitable. Sus miradas se cruzaron, y en ese momento, compartieron un acuerdo silencioso. Cada segundo contaba. No había margen para la duda ni para la indecisión. Setsu debía sobrevivir, sin importar el costo.

 

A su alrededor, el campamento bullía con un caos silencioso; nadie quería llamar la atención, nadie quería ser el próximo objetivo. La atmósfera estaba cargada de un miedo palpable, como una sombra que se cernía sobre todos. La nieve crujía bajo sus pies, y a lo lejos, se escuchaban los ecos de gritos distantes, el sonido de la desesperación resonando en los valles helados de Glaciara.

—Vamos —dijo la omega, con una nueva resolución en su voz. El alfa asintió, y ambos, conscientes de que estaban corriendo hacia su destino final, comenzaron a moverse de nuevo, con una única misión: salvar a su hijo a cualquier precio.

 

En un mundo donde la humanidad había perdido todo rastro de compasión, donde la supervivencia era la única ley que importaba, y tu casta al manifestarte te definía, los lazos de sangre eran lo único que aún podía iluminar la oscuridad. Alfas, betas, omegas, incluso variantes, pero todos tratados bajo un régimen que los encarcelaba, por no haber nacido en el lugar correcto.

 

Ellos eran desechables, pero el pequeño no. Lo que habían presenciado era cruel, pero lamentablemente era la realidad que les esperaba, una siniestra realidad que los mantenía incrédulos ante las personas en las que habían confiado, aquellas que se proclamaban como "sus salvadores". Habían crecido en ese campamento. Quizás precario, quizás con apenas suficiente comida para sobrevivir. La omega sabía de primera mano que era inservible, ya la habían llamado "experimento fallido" incluso cuando el alfa que la "inseminó" tuvo éxito el ambarazarla, ninguno de los dos dieron resultados favorables. Fue en ese campamento anexo donde nació Setsuna.

 

Recordaron el día en que eligieron su nombre. El padre de Setsuna se mostró un poco reacio porque pensaba que sonaba demasiado femenino, pero la madre insistió en que sus raíces provenían de una cultura ancestral e ilustre, y que sus propios padres siempre le habían enseñado la importancia de no perder la esencia de uno mismo. Para el hombre, la cultura de la que provenía no importaba mucho; de hecho, ni siquiera la recordaba bien, así que dejó que su pareja escogiera el nombre que mejor le pareciera. Ella eligió "Setsuna", que significa "un momento, un instante", y también, "doloroso". Cuando él le preguntó por qué, ella respondió: "Porque nació en el momento más doloroso de la humanidad, pero ha sido uno de los instantes más felices de mi vida". Y así como el nombre, contradictorio y profundo, representaba para ella una pequeña esperanza.

 

—¿Qué vamos a hacer? —la omega comenzó a llorar en aquel lúgubre pasillo. El campamento, como otros anexos al principal, estaba construido bajo el hielo, con una red de túneles que los protegían del exterior. El ambiente era gris y oscuro; apenas podían ver los vestigios de la luz solar. Sabían que ese campamento pronto se convertiría en su tumba.

—Quitarles el poder sobre nosotros —el padre de Setsu, siempre decidido un alfa orgulloso, no estaba dispuesto a someterse como los demás—. Lo haremos por nuestra cuenta.

—¿Haremos qué? —preguntó ella, con los ojos llenos de miedo e incertidumbre. Pero el verdadero horror lo había experimentado minutos antes, cuando presenció aquella escena.

Vieron a un grupo de personas siendo llevadas a una habitación cuya existencia desconocían. Si no los hubieran visto pasar, seguirían ignorando lo que estaba ocurriendo. Lo que vieron no tenía explicación clara al principio, pero lo comprendieron todo cuando escucharon a los soldados que escoltaban a la gente.

 

—No sirven más. Lo mejor que puede pasarles es que sean comida."Comida". Estaban reduciendo a personas a carne de cañón, literalmente.

—Ni siquiera se dan cuenta. Son tantos... siempre llegan más. ¡Qué estorbo! El jefe solo los acepta por esto. Tarde o temprano, todos mueren igual.

—¿Y los niños? —preguntó el otro soldado.

—No seas idiota, ¿no has visto? No hay muchos niños. Debemos esperar a que se manifiesten, tal vez alguno sirva. El nuevo jefe es más listo; antes, no importaba si eran niños, ancianos o jóvenes; todos morían igual y solo decía que habían sido trasladados.

—No creo que aquí aparezca algun dominante—bufó el otro, descontento.

—Es cierto. Pero no solo aquí, los alfas dominantes son raros, ni se diga de los omegas dominantes, al parecer están definitivamente extintos. Aquí, todos tienen padres, pero en un par de años les dirán que fueron trasladados y, con suerte, ellos serán llevados a la sede central o se quedarán aquí y serán útiles, no como estas basuras que solo alimentamos con su propia carne.

 

Después de aquel discurso, se alejaron riendo. Los padres de Setsu no sabían exactamente qué ocurría dentro de esa habitación, pero la conversación no dejaba lugar a dudas. Los estaban matando; se estaban comiendo unos a otros y ni siquiera lo sabían.

 

—Si tú y yo nos vamos, tal vez Setsu sea trasladado a la sede central.

—¿Irnos a dónde? Aquí no hay salida.

—Irnos para siempre, querida.

 

Setsu, de cinco años, caminaba de regreso a su dormitorio. Para él, era un lugar feo, lleno de gente y camas que apenas podían llamarse así. Era repugnante. No comprendía por qué debía estar allí, mucho menos por qué lo enviaban a esas clases llenas de niños que consideraba tontos, incapaces de escribir una oración simple. Él sí sabía escribir; su madre le había enseñado muchas cosas. Su madre omega era lista, pero lloraba mucho, y eso también le molestaba. Su padre alfa era algo tonto, pero valiente. Sabía que eran sus padres y debía obedecerles, pero odiaba que le dijeran qué hacer. Entendía el tema de las castas y la manifestación, aún era joven para saber que sería, pero casi nadie quería ser omega. Entendía por que.

 

Al entrar a ese lugar horrible, vio a una muchedumbre de personas aglomeradas mirando algo.

Una mujer beta lo vio y corrió hacia él.

—No, Setsu, vete. No debes ver —le dijo. La conocía; vivía en el mismo lugar, pero nunca le había caído bien.

¿Qué era lo que no querían que viera?

En cuanto los soldados abrieron paso entre la multitud, Setsuna logró ver la escena. Dos personas estaban colgadas. Eran sus padres.Los soldados bajaron los cuerpos y se los llevaron.

El niño de apenas cinco años sabía lo que sucedía con total claridad, y, a pesar de que esas personas lo cuidaron por un tiempo muy escaso, no sentía ninguna clase de pena por su partida, muy por el contrario...

La gente murmuraba lamentos y lo miraban con lástima.

 

—¿Por qué lo harían los Gravich?

—Los Gravich dejaron solo a su pequeño hijo, ni siquiera se ha manifestado.

—Es una pena.

—No lo dejen solo, es apenas un niño.

 

Setsu escuchaba a las personas, pero no comprendía. Entendía el concepto de la vida y la muerte; su madre se lo había explicado, y en sus clases se lo repetían constantemente. Los vivos aún tienen una oportunidad; los muertos, ya no están. Supo el verdadero significado de todo eso cuando los cuerpos inertes de sus padres pasaron frente a él. Seguía escuchando los murmullos a su alrededor. De los comentarios de la gente, sacó una conclusión rápida: Ellos mismos se habían quitado la vida. Era raro, odiaba las dudas, así que se preguntó desde ese instante ¿por qué?

 

A raíz de aquello, no pudo quitarse de la cabeza la palabra que había aprendido tiempo atrás: "cobardía". Sus padres habían decidido morir sin pelear, y eso los convertía en cobardes. Probablemente era un concepto rudo para un niño tan pequeño, pero crecer en un lugar como ese, no despertaba en él ningún sentimiento de compasión o empatía, ni si quiera por las personas que le dieron la vida.

 

—Setsuna Gravich —una voz lo llamó entre la multitud; era un soldado. La mayoría de los soldados ahí eran betas. El pequeño giró y lo miró—. Acompáñame.

 

Setsu siguió escuchando los murmullos y lamentos de la gente mientras caminaba detrás del soldado. No entendía por qué lloraban por él; no sentía dolor. Sus padres se habían matado y lo dejaron solo. Qué cruel acto de cobardía. Eso era culpa de ellos, no suya. Entonces, ¿por qué la gente se lamentaba por él? Él seguía vivo y nunca haría lo mismo que sus padres. Nunca.

-

Setsu se encontraba en una habitación que le resultaba completamente desconocida. A su alrededor, los hombres todos alfas exepto uno, se mostraban tensos y ansiosos, como si estuvieran enfrentando un dilema crucial.

 

Uno de ellos, con el ceño fruncido en una expresión de profunda concentración, parecía estar sopesando diferentes posibilidades. Setsu lo reconocía: era un soldado de rango más alto que los demás, aunque no era el líder del refugio. Este hombre, con un bigote descuidado y ojos visiblemente cansados, daba la impresión de haber asumido más responsabilidades de las que le correspondían. Su postura reflejaba el peso de una carga abrumadora, como si estuviera enfrentando decisiones difíciles que no solo afectaban a su propio bienestar, sino al de todos los presentes.

El ambiente en la habitación estaba cargado de una tensión palpable, y Setsu podía darse cuenta de cual era la magnitud del problema que tenían entre manos, incluso le divertía verlos tan abrumados.

Había aprendido que, por muy graciosa que le resultara una situación, su rostro siempre debía mantenerse sereno, eso le ayudaba a pensar y a analizar.Cada gesto y cada susurro entre los alfas parecía intensificar la sensación de incertidumbre que envolvía el lugar.

Pero al parecer, solo a él le estaba divirtiendo aquello.

Uno de ellos solo se tocaba la barbilla, lo cual significaba que estaba en un proceso de análisis sobre lo sucedido, ese sujeto era un omega. En su experiencia, había aprendido que la gente solía revelarse a través de sus gestos. Las pequeñas señales del lenguaje corporal podían proporcionar una visión profunda de lo que realmente estaba ocurriendo en la mente de una persona. No distinguía el aroma de las feromonas, pero notaba quien era quien, solo por su comportamiento.

A partir de esta observación, Setsu comenzó a deducir un par de cosas importantes. Primero, entendió que no conocían las verdaderas razones detrás del suicidio de sus padres. Era fundamental llamar a las cosas por su nombre, y eso era exactamente lo que había ocurrido: sus padres se habían suicidado. Esta comprensión le ayudó a aclarar la situación y a ver las cosas con una nueva perspectiva. Sin embargo, su punto de vista seguía siendo el mismo, que sus padres habían sido unos cobardes.

La segunda era que, al parecer, esos tipos no sabían como lidiar con la situación, porque probablemente no les hubiese sucedido algo así antes, pero eso también lo supo porque uno de los soldados que llevaba a sus padres lo había vociferado mientras arrastraba los cuerpos, sin embargo, parecía que era mas grave de lo que Setsu pensaba.

Y lo mas importante, al parecer; no sabían que era lo que iban a hacer con él.

 

—Debe decidirlo el líder – El hombre del bigote soltó, luego de tocarse las sienes al sentirse rebasado por la situación.

—No podemos actuar a la ligera – el tipo que se estaba tocando la barbilla no era un soldado, al parecer era un erudito lo cual calificaba con el hecho de que era omega; estaba vestido mas como un civil que como un soldado, traía algún tipo de túnica abrigada y un pantalón que parecía ser de cuero, con lo colores que caracterizaban el lugar, negro y gris. A Setsu no le desagradaba, sin embargo, no dejaba de parecerle lúgubre, aun así, le daba alguna sensación de comodidad

—Esas personas actuaron por alguna razón, necesitamos averiguara. — Averiguar las causas de un suicidio más allá de llamarlo "cobardía" a Setsuna le parecía una pérdida de tiempo y energía por parte de esas personas.

—Tal vez no soportaron la vida aquí y ya. – se defendió el erudito.

—Estás aquí para pensar, no para suponer. Pero no me sorprende, si dejamos a este chico aquí, a lo más que puede aspirar es a ser un mequetrefe como tú. Se hacen llamar grandes eruditos y pensadores, pero en realidad no sirven para una mierda – El soldado graznó las palabras con rabia, detestando lo que sea que ese erudito dijera – solo se gastan nuestros recursos.

—Te recuerdo que nuestro líder es un erudito muy reconocido y es omega, sigue hablando y seguro te corta la lengua. —Era una situación extraña que un omega de erudición, llegará a la condición de "lider" pero eso probablemente era más por conexiones y "favores" qué por merito propio.

Setsuna supo que ese hombre hablaba con total confianza, porque seguro tenía un alfa, en ese mundo, un omega solo podía aspirar a puestos altos, si un alfa lo tomaba como su pareja y le ofrecía protección.

—Bien, ya basta – Justo cuando la pelea comenzaba a ser interesante un hombre con un abrigo de piel muy vistoso, entró al lugar, portaba botas de un estilo casi militar, pero sin llegar a ser tan hoscas, su cabello era largo y caía a los lados de su cara, era mas bien larguirucho y pálido, aunque ahí, casi todos eran pálidos. – he decidido lo que se hará y, general Bawers deje en paz al erudito Reff si no quiere tener problemas con su alfa. Su primera conclusión era la correcta; me correspondía a mi tomar esta decisión.

—Señor – El general saludó, así como los demás en el salón, todos menos Setsu.

Así que ese era el líder. No recordaba haberlo visto mucho, al menos no de cerca, realmente su aspecto no era el mejor, pero su ropa ostentosa le daba un toque diferente al resto. Setsu podía jurar que era un alfa, pero no, ellos mismos habían dicho que, el líder del campamento, era omega.

—El chico se irá al refugio central.

—Pero, señor... –El general iba a hablar, pero el líder lo hizo callar con una seña.

—Estuve hablando con sus profesores y dicen que tiene talento, aquí será desperdiciado, además de que también implica una carga. – Volteó a ver a Setsu de arriba para abajo sin alguna emoción aparente en la mirada – probablemente no sea un soldado, no es probable que se convierta en alfa, pero, con suerte pueda ser un gran erudito algún día, si es omega se le asignará una pareja, y si es beta igualmente servirá. Es todo lo que diré, en cuanto a lo sucedido, el grupo de investigación se encargará, pero no quiero al niño cerca para cuando inicien. General, prepare su traslado de inmediato.

—Como diga, señor. — El general Bawers debía estar ahogando se en resentimiento, por tener que llamar "señor" a un omega, cuando claramente por casta, él era superior, y, aunque en su cabeza Setsuna lo concluyó de ese modo, no podía importarle menos, porque seguro ese omega era amante del gobernante de Glaciara.

Porque claro, era un niño, pero los adultos hablaban abiertamente a su alrededor.

Y así, como entró aquel omega de aspecto llamativo pero con el título de "lider" se fue.

 

El resto de personas en la habitación comenzaron a dispersarse y al final solo quedaron Setsu y el general que se dirigió a él.

—Trae tus pertenencias, un coche de nieve te llevará al refugio central.

—No tengo pertenencias.

Al general no le sorprendía, incluso lo supuso.

—Bien, eso lo hace más fácil.

 

En menos de media hora lo subieron a un vehículo enorme, con llantas que traían cadenas para andar en la nieve. El frio le calaba en los huesos porque solo le dieron una manta; esas personas no gastaban recursos y darle una manta ya era mucho. El traslado duró cerca de tres horas por lo que Setsu pudo contar. No tenían un sistema de tiempo, pero cada tanto daban una hora y él aprendió.

 

El refugio central era mucho mas grande que el despojo de lugar en el que vivían. El general intercambió unas palabras con un par de soldados y después lo movieron del gran vehículo a otro mas pequeño, que era usado dentro de ese refugio.

El general ni quiera se despidió, probablemente era, como dijo el líder de su antiguo campamento, solo una carga. Pero ellos eran unos monos delirantes. Setsu tampoco quería volver a verlos, le daban asco, en general, casi todas las personas le provocaban ese rechazo inmediato.

Ese refugio era diferente. Había menos túneles y mas lugares con nieve y otros en donde no había tanta, pero veía soldados entrenando.

El hombre que lo llevaba comenzó a hablar con él.

—Setsuna Gravich, no hables, aquí solo escuchas y aprendes – Setsu no era tonto, así que solo se limitó a quedarse callado y escuchar al soldado que tenía el mismo tono que todos los demás, así eran los alfas, parecía que uno y otro eran lo mismo, y así hasta terminar la incontable lista de soldados alfas sin criterio. – Irás al edificio de huérfanos, ahí te recibirá Madame Lang, ella te asignará un cuarto y una cama y te indicará las reglas y los horarios. No estás aquí para ser un soldado porque podemos ver que no tienes madera.

—¿Pueden notar eso cuando solo tengo cinco años? Son audaces.

Su tono era de ironía y al soldado le molestó, por lo que lo golpeó en la pierna con una de sus grandes botas, pero Setsu apenas y protestó. Claro que desafiar a una autoridad de ese rango, ameritaba la horca, pero Setsuna era solo un niño, y podía ver que ese hombre era igual a muchos ahí. No podía matarlo aunque quisiera.

—Te dije que te callaras – le dijo justo cuando llegaban al edificio de huérfanos.

Setsu le dio una mirada fría antes de bajar y el soldado lo observó con desprecio, dejándolo justo cuando Madame Lang salió.

—Setsuna Gravich – lo llamó la mujer. Era vieja, una beta, traía un vestido largo y gris y un manto que parecía cálido, que iba desde su cabeza hasta su dorso.

—He escuchado mi nombre más veces hoy, que en los últimos cinco años de mi vida.

—Vamos a comenzar corrigiendo esa mala educación, al parecer tus padres muertos no te enseñaron modales.

Si la mujer esperaba que Setsu se molestara o se soltara a llorar por el comentario, eso no iba a suceder. Él sabía que era justamente eso, el hijo de dos padres muertos.

—Estoy bajo su instrucción Madame Lang – una vez más, el tono fue sarcástico, pero la mujer estaba acostumbrada a tratar con mocosos mal educados.

—Sígueme.

Cruzaron un pasillo oscuro, un recibidor al parecer. Setsu no estaba familiarizado, por lo que guardó cada detalle en su cabeza.

El largo pasillo, las paredes grises con un par de cuadros raros; le habían enseñado algo de arte, pero en realidad pensaba que no servía para nada, como esos cuadros adornando una pared igualmente simple, como ellos. Si lo que buscaban era darle vida a eso, no estaba funcionando, el arte manifestaba lo que eramos en realidad, por esa razón al elegir un cuadro o una escultura, había una conexión con la obra, pero Setsu dudaba que alguien ahí, siquiera notara eso.

Subieron unas escaleras de madera. Todo el edificio era así, de madera. Setsu contó cinco pisos desde que llegó a ese lugar, a él lo detuvieron en el piso tres, había un pasillo y cuatro habitaciones. Madame Lang abrió la puerta de la ultima habitación. Piso tres, habitación cuatro. Varios pares de ojos voltearon a verlos, había niños ordenando sus camas, claro, ya casi oscurecía.

—Muchachos, este es Setsuna Gravich - La mujer lo presentó con el grupo de niños, eran cinco, con él como nuevo agregado, eran seis, ninguno de ellos manifestado, claramente, y justo había seis camas, pero una estaba desocupada, seguramente la que le correspondía a él.

Estaba justo al final de la habitación, lo cual le parecía un problema, pero se adaptaría. Cuando Madame Lang habló los cinco chicos se acercaron e hicieron una fila horizontal frente a ella.

—¡Buenas noches Madame Lang!—¿Estaban acaso poseídos? Ese saludo era espeluznante. Que terrible, al parecer no tenían juicio propio, o... no lo tenían frente a la Madame, porque cada uno de ellos hacía un gesto diferente al verlo.

Si Setsu no se equivocaba, sus edades oscilaban entre los 4 a los 8 años, lo notaba por sus estaturas, complexiones y sus miradas. Había dos mas grandes que él, que lo miraban por encima del hombro, otro probablemente de su edad que solo lo analizaba de reojo, y los más pequeños abrían sus ojos en un gesto de sorpresa al verlo.

—Voy a repetir las reglas para que el chico Gravich las escuche - Madame Lang comenzó a hablar con tono autoritario —Su hora de salir de la cama es a la primera campanada del reloj, si no la escuchan es su problema y serán castigados - Los dos pequeños hicieron un gesto de pánico, probablemente les hubiera pasado en algún momento - luego de eso tienen una hora, la que indica el reloj de arena del comedor, para ir por sus alimentos. Sus clases inician al finalizar esa hora, e irán directamente a tomarlas. Ustedes llevan una formación de erudición, sus capacidades son distintas a los chicos que se están formando para ser soldados o a las chicas que están aprendiendo artes y cocina - Setsu pensó que era tonto limitar a una mujer a artes y cocina solo porque asumirían que serian omegas, cuando en su refugio anterior había niñas bastante salvajes, capaces de golpear a un niño de igual a igual, pero no era algo que le interesara al final del día. Le importaba su propia formación y lo que podía aprender ahí. —Al finalizar las clases tomaran la ultima que es de acondicionamiento corporal y manejo de armas, pueden ser muy listos, pero si no aprenden a pelear o a usar un arma, no son nada y probablemente mueran, sobre todo cuando crezcan y su rasgo sea omega o beta. Los profesores les indicarán su hora de comida entre clases y la cena es al final. Las reglas del dormitorio y el edificio están escritas en un cuadro al lado de cada una de sus camas, léanlas detenidamente, porque, por cada falta, hay un castigo. ¿He sido clara?

—Si Madame Lang.—De nuevo, actuando como marionetas, eso le asqueaba, pero seguramente frente a ella y los profesores, siempre sería así.

—Gravich, junto a tu cama hay un baúl con ropa y el uniforme de diario. Mañana inicias tus clases junto a tus compañeros. Toma sus consejos y no hagas tonterías.—Setsu solo la miró asintiendo — ahora, todos a dormir. Mañana será un largo día.

La mujer le dio una ultima mirada y cerró la puerta tras ella.

Antes de que Setsu caminara a su cama uno de los más pequeños lo abordó.

—Soy Benjamin, puedes decirme Ben, tengo cuatro años y llevo aquí solo dos meses. —El niño le sonrió, su apariencia era peculiar, tenia el cabello rizado y de tono dorado y unos ojos sorprendentemente verdes, aunque Setsu no entendía por que le sonreía, si ni siquiera lo conocía, y aunque, tal vez él odiaba a cada habitante aun vivo de la raza humana, todavía conservaba su educación.

—Setsu - dijo a secas - cinco años.

—Ben, ya ve a dormir, conoces las reglas - uno de los mayores interrumpió la conversación, aunque Setsu no estaba interesado en realidad, eso le recordó que debía ir a leer las reglas. El pequeño Ben era bastante amable. A decir verdad, parecía de esos niños que eran amables por naturaleza, probablemente un soñador, Setsu no lo pensó mucho.

—Claro, Iván.—El que parecía el mayor, Iván, tenía una mirada rígida, era más alto y su corte de cabello era raso. Su pinta daba mas para militar que para erudito, pero tampoco debía juzgar a las personas por su apariencia, tras ese trato hostil, se escondia algo de debilidad y recelo. Era algo que había aprendido con la práctica, por eso se jactaba de confiar en su intuición. Después de aquello el pequeño Ben se fue a su cama dándole solo una mirada con una sonrisa triste.

Setsu fue a su lugar y efectivamente, las reglas estaban escritas en un cuadro junto a su cama. Esa gente amaba los cuadros insulsos por lo visto.

—Despierta a la hora acordada o recibirás un castigo. Siempre deja tu ropa limpia al final del día o recibirás un castigo. No sobre pases tus horarios de alimentos o recibirás un castigo. No desobedezcas a la madame o recibirás un castigo.

Cuando notó que para todo había un castigo, rodó los ojos. Terminó de leer las reglas que eran cosas básicas e indicaciones de a donde dirigirse para hacer cada tarea y después fue al baúl de ropa a ponerse el pijama. Observó que había tres uniformes, de colores negro y gris, para variar. Llevaban una capa negra con lo que parecía pelo de lobo para mantener el calor, en la capucha. Sus zapatos eran dos pares de botas negras, si eran de su talla o no, ya lo averiguara. Calculó que, debía lavarlos cada dos días como mínimo, pero en ese cuadro indicaba en donde estaba el lugar para lavarlos. También había cosas para sus necesidades básicas, algo para lavarse los dientes, shampoo para el cabello, jabón entre otras. Se aprendió todo en ese momento para no volver a leerlo y se dispuso a dormir. Había un silencio sepulcral en ese sitio, pero era mejor que el lugar ruidoso en el que estaba antes. Tal vez había sido bueno que sus padres se murieran.

Con aquel pensamiento, Setsu se incorporó en la cama. Su madre siempre le había dicho que el era su tesoro. En algún momento investigó lo que eso significaba: Era algo muy preciado a lo que había que proteger cuidadosamente. También recordó que ella y su padre eran muy buenos con él, aunque no habían podido darle la mejor vida, siempre estaban dispuestos a enseñarle nuevas cosas. No mostraron indicios de tristeza, la gente se mataba porque estaba triste o muy asustada. Recordó la platica del general y el erudito en su antiguo campamento, ellos dijeron que debían averiguar la razón por la que los Gravich se habían suicidado.

En ese momento no lo analizó porque le parecía risible que quisieran buscarle sentido a una acción de cobardía, y aunque seguía pensando que era eso, seguro sus padres tenían otra razón.¿Otra razón? Setsu era su tesoro, adoraban a Setsu, harían cualquier cosa por Setsu, incluso matarse.

¡Claro! Por esa razón estaba ahí, en ese lugar lejos de ese espantoso campamento secundario. Seguro sus padres sabían que, al morir, lo enviarían allí, ya que, en algún momento su maestro comentó que a los niños con potencial los enviaban al campamento central. Pero, no podía ser solo eso, debía haber algo más, algo que estaba pasando por alto y de lo cual no tenía información suficiente.

La primera meta de Setsu fue esa. Averiguar por que sus padres se habían matado, con la premisa de que sabían que lo enviarían al campamento central, sin embargo, debía existir otra razón.

Iba a averiguarla a su debido tiempo.