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Como si nada hubiese pasado

Summary:

Pablo y Leo son amigos de la infancia pero Leo le esconde una verdad que se revela después de unos tragos de más y bajo la luz de la luna y la humedad de la piscina.

Notes:

otro que hice por mis amigas ya suéltenme

Work Text:

Estaba sentado en el borde del sofá, sosteniendo un vaso rojo con una mezcla de tequila que ya ni siquiera sabía a qué sabía. A su lado, Pablo reía escandalosamente, con las mejillas encendidas por el alcohol y el cabello rizado ya un poco alborotado, se había estado sobrepasando con la bebida después de lo que se había enterado ese día.

—¿Y tú qué, Leo? —soltó uno de los amigos del grupo, dándole un empujón amistoso—. Ya dinos, ¿cuándo nos vas a presentar a un novio? Te la pasas rechazando a todo el mundo.

Leo se encogió de hombros, forzando una sonrisa casual, era bueno evadiendo preguntas y siempre tenía un porte amigable que hacía que hasta la pregunta más incómoda pasara desapercibida. —No sé, no me ha llamado la atención nadie, nadie se ha ganado éste corazón —mintió, sintiendo el peso de la mirada de Pablo a su lado, el resto de los chicos riendo antes la forma en que lo dijo, tan galante y con una sonrisa brillante.

Cuando la gente se dispersó a la cocina o hacía otros rincones de la sala, ambos se refugiaron en el jardín, cerca de la piscina. El aire de la noche era fresco, pero la tensión en los hombros de Pablo era evidente.

—Es un imbécil, Leo —soltó Pablo de repente, mirando el agua cristalina—. Ale se va a ir a Estados Unidos. Un intercambio de un año y me entero hoy por un correo que dejó abierto. Ni siquiera fue para decirme a la cara.

Leo suspiró, acercándose a su mejor amigo. —Pablo, a lo mejor solo tenía miedo de tu reacción. No significa que no te quiera... —trató de animarlo, tratando de sonar lo más sincero posible, aunque cada palabra le sabía amarga pues eran viles mentiras. —Ay, por favor —Pablo soltó una carcajada— No me lo tomes a mal Leo pero nunca te he visto enamorado de nadie, tienes suerte por ese lado, no sabes que es que te rompan el corazón.

Leo sintió el pinchazo en el pecho, pero no dijo nada. Si tan solo supieras que me lo rompes tú cada vez que hablas de él, pensó.

—Ya, ándale, vamos adentro que ya estás bien tomado —dijo Leo levantándose y tendiéndole una mano.

Pablo la tomó, pero al ponerse de pie se tambaleó. Leo intentó sostenerlo por la cintura para que no cayera, pero Pablo, en un arrebato de ebriedad y juego, lo jaló con fuerza hacia atrás. El mundo se puso de cabeza y el impacto del agua fría los envolvió.

Al salir a la superficie, jadeando y riendo, el tiempo pareció detenerse. Las luces de la piscina pintaban la piel de Pablo de azul. Leo se quedó hipnotizado viendo cómo las gotas de agua resbalaban por sus rulos empapados y cómo la luna se reflejaba en sus ojos, haciéndolos brillar de una forma irreal.

No lo pensó. Se acercó y le plantó un beso.

Al principio, Pablo se quedó rígido, pero después de un segundo que pareció una eternidad, soltó un suspiro profundo y respondió. El beso subió de intensidad; las manos de Leo buscaron el rostro húmedo de Pablo, mientras este lo aferraba por la cintura, acercándolo más en medio del agua, el sonido lejano de la música en la sala, el silencio de la noche y la respiración de Pablo sobre la suya lo tenía en un trance. Las manos de Leo se aferraban a Pablo, a sus mejillas, sin querer hacer un movimiento en falso que pudiera acabar con la humedad de sus labios sobre los de él, como si supiera que esto sería efímero, pero se perdió cuando Pablo lo pego contra la pared de la piscina, casi jadeando sus cuerpos rozaban entre si, y las manos de ambos comenzaban a explorarse por completo, Pablo poco a poco deslizando sus labios por sus mejillas casi llegando al cuello...

Pero fue Pablo quien se separó primero. Salió de la alberca sin decir una palabra y sin mirar a Leo a los ojos.

—Pablo, yo... perdón, Ale, no debí... —balbuceó Leo mientras salía, temblando de frío y de nervios. Pablo se volteó y le regaló una sonrisa cálida, aunque algo nublada por el alcohol. —No pasa nada, Leo. No pasó nada. Yo también.... Haremos como que esto no existió, ¿va?

En ese momento, un grito rompió el silencio. —¡Pablito! ¡Ale ya llegó! —gritaba Kaue desde la puerta.

Ale, con su acento peruano y una sonrisa brillante, se acercó a ellos trotando. Al verlos empapados, soltó una carcajada. —¡Pero qué par de locos! ¿Ya están jugando como niños otra vez? —dijo Ale, tomando una toalla de una silla y envolviendo a Pablo con ella antes de darle un beso en la mejilla. Pablo le devolvió el gesto con un beso en la frente sin pensarlo y emitió una pequeña sonrisa, como si nada hubiera pasado, justo como dijo.

Leo sintió que el corazón se le salía del pecho. Necesitaba aire. —Entren ustedes, me quedaré un rato afuera para que se me baje un poco no quiero mojarles la sala —mintió.

En cuanto se quedó solo, sacó su celular con las manos temblorosas y marcó un número conocido. —¿Boludo? ¿Qué hacés llamando a esta hora? —la voz de Iannis sonó relajada. —Lo besé, Iannis. Besé a Pablo en la piscina. -Hubo un silencio del otro lado. Iannis, el único que sabía que Leo llevaba años enamorado en secreto de su mejor amigo, suspiró. —Mirá, che, en algún momento tenía que pasar. No podés seguir guardando eso. Tenés que ser honesto, ahora más que nunca.

—No puedo, Iannis —susurró Leo viendo hacia la casa—. Si se lo digo, voy a arruinar nuestra amistad para siempre.

La llamada no tomó mas tiempo y Leo paso una hora más en esa casa antes de escabullirse e irse a casa.

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La música retumbaba en las paredes de la casa, pero para Leo, el ruido era solo un eco lejano. Estaba sentado al borde de la piscina, con los pies sumergidos en el agua templada, sintiendo el ligero mareo del alcohol. A su lado, Pablo, suspiraba con pesadez.

Hacía tres meses que habían estado en ese mismo lugar. Tres meses desde que Ale, el novio de Pablo, se había ido a Estados Unidos y la relación se había desmoronado. Tres meses desde que Leo se había atrevido a besar a Pablo bajo la luna, solo para ser rechazado amablemente con un "hagamos como que nada pasó".

Después de esos meses los chicos realmente habían actuado como si nada hubiese pasado, excepto que para Leo no era tan difícil pues siempre tuvo que esconder sus sentimientos por pablo. Otra noche, otra fiesta donde ambos se encontraban otra vez al desinhibe del alcohol.

Habían estado platicando de cosas banales, de como Ale y Pablo habían terminado al mes de que Ale se fuera a estudiar a Estados Unidos y como ya no le había roto el corazón puesto había sucedido en el momento que se enteró y no le contó, en como Leo había comenzado a salir con un chico y que se había estado enfocando en la carrera y que pronto tenían proyectos finales, Pablo como estudiante de Psicología también tenía sus estadías en camino, así como Leo había comenzado a buscar gigs como bailarín. La platica comenzó a tornarse amena poco a poco hasta que entre tragos y tragos Pablo comenzó a tener un semblante más frío.

Leo se preguntaba si Pablo habrá recordado aquella noche como el se encontraba recordando en ese momento. Leo si bien intentaba no hacerlo, le era imposible, recordar los labios humedos de Pablo sobre los de él....

— No debí decirte eso, Leo —soltó Pablo de repente, rompiendo el silencio. Sus ojos, oscuros y brillantes por la bebida, buscaban los de su amigo—. No debí decir que hiciéramos como si nada pasó ese día en la piscina.

Leo sintió que el corazón se le detenía. Había pasado los últimos dos meses saliendo con Drew, tratando de convencerse de que podía querer a alguien más, pero la verdad es que solo estaba usando al chico como un escudo. De lejos escuchaba la voz de Pablo balbucear sobre como había pasado los últimos meses preguntándose porque le molestaba tanto verlo con ésta persona, o porqué el dolor de ver a Ale irse no fue tan impactante como lo pensó.

— No puedo dejar de pensarlo. — dijo Pablo serio. Antes de que Leo pudiese preguntarle a que se refería Pablo siguió. — No puedo dejar de pensar en nosotros ese día.

Pablo volteó a ver a su amigo, perplejo. Los segundos pesaban y Leo, con la voz temblorosa, se armó de valor y volteó firmemente hacía enfrente con tal de no verlo a los ojos. — Yo tampoco. No he dejado de pensar en nosotros desde hace mucho tiempo. — Le contó que lo amaba desde la secundaria, que Iannis, su amigo mutuo, tenía razón y que ya no podía más. Pero justo cuando iba a seguir hablando, Pablo se inclinó hacia él, Leo en ese momento volteó y lo vio a escasos centímetros de su rostro.

El impacto de tenerlo tan cerca, sumado al tequila en su sistema, hizo que Leo perdiera el equilibrio. Con un desliz torpe, cayó de espaldas al agua.

Cuando sacó la cabeza, jadeando y con el cabello empapado, vio a Pablo muerto de risa en el borde. — ¡No es gracioso, wey! —exclamó Leo, pero antes de que Pablo pudiera responder, Leo lo tomó del brazo y lo jaló con fuerza.

Ahora ambos estaban en el agua, empapados y riendo, todo momento tenso paso a segundo plano. Pero la risa se fue apagando. Leo se acercó, el agua le llegaba al pecho. — Tenías razón, no debiste decir eso —susurró Leo, tomando el rostro de Pablo entre sus manos—. Porque yo llevo toda la vida haciendo como si nada pasara con lo que siento por ti.

Sin esperar respuesta, lo besó. Fue un beso cargado de tres meses de frustración y años de anhelo. Pablo respondió con la misma intensidad, rodeando la cintura de Leo con sus brazos, pegándolo a su cuerpo. Sus lenguas se encontraron en una danza desesperada mientras las manos de Leo se perdían entre los rulos húmedos de Pablo.

— Espera —jadeó Pablo separándose apenas unos milímetros—. Vamos arriba.

Se escurrieron entre la multitud de la fiesta, ignorando a Kaue, que gritaba algo en portugués desde la cocina, y subieron a una de las habitaciones del segundo piso. En cuanto la puerta se cerró con llave, el desenfreno tomó el control.

Pablo se quitó la camisa mojada con un movimiento rápido y ayudó a Leo a despojarse de la suya. Sus manos, calientes contra la piel fría por el agua, bajaron por el pecho de Leo hasta llegar al borde de su pantalón. Los besos bajaron por la mandíbula de Leo, quien podía sentir cada nervio encenderse en su cuerpo, los besos de Pablo marcando un camino de fuego hasta su cuello, sus manos cálidas y grandes quemando los fragmentos de piel que tocaba, su espalda, su cintura, su abdomen.

Llegaron a la cama. Pablo sentó a Leo en el borde y se arrodilló frente a él. Comenzó una lenta tortura de placer: besó su frente, sus párpados, bajó por su pecho y abdomen, hasta que sus manos deshicieron el botón del pantalón de Leo. Leo echó la cabeza hacia atrás, apretando los rulos de Pablo entre sus dedos, dejando escapar un gemido que se perdió en el silencio de la habitación.

Cada caricia, cada roce de piel con piel, Leo no podía creer que después de años escondiendo sus sentimientos, su deseo, por su mejor amigo ahora estaban culminando en ellos de esa forma. Leo sintió arder todo su cuerpo, de un movimiento suave tomo a Pablo de los hombros y su pelo, delicadamente lo jalo a el, teniendo su rostro cerca del suyo de nuevo, Leo quería besarlo y restregar cada parte de él consigo, lo tomo de la cintura y lo volteó hacía el colchón donde ahora yacía bajo de su cuerpo con un movimiento rápido. Leo comenzó a besar su cuello y morder el lóbulo de su oreja, haciendo que Pablo estallara en gemidos suaves que hacían que Leo se excitara de una manera incomprensible

A lo lejos se escuchaba la música a todo volumen y risas y gritos, la gente divirtiéndose, pero en ese cuarto estaba sucediendo el verdadero descontrol. Pablo se recargó de espaldas contra la pared que daba con la cama y tenía a Leo sentado arriba suyo, a este punto estaban completamente piel contra piel hasta la última extremidad. Pablo besaba y mordía cada parte que podía de Leo mientras acariciaba su espalda y llegaba hasta sus nalgas. Donde poco a poco acercaba sus dedos buscando darle placer y prepararlo para lo que siguiera. Los gemidos de ambos cada vez mas fuertes.

No pasó mucho tiempo para que Pablo estuviera dentro de él. Lentamente y besando su cuello y labios hasta que los movimientos eran cada vez más intensos. Leo estaba en completo éxtasis, ambos perdidos en sí, Leo jalando los rulos de Pablo con tal fuerza que Pablo tenía miraba hacia el techo y hacía la expresión de placer de Leo, lo cual lo dejaba sonriente y satisfecho.

Cuando el final los alcanzó, se desplomaron sobre las sábanas deshechas, todavía jadeando. .

Pablo se acomodó de lado, pasando un brazo por encima de Leo y atrayéndolo hacia su pecho. Ambos frente a frente, sus respiraciones todavía calientes. Pablo de repente soltó una risa. — Esta vez ya no vamos a fingir que nada sucedió, por si no quedaba claro —susurró Pablo contra su oído. — Leo miró a Pablo casi enojado ante el mal chiste, pero no paso ni un segundo antes de que Pablo hundiera su rostro con el suyo, el beso fue delicado y casi como un suspiro. La mano de Pablo acariciando la mejilla de Leo mientras le sonreía, esa media sonrisa que era tan encantadora de él.

Poco a poco, el cansancio y los restos alcohol los vencieron. Se quedaron dormidos profundamente, abrazados, mientras el sol de la mañana empezaba a asomarse, esa mañana todo era diferente, Leo ya no tendría que fingir que no estaba perdidamente enamorado de su mejor amigo.