Actions

Work Header

Fenómenos.

Summary:

Eres un adicto en recuperación que conoce a Sherlock Holmes.
Un hombre que podría ser quien finalmente te haga salir de las drogas.
O hundirte más.

Notes:

Hola, bienvenidos a mi historia :)

Antes de empezar, me gustaría aclarar un par de puntos importantes:

TN no es John Watson: Aunque esta historia sigue el esqueleto de la serie de la BBC, TN es un personaje original con una historia, voz y moralidad completamente distintas. No está aquí para ser un asistente pasivo, sino un espejo para Sherlock.

El manejo de la adicción: El trasfondo de TN como ex adicto en recuperación es el motor central de su psicología. He intentado tratar este tema con la mayor seriedad posible, explorando no solo la abstinencia, sino la búsqueda de 'intensidad' como sustituto químico.

Dinámica Slowburn: La relación entre Sherlock y TN se construye a través de silencios, miradas y una compatibilidad intelectual oscura. No esperen un romance instantáneo; aquí ambos están lidiando con sus propios 'fenómenos'.

Este fic por el momento solo estará en español. Cuando termine estudio en rosa, capaz lo traduzca, pero no sé nada de inglés así que por el momento lo estoy pensando.

Espero que disfruten esta versión más cruda y diferente de Sherlock BBC. Bienvenidos al juego!

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: PRÓLOGO

Chapter Text

No estaba seguro de cuánto más podría soportar, pero, aun así, seguí corriendo. “Solo un par de kilómetros más” Me repetí, faltaba muy poco para llegar a una avenida principal, pero mis piernas temblaban como gelatina. Con cada paso que daba, sentía la fuerza drenándose de mi cuerpo, el sudor escocía mis ojos. Sentí un pájaro volando sobre mí, podía sentir cada gota de sudor corriendo por mi rostro, y cuando pensé que había cruzado el umbral de cansancio y podía seguir, mis piernas fallaron y caí de rodillas en la acera, desplomándome sobre el suelo, estaba frío, pero mi cuerpo ya no tenía fuerzas para levantarse.

No me quedaban balas. No tenía navajas, ni siquiera un encendedor. Me reí de mi propia desgracia: un encendedor habría sido útil para un último truco. Pero no tenía nada. Solo un arma vacía, un cuerpo al borde del colapso y un destino que acababa de alcanzarme.

—Es una lástima —dijo Moriarty, acercándose a mí y arrodillándose a mi lado— Esto será más una decepción para Sherlock que para mí —no lo dudé ni un segundo. Le escupí en la cara, con la poca fuerza que me quedaba—

Al menos si iba a morir a manos de este hijo de perra, moriría con honor. Moriarty sonrió y aplaudió, como si yo acabara de hacer la cosa más cómica del mundo.

—Nunca sabrás donde está —dije, aun luchando por recuperar el aliento, Moriarty me agarró de la camiseta y me levantó, para luego dejarme caer nuevamente en el suelo con fuerza, solté un jadeo, pero luego, ante todo pronóstico, solté una risa, una risa llena de burla y cansancio al mismo tiempo— Debe ser realmente molesto —dije, parando gradualmente de reírme— Que un detective consultor y el drogadicto de su acompañante te hayan vencido en tu propio juego —dije con burla, aunque el tono de mi voz reflejaba el cansancio y el dolor de mis músculos, vi cómo Moriarty sacaba su arma—

Suspiré. No quería morir, realmente no lo quería, menos a manos del más grande hijo de puta que había existido, menos de esta forma, en una calle vacía de Londres, completamente derrotado, pero no tenía más salida, no tenía escapatoria, por más que sabía que Sherlock encontraría la forma de vencerlo, que este hijo de puta estaba cayendo en una telaraña trampa que Sherlock y yo habíamos fabricado cuidadosamente y detalladamente durante los últimos meses, tuve que admitir que, en esta batalla, no había forma de ganarla. Mi mente se llenó de recuerdos cuando vi que Moriarty sacó su arma, y Sherlock estaba en cada uno de ellos. Cuando nos conocimos, cuando nos mudamos juntos, el maravilloso té de la Señora Hudson, los cafés fríos que tomaba de noche que Sherlock remarcaba cada vez que tomar café barato me dañaría el cuerpo. Nuestro primer caso juntos, nuestro primer arresto, nuestro primer beso. Nuestro último beso. Me maldije a mí mismo, debería haberle dicho cuanto lo amaba, debería haber intuido que no me quedaba mucho tiempo. Escuché como Moriarty ponía el cargador en el arma y le sacaba el seguro, cerré los ojos y suspiré, la muerte estaba mi lado y no podía seguir ignorándola.

—Daría lo que sea por un cigarrillo —me lamenté en voz alta—

Mi cuerpo pedía a gritos algo, como antes, pero ahora solo podía pensar en lo jodido que estaba. Escuché el chasquido de lengua de Moriarty, como si lo que acaba de decir le hubiese parecido súper aburrido, escuché como esa voz tan familiar gritaba mi nombre. Vi su silueta corriendo, los brazos extendiéndose de una manera que nunca le había visto. Y luego, el sonido de un disparo.