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One Stand Night (fanfic inconcluso)

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En una noche tranquila como está él solo desea descansar en su departamento, pero ahora va en sentido contrario.

 

La lujosa limusina no es lo suficientemente grande para estar cómodo con su acompañante. Ve por el polarizado cristal de la ventanilla y la imagen de la ciudad que dejan abajo es impresionante, el cielo está despejado y las estrellas apenas si se distinguen, sobre todas esas imponentes luces de los rascacielos, definitivamente está atrapado.

— Vamos, no pongas esa cara —sonrió el hombre a su lado— Es parte del trabajo ¿Recuerdas? — insistió intentando animarlo, pero él solo resoplo harto— Oíste al presidente ¿Verdad?

— Claro, solo desearía que enviaran a otro —gruñe, antes que su agente continúe

— Pero la prensa te ama — ríe el hombre de cabello negro, desinteresado de sus preocupaciones y casi lambiscón, él detesta ese tono

—Todo mundo lo hace — se jacta, animándose un poco mientras ve el final del camino. Suben a las pretenciosas lomas de la ciudad, donde las familias elite tienen las sedes de sus empresas, glamorosos restaurantes y lujosos hoteles de enormes jardines para eventos y cenas como la de esta noche.

Odia las cenas de caridad y demás, no detesta los movimientos o el altruismo, sólo odia que esos eventos siempre están llenos de pretenciosos hipócritas y antipáticos ricos que solo están ahí por el renombre o los impuestos, pero al final da igual, está obligado a ir.

Tan pronto se detienen la puerta de la limusina es abierta y él sale sonriente con todo el porte que debe tener, los flashes le dan justo en el rostro pero mantiene su pose — ¿Cómo se siente ser "El jugador estrella de la ciudad"? — pregunta un reportero de deportes

— Estupendo — ríe él bromeando mientras avanza, su agente lo apresura porque aunque quieren prensa estos no han pagado lo suficiente

— ¿Has oído los rumores de la bancarrota del equipo? — pregunta una chica, remontando agresivamente a los demás reporteros

— No se nada de eso — sonríe — Estoy aquí por nuestros niños y el programa de saneamiento a parques, Gracias — se despide como debería y se siente un poco plástico, pero no importa los guardias de seguridad le abren las puertas. Entra cual muñeco kent, sonriendo y despidiéndose de esos pesados pseudo periodistas, claro que sabe de la supuesta bancarrota del equipo, pero no es inminente solo un pequeño bache con los auspiciantes, por eso mismo el presidente de la junta directiva ha enviado a varios de sus mejores jugadores a buscar patrocinadores e inversionistas. Él es la estrella del equipo y su rostro ante el público por lo que está obligado a presentarse en esos eventos, sin embargo, no tiene idea de que hacer para interesar a los futuros inversores.

 

La fiesta está llena de gente rica, cientos de trepadores sociales y un par de políticos, él ve a todos mientras saluda a los organizadores yendo a su mesa. Un grupo de rock indie toca su estruendosa música, descolocando e intrigando a los presentes, sin duda cometieron un error al contratar a ese grupo pero el peor error de esta noche es él ahí, que por primera vez en su vida se siente incómodo de ser observado. La ciudad es grande pero sin dudas el rumor de bancarrota debe haberse esparcido ya, casi puede sentir que los gruesos empresarios lo vigilan.

La música termina o es interrumpida, no lo sabe solo tiene esa impresión por como el baterista tira los platos saliendo impetuosamente — Buenas noches a todos — comienza el portavoz del proyecto por el que están ahí, pretende calma ante el escándalo tras las cortinas, algunos sonríen ignorando el suceso y manteniendo su actuación para las cámaras. La prensa pagada va de un lado a otro tomando especial atención del orador actual, su imparable discurso es más pesado que sermón de iglesia y vaya que él sabe de eso, desganado suspira sutilmente y toma su pose de interés, pretendiendo prestar atención a cada miembro de la fundación que tiene el dinero para subir esta noche al estrado.

"¿Tanto escándalo solo para arreglar un par de parques?" piensa mirando a los asistentes y pasando un poco de los discursos, él reconoce a la mayoría de ellos por sus compañías o publicistas pero mientras los meseros sirven las copas resuena la voz de una mujer. puede que este acostumbrado a oír los tonos exigentes y prepotentes de las mujeres en esas fiestas, sin embargo, es lo molestamente chillona que es su voz por lo que voltea, y no es el único, la atención de los cercanos están en la escandalosa mujer de cabello color marrón. Enfadada o exigente la mujer reclama le cambien el menú, el mesero insiste en disculparse pero ella se levanta buscando al organizador, o amenaza hacerlo, ella es alta y algo robusta, su peinado alto la hace lucir aún mayor pero sin duda lo más molesto es su voz, lo suficiente fuerte como para oírse a más de medio cuarto, las uñas largas y la joyería anticuada le dicen que definitivamente no llega a ser candidata a uno de sus objetivos, no, esta noche debe hablar con al menos uno de los dueños del consorcio que domina la ciudad.

Oye el nombre y vuelve su atención al podio, mas, en lugar de ver ese petulante y pretencioso viejo se encuentra un joven mucho menor que él — Ya habrán notado que no soy Benedicto Uno Senior —ríe el joven, tal vez es una broma pero él no pilla la gracia, a diferencia del resto — Lo siento pero mi Abuelo sigue fuera del país, sin embargo, quería asegurarles que esta es una causa que realmente le importa, y si a ustedes no les molesta yo hablaré en su nombre esta noche —propone animado, pero a él sí le molesta, de hecho, preferiría que nadie más hubiera subido a hablar, que dejarán a la banda u otro show en su lugar con tal de que la noche avance. En cambio, algunos le aplauden animándole a seguir, él siente innecesaria toda esta parte no obstante duda si es alguna costumbre entre niños ricos o un signo del poder económico de la familia, la mujer al fondo sigue discutiendo y el joven al micrófono sonríe — Gracias pero deberían esperar a oír lo que diré — esta vez es una sonrisilla juguetona y traviesa, y él mismo sonríe, esperando alguna clase de reclamo anárquico, pero no es nada así, comienza un discurso algo plano sobre la importancia no solo de reparar los parques en grave estado sino también crear nuevos en las zonas de escasos recursos. Él siente que ha oído algo así cientos de veces, aun así le llama algo la atención, el chico dijo que era nieto del señor Uno, uno de los posibles inversores para el equipo aunque no sabe qué tanto pueda discutir con ese joven

Mirándolo mientras habla animadamente de los días mejores de la ciudad confirma que no es mayor a él, sus claros y delgados anteojos le dan un aspecto serio, culto, mas, es esa postura altiva u orgullosa que le termina de parecer interesante. El chico se mueve muy confiado al hablar de sus memorias en esos parques, el acento es inusual, extranjero sin duda y aun así menciona el descuido de un par de parques que él mismo visitaba de niño, puede que lo que diga es rebuscado, obvio o utópico, pero es la convicción o seguridad en su voz lo que cala en él. Recalcar la importancia de crear áreas interactivas y de exploración más allá de cursos escolares extendidos le recuerda a su yo infantil, aquel que detestaba ir a los clubs y cursos de verano ofrecidos por esta fundación, que prefería jugar en la jungla del viejo parque cercano a casa, claro antes que se volviera demasiado peligroso por el abandono

— Recuperemos lo que fue nuestro, la ciudad, los parques y la seguridad de los niños, porque al final eso es lo que importa, que estos niños crezcan llenos de los maravillosos recuerdos de una ciudad que los impulsaba a ser mejores, que se llenaba de su grandeza y florecerá en sus propios hijos. Seamos esos niños, creemos esa ciudad que siga aquí tantas generaciones como los mismos árboles de nuestras casas — concluye el chico, sonriente y emocionado, sinceramente emocionado, él puede sentirlo, la sensación le recorrió la piel, es su voz, su fuerza, o incluso el segundo de silencio en la audiencia antes de que se levanten a aplaudir. Él no lo sabe, solo se recuerda a sí mismo corriendo con sus amigos, disfrutando los días de infancia cuando soñaba ser jugador profesional

Nostálgico u orgulloso sonríe aplaudiendo mientras ve al chico agradecer cortésmente, dejando el atrio para una delgada pelinegra, ella es toda sonrisas, sin embargo, él solo sigue al joven empresario, su sobrio traje negro le da un aire sofisticado o tal vez es solo que él sigue impresionado por esa vibrante sensación que aún lo recorre. Algunos hombres de negocios interceptaron al joven rumbo a su mesa, y él se divierte viendo su leve reacción de sorpresa— Hey, ese es el nieto del viejo millonario — le susurra su agente, tomándole repentinamente del hombro

— Lo sé, yo también lo escuche — logra gruñir en respuesta, sintiéndose interrumpido. Sin embargo, la exigente mujer de cabello color marrón va directo al joven, él no puede evitarlo y sigue mirando intrigado e inquieto mientras su verdadero objetivo explica las preliminares de la primera fase, incrédulo ve a la robusta mujer tomar al joven del brazo y llevarlo consigo, el asombrado joven se disculpa mientras puede y él por su parte los sigue algunos pasos antes de ser presentado

El actual orador es Benedicto Uno jr. él debe quedar bien con este así que cuando le pide que se levante él lo hace saludando y reafirmando su colaboración en los cursos de verano, si, de niño odiaba ir aunque ahora que es profesional puede apoyar y ayudar a que los niños realmente se diviertan asistiendo, pensándolo así sonríe sinceramente emocionado de apoyar ese proyecto y realmente no lo entiende porque hace una horas solo quería salir de ahí corriendo, no obstante, ahora se siente motivado, emocionado para crear ese utópico futuro. Antes de sentarse le da un último vistazo a la llamativa pareja, ella es mandona, escandalosa y puede que incluso prepotente, sin embargo, al lado del elegante chico de cabello cobrizo ella sonríe dulcemente, y él mismo quiere sonreír.

 

 

 

Pasaron las horas, y su paciencia se agotaba con cada persona que tomaba el micrófono, los espectáculos de los futuros proyectos o las pláticas con sus compañeros de mesa lo tenían al filo. Si, vale, la euforia se le había pasado y ahora debía ir entre los invitados fingiendo naturalidad al proponerles negocios, eso no era lo suyo — Si quisiera vender no sería deportista — murmuró para su agente, mientras vacilaba sobre abordar al Señor Uno, Benedicto, obvio lo conoce y de hecho este le facilitó la beca a la universidad así que justo por eso se siente tan avergonzado de ir a decirle "Salve a mi equipo", bueno lo diría con otras palabras pero al final es lo mismo.

— Vamos, tu eres el vendedor y el producto — responde su agente, el pelinegro lo conoce desde estudiante así que a veces es demasiado confianzudo

— Pense que tu trabajo era venderme — gruñe él, más relajado

— Para nada, yo solo programo tu agenda — ríe el alegre mayor — Tu haces el resto — insiste. Él entiende la implicación, mas, apenas si presta atención, la llamativa pareja baila o discute en la pista mientras la banda insiste en sonar más alto que ella, aunque lo tienen difícil — Es su prometida — le susurra su agente

— ¿Qué? — él pregunta, sorprendido y confundido

— Estuve investigando, para nuestro dilema — susurró el pelinegro, tomándole del hombro — Parece que no solo es un niño rico, tiene su propia compañía en crecimiento así que... ¿Podrías ir por esos millones? — sonríe empujándolo

Él lo capta, pero no quisiera ir ahora, la mujer de cabello marrón sigue quejándose además se ve bastante malhumorada incluso si el joven acaricia su rostro, muy suavemente acercándola, definitivamente parece que se pondrán acaramelados así que él retrocede un poco — No creo que sea el momento — duda buscando a alguien más, no obstante, sus compañeros ya tienen cubiertos al resto, eso definitivamente lo hace sentir aliviado pero incómodo, vender no es lo suyo

Siente el reproche en la cabeza y desearía salir de ahí ahora pero su agente le toma del brazo, atónito no se opone hasta hallarlos cara a cara — Hey, mucho gusto, me encanto su discurso, muy conmovedor — saluda su agente al sorprendido chico de cabello cobrizo, aunque él apenas si puede verlo porque siente la mirada asesina de la robusta mujer

— Lo lamento, aún no nos presentan Soy Chadword Dickson, mariscal de los LIONS, mucho gusto — él se presenta con ella, tan gentil, caballeroso y cordial como debe ser

Ella parece receptiva y sonríe tomándole la mano — Si, ya se quien eres ¿Quién en la fiesta no? — ríe algo nerviosa, pasando sus pocos cabellos desacomodados tras su oído — Soy Lizzie Devine, la prometida de Nigie y diseñadora de modas, por cierto tu traje te queda genial — sonrie aun tensa, pasándole los dedos por los botones del saco, bajando

— Ah, gracias, yo no se mucho de ropa — bromea Chad, dudando si detenerle la mano porque ella aun no lo ha soltado, sin embargo, el joven y su agente sonríen

— Oh! entonces ¿Te escogen la ropa? — ella vacila — Yo también le he escogido el traje a Nigie esta noche ¿No se ve fabuloso? ¿Podrías decirle que es normal? ¿Te lo escogió tu esposa? — ella es imparable pero gracias a eso lo suelta, tomando a su novio señalándole el atuendo, él lo mira y es clara la sorpresa e incomodidad del chico, el leve rubor de vergüenza se comienza a colar y él no puede evitar reír

— Te ves fabuloso — sonríe tomándole del hombro, la incredulidad del chico no cabe en su rostro, es todo asombro y vergüenza, él ríe repentinamente nervioso, dudando si ambos captaron la broma — Pero... no, lo siento, mi ropa la escoge mi asesor de imagen — le aclara a la robusta mujer — No te ofendas — se disculpa con el chico, pero este centra su atención en su novia

— Yo soy mejor que cualquier asesor — ella se queja agudamente mirando a su novio

— Si lo sé — susurra este para ella, tan suave y dulce que Chad se siente incómodo de seguir ahí — Gracias —sonríe al fin el chico de cabello cobrizo, volviéndose a él y abrazando a su novia— Que bueno que disfrutara mi discurso, aunque creo que fue algo genérico — su trato es casi formal con el mayor, estrechando su mano. Chad mira todo sintiendo la situación fría y casi protocolaria — Le agradezco que viniera señor Dickson — el joven le extiende la mano amistosamente y Chad la toma firmemente, actuando de acuerdo a la situación — Él solo conocerlo inspirará a nuestros niños — insiste el joven, claramente retirándose

Él lo suelta asintiendo — Realmente quisiera ayudar más pero...

— Tenemos un itinerario apretado — concluye su agente, rápidamente, antes que se comprometa a algo más

— Claro, lo entiendo, por supuesto — sonríe el chico tan avergonzado como el mismo Chad — No queremos presionarlo, discúlpenos — el joven se comienza a alejar — Debemos salir pero les agradezco su apoyo — sonríe apartándose con su novia — Ah, y por el cumplido — asiente tan formal y correcto que Chad apenas si sonríe, incómodo

— Formales hasta la muerte ¿eh? — murmura su agente buscando otro objetivo

— ¿Eh? — duda él, reaccionando a lo mal que ha sonado

— Los Uno, esa familia tienen el protocolo en la sangre — suelta el mayor apenas mirando una regordeta mujer que va a ellos, Roxana Selving del corporativo Risk, él sonríe y se prepara para contarle sobre cuán lucrativo podría ser el equipo para quien quiera darles ese empujón extra.