Work Text:
Lo único que esperaba Nagisa para pasar un lindo día de San Valentín, como buena estudiante de preparatoria necesitada de más experiencia en el amor, era tener que sufrir una mala experiencia precisamente ese día.
¡Como si estar en una escuela que dividía a los chicos y a las chicas en secciones diferentes no fuera suficiente!
El sábado amaneció soleado, perfecto para una cita por el parque o por el centro de la ciudad, ¡o ambos! El día anterior le habían pedido una cita, un chico del equipo de basquetbol que no conocía del todo pero que era atractivo a su modo. Nagisa aceptó porque, a decir verdad, nadie más la había invitado a hacer algo para ese día.
No era el chico que le gustaba desde secundaria, pero como dicho chico no notaba su presencia en lo absoluto, entonces se daría la oportunidad con alguien más. ¿Se lo merecía, verdad? Y para honrar la hermosa y romántica tradición, decidió llevar chocolates hechos en casa para el chico, era lo correcto considerando que era San Valentin.
Y también una caja doble de almuerzo por si se ofrecía.
Nagisa llegó diez minutos antes de la hora pactada al sitio acordado, usaba ropa cómoda y linda, tan linda se veía que su hermano no se burló de ella. No mucho. El sitio de encuentro era en la estación de autobuses. Él le dijo que quería llevarla a un sitio especial, pero cuando llegó la hora del encuentro, las once del día, él le mandó un mensaje avisando que no podría ir. No dio explicaciones, sólo un simple “¡lo siento!” que no ofreció razones ni más detalles que unos emoticonos apenados y llorando.
“Quizá fue una emergencia, espero que no”, murmuró Nagisa sin saber si sentirse aliviada por no salir con alguien a quien no conocía del todo, o triste porque todos los preparativos que hizo habían sido para nada.
Aún tenía el teléfono en la mano con el mensajero abierto mientras pensaba en una respuesta que no la hiciera sentir rara.
Luego de pasear sus dedos sobre el teléfono unos segundos, escribió un simple “No hay problema, espero que todo esté bien” que se sintió correcto y educado. Sin esperar siquiera la notificación de “Leído”, Nagisa guardó su teléfono en su chaqueta y se quedó recargada en el muro más cercano para analizar su situación.
“No puedo creerlo”, se quejó Nagisa en baja voz y sin saber qué hacer. Regresar a casa en ese momento se sentía como una derrota, pero perder el tiempo sólo para hacer tiempo y mentirse a sí misma que había pasado un buen día de San Valentin se sentía incorrecto. Suspiró hondo. “Podría buscar un sitio lindo para comerme los chocolates”.
Y eso era un plan que podía seguir.
Sí, Nagisa pensaba exprimir lo mejor de ese día.
~o~
“No puedo creerlo”, masculló Nagisa ni bien puso un pie en el parque.
La idea era ir ahí a pasar un hermoso sábado, comprar una bebida, comer los chocolates que ella misma hizo, comer su almuerzo y disfrutar del día hasta que llegara la hora de ir a casa.
Sí, ese era un muy decente plan para una soltera.
Pero el parque estaba plagado de parejas enamoradas de variadas edades, también de grupos que decidieron salir juntos y emparejarse entre sí para no estar tan aislados, ¡incluso vio a una pareja de ancianos!
¿Acaso el universo se estaba burlando de ella por estar soltera? ¿Acaso era una broma que nadie más se fijara en ella? ¿Que ni siquiera el chico que se animó a pedirle una cita estuviera presente?
Debió ser una emergencia, pensó de nuevo para consolarse a sí misma. El día anterior el chico había sido tan dulce e insistente por salir con ella en San Valentin, imposible que la dejara plantada, ¿verdad? Releyó los mensajes que intercambió con él pero no había nada más. No estaba segura de preguntar o no si todo estaba bien, pero lo mejor era no hacerlo, después de todo apenas si notaba al chico en la escuela.
Estaba sola en un parque en pleno San Valentin, eso no tenía nada de raro, había más solteros como ella, ¿o no?
Lamentablemente para Nagisa, sí.
Un par de chicos se le acercaron de repente, parecían más o menos de su edad pero tenían una actitud grosera y malencarada. Se posicionaron a cada lado de ella, claramente acorralandola.
“Hola, linda, ¿vienes sola?” Preguntó uno de ellos con tono grosero.
Nagisa frunció el ceño. El otro chico no era mucho mejor.
“‘¿Tu novio te dejó plantada?”
Y ahí, Nagisa se crispó y puso una mala cara que no escondía nada. Eso le dio la razón al chico y ambos comenzaron a reír de manera burlona.
“No te preocupes, nosotros te haremos compañía”, continuó el primero.
“No, gracias”, Nagisa se puso de pie y tomó su mochila, lista para irse. No gustaba mucho de estar en ese tipo de situaciones. Pero uno de los chicos la retuvo por el brazo, lo que la tensó mucho. “¡Hey!”
“No te vayas, te invitaremos al karaoke”, insistieron.
Nagisa sintió su corazón acelerarse por culpa de los nervios y, sí, también un poco de miedo.
¡Había visto esa situación tantas veces en sus programas favoritos! Ese era el justo momento donde la heroína era salvada por el chico que casualmente era su interés amoroso, y luego de eso comenzaban a conocerse y el chico se enamoraba de ella, y al final terminaban juntos.
¿Y qué tal si el chico que ella siempre le gustó de repente la salvara? ¿Qué tal si el chico que canceló la cita de repente llegara, la salvara y dijera que al final pudo llegar a la cita?
Pero no. Un tirón de los chicos la devolvieron a la realidad.
Lo único que estaba pasando era que la gente en el parque les miraba con incomodidad, o al menos los más cercanos. Nagisa intentó liberarse pero los nervios la tenían demasiado tensa como para moverse.
“¡Ya les dije que me dejen…!”
De pronto, una voz.
“¡Lamento haber llegado tarde!”
Una voz femenina, muy femenina.
Nagisa y los chicos miraron en dirección de la voz y Nagisa se sorprendió al ver a la dueña de ésta: Yukishiro Honoka. La Reina del Conocimiento, una chica muy inteligente y popular. Iba en el mismo salón que ella pero con quien nunca había tenido la oportunidad de hablar demasiado, y no por no querer, más bien Yukishiro era del tipo lobo solitario que gustaba de moverse sola y hacer sus cosas a su ritmo y modo.
Seria pero amable, callada pero inteligente cuando los profesores se dirigían a ella, siempre correcta, elegante, dispuesta a ayudar pero cerrada a permitir que más gente se le acerque.
Yukishiro con su gentil presencia, su ropa casual y con una firmeza imposible de detener, se interpuso entre esos chicos y ella. Nagisa sintió cuando Yukishiro se sujetó de su brazo con naturalidad pero sin dejar de mirar a los chicos.
“Buenas tardes. Con su permiso, tengo una cita con ella”, fueron las firmes palabras de la recién llegada y comenzó a caminar, llevándose a Nagisa consigo.
Nagisa sintió un alivio instantáneo apenas vio que los chicos se iban. No salieron del parque, de hecho Yukishiro la soltó ni bien notó lo mismo que ella. Enseguida, Honoka hizo una leve inclinación a manera de disculpa.
“Lamento haber intervenido así y tocarte sin tu permiso, noté que estabas incómoda y no pude contenerme”, explicó la siempre correcta chica.
Nagisa abrió la boca y tardó unos segundos más en procesar las palabras de su compañera de clases. Se aclaró la garganta, volviendo a sus cabales.
“Me salvaste. Gracias, Yukishiro”, agradeció Nagisa, un poco más calmada.
“No fue nada”.
Bien, ya que la tenía ahí, Nagisa no iba a desaprovechar. “¿Y qué te trae al parque? ¿Tienes una cita también?” Preguntó de manera bastante casual. La verdad era que ahora sentía mucha curiosidad.
“Me gusta leer en el parque, pero olvidé que es San Valentin y mis sitios favoritos están ocupados por parejas”, explicó Yukishiro con mucha casualidad.
“¿Leer?” Nagisa casi parecía decepcionada. De pronto notó que ella la analizaba y eso la puso un poco nerviosa. “¿Qué?”
“Te ves muy guapa el día de hoy”.
Nagisa se sonrojó violentamente y no supo qué decir.
“Imagino que tú sí vienes a una cita. Espero no estarte distrayendo”, agregó Yukishiro con la misma calma y tono analítico, tenía una mano en el mentón. “Incluso estás usando un perfume distinto al usual”.
“¡¿Cómo sabes eso?!” Nagisa no sabía dónde esconderse.
“Me siento cerca de la puerta, así que siempre pasas a mi lado cuando sales con Kubota y Takashimizu a los entrenamientos”, explicó Yukishiro. “Normalmente usas un perfume floral de aroma discreto, pero ahora el aroma es dulce”.
“Oh… Um… Gracias”, Nagisa suspiró con cansancio. Sí, se puso guapa y se arregló y se puso perfume para un chico que no llegó. “Al menos alguien lo ha notado”.
“¿Uh?”
“Sí, vine a una cita, pero él canceló. Me mandó un mensaje a la hora en la que me citó”, explicó Nagisa. Compartir su mala experiencia con Yukishiro era cómodo, porque le daría mucha vergüenza contárselo a sus amigas. De pronto, notó que ella frunció el ceño. Y admitía que las cejas pobladas de Yukishiro se movían de manera graciosa. “¿Qué pasa?”
“Eso fue bastante grosero”, dijo la chica con voz severa.
“Seguramente Hasekura tuvo una emergencia o algo en casa o…”
“¿Hasekura? ¿El del equipo de baloncesto?” Yukishiro ahora se notaba más molesta.
“Sí, ¿lo conoces?” Nagisa le miró con curiosidad.
“Es amigo de mis amigos de la infancia. No hablo con él pero sí sé quién es y qué hace”, explicó la chica. “Lo acabo de ver en el arcade cerca de la biblioteca, estaba con más chicos del equipo de baloncesto”.
“¡¿Qué?!” Nagisa primero se notaba incrédula, luego enfadada. “¡Me dejó plantada para salir con sus amigos!” Gruñó y pateó un poco, una rabieta digna del mal momento. “No puedo creerlo”, suspiró, ahora más dolida que molesta. “Por supuesto, ¿quién se fijaría en mi?” Ni siquiera el chico que le gustaba notaba su presencia. Los ojos comenzaron a arderle.
Nagisa no tuvo tiempo de sentirse peor, unas suaves y cálidas manos la tomaron por las mejillas y la obligaron a levantar la cara, incluso a enderezarse. No se dio cuenta en qué momento se encogió en sí misma.
“No digas esas cosas de ti”, le dijo Yukishiro mirándola directamente a los ojos, estaba seria y su voz sonaba con la misma seguridad con la que le habló a los chicos del parque.
Nagisa sintió un escalofrío en el cuerpo, la voz de su compañera de clases pareció hacer eco en su pecho, en su cuerpo entero. Apenas si pudo decir algo, sólo una palabra.
“Yukishiro…”
En cambio, Honoka Yukishiro tenía mucho por decir.
“Eres el as del equipo de lacrosse a pesar de ser de primer año, no tienes buenas calificaciones pero tampoco repruebas como lo hacías en secundaria, eres amigas de todas en el salón, tienes un club de fans y quienes te conocen te tienen en buena estima”, enumeró Yukishiro como si estuviera leyendo un texto en clase, con su firme voz y sin titubear ni un segundo.
Nagisa, en respuesta, se puso tan roja que era como si la cara la tuviera en llamas. “¿Por qué me estás diciendo todo eso?” Logró decir con voz torpe.
Se suponía que esas palabras se las dijera un chico, ¿o no? ¿Por qué se las estaba diciendo una chica de la que ni siquiera era amiga como con el resto de sus compañeras de clase?
“Porque realmente lo creo”, fue la simple respuesta de Honoka. “Eres una persona bastante interesante, lo admito”.
La pobre Nagisa ya no podía pensar claramente luego de semejantes palabras. Pero Honoka no había terminado de atacarla.
“Si no tienes otra cosa por hacer hoy, ¿te puedo acompañar? Así no volverán a abordarte solteros desesperados”.
Nagisa abrió la boca y enseguida la cerró. Al principio no supo qué decir, pero tampoco que tuviera que pensarlo demasiado, no quería regresar a casa derrotada y sin una cita un 14 de febrero. Además, podría conocer a la única del salón de la que aún no se había hecho amiga.
“Pero si prefieres esperar a alguien más…”
Al escucharla decir eso, Nagisa negó de inmediato. “Vamos. Tú no tienes otra cosa por hacer, ¿verdad? No puedes leer aquí”, añadió, señalando los alrededores. “Aunque no sé qué parte de leer en un parque es divertido”, murmuró ahora.
Pronto se dio cuenta que quizá dijo algo innecesario, pero su compañera de clase se limitó a sonreír con genuino entusiasmo.
“La luz natural es mejor para leer que la luz artificial, cansa menos los ojos y ayuda a retener mejor la información”, explicó Yukishiro sin que la sonrisa le cambiara.
Pero era Nagisa la que no sabía si sonreír o no. Terminó por llevarse una mano a la nuca y suspirar, para enseguida dibujar una sonrisa incrédula en sus labios.
“Ahora veo por qué te apodan la Reina del Conocimiento en la escuela”, dijo Nagisa. “Tu idea de diversión es rara”.
“Me lo dicen seguido”.
“¿Quién?”
“Mis amigos de la infancia”.
Ambas comenzaron a caminar por el parque. Gracias a la presencia de Yukishiro, Nagisa se sentía menos mal por estar rodeada de parejas enamoradas de todas las edades. Incluso en casa, sus padres tendrían una cita ni bien terminaran sus pendientes del día. Su hermano menor aún no estaba interesado en el romance, pero cuando le llegara el momento, Nagisa al fin podría molestarlo como él lo hacía con ella.
“Sí, los mencionaste”, dijo Nagisa, ahora con ambas manos detrás de la nuca mientras miraba el hermoso cielo despejado. “¿Viven cerca de ti o asisten a Verone también?” Preguntó, genuinamente curiosa.
“Me atrevo a pensar que los conoces al menos por nombres, mis amigos son Fujimura y Kimata del equipo de fútbol masculino de la escuela”.
Y escuchar eso hizo que algo dentro de Nagisa se descompusiera. Fujimura era precisamente el chico que le hacía sentir mariposas en el estómago tan sólo con mirarlo a la distancia. Escuchar que era amigo de la infancia de Yukishiro la descolocó un poco. Trató de no mostrarse rara. De hecho, lo mejor era seguir indagando sobre él ahora que tenía la oportunidad de hacerlo.
“No recuerdo ver que hables con él”, comentó Nagisa casualmente. “Digo, saliendo de la escuela, obviamente él está en la sección de chicos”.
“Nos vemos en las reuniones del consejo estudiantil y a veces los fines de semana cuando pasa cerca de mi casa, vivimos sobre la misma calle”, Honoka explicaba todo con calma. “No siempre, él tiene sus asuntos y yo los míos”.
“Oh”, Nagisa se aclaró la garganta. “¿Y él no tiene una cita el día de hoy?”
Honoka negó. “Tiene entrenamiento con el equipo junto con Kimata y luego irán a un karaoke a pasar el rato”.
Nagisa frunció el ceño de manera fugaz. “Oh, al menos tienen planes para hoy”, se aclaró la garganta y decidió cambiar de tema. “¿Y tú? Escuché que un chico de tercero se te declaró la semana pasada después de clases”.
“No estoy interesada en los chicos”, fue la simple respuesta de la estudiosa chica. “Prefiero concentrarme en lo que me gusta”.
“A mi me gustaría que alguien se me declarara también”, murmuró Nagisa con gesto de infantil fastidio.
Honoka le miró de reojo. “Me sorprende que no lo hagan”.
Un sonrojo atacó a Nagisa. “Supongo que es mala suerte, sólo me llegan cartas de admiración de chicas”.
“¿Y eso te molesta?”
“No, me gusta que me admiren, lo admito, pero preferiría que esas cartas fueran de chicos”, Nagisa enseguida negó. “Con excepción de Hasekura, mira que dejarme plantada en San Valentin, quería hacer muchas cosas hoy”, se lamentó.
“Hagámoslas”, dijo Honoka de repente. “No tengo otra cosa por hacer y siento curiosidad sobre lo que tú quieres hacer. Si me permites acompañarte, aprovechemos éste día, Misumi”.
Nagisa sintió un golpe en el pecho. Yukishiro le miraba de manera intensa, seria y totalmente decidida. Por alguna razón, Nagisa no podía dejar de verla a los ojos.
“De acuerdo, tengamos un gran día de San Valentin, pero con una condición”.
“Te escucho”.
“Llámame por mi nombre, haré lo mismo. Imagino que estás haciendo esto para que seamos amigas, ¿o no?”
“Ser tu amiga es una idea… Atractiva”.
“Hablas raro, Honoka”.
“Me lo dicen seguido”, la chica sonrió. “Será mejor que te acostumbres, Nagisa”.
~o~
Fueron al karaoke, fueron al arcade, comieron helado, comieron el almuerzo que Nagisa llevó y eso tenía muy entretenida a Honoka. Pasearon por el centro comercial y, para la hora de comer, Honoka invitó a Nagisa a un pequeño restaurante en el centro de la ciudad que tenía un menú fantástico para enamorados.
Nota: sólo para enamorados.
“Entonces… ¿Tenemos que decirles que venimos juntas para que nos den el menú especial?” Nagisa estaba nerviosa ante esa idea.
“No creo que nos digan nada”, dijo Honoka con calma, “mira”, señaló algunas mesas donde había dos chicas solamente, o dos chicos. Era un restaurante donde iba gente mayormente joven, por lo que no tendrían adultos amargados señalándolas.
Pero Nagisa no estaba del todo convencida con esa idea. “Yo… No creo que…”
Honoka, desde luego, no planeaba presionarla ni ponerla incomoda. “Podemos ir a otro lado si lo deseas”.
La verdad era que el menú lucía delicioso, ese corte de carne era tan jugoso que Nagisa se sentía salivar con tan sólo verlo en las otras mesas. Suspiró hondo. Su pena y nervios eran grandes pero su glotonería lo era mucho más. Mil veces más.
“Yo invito”, agregó Konoka con una sonrisa.
“De acuerdo, vayamos”, dijo una nerviosa pero decidida Nagisa.
Honoka rió y le ofreció su brazo a Nagisa, era la condición para entrar, al menos para pedir el menú especial de enamorados. Entraron del brazo y se soltaron hasta que llegaron a la mesa que les tocó, quedaron sentadas una frente a la otra.
Bastó tener la comida en la mesa para que Nagisa olvidara por completo sus nervios y pena por haber desfilado ante desconocidos del brazo de una chica.
Una chica linda, por cierto.
“¡Sabe delicioso! Gracias por invitarme, Honoka”, Nagisa hablaba con la boca llena, la carne, la ensalada y las papas fritas estaban deliciosas.
Honoka sonrió. “Me alegra”, y ella misma se sentía un poco mal por sobreestimar su propio apetito. Sólo logró acabarse medio plato. Se llenó demasiado rápido. Su primer instinto fue tomar una papa frita y ofrecérsela a Nagisa en la boca. Tenía un gesto calmado y neutral. “Di Ah”.
Nagisa se puso roja como tomate. “¡Ho-Honoka…!”
“Ya estoy llena pero no me gusta que se quede la comida. Ten, come”.
Esa explicación tenía sentido. Nagisa miró la papa, luego a Honoka, nuevamente la papa frita y la comió mientras enrojecía más.
“¿No te da pena?” Preguntó Nagisa apenas pasó ese delicioso bocado. Miraba a todos lados, pero la verdad era que todos estaban en lo suyo, así que nadie les puso atención.
“No, ¿por qué?”
“Somos dos chicas”.
“No veo el problema. Si esto te es incómodo, puedes decírmelo”.
Nagisa guardó un tenso silencio unos segundos, enseguida negó al ver a Honoka seria. “No es eso… Es sólo que…” Suspiró. “Esto es lo que me hubiera encantado hacer con un chico un día de San Valentin…” Miró a Honoka con graciosa decepción. “¿Por qué no eres un chico? Tienes encanto para tratar a una chica”.
Honoka sonrió. “Gracias. Y lamento no ser un chico, pero mientras no te moleste que sea yo quien ofrezca esto, no me alejaré”.
Una nueva ola de calor atacó a Nagisa. “Oye… Um… ¿Por qué siento que no estamos hablando de lo mismo?”
“No estamos hablando de lo mismo. Tú deseas un romance con un chico, es lo normal… Pero yo estoy a gusto contigo, siendo ambas chicas. Sólo eso”, Honoka bebió un poco de jugo. “Ya te lo dije, llevo observándote mucho tiempo”.
Nagisa entendió las palabras de su acompañante, pero fue otra cosa lo que la hizo poner un gesto de reproche. “¿Y por qué nunca te acercaste? Aún recuerdo que me defendiste contra el profesor de matemáticas, te di las gracias, tú las recibiste y luego te fuiste”.
Honoka se encogió de hombros. “Estaba nerviosa”.
“¿Eh?” Nagisa no podía creerlo.
“Además, sueles moverte con las chicas del equipo de lacrosse, y en general con personas más… Um… Activas y amistosas. Yo no lo soy”, explicó Honoka, ofreciéndole otra papa, Nagisa la devoró. “Por eso mantuve distancia. Hasta hoy”.
“Um… Sí, no eres como nadie más en la escuela pero… También creo que eres genial, ayudas a todas en clase, no convives mucho con nadie pero participas en todo y nos ayudas a estar en orden… Yo… Yo creo que eres fantástica también”, confesó Nagisa, enseguida suspiró. “Um… No estoy segura de qué más decir. Lo siento”.
Honoka negó. “Gracias por ser sincera”.
La conversación tomó una pausa mientras Nagisa se terminaba toda la comida en la mesa. Honoka pagó la cuenta y ambas salieron del restaurante. Ya era un poco tarde. Era hora de volver a casa y resultó que ambas compartían el mismo camino.
No hablaron mucho durante el trayecto de regreso, al menos hasta llegar al cruce donde ambas notaron que debían separar caminos.
“Gracias por hoy”, dijo finalmente Nagisa. “Me divertí”.
“Yo también”, respondió Honoka. “Y lamento si lo que dije te descolocó un poco. No pude contenerme”.
“No te disculpes. No me incomodaste, es sólo que… Um… Me tomaste por sorpresa”, Nagisa suspiró y buscó algo en su mochila. Los chocolates caseros que hizo. “Ten”, se los ofreció a Honoka. “Tendremos una cita el Día Blanco, será mi turno de invitarte, ¿de acuerdo?”
Honoka sonrió de genuina alegría. “De acuerdo”.
“Hasta entonces… Um… Dame tiempo de entender todo esto, ¿sí?” Pidió una enrojecida Nagisa.
“Todo el tiempo que necesites”.
Nagisa tomó aire. “¿Podemos intercambiar contactos?”
Visiblemente animada, Honoka asintió. Luego de intercambiar números de teléfono y correos, sabían que era hora de despedirse.
“Nos vemos en la escuela”, dijo Nagisa, retrocediendo dos pasos.
“Nos vemos, ve con cuidado a casa”, Honoka se despidió con una mano y fue la primera en irse.
Nagisa tragó saliva.
Ese día no fue en lo absoluto como llegó a imaginarlo, pero terminó mucho mejor de lo esperado.
Ahora debía aprender a entender cómo era ese asunto del romance entre chicas. No era como si las chicas le interesaran, no quería salir con una, pero si se trataba de Yukishiro Honoka, entonces lo intentaría.
FIN
