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El traje color azul oscuro suave al tacto se extendía sobre la cama, los diseños dorados resaltan la elegancia y delicadeza de aquella pieza. Un recuerdo pasado se marcó en su cerebro. Nunca espero vestir algo como esto en su actual vida, una parte de si estaba reacia a la idea, pero otra se emocionaba ante ello, solo desearía que fuera con él.
Un suspiro abandonó los labios de Lucerys ante aquel pensamiento, por mucho que había buscado nunca pudo dar con él, con Aemond, su tío. Todo indicaba que en esta vida no era más eso, su tío, y por ende no tenía la más mínima idea de donde estaría y tampoco es como que un estudiante universitario de segundo año tuviera muchas posibilidades de buscar a una persona alrededor del mundo.
A pesar de haber nacido con su antigua familia, cosa que internamente agradece, ya que en aquel catastrófico pasado no había podido compartir con ellos más que los primeros años de su vida, un arrepentimiento que se llevó con su muerte. Ahora en este nuevo comienzo pudo disfrutar de ellos, verlos felices y como nunca antes imaginó, pero siempre estaba aquel vacío de no tener la otra parte de su familia, en ocasiones pensó que no solo él tenía aquel sentimiento. Algo que confirmó al encontrar a Jace suspirando el nombre de su Tío Aegon al viento como una plegaria, pero nunca le confesaría que él también añoraba aquellos días, no porque no confiase en él, sino porque quería que su hermano viniese primero a él con aquello.
Una a una retiró las prendas de su cuerpo con pesadez, sintiendo nuevamente la indecisión sobre el evento nocturno de esa noche. Desechó rápidamente la idea de faltar sabiendo que decepcionará a su hermano si le dejaba solo con eso, más aún cuando este había participado activamente en la organización de aquella fiesta.
El agua caliente descendió por su cuerpo reconfortando como tanto necesitaba, dejó que su mente se apagara por un momento solo disfrutando de la sensación, relajando sus atormentados músculos. La vida universitaria podría ser más pesada de lo que había considerado, entre materias, proyectos, clubes, clases suplementarias y su propia vida no tenía demasiado tiempo libre. Aun así lo disfrutaba tanto como podía, era una vida tan diferente a lo que su memoria estaba acostumbraba, que agradece que sus batallas ahora fueran entre libros y no entre espadas y fuego.
Un escalofrío recorrió su cuerpo ante aquel nefasto recuerdo, el dolor y la amargura aún se instalan en su pecho de vez en cuando al pensar en su muerte, pese a como sucedió nunca le culpará por ello, solo fue el destino jugándonos una mala pasada. Aun siendo consciente de que Aemond no premedito su muerte, su cuerpo aún temblaba y se paraliza siempre que había una tormenta en el cielo, como si recordara las frías gotas y el helado viento de aquel día a en que las fauces de Vhagar le arrebataron la vida junto a Arrax. Lucerys no se enorgullece de su memoria corporal, pero era una secuela con la que estaba aprendiendo a vivir.
Abandonó el cuarto de baño con el cuerpo y la mente más tranquila ya preparado para la noche, se acercó nuevamente a aquel hermoso vestido, quiso preguntarle a su hermano en su momento de donde lo había conseguido, pero este solo evadió la pregunta y él no era de insistir. Frotó la suave tela entre sus dedos antes de colocarla sobre su cuerpo, calzaba a la perfección, como si estuviera hecho solo para él. Dio una última mirada a su reflejo en el espejo y sintió cómo su corazón se encogía un poco ante la imagen frente a él veía a su antiguo yo, más bien como hubiera sido su antiguo yo si él extrañó no se hubiera llevado su alma tan pronto. Estaba seguro de que si hubiera llegado a la edad de 19 años en aquella vida, ni su madre podría haber negado su bastardía, algo que él sabía, pero poco importaba. Podría verse como una mezcla de Harwin Strong y su madre y aun así Laenor siempre sería su padre.
La capa azul escarlata fue puesta sobre sus hombros justo en el momento en que su hermano irrumpió en la habitación, giró el rostro para darle una mirada y una sonrisa se instaló en su rostro. “Jacearys habría sido un buen rey” fue el pensamiento que inundó en ese momento a Lucerys viendo a su hermano lucir la versión madura del que recordaba y no pudo apreciar antiguamente. El traje negro con adornos rojos se acoplaba al cuerpo marcado y enmarcaba los rasgos adultos de su rostro, la capa carmesí con un dragón bordada en ella hacia resaltar la altura ganada con los años y el antifaz negro terminando en lo que aprecian alas le daban un aire misterioso. Jace ya no era un niño, pero seguía siendo su hermano y eso calentaba su corazón queriendo ver lo feliz que podía ser en esta vida.
— ¿Estás listo? — Asintió acercándose al más alto — Solo un detalle más y nos vamos — Jace extendió la mano dejándole ver un antifaz de un azul tan oscuro que fácilmente pasaría por negro, con unas pequeñas incrustaciones de zafiros.
Regresó al espejo del cuarto para acomodarlo sobre su rostro, quedaba muy bien con su atuendo y hacía resaltar más su pálida piel. Acomodo una última vez sus castaños rizos y asintió a su propio reflejo complacido con su apariencia para aquella noche.
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Sus orbes esmeraldas miraban con asombro en lo que se había convertido el auditorio de la universidad, era como dar un viaje al pasado, cualquier fiesta o celebración que hubiera tenido lugar en su antigua vida, a eso le recordaba el lugar. La música sonando a lo lejos, las personas riendo, bebiendo y bailando por el lugar, con la diferencia que en el lejano Westeros no usaban máscaras o móviles en las celebraciones, pero son detalles irrelevantes. Lucerys quería tomar este momento como un paso a algún recuerdo feliz de su antigua vida.
Tan pronto como llegaron su hermano fue arrastrado por sus compañeros de club, solo atino a sonreírle en respuesta a su disculpa por abandonar tan pronto. Ciertamente quería disfrutar de la fiesta aun si en un inicio no estaba realmente emocionado, ya estando allí su pensamiento había cambiado.
Encaminó sus pasos hacia la mesa donde estudiantes vestidos de criadas repartían bebidas y algunos bocadillos, Tomó un par de tartas de limón y una copa de vino. Sorprendido con que fuera vino de verdad y no solo un ponche de frutas, situándose en una mesa vacía en un costado de la pista de baile. Sonrió gustoso ante el sabor a limón sobre su lengua, siempre había sido de sus postres favoritos en esta y en aquella vida, por lo que nunca se cansaría de obtener una rebanada más. Su mente estaba tan sumida en disfrutar aquel dulce sabor que no noto que alguien tomaba asiento a su lado, solo la grabe tonalidad en sus palabras lo hizo volver a la realidad.
— Tienes crema en la cara
— ¿Qué?
Lo siguiente que proceso su cerebro fue una risa baja y un frío dedo retirando algo de la comisura de sus labios, de manera lenta y pesada. Sus ojos sorprendidos se fijaron en cómo el pálido dedo se perdía entre unos finos labios que saborean la misma crema que segundos antes estaba en su rostro. Sintió el calor inundar sus mejillas ante aquella mínima pero atrevida acción de su recién auto invitado compañero de mesa, se permitió apartar la mirada de esa fija boca para averiguar quién había tenido aquella osadía con su parte.
El verde y el lila se encontraron y el corazón de Luke dio un vuelco en su pecho golpeando incesantemente contra sí, contuvo el aliento analizando qué tan posible es que fuera cierto. Detallo cada rasgo que no estaba cubierto por el negro antifaz, entre más miraba más desbocado iba su corazón y más ansias surgían por su cuerpo. Los cincelados rasgos se contraen y relajan con cada emoción, como si este también estuviera estudiando a su vez, y como culpar si él había iniciado con ello. Como si no pudiese ser más descarado y ponerse en evidencia aún más, pasó de solo estudiar su rostro a apreciar en todo su esplendor lo que era ahora su tío, porque si, aun sin que él lo diga o con la mitad del rostro cubierto, tenía total seguridad que era Aemond. Su vestimenta solo reafirmaba aquello, el traje negro casi idéntico al que usaba esa trágica tarde en Bastión de tormentas, un toque sínico del destino que al reencontrarlo en esta vida fuera ante el recuerdo de su última ves en la pasada.
— ¿Terminaste de estudiarme? — Regresó su mirada a los ojos lilas que le observaban divertidos.
Sonrió para sí mismo al ver como su tío en esta vida conservaba ambos ojos, seguramente el no tener un sobrino que le arrancase uno había sido bueno en su vida, se encogió un poco ante ese pensamiento sintiendo el familiar arrepentimiento que tenía siempre ante la vista de la herida que había dejado en él, agradeció un poco a que eso no hubiera sido así en este presente, ya que podía apreciar aún más lo hermoso que era Aemond con sus dos ojos en esta versión adulta.
— Yo… No, no estaba estudiándote — Se excusa pobremente ante la mirada cargada de diversión. Era inútil fingir cuando había pasado más del tiempo necesario haciendo justo de lo que le acusaban — Bien. Lo hice. No es un pecado mirar — Le resta importancia queriendo esconderse en algún lugar, Aemond no desprendía la mirada de su persona y eso empezaba a inquietarse.
— Bailemos — Una sola palabra y una mano en su dirección, pensó en negarse, pero que caso tendría hacer aquello, ambos sabían que el final terminaría siendo el mismo.
Tomó la mano del mayor rogando internamente que no pudiera sentir el leve temblor en ella.
Se guiaron mutuamente entre la multitud, esquivando a algunas personas hasta encontrar un lugar cómodo para ambos. Sus cuerpos se encontraban y separaban al compás de la música, que claramente nada tenía que ver con la época ambientada, pero como culparlos por ello, era ilógico pensar que un estadio lleno de estudiantes universitarios estaría solo bailando piezas clásicas y antiguas.
No era consciente de cuántas canciones habían estado bailando durante la noche y poco importaba, desde que reencarno en esta vida no se había sentido tan feliz como aquellas horas al lado de su tío. Entre canción y canción compartían algunas cosas sobre ellos, curiosamente ninguno había dicho su nombre, manteniéndolo en secreto junto a la mitad de su rostro.
Durante una pegadiza canción había descubierto que el mayor había estudiado lenguas y estaba iniciando su maestría este año en la universidad.
En una canción más suave había compartido un poco sobre su familia demasiado cerca de su oído y haciendo trastabillar a su conciencia, había mencionado que vivía con su hermano el cual dirigía un bar en la ciudad. Su mente maquinó un futuro plan para ayudar a su hermano, seguramente se lo agradecería, pero eso sería cuestión de si lograba salir esa noche con algo más que el reencuentro y un par de bailes.
En determinado momento el calor abrumó un poco sus sentidos y el traje ahora parecía sofocante, sentía el cuerpo caliente y el sudor pegando sus rizos a su frente y cuello. Aemond notó su incomodidad y sugirió ir por algo de beber, asegurando estar sediento de tanto bailar. Acepto gustoso de que su tío hubiese notado sin palabras lo que él deseaba, ambos se encaminaron hacia su antigua mesa aún vacía. Luke se desplomó en la silla sin aliento en cuanto llegaron y empezó a abanicarse a sí mismo con ambas manos, tratando en vano de aminorar el sofoco que le inundaba. El platinado parecía ausente de aquella sensación, sólo le miraba con una sonrisa ladina mientras se deshace de su capa colocándola en el respaldo de su asiento.
— Traeré algo de beber.
Sin esperar una respuesta de su parte le vio partir hacia el lado contrario del auditorio, se dedicó a observar como su blanca cabellera caía y se balanceaba sobre la ancha espalda hasta que esta se perdió entre la multitud. Optó por retirar su propia capa y aflorar los dos pequeños botones de su cuello para poder limpiar su sudor, agradeció internamente el haber traído consigo un pañuelo, había sido solo un detalle adquirido de viejas costumbres, pero ahora estaba siendo de mucha utilidad. Pasó el suave material retirando todo rastro de sudor de su cuello y quijada retiró algunos rulos adheridos a su frente antes de secar también el líquido transparente de ese lugar. Dando por terminada su labor pudo respirar con mayor tranquilidad, ya no se sentía abrumado por el calor y optó por revisar su móvil, se había olvidado por completo de este al estar tan ensimismado en pasar la velada con su tío. Para su fortuna solo tenía un mensaje de Jace indicando ponerse en contacto con él antes de irse para regresar juntos solo si no quería quedarse hasta el final, respondió con un “Me quedo hasta que termine” para darle tranquilidad al mayor.
Era cerca de media noche cuando Aemond regresó con las bebidas por lo que guardó su móvil y aceptó gustoso la bebida, el vino frío se sintió agradable en su caliente garganta por lo que se terminó la copa más rápido de lo que esperaba ante la atónita mirada del mayor. Este solo debía sorbos largos y pausados, de una manera elegante y medida como siempre lo había hecho. Un nuevo recuerdo vino a su mente, el recuerdo de aquella cena tan familiar y distante para todos, su compromiso obligado y el dolor de la traición grabado en el orbe de su tío. Aquella noche había dado cabida a que se desmoronara todo lo que había cultivado con el mayor, todas las noches de promesas, los susurros de amor, las escapadas llenas de sonrisas. Esa noche Aemond había sido herido por la realidad y esta venía de su propia parte pero ¿Qué podía hacer él? Era su deber casarse y no precisamente con su tío, por más poco ortodoxas que fueran las costumbres de su casa, aún era mal visto un matrimonio entre el mismo sexo. Si hubiera podido hacer que aquello fuera diferente lo habría hecho, pero no podría nunca ir en contra de los deseos de su madre, debía asegurar su posición como señor de las mareas y su matrimonio con Rhaena haría aquello. A lo lejos le pareció escuchar la misma melodía que resonó en las calles de desembarco aquella noche en la que con solo una frase Aemond y él se dijeron adiós.
Un toque cálido en su mano le trajo de regreso al presente, su tío apretó su mano entre la propia invitándole a bailar nuevamente, se levantó siendo guiado por el mayor hasta una pista mucho menos concurrida. Solo un puñado de personas querían bailar aquella lenta y clásica melodía, en su mayoría parejas. Por un momento pensó que aquello haría al mayor desistir de bailar esa pista, pero el firme agarre sobre su cintura le demostró lo contrario.
Su mano se aferró al ancho hombro sintiendo la suavidad de la tela bajo sus dedos, mientras los dedos en su mano contraria se entrelazaron con los del platinado, con una necesidad casi inexplicable busco los orbes lilas para encontrarles cargados de emociones, tantas que no podría decir con claridad que veía en ellas. Quería decirlo, su nombre, quien era, cuanto le había extrañado y que no pensaba dejarle ir, sin embargo las palabras se agrupaban en su garganta sin intención de salir de allí. Con un suspiro pesado apoyó la frente en el hombro del más alto, aún en esta vida le supera en estatura por casi una cabeza completa, a este no pareció importarle su acción, ya que continuó con la danza suave y lenta que estaban manteniendo sus cuerpos.
Aquella trágica melodía impregnaba sus sentidos, siempre le había gustado y luego de aquella noche había sido mucho más especial para él, “Su última canción” había pensado en ese momento y hoy aquella letra se escuchaba en los altavoces del auditorio. Le gustaría saber que su tío también recuerda todo aquello, su vida pasada, pero como ha transcurrido la velada es casi seguro que el único que tiene memorias pasadas es él. Lucerys no está seguro si esto le entristecía o no, una parte de sí mismo creía que era mejor ser el único que cargara con el peso del pasado, no quería volver a ver aquel dolor en la mirada del mayor, no quisiera que la culpa de su muerte por sus propias manos le pesase nuevamente como había sucedido en el pasado.
Antes de llegar al punto de reencarnar tuvo que ver cómo su familia, su casa y todo lo que alguna vez había amado se desmoronaba y a manos de ellos mismos. Recuerda el dolor, el llanto, la traición y la ira de cada uno de sus seres amados como propia, era el precio que debía pagar para poder nacer nuevamente como el mismo. Ciertamente era mejor que Aemond no recordará todo aquello, sería nuevamente doloroso y lo menos que quería para él era que sufriera, ya tuvo suficiente en su primera vida para revivirlo en esta.
— Isse another ābrar kesi sagon skoros bisy gaomas daor rual īlva naejot sagon (En otra vida seremos, lo que esta no nos permite ser) — Susurro para sí mismo las mismas palabras de aquella noche.
— Taoba — Aquella sola palabra hizo que todo su cuerpo se eriza.
Levantó el rostro con la sorpresa impregnada en los ojos, los cuales fueron recibidos por la mirada nostálgica de su tío. Era él, su Aemond . Lo recordaba, podía verlo en el brillo de sus ojos y en cómo su mano acarició su mejilla, inclinó más el rostro contra esta impregnándose de su calidez. Cerró los ojos disfrutando del contacto y dejó que una lágrima escapase de sus ojos y se perdiera entre ambos, el alivio de verse reconocido solo supo escapar de esta manera de su cuerpo.
La música cambió por algo más alegre y nuevamente se vieron inundados de un mar de gente, pero para ellos no había nadie más, era como si el mundo se hubiera detenido en aquel momento. La pérdida de aquella cálida mano en su rostro le obligó a abrir los ojos. Aemond aún le miraba fijamente, pero esta vez no había melancolía en su mirada, esta había sido reemplazada con algo diferente y chispeante. No tuvo oportunidad de reaccionar cuando ya estaba siendo guiado fuera de la pista de baile, el mayor caminaba hacia la mesa con paso decidido sin soltar su mano, vio por encima de su hombro como tomaba ambas capas y le sacaba del lugar.
El frío de la noche le golpeó fuerte y duro, golpeando profundamente en su cálida piel, haciéndola perder temperatura rápidamente, lo cual sin duda también le enfrió la mente. Su tío tan observador como siempre había sido, noto todo esto antes que él y para cuando su boca estaba lista para pedir su capa, esta ya se encontraba siendo puesta sobre sus hombros a modo de protección. Sonrió en agradecimiento y esta vez lideró el camino hacia un lugar más alejado, donde ambos pudieran hablar. La presencia del mayor a su lado le reconfortaba mientras sus pasos se acoplaban en una cómoda caminata nocturna, a pocos metros del auditorio dieron con un rústico banco desolado y listo para recibirlos. Ambos tomaron asiento dejando que sus cuerpos descansaran, hombro contra hombro, manos entrelazándose cómplices.
— Así que lo recuerdas. — Decidió romper el silencio.
— Recién lo hago. Gracias a ti. — Sintió la caricia sobre sus dedos y se concentró en eso — Todo cobra sentido ahora. El porqué me sentí atraído a ti aun sin saber quien eras, mi mente no te recordaba, pero mi corazón sabe a quién pertenece.
Dejó que el platinado retirara de su rostro aquel antifaz mientras su corazón aún se regocijaba con las palabras dichas. Su cerebro se estaba negando a procesar la idea de que todo aquello era real, que lo había encontrado cuando menos pensó en buscarlo, que más que encontrarle llegó a él, vino a él como siempre hacía.
Imitó la acción del mayor y dejó su rostro al desnudo, no pudo evitar que su rostro se iluminara al contemplar claramente, era todo lo que siempre había soñado en su antigua vida y tenerlo ahora así, sin guerras ni un apellido de por medio hacía que su alma saltara de alegría. Deslizo un rebelde mechón tras la oreja de este y pudo ver como los orbes lilas se cerraban disfrutando de aquella pequeña caricia, no conforme con ello quería más, quería todo de él.
Siendo el impaciente de los dos, dejó que sus instintos le guiarán a lo que realmente quería en aquel momento. Tomó firmemente con su mano la nunca de Aemond y lo trajo hacia sí, el primer roce de sus suaves labios le encrespó la piel y nubló sus sentidos. No era más que un roce casto y cálido, pero había sido suficiente para derretirle, disfruto de unos segundos sumergido en esa sensación antes de apartarse lentamente y apoyar sus frentes juntas. Aun con los ojos cerrados podía sentir al mayor temblar bajo la palma de su mano.
— Avy jorrāelan (Te amo) Tío.
— Ya no soy tu tío — Una risa escapó de los labios del mayor.
Trato de refutar aquello, pero sus palabras fueron calladas por aquellos dulces labios, esta vez no era un beso casto como el robado de su parte. No, claro que no. Cuando era Aemond quien tomaba la iniciativa de las cosas solo podían estar cargadas de una urgencia y deseo tan propio de él.
Sintió como las grandes manos se aferraban a su rostro y le atraían más profundamente en aquel roce, su tío bebió de su boca como si fuera una fuente de vida y no pudiera saciarse con solo un bocado. Un jadeo involuntario escapó de sus cerezos en busca de aire, lo que le dio la oportunidad al contrario de colarse en su interior, ambas lenguas se encontraron y danzaron juntas como muchas otras veces lo habían hecho, rememorando los movimientos que tenían grabados en su mente y nunca olvidarán. Con cada roce y lamida su mente se iba nublando más y más, no supo en qué momento terminó aferrado fuertemente de la ropa del mayor, necesitando estar tan cerca de él como le fuera posible. Minutos después ambos se separaron jadeantes y deseosos de más, respiraban agitadamente cerca del otro aun tan cerca que ni el aire pasaba entre ellos.
— Tenías razón. — Le miró intrigado esperando que continuara — Solo necesitábamos una vida donde pudiera ser, y es esta. — Aquellas palabras le dieron a entender que todo estaba donde debería estar — Avy jorrāelan (Te amo) My Lord Strong.
Dejó que una carcajada se escapara de sus labios y a esta le siguió otra un poco más larga, sin darse cuenta se encontraba riendo libremente y el mayor le acompañaba en ello. Había extrañado tanto ese estúpido apodo, tanto que se aferró a la idea de nunca más escucharlo y aquí estaba nuevamente la razón de su vida diciéndolo. Como la primera vez. Brindándole esa misma sensación cálida y acogedora. Amor eso era lo que sentía siempre por y para él. Se aferró a Aemond en un cálido abrazo aun riendo, pero más pausadamente, hundió su rostro en su cuello impregnándose de su aroma, sintió como le rodeaba la cintura cariñosamente y le dejaba ser a su lado. Todo estaba bien, tal y como debió ser desde la primera vez, porque estaba seguro de las palabras antes dichas, y está sería la vida en la que serían todo lo que no pudo ser en el pasado, nadie lo impediría, él no lo permitirá. Nunca más, Aemond era suyo ahora y siempre.
