Chapter Text
Hay un niño. Un niño muy lindo. Está en mi clase. No ríe mucho aunque todos los demás estemos riendo, me fijo mucho en eso. ¿Me pregunto si se verá igual de lindo a como lo imagino riendo?
Es muy serio, parece que tampoco le importa equivocarse. Tiene el pelo largo y liso, tan liso que se nota que le llega a molestar, porque se mueve muy libremente. Tiene las puntas de un azul aguamarina, es casi igual al de sus ojos. Oh, ¡ni hablar de sus ojos! Son grandes, te mira y parece que… No sé, que te va a comer entero, de una manera casi intimidante, pero es bueno. Da escalofríos. Su piel, es blanca y tersa, dan ganas de acariciarlo, tan suavemente que él sienta cada línea de mis huellas. Dios, si sigo hablando tal vez no pueda acabar.
He querido hablarle muchas veces, solo que no logro agarrar el coraje. Es el niño más lindo que he visto. Si lo espanto, no sé cómo lidiar con la vergüenza que me daría. He buscado muchísimas excusas, como pedirle notas. Pero los profesores me han felicitado mucho por mi organización con las notas, entonces sería obvio que es solo una excusa. No quiero verme tan obvio.
Lo que no me esperaba era que él fuera a hablarme primero. En el pasillo, al lado de mi locker.
— Robin, uh… ¿P-Podrías prestarme tu cuaderno hoy? Necesito, uhm… ¿Adelantarme? D-De unos días que falté. — dijo, vi como sus mejillas se enrojecían un poco y movía su pelo detrás de su oreja. Su oreja también estaba rojísima.
Lo observé, hipnotizado por su belleza, por un par de segundos hasta que me di cuenta de lo obvio que estaba siendo.
— ¿Qu- ¡Ah, sí! Sí, por supuesto. Ehm, ¿cuaderno de qué? — pregunté mientras intentaba disimular todo sonriendo. Esa sonrisa que había practicado en el espejo mientras imaginaba que algo así me ocurría.
— De–prolongó la “e”, dudoso– Fi-Física. Sí. Física. —
— Claro–esculqué mi maleta y saqué mi cuaderno de física– Aquí tienes. Espero que te sirva. — dije, aún intentando mantener esa sonrisa.
— Gracias. — dijo, aún con esa expresión, como tímido. Nunca lo había visto así. (Me la paso mirándolo)
Él empezó a irse, y yo no paraba de pensar en qué hacer. “Perderé la oportunidad si no hago algo ahora”, “se irá y no volveré a hablar con él”, “si no le pido algo ahora, ¿entonces cuándo?”, “Dios me ha regalado esta bendición, ¡necesito aprovecharla!”, “¡Necesito hacer algo ahora!”
“Necesito hacer algo, ¡AHORA!”
Corrí un poco para alcanzarlo.
— ¡E-Espera! — grité mientras agarraba su brazo. Él se volteó, notablemente confundido y no lo culpo, porque me quedé callado por unos segundos. No había planeado hasta este punto.
— …¿Sí? — murmuró. Yo me quedé paralizado.
Después de otro par de segundos, solté una risita nerviosa y dije; — Perdón, no pensé que llegaría tan lejos– salió. No quería decirlo, solo salió. Hablé, y después pensé, entonces solté su brazo– Es que, en mi cuaderno tal vez hay un par de cosas que no se entiendan. M-Me preguntaba si podríamos ir a alguna cafetería o librería que te quede cerca y te explicaré todo. — inventé, en una fracción de segundo.
Ustedes no me van a creer lo que estoy a punto de decirles pero… Él sonrió. Hasta soltó una risita. Nunca, digo, nunca lo había visto sonreír. Sus ojos se achinaron. Dios mío, no sé si superaré este momento.
— Está bien. Aunque preferiría que vinieras a mi casa. Ya sabes, porque las cafeterías son muy ruidosas y en las librerías no podríamos hablar libremente. — dijo. Qué lindo se ve cuando mueve la boca y salen palabras de, además, esa voz tan relajante. Siento que me derrito.
— ¡Sí! Digo, sí. ¿Cuándo? Ah, y, pásame tu número, así me pasas la dirección. —
— Claro–sacó su celular y me mostró su perfil de Whatsapp– Y, sí no te queda muy encima, ¿hoy? O mañana. — apareció de nuevo el rojizo suave en sus mejillas.
— ¡Está perfecto! Hoy será. –dije mientras agendaba su número– Solo avísame a qué hora y yo llego, ¿te parece? —
— Ujum. Nos vemos. — murmuró mientras se alejaba y ladeaba la mano suavemente, con esa sonrisa en su rostro. Casi me mata de lo tierno que me pareció.
Me quedé estático aún sin saber cómo procesar lo que me acababa de pasar. Yo lo admiraba desde lejos sin pensar ni imaginar que alguna vez seríamos algo, ni siquiera amigos. Porque simplemente era un chico demasiado para mí. Ultra, híper, mega fuera de mi alcance. Pero mira, iré a su casa como si nada.
¡Daré todo de mí!
Esa misma tarde, al llegar a mi casa decidí comer algo ligero y me vestí lo mejor posible, me puse litros de perfume y salí caminando con mi maleta escolar en la espalda.
Le escribí a Muichiro; “Holaa”, “ya voy en camino”, “m pasas tu dirección?”
Decidí mantener mi ortografía como siempre, sabía que igualmente él habrá notado que soy el mejor de la clase en lenguaje, entonces no pensaría que soy tonto ni nada por el estilo.
Fue impresionante lo rápido que contestó. “hola”, “es ·······”, “acá te espero”, “avísame cuando llegues para abrirte la puerta”, y, otra vez, ustedes no me lo van a creer, pero por último mandó; “💘”
…
Yo no me lo podía creer. Ahí fue cuando pensé un montón de, “¿Será que…?”. Empecé a crear un montón de escenarios ficticios en los que él me decía que también le gustaba. Pues, tu no le mandas un corazón flechado a una persona, sobre todo de hombre a hombre, que acabas de conocer. Tal vez a tu bro de toda la vida con el que mariqueas por joder o a tu amiga de toda la vida cuando termina con su novio e intentas consolarla haciéndole saber que es muy amable (no amable de amable, sino amable de que es fácil de amar).
Fui dando saltitos a la dirección. Rápidamente me di cuenta que éramos básicamente vecinos. Bueno, no tan así, pero tardé 15 minutos caminando para llegar a su casa. Eso está cerca.
Era una casa en un conjunto de casas. Le escribí; “ya estoy acá en portería”, “:3❣️”, para que sepa que le correspondo, si es que me corresponde.
Pasaron, a lo mucho, unos 30 segundos cuando llegó. Estaba en ropa casual, con un perfume que olía delicioso, el pelo un poco mojado. Sentí que exploté cuando lo vi.
— Bienvenido. — dijo, su voz sonó no tan monótona como normalmente, sonriendo, como si tuviera un tono especial para mí. O tal vez ese corazón ya me ilusionó demasiado.
— Gracias por dejarme venir. — dije y se escuchó mi nerviosismo en el temblor de la voz. Creo que él lo escuchó porque soltó una risita e inmediatamente intentó disimularla.
— ¿Fue difícil llegar hasta aquí? — dijo, en ese tono lindo otra vez, mientras caminábamos a su casa.
— De hecho, no. Vivimos bastante cerca. ¡Vine caminando! — dije medianamente entusiasmado cuando encontré la confianza bien metida dentro de mi ser.
— ¿Caminando? ¿De verdad? Debemos vivir al lado, entonces. —
— Jeje, sí. — dije, vi como paraba en una de las casas entonces paré con él.
— Este soy yo. — murmuró mientras sacaba las llaves y abría la puerta.
La casa era pequeña, cabían a lo mucho 2 personas apretadas. Era bonita, estaba decorada con patrones lindos y olía delicioso. Olía a Muichiro.
— Gracias por recibirme… — dije, mirando alrededor, esperando ver a otra persona.
— No hay nadie aquí. Vivo técnicamente solo. Mi hermano mayor paga el alquiler y esas cosas, entonces viene cada día mientras yo estoy en el colegio a mirar cómo está la casa. Yo mantengo todo limpio y dejo la comida lista cuando él trabaja. Casi nunca nos topamos. — dijo.
— Oh, ya veo. — murmuré mientras sonreía, sin saber por qué.
La última habitación era la suya. De toda la casa, esa olía más como él. Era como estar en una habitación donde el aire es bareta. Me relajaba y me ponía de mejor humor al instante.
Sorprendentemente, tenía guaro en la casa. Me ofreció y, para poder disimular, dije que sí. Rápidamente agarré más confianza entre más me alcoholizaba. Parecía apropósito, pero no me preocupaba porque él estaba tomando en igual cantidad que yo.
Se suponía que estudiaríamos, pero todo parecía más gracioso. Yo no paraba de hacer chistes y él no paraba de reírse. Hubo un momento en el que descansamos las cabezas en su escritorio mientras nos mirábamos.
Él empezó a acariciar mi mejilla, — Estás muy caliente.. — susurró.
— Es el alcohol. Se me calienta el cuerpo. — dije, cerrando los ojos, disfrutando del toque.
— ¿Ah, si? — bromeó. Me tardé unos segundos en entender el chiste. Cuando lo entendí, empujé suavemente su hombro mientras reía y dije “¡Qué bobada!”, él se rió también.
A medida que las risas se iban disipando, notaba en su mirada cierta intención. Ya sabes. Como cuando miras a alguien y simplemente, sabes. Porque te mira con esa suavidad característica y respira con esa pesadez característica. Como si el corazón le pesara porque quiere algo que ver contigo.
Creo que Muichiro notó eso en mí, así como yo lo noté en él. Por unos segundos, nos miramos sin saber qué hacer al respecto de esta nueva revelación.
Sin darme cuenta, pasó de ser contacto visual a que nos miráramos los labios mutuamente. Muichiro fue quien dio el primer paso de acercarse y acercarme con su mano. Yo, obviamente, cedí. Podía usar el alcohol como excusa si algo malo pasaba. El movimiento era lento, seguro pero dudoso, como si él sí quisiera esto desesperadamente pero tuviera miedo de que algo malo fuera a pasar. Justo como yo.
Nuestras narices se tocaron y pude sentir su respiración cerca. Jadeaba tenuemente, nervioso. Podrán adivinar que yo también.
— ¿Esto… Está bien? ¿Podemos? — susurró. Nuestros ojos estaban encadenados a mirarse. Era imposible mirar a otro lado.
— … Sí. Si quieres, podemos. Yo quiero. — susurré. Sus ojos se achinaron y sus labios formaron una sonrisa tenue, como si intentara retener emoción. No hubo más duda. Finalmente, unimos los labios con mutua necesidad. No hubo movimiento pero no nos separamos rápido. No lo llamaría un pico, justo por eso, aunque no fue una comida tampoco.
Al separarnos, él hizo una cara tierna, no sabría cómo describirla, solo que apretó los labios — Robin, la verdad es que, no necesitaba adelantar el cuaderno de Ciencias. — susurró mientras regresaba a acariciar mi mejilla.
— ¿No era de física? —
— ¿Dije física? Dios. Bueno, no necesito adelantar ningún cuaderno. Mentí. —
— ¿Por qué? —
— Solo quería hablarte. — continuó.
— A- ¿A mí? ¿Por qué? — pregunté, genuinamente confundido. De todas las personas, ¿yo? ¿El medio fracasadito?
— Mhm. Tú. –tocó mi nariz– Eres más lindo de lo que crees. Me gusta tu forma de vestir y tu forma de ser. Me gusta que a veces sueltas datos curiosos y que a veces las niñas fresa te miren extraño, pero después parecen querer estar contigo también. Me da celos que puedan hablarte como si nada. Yo quiero ser algo importante de ti. Quiero que me cuentes esos datos y tus intereses friki, soy adicto a escucharte hablar y verte existir. Tienes reacciones únicas, no puedo evitar sentir curiosidad por ti. Dios, –acarició su propio rostro– De verdad me gustas, ugh… —
Me reí. — Tu también me gustas. — sonreí mientras agarraba sus manos y las quitaba de su cara.
— Lo sé. Se te nota demasiado. —
— ¡Perdón! ¿te ha molestado alguna vez? —
— … No. Me parece tierno. —
Me dio otro beso, y otro, y otro. Hasta que terminó de importar. De alguna manera, terminamos haciendo eso mismo pero en su cama. Hablamos muchísimo entre besos. Seguíamos un poco intoxicados pero no pasaba nada.
— No olvidarás lo que pasó hoy ni pretenderás que no pasó, ¿no? — pregunté ante el repentino miedo.
— De ninguna manera. Mañana al llegar al colegio, me abalanzaré sobre ti y gritaré “¡Robin, mi amado, no sabéis cuánto os he extrañado!” —
Me reí pero eso inmediatamente me hizo recordar que tenía que volver a casa. Justo cuando iba a revisar la hora, mi mamá me llamó.
“¡Ole, Robin! ¡¿Usted a qué hora piensa llegar?! ¡¿Usted cree que usted se manda solo, no?! ¡Pues no, papito! ¡Lo quiero acá en la casa pero para ayer! ¡Ya, ya, ya!” fue lo que gritó apenas contesté. No pude defenderme porque, a decir verdad, ella tenía razón. Eran las 11 de la noche de un martes, y yo acá borracho con Muichiro.
Él escuchó todo, — Si quieres te pago el taxi de camino a casa. — ofreció.
— No, no hace falta. Iré corriendo y ya. Así también tendré tiempo de estar más lúcido. Lo que sí te pediré será algo para tapar mi aliento, que huele a guaro. Y a tus labios. —
Él soltó una risita y se paró a buscar algo. Quise perseguirlo, pero no me dejó. Me dio un beso muy atrevido y me ordenó quedarme quieto. Yo, que soy incapaz de decir que no si me lo pide así, me quedé quieto.
Me trajo bolitas de queso, me entregó el paquete y me acompañó a la puerta de su casa, me besó, me acompañó a la puerta de la portería, me besó frente a la recepcionista, me acompañó al final de la cuadra, me besó, y finalmente me dio un último beso de despedida.
— Nos vemos mañana, Robin. Después hablaremos bien de la etiqueta de nuestra relación, tienes que saber que no tengo afán, ¿ok? —
— Está bien, te escribiré cuando llegue a casa. Nos vemos mañana. — dije, y, aunque fueron palabras que uno típicamente dice cuando ya se va, no me fui. Agarré sus manos.
— Nos vemos mañana. — dijo, otra vez, acercándose a darme un beso (otra vez).
— Sí, nos vemos mañana. –dije apenas nos separamos. Le di otro y escuché mi celular vibrar otra vez– ¡Okay, ahora sí, este es el último! — le di otro y salí corriendo inmediatamente. Unos metros lejos, volteé a mirar y estaba despidiéndose con la mano. Le sonreí y aumenté la velocidad.
…
…
…
¡No lo puedo creer!
Al día siguiente hizo exactamente lo que dijo que iba a hacer. Cuando me vio, se abalanzó sobre mí en un abrazo. No tuve más opción que agarrarlo y corresponderle el abrazo. Bueno, puede que haya metido algo extra dando un par de vueltas con él en mis brazos.
El resto es historia. Ahora vivimos juntos y tenemos 2 gatitos.
