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Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandoms:
Relationships:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2026-02-08
Completed:
2026-02-08
Words:
807
Chapters:
2/2
Kudos:
1
Hits:
3

Lo que debió ser, y al fin fue

Summary:

Pond nunca quiso ser un secreto.
Don nunca quiso lastimarlo.

Entre silencios, llaves devueltas y una conversación que lo cambia todo, ambos deberán decidir si el amor vale más que el miedo… y si están dispuestos a elegirse sin esconderse.

Notes:

Este fic nace de la necesidad de darles a Don y Pond el final que merecían.
Inspirado en el tono íntimo y silencioso de los BL tailandeses, donde el amor vive en los gestos pequeños.

Gracias por leer 🤍

Chapter Text

El departamento estaba demasiado ordenado para alguien que no había dormido en toda la noche.
Don llevaba horas sentado en el sofá, con la mirada perdida en la puerta, como si esperara que se abriera por pura fuerza de voluntad. Las llaves de Pond no estaban en su bolsillo desde hacía días, y aun así el sonido imaginario de ellas seguía resonando en su cabeza.
Cuando el verdadero sonido llegó, Don pensó que lo había imaginado.
La cerradura giró despacio.
Pond entró sin prisa, empapado por la llovizna. En su mano sostenía las llaves que Don le había dado después de la pelea. No dijo nada. Solo las dejó sobre la mesa, con cuidado, como si aquel gesto contuviera todo lo que no sabía cómo decir.
Don se levantó de inmediato.
—Pensé que no ibas a volver —dijo, sin intentar ocultar el temblor en su voz.
Pond lo miró. No había reproche en su expresión, solo un cansancio profundo, mezclado con algo más suave.
—Yo tampoco estaba seguro —respondió.
El silencio volvió a envolver el departamento. Era el mismo silencio que los había separado… pero esta vez no dolía igual.
Don dio un paso al frente.
—Lo siento —dijo finalmente—. Nunca quise hacerte daño. Nunca.
Pond no apartó la mirada.
—Todo este tiempo pensé que te estaba protegiendo —continuó Don—. De mi posición, de lo que la gente podría decir.
Apretó los puños.
—Jamás quise subestimar tu talento. Tú no estás aquí por mí. Estás aquí porque eres bueno. Porque trabajaste duro.
Pond respiró hondo. Caminó hasta la mesa y tomó las llaves, solo para devolverlas a la mano de Don.
—Nunca dudé de eso —dijo en voz baja—. Nunca dudé de que me respetaras como fotógrafo.
Levantó la mirada.
—Lo que me dolió fue no saber si me elegías.
Don sintió que el pecho se le apretaba.
—Te elijo —dijo sin pensarlo—. Te amo.
Luego, más despacio:
—Y por amarte tanto… hice las cosas mal.
Pond sonrió, pequeño, sincero. Esa sonrisa que siempre lograba desarmarlo.
—Amar también es confiar —respondió—. Y yo decido quedarme.
Don cerró los dedos alrededor de las llaves.
—Aunque hablen. Aunque te señalen.
—Mientras caminemos juntos —contestó Pond—, puedo con eso.
Don extendió la mano. Esta vez no dudó. Pond la tomó.
—Entonces quédate —susurró Don—. No como un secreto.
Pond dio un paso más, acortando la distancia entre ambos.
—Me quedo porque te amo —dijo—. No por el lugar. No por el trabajo.
—Por ti.
La lluvia empezó a caer afuera, golpeando suavemente las ventanas. Don apoyó la frente en la de Pond, y por primera vez en mucho tiempo, el miedo dejó de ocupar espacio entre ellos.
No se besaron de inmediato.
No hizo falta.
A veces, el amor en silencio es el que más ruido hace.